lunes, 13 de junio de 2016

EL APRENDIZ MASÓN


Situado, jerárquicamente hablando, en la base de la construcción sin ella nada se realizaría. Es el comienzo, y la parte necesaria­mente más sólida, no se permiten aquí filigranas ni arabescos; los cimientos se hunden en la tierra para que el edificio pueda elevar­se. La tarea del aprendiz, en cierto modo, como la construcción de los cimientos, es dura y oscura pero imprescindible.


Se dice que el recién iniciado es como un niño que acaba de na­cer y está, por lo que respecta a ese nuevo mundo o plano, en idén­tica situación. Conviene al aprendiz tener presente esta situación de precariedad al comenzar su trabajo en el tallado de la Piedra. Este, como dicen los alquimistas respecto al mantenimiento del fuego de la Obra, ha de ser constante, ni muy fuerte ni muy débil; en el primer caso se corre peligro de romper la Piedra, o sea, en tér­minos alquímicos, de quemar la cocción; en caso de ser débil, el fuego puede no lograr cocer nada y la Piedra no ser desbastada.

Para el trabajo el iniciado dispone de algunas herramientas; y, gracias a éste, va aprendiendo a utilizarlas; en un comienzo el Cincel y el Mazo, relacionados con la recta intención y la voluntad. Ambos, Mazo y Cincel, han de trabajar conjuntamente, sin violen­cia pero con la fuerza y la suficiente precisión para que la Piedra pueda ser liberada de sus aristas.
 
Añadiremos a estas herramientas otro compañero de viaje que no ha de faltar al aprendiz: el silencio, que le ayudará a recogerse, a retirarse hacia el centro para emerger desde allí.
 
En algunas Logias se recuerda a los hermanos que el aprendiz no tiene voz ni voto.

Después de un primer periodo llamado propiamente de apren­dizaje, uno puede empezar a trabajar pero le es imposible decir que ya terminó de aprender; así también, el verdadero masón se considerará siempre aprendiz, sea cual sea el grado que ostente y el salario que reciba, ya que la Enseñanza se irá haciendo en él, en la medida en que se vuelque en ella.
 
La Iniciación es la transmisión de una influencia espiritual; ésta, en principio virtual, se va actua­lizando en la medida que el iniciado, siempre A L:. G:. D:. G:. A:. D:. U:., se pone manos a la obra.

En el camino del conocimiento se impone un abandono de los egos que usurpan la identidad del Ser, hay que desenmascararlos, con paciencia y sin contemplaciones, sin apego ninguno a algo que realmente no es, lo cual, por cierto, nos lleva a la liberación progre­siva de nosotros mismos y por tanto a la Libertad.

Entre los números es el tres el relacionado con el grado de aprendiz: tres son los viajes en el rito de iniciación, tres años su edad, tres los pasos de su marcha con la que rompe el ritmo de su andar en el mundo profano y penetra en el templo.

Deshacerse de ese hombre viejo es trabajo del aprendiz quien, situado al norte, en el frío, donde apenas llega la luz del sol trabaja para alcanzar ese Sol, buscándolo en sí mismo.


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