sábado, 11 de noviembre de 2017

LA RAMA DE ACACIA: HISTORIA Y SIMBOLOGIA


La historia mítica de la Rama de Acacia está íntimamente relacionada con la leyenda del tercer grado.

No existe símbolo de mayor interés para el estudiante masón que el de la Rama de Acacia; no sólo por su significación peculiar, sino porque nos abre un campo extenso y bello de investigaciones: el que abraza el simbolismo de las plantas sagradas.

En todos los antiguos sistemas iniciáticos y religiosos, hubo siempre una planta sagrada que tuvo su simbolismo especial y fue venerada por los devotos como sagrado emblema. Así, por ejemplo, en los Misterios de Dionisos se empleaba la hiedra; en los de Ceres, el mirto; en los de Osiris, la erica y en los de Adonis, la lechuga; pero ya tendremos ocasión de tratar de este tema en otra parte de esta disertación.

Antes de examinar el simbolismo de la Acacia, será conveniente, quizás, identificar la verdadera planta que ocupa un lugar tan importante en el ritual francmasónico.

Hemos de decir, aunque sea de paso, que se incurre en gran error cuando se designa la simbólica planta de la Francmasonería con el nombre de "Casía", error que se explica por la costumbre que tiene la gente inculta de eludir la letra a en las palabras de que constituye sílaba inicial. La opinión de Oliver de que la palabra casia se corrompió desde 1730, transformándose en acacia, es contraria a toda experiencia etimológica. Las palabras al corromperse, no se alargan, sino que se reducen. La gente inculta y descuidada tiene tendencia a suprimir sílabas, pero no a añadirlas.

Por desgracia, esta corrupción de la palabra acacia no se ha limitado al círculo de los iletrados, sino que también algunos escritores la han empleado. Hasta el venerable Oliver, tan conocedor del simbolismo de la acacia, sobre la cual ha escrito bellas páginas, se permite emplear este barbarismo, influido quizás por la excesiva frecuencia con que se usaba en las Logias inglesas.

En América son pocos los Francmasones que caen en semejante error; pero quedé extrañado de haber visto que una o dos Logias habían adoptado el nombre de "Casia".

La casia de los antiguos era una planta innoble, sin significación mística, ni carácter sagrado, cuya misión más elevada estribaba en formar guirnaldas con otras olorosas plantas; según dice Virgilio:

... pálidas violetas, sonrojadas amapolas, eneldos que perfuman el viento, casias, jacintos y narcisos con amarillos clavelones la guirnalda llenan (“Egloga” II, 49).


Alston dice que la "Casia lignea de los antiguos eran las ramas más largas del cinamomo, que se cortaban con su corteza, y se enviaban a los fabricantes de drogas; la Casia fístula, o Syrinx, era el mismo Cinamomo con la corteza únicamente"; pero Ruaeus dice que, a veces, también denotaba el espliego o el romero.

En las Escrituras no se menciona la casia más que tres veces: dos para traducir la palabra hebrea kiddah, y una para verter la voz ketzioth; pero siempre se hace para referirse a una planta que forma parte de un perfume determinado. Tenemos suficientes razones para creer que la casia no es más que el nombre con que se conoce una preparación rudimentaria del cinamomo. También es un dato digno de tenerse en cuenta que no crecía en Palestina, sino que se importaba de Oriente.

Por el contrario, la acacia se estimaba como árbol sagrado. Es la acacia vera de Tournefort, y la mimosa nilotica de Linneo. Crecía abundantemente en las inmediaciones de Jerusalén donde todavía se puede encontrar, y todos sabemos que de ella se extrae la goma arábiga.

Es cierto que Olíver dice que "no existe el menor vestigio de que este árbol creciera tan al norte como en Jerusalén"; pero esta afirmación la refuta el teniente Lynch, que vio las plantas de este género en Jericó y aun más al norte.

El Rabi José Schwarz, que es una gran autoridad, dice: "Del árbol llamado Acacia (Sittim), Al Sunt, existen diferentes variedades en Palestina; se parece al moral, alcanza gran altura, y tiene una madera recia. La goma que de él se obtiene se conoce con el nombre de goma arábiga".

Schwarz residió durante diez y seis años en Palestina, y sus observaciones son directas. Por lo tanto, los testimonios de Lynch y Schwarz acaban de un modo terminante con la discusión sobre la existencia de la acacia en Palestina.

La acacia, que recibe en las Escrituras el nombre de shittah (Calmet, Parkhurst, Gesenius, Clarke, Shaw y todos los autores más notables están de acuerdo en que la otzi shittim o madera de shittim del Exodo, es la acacia común o mimosa nilotica de Linneo.) y en el plural shittim, era tenida por sagrada entre los hebreos. Moisés recibió orden de hacer el tabernáculo, el arca de la alianza, la mesa para colocar los panes de proposición y el resto del mobiliario sagrado con esta clase de madera. Isaías dice, cuando enumera las gracias que había de otorgar a los Israelitas al volver del cautiverio, que, entre otras cosas, él plantaría en el desierto, para su descanso y disfrute, el cedro, la acacia (o, como decimos en nuestra versión común, el shittah), el abeto y otros árboles.

Así, pues, la primera cosa que se observa cuando se estudia el símbolo de la acacia es que este árbol es el elegido entre los del bosque para fines sagrados. El árbol con que se habían construido el tabernáculo y el arca de la alianza, tuvo que ser considerado por los judíos como más sagrado que los demás. Por lo tanto los francmasones primitivos estuvieron acertados cuando eligieron esta planta consagrada, como símbolo que enseñara una importante verdad divina a los siglos futuros.

Hemos terminado ya la historia de esta planta, y ahora podemos proceder al examen de sus relaciones simbólicas:

Primera.


En el sistema mítico de la Francmasonería, la acacia es en grado superlativo el símbolo de la INMORTALIDAD DEL ALMA, importante doctrina, cuya enseñanza constituye el objeto fundamental de la institución.

Así como la naturaleza evanescente de las flores que "florecen y se marchitan" nos recuerda la transitoriedad de la vida humana; en cambio, la renovación perpetua de la planta perenne, que parece siempre joven y vigorosa, puede compararse a la vida espiritual, en la cual el alma goza de juventud inmortal y eterna primavera, una vez emancipada de la compañía corruptible del cuerpo.

En el solemne e impresionante servicio funerario de nuestra Orden decimos: "Esta planta perenne es el símbolo de nuestra creencia en la inmortalidad del alma. Ella nos recuerda que en nuestro interior existe una parte inmortal que ha de sobrevivir a la tumba y que nunca jamás ha de perecer." Y, asimismo, en las sentencias con que se cierran las lecturas del manual del tercer grado, se repite el mismo sentimiento, diciendo que con la rama perenne y siempre viva" el francmasón "tiene mayor confianza en la inmortalidad del alma".

Esta interpretación del símbolo es tan sencilla y natural que es la que se le ocurre a todo hombre pensador, por cuya razón se la encuentra en las naciones de todos los tiempos. Era costumbre antigua, que todavía no ha caído en completo desuso, el que, quienes asistían a los funerales, llevaran ramas de alguna planta perenne, en general del cedro o del ciprés y la depositaran en la tumba de la persona muerta. Según dice Dalcho, los hebreos plantaban siempre una rama de acacia en la cabecera de la tumba dedicada al amigo muerto.

"Esta costumbre se estableció debido a que los hebreos no enterraban a sus muertos en el recinto de la ciudad, por obedecer a sus leyes, y como se prohibía que los Cohens, o sacerdotes, cruzaran por encima de klas tumbas, era necesario poner o plantar señales para que pudieran evitarlas. La acacia se empleaba con este objeto".

De mi parte no estoy de acuerdo con las razones dadas por Dalcho, pero no puede dudarse de la existencia de la costumbre a pesar de las objeciones del doctor Oliver.

Blount dice hablando de las costumbres judías en los enterramientos que "quienes colocan una losa de mármol sobre las tumbas dejan un agujero de una vara de largo y, un pie de anchura en el cual plantan una siempreviva, que parece crecer del cuerpo y que se cuida esmeradamente". Hasselquist confirma sus palabras.

Según Potter, los griegos "tenían por costumbre adornar las tumbas con hierbas y flores". Toda suerte de plantas de los colores rojo y blanco eran gratas a los muertos, principalmente el amaranto y el mirto. El mismo nombre de la primera de estas plantas, que significa "jamás marchita", parece indicar la verdadera significación simbólica de la costumbre, aunque los arqueólogos han supuesto en general que con él se expresa simplemente el amor de los supervivientes por la persona fallecida.

Ragón dice que los antiguos substituyeron todas las plantas por la acacia, porque creían que era incorruptible e inatacable por los insectos y otros animales, simbolizando con ello la naturaleza incorruptible del alma.

De cuanto hemos dicho se verá cuán acertada es la colocación de la acacia entre los símbolos de este grado, cuyas ceremonias tienen por objeto la enseñanza de la gran verdad de que "la vida del hombre, regulada por la moral, la fe y la justicia, será recompensada a la hora de la muerte con la perspectiva de la bienaventuranza eterna". De modo que cuando el Maestro Masón exclama: "Mi nombre es Acacia", es como si dijera: "He yacido en la tumba, he triunfado de ella porque me he levantado de entre los muertos, y, como me he regenerado, tengo derecho a la vida eterna."

La significación vulgar de la rama de acacia presenta al Maestro masón un símbolo de la inmortalidad del alma, y su naturaleza inmutable y perenne, tiene por objeto recordarle esa parte espiritual existente en nosotros que nunca puede morir, por ser emanación del Gran Arquitecto del Universo.

Y esta significación, que es la más general y ordinariamente aceptada, es también la más importante; la acacia, por ser el símbolo peculiar de la inmortalidad, se ha convertido en el más apropiado de una Orden, que trata de enseñar en todas sus enseñanzas la sublime lección de la "vida que se levanta de la tumba". Pero existen dos interpretaciones incidentales de importancia que son también dignas de investigarse.

Segunda.

La acacia es símbolo de INOCENCIA.

Este simbolismo es de un carácter insólito, pues no depende de la analogía de la forma o empleo del símbolo con la idea

simbolizada, sino de la doble significación de la palabra.

Porque la voz griega aKaKia significa al mismo tiempo que la planta en cuestión, la cualidad moral de inocencia o pureza de vida. En este sentido el símbolo se refiere a aquel Hombre sobre cuya tumba se plantó la acacia y que por su conducta virtuosa, se ha convertido en modelo de masones, y, en consecuencia. alude también a todo Maestro masón, que ha de emular su ejemplo.

Hutchinson, prolonga la interpretación de este símbolo de la manera siguiente, incurriendo de nuevo en su teoría favorita de la Francmasonería cristianizada:

“Cuando los francmasones describimos el deplorable estado en que se encontraba la religión bajo la ley judía, hablamos siempre de modo figurado: Su tumba eran los escombros desechos del templo, y la Acacia tejía sus ramas sobre su monumento”; la palabra griega aKaKia significa inocencia, o estar libre de pecado. Con estas palabras queremos dar a entender que los pecados y depravación de la antigua ley y de los devotos del altar judío habían ocultado la religión a quienes la buscaban, la cual sólo se podía encontrar en donde sobrevivía la inocencia, bajo el pabellón del divino Cordero. Nosotros creemos que se nos debe distinguir por nuestra Acacia.. y como verdaderos acacianos en nuestra religión y doctrinas".

Los antiguos acostumbraban a simbolizar las virtudes y otras cualidades del alma con diversas plantas de conformidad con su naturaleza.

Estos simbolismos se han perdido actualmente en muchos casos, pero todavía se conservan bastantes, a los cuales damos hoy día interpretación acertada.

Por ejemplo, el olivo era el símbolo de la paz, porque, como dice Lee, "su aceite es utilísimo en todas las artes manuales que florecen, principalmente en tiempo de paz".

El membrillo era entre los griegos el símbolo de la felicidad y del amor, y por esta razón ordenaban las leyes de Solón que los novios comieran juntos un membrillo, en los matrimonios atenienses.

Es probable que el simbolismo del membrillo se derivara de su nombre, como en el caso de la acacia; porque parece existir cierto parecido entre la voz griega que quiere decir un membrillo, y el participio, que significa regocijo, alborozo; pero esta interpretación debió de ser tardía, puesto que el nombre se deriva de Cydon en Creta, de cuya isla procede el membrillo. Desprez dice al tratar de la palma, como emblema de victoria:

"Palma vero signum victoriae passim apud omnes
statuitur, ex Plutarcho, propterea quod ea est ejus natura
ligni, ut urgentibus apprimentibusque minime cedata
Unde est illud Alciati epigrama.
 
En el libro octavo de su Symposia habla Plutarco de la cualidad especial que tiene la palma de resistir cualquier peso y levantarse y erguirse a pesar de ello, por lo cual se adoptó por símbolo de victoria. También Cowley alude a ello en su obra llamada Davidesis, cuando dice:

Sabia que las palmas se enderezan cuando las oprimen, y que eran el galardón de victoria.

La palma era el símbolo de victoria; por eso se encuentra constantemente en las catacumbas de Roma, como emblema del triunfo cristiano sobre el pecado y la muerte.

El romero simbolizaba la memoria y el recuerdo, y por esa razón se empleaba en los matrimonios y funerales.

"Antiguamente se creía que el romero fortalecía la memoria, y no sólo se llevaba en los funerales, sino también en las bodas".

Douce cita la siguiente canción antigua:

Entre nosotros dos tenemos el romero noche y día para que no me olvide de que quisiera poder contemplarte siempre.

El perejil se consagraba al duelo, y por eso los griegos adornaban las tumbas con esta planta. También se usaba como corona de los vencedores en los Juegos Nemeos, que eran de carácter funerario.

Según dice Ste. Croix, estaba prohibido en los Misterios de Samotracia poner perejil en la mesa porque, según los mistagogos o intérpretes de los misterios, esta planta había nacido de la sangre de Camilo, asesinado por sus hermanos.

Cuando la Francmasonería adoptó la acacia como símbolo de inocencia, no hizo sino extender la antigua costumbre universal de consagrar determinadas plantas a ciertas virtudes particulares.

Y, por último, la acacia debe estudiarse también como símbolo de INICIACIÓN, que es la interpretación más interesante y, a nuestro parecer, la primaria y original, siendo las demás incidentales. Esto nos induce a investigar el hecho significativo a que ya aludimos antes, de que en todas las antiguas religiones y misterios existía una planta, consagrada por su significación esotérica, que jugaba un papel tan importante en la representación de los ritos; que terminaba por convertirse en símbolo de iniciación a fuerza de haberse empleado constantemente en ceremonias de este género.

En los misterios de Adonis oriundos de Fenicia, más tarde transferidos a Grecia, se representaba la muerte y resurrección de Adonis. En cierto pasaje de la leyenda de estos misterios se refería que, cuando Adonis fue muerto por el jabalí, Venus depositó su cadáver en un lecho de lechuga. Y para conmemorar este supuesto acontecimiento, los iniciados llevaban lechugas recién plantadas en macetas de tierra el primer día de la celebración, en el que se verificaban los ritos funerarios. Por eso la lechuga llegó a ser la planta sagrada de los Misterios Adonisíacos o Adonia.

El loto es la planta sagrada de los ritos brahmánicos de la India y simboliza la trinidad elemental - tierra, agua y aire - porque, como planta acuática, se nutre de todos estos elementos combinados, pues clava las raíces en tierra, el tallo está sumergido en agua y las hojas se encuentran expuestas al aire.

"Los hindúes representan el loto del mundo con cuatro hojas grandes y cuatro pequeñas colocadas alternativamente, mientras que del centro de la flor surge una protuberancia. Para ellos el cáliz circular formado por las ocho hojas simboliza la tierra, que flota en la superficie del océano y consta de cuatro grandes continentes y cuatro islas intermedias más pequeñas. La protuberancia central representa el sagrado Monte Merú".

Los egipcios que copiaron gran parte de sus ritos religiosos de Oriente, adoptaron el loto, también indígena en su país, como planta mística, para simbolizar la iniciación y el nacimiento en la luz celestial. Por eso, solían representar en sus monumentos al dios Phre, el sol, naciendo en el cáliz abierto de un loto, como observa Champollion.

La flor del loto es parecida a la amapola. Sus grandes hojas, en forma de lengua, flotan en la superficie del agua.

Los egipcios observaron que esta planta se abre cuando sale el sol y se cierra cuando llega el ocaso, y por esta razón la adoptaron para simbolizar al astro-rey. Como esta estrella era el objeto principal del culto popular, el loto llegó a ser una planta mística y sagrada en todos los ritos.

También los egipcios tenían por sagrada a la ERICA.

En el origen de la consagración de esta planta hay una coincidencia singular interesante para los estudiantes masónicos. Dice la leyenda osírica que Isis descubrió el cadáver de su esposo muerto, cerca de una erica, situada en la ceja de una colina, mientras la diosa vagaba en busca del dios; de ahí que ella adoptara la erica como sagrada, cuando instituyó los Misterios para conmemorar que esta planta señalaba el lugar en donde estaba oculto el cuerpo desgarrado de Osiris.

También es cosa significativa que la palabra eriko, del griego, de la que probablemente se deriva erica, quiera decir despedazar.

Ragon describe de la manera siguiente este místico acontecimiento: "Isis encontró el cuerpo de Osiris en las cercanías de Biblos, junto a una alta planta llamada erica.

Llena de dolor, sentóse al margen de una fuente, cuyas aguas brotaban de una roca. Esta roca es la pequeña colina de que habla el ritual; la erica se ha reemplazado por la acacia, y el dolor de Isis por el de los Compañeros masones".

La planta sagrada de druidismo es el muérdago. Su carácter sagrado procede de una leyenda de la mitología escandinava que relatan así los Eddas, o libros sagrados:

Habiendo soñado el dios Balder, hijo de Odín, que se encontraba en gran peligro su vida, su madre, Friga, obligó a que todos los seres pertenecientes a los reinos vegetal, animal y mineral le jurasen no hacer daño a su hijo.

Sólo se olvidó del muérdago, débil planta de pequeño tamaño. Enterado de ello Lok, el genio del mal o dios de las Tinieblas, entregó una flecha hecha de muérdago a Holder, el hermano ciego de Balder, cierto día en que los dioses se entretenían en arrojarle armas, maravillándose de que no pudieran hacerle daño con nada. Pero Holder disparó la flecha de muérdago y Balder cayó herido de muerte.

Desde entonces se reverenció el muérdago como planta sagrada, consagrándola a los poderes de las tinieblas.

Todos los años salían los druidas en procesión por el bosque en la busca del muérdago, que, al ser encontrado, cortaba el Archidruida y distribuía entre el pueblo, después de celebrar un solemne sacrificio.

Clavel observa con verdadero ingenio que es evidente que como Balder simboliza el dios-sol, y Lok, las tinieblas, la busca del muérdago se verificaba con objeto de privar al dios de las Tinieblas del poder de destruir al dios de la Luz. La distribución de los fragmentos del muérdago entre los piadosos adoradores, se hacía para cerciorarles de que, desde entonces, Lok no podría repetir su hazaña, por no tener medios para ello.

Según Toland el festival de la busca, corta y consagración del muérdago, se celebraba el día 10 de Marzo, o el de Año Nuevo. “Esta es la ceremonia que alude Virgilio con las palabras rama de oro en el Sexto Libro de la Eneida". Y tiene razón, porque todas estas plantas sagradas tuvieron un origen común en alguna idea simbólica general y antigua.

El mirto representaba el mismo papel en el simbolismo de los Misterios griegos que el Loto en los egipcios y el muérdago en los druídicos. En estas iniciaciones se coronaba al candidato con mirto, porque, según la teología popular, esta planta se consagraba a Proserpina, la diosa de la vida futura. Todo el que haya estudiado los clásicos recordará la dorada rama que la sibila entregó a Eneas (“Esta rama tenía la forma de una guirnalda de mirto, con la que se coronaba a los iniciados durante la celebración de los Misterios. Divine Legation, por Warburton, vol. I, pág. 299), antes de que éste continuara su viaje a las regiones infernales, viaje que según la opinión que prima actualmente, era la representación mítica de las ceremonias de la iniciación.

Mientras que la planta sagrada era en todos los misterios antiguos un símbolo iniciático, la iniciación simbolizaba, a su vez. la resurrección a una vida futura y la inmortalidad del alma. La Francmasonería representante hoy día de las iniciaciones antiguas, ha substituido el loto, la hiedra la erica, el muérdago y el mirto, por la acacia. La lección de sabiduría es idéntica; sólo ha cambiado la forma de enseñarla.

Y volviendo a la acacia, creemos que se pueden dar de ella tres explicaciones. Es el símbolo de la inmortalidad, de la inocencia y de la iniciación; pero estas tres interpretaciones van íntimamente unidas, lo cual puede observarse cuando se encuentra la verdadera interpretación del símbolo.

Este símbolo nos enseña que, en la iniciación de la vida, cuyo emblema es la iniciación en el tercer grado, la inocencia ha de yacer durante cierto tiempo en la tumba, hasta que, por fin, la palabra del Gran Maestro del Universo le llame a la inmortalidad bienaventurada.

Únase a esto el recuerdo del lugar en donde se plantó la acacia, o sea el Monte Calvario, donde fue sepultado "quien trajo la vida y la inmortalidad", cuyo personaje se conoce en Francmasonería cristiana con el nombre de "león de la tribu de Judá", y recuérdese, además, que la cruz de madera substituye a la acacia en el misterio de su muerte. Y se verá que en este pequeño símbolo, en apariencia tan insignificante, pero que, en realidad, es el más importante y significativo de la ciencia masónica, se halla una bella sugestión de todos los misterios de vida y muerte, de tiempo y eternidad, del presente y del futuro. Leída de esta forma (y nuestros símbolos deberían leerse también así) la Francmasonería demuestra a sus discípulos que es algo más que una entidad social o una asociación de caridad. Viene a ser a manera de "una lámpara colocada a nuestros pies", cuya luz espiritual brilla en la obscuridad del lecho mortuorio y disipa las tenebrosas sombras de la tumba.


 

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