martes, 19 de diciembre de 2017

EL ARCANO XXI


El Arcano XXI, espejo del Tarot y clave de la orientación

Estudiemos ahora más detenidamente la carta de El Mundo. Hemos visto que, como valor máximo de los arcanos mayores, simboliza el desenlace, la mayor realización que el Tarot puede presentarnos. Vamos a ver que esta carta es también un espejo en que toda la estructura del Tarot se refleja y se resume, como una clave de su organización espacial y simbólica.
 
Encontramos en ella un óvalo de hojas azules rodeado, en las cuatro esquinas de la carta, por cuatro figuras que no dejan de recordarnos la visión de Ezequiel: un ángel, un animal de color carne que podría ser un buey (o un caballo), un león y un águila. El simbolismo cristiano es interpretado aquí con gran libertad puesto que, en medio de estos cuatro elementos, lo que descubrimos no es la figura (masculina y barbada) de Cristo, sino una mujer desnuda, señalada como tal por las redondeces de sus pechos, la largura de su cabello y las curvas de sus caderas. El Tarot, aunque impregnado de simbolismo religioso, se muestra aquí como un imaginero independiente del dogma.

Esta figura femenina que danza en medio del óvalo podría ser una alegoría del alma a la que El Loco insufla su energía creadora. Se puede entonces interpretar las cuatro figuras que lo rodean como cuatro elementos constitutivos de la realidad, cuatro puntos cardinales, los cuatro ángulos del mundo real.
 
En numerosas culturas, el mundo conocido se define como una figura de cuatro lados, un cuadrado o una cruz, a la que se añade un quinto elemento central, eje o punto de encuentro, que une y sobrepasa sus cuatro direcciones. El simbolismo de la mano humana, con sus cuatro dedos oponibles al pulgar, no deja de recordarnos esta estructura.
 
Se podría ver en la carta de El Mundo una propuesta de organización similar: en el centro, el alma que danza, el ser esencial presente en cada uno de nosotros, de esencia receptiva, animada por un hálito creador. En las cuatro esquinas, cuatro energías en cuya disposición nos fijamos:
 
En la parte interior de la carta, encontramos dos animales terrestres, uno herbívoro (el buey/caballo) y otro carnívoro (el león). En la parte superior, dos seres alados: un ángel, figura del amor incondicional, del don, portador del mensaje divino, y un águila, animal predador pero cuyo simbolismo nos remite a la grandeza, la ascensión, la capacidad humana de elevarse a las alturas.
 
La carta de El Mundo está, pues, estructurada de forma clara, con una parte «cielo» y una parte «tierra». Si uno observa la forma y la proporción de las cartas del Tarot, se da cuenta de que se trata de un rectángulo cuya longitud es exactamente dos veces superior a la anchura, o sea un doble cuadrado: el cuadrado «tierra» bajo el cuadrado «cielo»
 
En el estudio de las cartas deberemos,  pues, recordar esta doble dimensión terrestre y celeste en cuyo centro se desarrolla, según la geometría del Tarot, el proceso carnal y espiritual del ser humano.

Veamos ahora cómo se descomponen la derecha y la izquierda si miramos la carta de El Mundo, a nuestra derecha encontramos los animales depredadores activos y, en la mano de la mujer, una vara símbolo del poder activo. El águila y el león son dos carnívoros. El primero, es un ave de presa macho (tiene un falo negro entre las patas) y el otro es una fiera carnívora también macho (las leonas no tienen melena). Ambos son activos: el león en la tierra y el águila en el cielo.

A nuestra izquierda, dos personajes de color predominantemente carne de los que, como hemos visto, uno es un herbívoro tradicionalmente dedicado al servicio y al sacrificio; y el otro es un ángel, un mensajero del amor divino. A este lado, la mujer lleva en la mano una bolsa o un frasco, es decir, un continente receptivo. Tradicionalmente y de manera fisiológica, la izquierda se asimila a las fuerzas receptivas y estabilizadoras, a diferencia de la derecha activa.
 
Si nos basamos en el estudio de la carta de El Mundo, el Tarot parece funcionar como un espejo que refleja la imagen de nuestra derecha y de nuestra izquierda, conservando sin embargo la noción de lo alto celeste y lo bajo terrestre.

Esta estructura en cinco partes, o más bien en cuatro partes más un centro, no deja de recordarnos la estructura misma del Tarot:
 
- Los veintidós arcanos mayores, que representan arquetipos que nos remiten al descubrimiento de nuestro ser esencial, podrían figurar en el óvalo central.
 
- Las cuatro series de arcanos menores deberían colocarse entonces en las cuatro esquinas de este "mapa del mundo" si conseguimos organizarlos según esta doble composición entre acción y recepción, tierra y cielo.

 

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