martes, 5 de diciembre de 2017

EL SECRETARIO

 
El cargo de secretario es muy antiguo. Existía en las Logias operativas, ya que tenemos documentos de esa época, anterior a Anderson, especialmente aquellos agrupados bajo el nombre de "Edimburgh Register".

En el rito francés, en el escocés y en el rito de Salomón, el secretario toma asiento al Oriente, a la derecha del Venerable y frente al orador. En el rito Emulación está a la izquierda del Venerable. Su función se explica en su totalidad en esta fórmula: Es la Memoria de la Logia. Durante las reuniones, hace el "bosquejo" de los trabajos y a partir de dicho "bosquejo" (borrador) redacta la plancha que lee al Taller en la tenida siguiente. El Acta es considerada y sometida a votación luego de consultar la opinión del Orador y es firmada por el Venerable, el Orador y el Secretario. El Registro de estas deliberaciones se conserva en el "Libro de Arquitectura".

El Secretario mantiene igualmente un registro de matrícula de los miembros de la Logia por orden de admisión. Está encargado igualmente de la correspondencia administrativa con la Obediencia y de la distribución de las convocaciones.

Su joya consta de dos plumas cruzadas.

En el Árbol sefirótico es Bináh, la inteligencia. Según Wirth corresponde a la Luna porque refleja fielmente todo cuanto emana del Orador (el Sol). Sobre el Sello de Salomón es, como el Orador, uno de los vértices del triángulo "descendente" que administra la Logia. Representa el brazo derecho del hombre acostado en la Logia.

El secretario es la "Memoria" de la Logia y dicha función está en relación con el simbolismo de la Luna que "refleja". No obstante, dicha función es de una importancia y de una riqueza que considerables. Es posible vislumbrar esa riqueza gracias al simbolismo de la Luna. Antes de ir más lejos, es conveniente distinguir en el análisis simbolista lo verdadero de lo falso. Un símbolo no es cualquier cosa. No es algo de lo que uno pueda decir lo que quiera según su inspiración del momento. El estudio de los símbolos permite descubrir la unidad fundamental del psiquismo humano en todas las latitudes y en todas las épocas. Dicho estudio permite, por consiguiente, conocer al ser humano. Así como en todas las personas el cuerpo humano está estructurado en forma similar, también el psiquismo es semejante entre los individuos independientemente de sus diferencias de comportamiento. El ignorante no logra ver más allá de las diferencias, en tanto que el sabio ve, además de las diferencias, la identidad. Los seres humanos son pequeños o grandes, gordos o delgados, musculosos o enclenques, negros, amarillos o blancos, castaños o rubios, etc. En el plano espiritual son buenos o malos, tontos o inteligentes, avarientos o generosos, tolerantes o fanáticos, etc.; mas sin embargo todos reaccionan en función de la misma mecánica lógica ante las mismas pulsiones. Eso es lo que nos permite descubrir el análisis de los símbolos. Por eso es que en el simbolismo es conveniente hacer de lado los comentarios cuya universalidad no es incontrovertible. La pareja Sol-Luna nos brinda un ejemplo de esto: algunos dicen que el Sol es el principio masculino y la Luna el principio femenino. Eso es falso, ya que dicho comentario se basa en una coincidencia lingüística que no es universal. Si bien en las lenguas latinas el Sol es masculino y la Luna femenina, ocurre lo contrario en la lengua alemana y en las lenguas germánicas. En hebreo y en egipcio antiguo, ambos son masculinos. Por los demás, justificar una "ideología" patriarcal con semejante comentario es deshonesto ya que, por una parte, la asociación de géneros masculino y femenino a los objetos no es universal y, por otra parte, la ideología patriarcal también es contingente y no reposa sobre ningún "valor" fundamental del cual pudiera argüirse que es eterno y universal.

En cambio, lo que sí es universal en la simbología de la Luna es que está asociada con los ritmos biológicos y con el tiempo vivo que pasa.

No nos extendimos sobre el simbolismo solar, ya que este es mucho más evidente. Todos los seres humanos lo asocian instintivamente con el calor, la luz, el resplandor y la fecundidad. En lo que se refiere al simbolismo lunar, hay que buscar un poco más y resulta que buscando se descubre, dentro de la misma investigación, el sentido del papel del secretario en la Logia.

La Luna es un astro que crece, decrece, desaparece y reaparece y que cada día presenta un aspecto diferente. Su eterno retorno a sus formas iniciales mediante una transformación incesante es lo que hace de ella el astro de los ritmos de la vitales. Mircea Eliade, en su "Tratado de historia de las religiones", constata que "las síntesis mentales que se facilitan por la revelación del ritmo lunar marcan correspondencias y unifican realidades heterogéneas cuyas simetrías estructurales y analogías funcionales no hubieran podido ser descubiertas si el hombre primitivo no hubiera percibido intuitivamente la ley de variación periódica. Por lo demás, numerosas mitologías han convertido a la Luna en la residencia reservada, después de la muerte, para los privilegiados: soberanos, héroes, magos, iniciados. La Luna es el astro de la noche; evoca la luz en medio de las tinieblas y, por ende, el conocimiento indirecto. Encarna la transformación y evoca el crecimiento.

Así mismo, los "trazados" del secretario son desiguales en longitud y en densidad, según la naturaleza y el contenido de las reuniones. Son cada vez diferentes y retornan siempre a formas iniciales. Marcan el ritmo y recortan el tiempo. Se consultan fuera del marco de las reuniones, figuran en archivos y en bibliotecas. Su propósito consiste en dejar trazas de los trabajos en el mundo profano y en virtud de ello constituyen, al igual que la Luna, conocimiento indirecto y luz en las tinieblas.

El Maestro avezado que cumple las funciones de secretario debe tener en cuenta el hecho de que sus trazados le servirán a los historiadores del futuro y que, por consiguiente, constituyen documentos de importancia esencial. Cuando queremos estudiar la vida de las Logias en el pasado, los "trazados" son documentos invaluables, por no decir los únicos disponibles. Por el estilo en que están redactados sabemos si las Logias respetaban el ritual y si estaban, o no, interesadas en el simbolismo. Las primeras frases rituales del trazado nos iluminan a ese respecto. Luego vienen los informes de los trabajos. Allí se plantea el problema del resumen. La reproducción integral de una plancha no es buena, porque su lectura hace pesada la siguiente tenida, durante la cual se lee el trazado. Le corresponde al Secretario resumir las ideas centrales de la plancha en diez o quince renglones. Es conveniente también, pensando en los futuros lectores de los trazados, anotar escrupulosamente las intervenciones y los nombres de quienes intervienen, resumiendo su contenido en unas cuantas palabras. De ese modo la historia de la Logia se mantiene viva. Algunas trazados, luego de resumir una plancha, indican: "Luego de numerosas intervenciones (o luego de varias intervenciones), el orador concluye que....". Es una mala costumbre hacer esto, porque al pasar por alto el contenido de las intervenciones no solamente se mutila la historia viviente, sino que se despoja de responsabilidad a los participantes. Los hermanos ponderan con más cuidado sus intervenciones cuando, al pedir la palabra, saben que lo que digan será leído en la siguiente tenida. Por supuesto, también es conveniente mencionar los saludos y deseos fraternales de los visitantes; pero sin citar extensivamente sus palabras y, finalmente, añadir las conclusiones del Orador.

La lectura del último trazado toma, según los casos, entre cinco minutos y un cuarto de hora. Es malo que sea demasiado corto y es malo que alcance el cuarto de hora. El lapso de tiempo para la lectura del trazado de los últimos trabajos es útil: permite el retorno sobre sí mismo y coadyuva, en un mismo grado de importancia que el ritual, a una "preparación" provechosa para la calidad de las actividades que siguen en el orden del día.

Por consiguiente, el secretario no debe realizar un trabajo servil de condensación. Debe ser creativo, imaginativo, inteligente. Debe tener sentido de la síntesis. Debe hallar la palabra que resuma un pensamiento sin desnaturalizarlo. Pesa, estima, calibra, mide. Está operando en función del "espíritu de geometría".
 
 
 

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