lunes, 11 de diciembre de 2017

EL SIMBOLISMO DEL TEMPLO


 
«Ese Templo es como el cielo en todas sus disposiciones»

«Tú me has ordenado construir el Templo en tu monte santo, así como un altar en la ciudad donde tú habites, según el modelo de tu tabernáculo santo que tú habías preparado desde el origen»

«Y despertóse Jacob de su sueño y dijo: cuán terrible es este lugar, no es otra cosa que Casa de Dios y puerta del Cielo».

«Dios construye Su Templo en el Corazón sobre las ruinas de Iglesias y Religiones».


En todas las Edades, el Templo invariablemente ha sido el lugar o Centro expresamente preparado y dedicado para que el hombre trascienda el espacio profano y penetre en una «región pura», en un «ambiente» propicio para el recogimiento y la «interiorización» que le permita acercarse a lo trascendente.

Todo Templo es una imagen del Templo Celeste, razón por la cual, las ideas que dominan su construcción son de orden, de orientación y de significación simbólica. Pero por encima de todo, la idea que prevalece es la de Centro Espiritual, de foco irradiante, de cruce de dos mundos (Cielo y Tierra), y donde todo está dispuesto con arreglo a una significación particular y específica…

La Arquitectura Sagrada está regida por el Número Creador del Ritmo y de la Armonía. La Armonía es Unificación y nos da la idea del poder del Verbo Divino, creando el Orden en el Caos… La Armonía es unificación de lo diverso. La Ley Hermética: «lo que está arriba es como lo que está abajo, para el logro de la cosa única», expresa las relaciones y concordancias entre las cosas Celestes y las terrestres: el nexo íntimo de indisoluble que liga el objeto material a su significación espiritual.

Las formas arquitectónicas nacen de la Geometría y de los Números:

«Sed omnia in mensura, et numero et pondere disposuisti».

«Tú que riges todas las cosas con medida, número y peso».

«Todo Número tiene su Forma, y toda Forma tiene su Número, de la cual ella es la expresión material, la condensación en el espacio».

«El espacio está encerrado por la forma, de la misma manera que, en el hombre, el cuerpo encierra el Alma que contiene el Espíritu. Los muros devienen así la condición previa a la definición y al aislamiento del lugar sagrado, al interior del cual, el Alma puede ser percibida, y su búsqueda espiritual llevada a feliz término».

El primer Gran Templo (el Macrocósmico) construido por Dios es el Universo, el primero y el más completo de los Símbolos de la Construcción: el Símbolo de la Manifestación Universal.

El Templo Tradicional es un Universo en miniatura (Microcosmos) construido por el hombre para realizar el Culto Divino: una renovación de la Obra de la Creación. Como «reflejo» del Universo, es construido «a la imagen del hombre», y en el cual éste ve reflejada su propia imagen y le sirve de paradigma en su esfuerzo por alcanzar su propósito de construir su propio Templo no hecho con las manos, «eterno en los cielos», su Cuerpo Glorioso e Inmortal… Un pequeño Cosmos viviente, una Piedra Viviente, al tomar consciencia frente a su propio Misterio de la experiencia fundamental del Hombre Verdadero…

De este modo el hombre, al renovar con su obra individual de realización espiritual el plan del G.A.D.U., está cooperando con la Voluntad Divina en la extensión de la Gran Obra en dimensión Universal: reducir el Caos al Orden atrayendo lo externo al Centro, una vez que ha encontrado su propio Punto Central… Repetición del Acto Primordial del Dios en los Tiempos de la Creación, cuando por primera vez transforma el Caos Universal en Cosmos.

Penetrar al interior del Templo (in-ire) es una manera del adorar a Dios. Dice el Libro Sagrado: «Dios es espíritu y es menester que aquellos que le adoren, le adoren en espíritu y en verdad» (Juan 4,24). Y en I Corintios 3,16: «¿no sabéis que sois Templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?».

El Arte de Construir el Templo Ideal y todo el Simbolismo que lo revela, son el basamento y objetivo de la Verdadera Masonería. El Templo de Salomón es el prototipo de ese Ideal y el objeto central de la Tradición Masónica. Esta Construcción es la imagen de la transformación que el Masón debe operar en sí mismo. Si eliminamos de la Masonería el Simbolismo y su relación Operativa del Templo, tendremos entonces un cuerpo «fosilizado» y por lo tanto el sistema decaerá y morirá indefectiblemente. Ninguna persona realmente entendida en la Ciencia del Simbolismo se aventuraría a negar que en el Arte de Construir y en las circunstancias relacionadas con la Construcción del Templo de Salomón, hubo un designio de establecer un Fundamento para el Simbolismo Masónico. Simbolismo que asimila una doble Tradición: la Tradición Hebraica en su aspecto Esotérico (Q.B.L.), y la Tradición Hermética. La Cábala declara que el conocimiento del Reino de los Cielos, sólo puede lograrse por medio de la «Visión del Corazón», la percepción del espíritu Universal que mora en las más recónditas profundidades del hombre.

El Templo físico que el Rey Salomón hizo fabricar sobre el Monte Moriah no fue sino un impermanente símbolo del Verdadero y Poderoso Templo que ha sido destruido y vuelo a reconstruir una y otra vez, ya que sus Fundamentos permanecen inamovibles, porque es Eterno en los Cielos.

El Rey Salomón, cuyo nombre (Sol-Om-On) representa el nombre del Sol en tres idiomas diferentes, simbolizan Luz, Gloria y Verdad. El Templo de Salomón es, ante todo, La Casa de La Luz Sempiterna, cuyo símbolo terrestre es el Templo de piedra construido sobre el Monte Moriah. De acuerdo con las enseñanzas Mistéricas hay Tres Templos de Salomón como Tres son los Grandes Maestros, Tres testigos y Tres tabernáculos de la Transfiguración. El Primero Templo en la Gran Casa del Universo, en medio de la cual se sienta el Sol en su Dorado Trono.

Los Doce Signos del Zodiaco como ‘compañeros-artesanos’ se reúnen alrededor de su brillante Señor. Tres Luces: la Estelar, la Solar y la Lunar iluminan este Templo Cósmico acompañado por su séquito de planetas, lunas y asteroides, este divino Rey (Salomón), cuya gloria ningún monarca terrestre jamás podrá igualar, se pasea en imponente y majestuosa pompa por las avenidas del espacio. En tanto que Chiram representa la luz física activa del sol, Salomón significa su invisible pero todopoderosa refulgencia espiritual e intelectual.

El Segundo Templo Simbólico es el cuerpo humano, la pequeña casa "hecha a imagen de la Gran Casa Universal". ¿No sabéis, pregunta el apóstol Pablo, que sois el Templo de Dios, y que el espíritu de Dios mora en vosotros…? La Masonería dentro de un Templo de piedra no puede ser sino especulativa, pero la Masonería dentro del Templo Viviente del cuerpo es operativa.

El Tercer Templo Simbólico es la casa anímica, una invisible estructura, la comprensión de lo cual es el Supremo Arcano Masónico. El Misterio de este intangible edificio está oculto bajo la alegoría del Soma Psuchicon, o traje de bodas descrito por san Pablo, el traje o "Veste del Gloria" del Gran Sacerdote de Israel, la túnica amarilla del monje budista, y la túnica de azul y oro a la cual se refiere Albert Pike en su ‘simbolismo’. El alma, construida de una invisible y ardiente sustancia, un flamígero metal dorado, es fundido por el maestro artífice Ghiram Abiff, en el molde de arcilla (el cuerpo físico) y es llamado el mar de Bronce. El Templo del alma humana es construido por tres maestros Masones personificando la Sabiduría, el Amor y el Servicio, y cuando es construido de acuerdo con la Ley de la Vida, el espíritu de Dios mora en ese santo lugar. El Templo Anímico es la verdadera Casa Eterna, y quien pueda construirla o fundirla es, sin lugar a dudas, un Maestro Masón.

«La Leyenda Hirámica interpretada de acuerdo con el Simbolismo de los Antiguos Misterios, representa una exposición de la redención del Alma humana. Los tres Grandes Maestros representan la Tríada Causal, la fundación triuna de existencias: el Rey Salomón representa la Eterna e Inmutable Divinidad que es el Gran maestro de la Gran Logia del Universo; el Rey Hiram de Tyro simboliza los recursos cósmicos, o las energías que continuamente fluyen desde la Esfera de Causación hacia la esfera de los efectos; u Chiram Abiff, el ‘hijo de la viuda’, representa la actividad universal, el Demiurgo o fabricante del mundo, el Maestro de los obreros. El mallete o martillo de Chiram, como el rayo de Zeus, representa el poder sobre los elementos tangibles de la creación inferior, o sea que él debe necesariamente ser distribuido como el Principio Activo de la Vida por medio de los elementos que dependen de su actividad para su existencia. Los asesinos de Chiram son las Tres Dimensiones del Universo inferior que atacan y destruyen al Espíritu Ilimitado e indimensionado, enviado para moldear La Creación como la apropiada habitación de Vida Sempiterna. El Demiurgo está atado a la rueda de la existencia establecida por él mismo en el espacio».

«La habitación que Moisés preparó como "la morada de Shekinah", una habitación ‘móvil’ (El Tabernáculo), Salomón la construyó fija, según el plan que le había sido revelado a su padre el Rey David», Entonces Salomón dijo: «El Eterno ha declarado que Él habitará en la obscuridad. Yo he terminado de construir una casa que será tu residencia, oh Dios, una morada donde tú habitarás eternamente».

«Ahora pues, oh Dios de Israel, verifíquese tu palabra que dijiste a tu siervo David mi padre. Empero ¿es verdad que Dios haya de morar sobre la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener: ¡cuánto menos esta casa que yo he edificado!».

Y «como Salomón acabó de orar, el fuego descendió de los cielos, y consumió el holocausto y las víctimas; y la gloria del Señor henchió el Templo. Y no podían entrar los sacerdotes en la casa del Señor, porque la gloria del Señor (Shekinah) la había henchido».

La idea hebraica fue indudablemente tomada de los egipcios, entre quienes el mismo jeroglífico significaba una casa y un Templo. En una inscripción de Philae, Champolión hace la siguiente cita: «Él ha hecho sus devociones en la casa de su madre Isis».

«El Rey de Egipto, realizando conscientemente la función de Constructor, es decir, identificándose con el Principio Real o Regio, al dirigirse al Dios de los Constructores, Ptah, dice: ‘Padre mío (proclamaba en el Templo de Medinet Habu, en Alto-Egipto), soy tu hijo; tú me has colocado en tu Trono, tú me has transmitido tu Soberanía, tú me has concedido a la imagen de tu cuerpo concediéndome la dirección de lo que tú has creado. Me has designado como único señor, tal como tú lo has sido. Gobierno como tú, construyo tu templo».

El Templo egipcio fue el verdadero arquetipo del Tabernáculo Mosaico, como el estilo fue del Templo de Jerusalén. La dirección de un Templo egipcio era usualmente de este a oeste, con la entrada por el lado este. Fue un edificio ‘cuadrangular’, mucho más largo que ancho, y estaba situado en la parte occidental de un recinto sagrado. El acceso a través de este recinto hacia el propio Templo era frecuentemente por una doble fila de esfinges. Al frente de la entrada había un par de obeliscos, lo que hará recordar al lector los dos pilares en el porche del Templo de Salomón. El Templo estaba dividido en un salón espacioso, el santuario donde el gran cuerpo de adoradores se reunía. Más allá, en la extremidad occidental, estaba la celda, nicho o Sekos, equivalente al Santo de los Santos de los judíos, donde solamente entraban a los sacerdotes; y en la más remota parte, detrás de la cortina, aparecía la imagen del Dios sentado en su trono. Esta forma egipcia del Templo fue tomada por los judíos, y con algunas modificaciones fue adoptada por los griegos y los romanos, de quienes pasó o a la moderna en Europa. La idea de una "separación" En un Santo y Muy Santo lugar ha sido preservada en todas partes. La misma idea se mantiene en la construcción de la Logias Masónicas, las cuales no son sino imitaciones, en espíritu, de los antiguos Templos. Pero ha habido una ‘transposición’ de partes: el más Santo lugar, que entre los egipcios y los judíos estaba en el oeste, ha sido colocado en las logias en el este. Ha sido colocado en las Logias en el este. Los Templos romanos después de que emergieron de su primitiva simplicidad, fueron construidos muy parecidos al modelo de los griegos. Vitruvius dice que la entrada de los Templos romanos estaba, si posible, hacia el oeste, de manera que los fieles, cuando ofrecieran plegarias o sacrificios, pudieran ‘mirar hacia el este’ pero esta regla no siempre fue observada.

Los Templos griegos, como los egipcios y los hebreos, estaban situados dentro de un cercado o recinto que estaba separado de la tierra profana a su alrededor, en los primero tiempos por cuerdas, pero después por una pared. El Templo era usualmente cuadrangular, aunque algunos eran de forma circular. Estaba dividido en dos partes: el Pronaos, Porche o Vestíbulo, y el Naos, Celda o Nicho. Esta última parte era donde se colocaba la estatua de Dios, rodeada de una balaustrada. En los Templos conectados con los Misterios, la Celda era llamada el Aditum, y a él, sólo los sacerdotes tenían acceso.

Las Cofradías Artesanales, herederos de los Antiguos Constructores, eran hombres Sabios que utilizaban para la realización de sus trabajos un Simbolismo Cosmológico, cuyos elementos, provenientes de la Tradición Primordial, revelan el conocimiento de un arte sagrado, un arte suprahumano, es decir, que sobrepasa los límites de la individualidad humana. El Arte Sagrado se convierte de ese modo en vehículo del Espíritu Divino y un reflejo de la Belleza Ideal. Es por ello que los Cabalistas, al referirse a la Obra del Artista Supremo, afirman que fue establecida con Sabiduría, Fuerza y Belleza…

El origen supra-humano o Celeste del Templo, se basa en que los más sobresalientes ejemplares de los Santuarios conocidos han sido edificados «siguiendo las indicaciones que la divinidad comunica a los hombres por medio de sus profetas», de donde parte la Tradición propiamente dicha de los Maestros, los Sabios de Corazón…

Según el Exodo 25,8, Jehová habla a Moisés, diciendo: «y hacerme han un Santuario y yo habitaré entre ellos».

En el capítulo 35, versículo 30, leemos:
 
«y dijo Moisés a los hijos de Israel: mirad, Jehová ha nombrado a Bezaleel, hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá».

- 31: «y la ha henchido de espíritu de Dios, en sabiduría, en inteligencia y en ciencia, y en todo artificio».

- 32: «para proyectar inventos, para trabajar en oro, y en plata y en metal».

- 33: «y en obra de pedrería para engastar, y en obre de madera para trabajar en toda invención ingeniosa».

- 34: «y ha puesto en su corazón el que pueda enseñar, así él como Aholiab, hijo de Ahisamak, de la tribu de Dan».

- 35: «y los ha henchido de Sabiduría de Corazón, para que hagan toda obra de artificio, y de invención, y de recamado en Jacinto, y en púrpura, y en carmesí, y en lino fino, y en telar; para que hagan toda labor, e inventen todo diseño».
El Rey David, por su parte, transmite a su hijo Salomón las Reglas y los Modelos recibidos del Señor para la construcción del Templo. En I Corintios 28, 10, David dijo a su hijo Salomón: «mira, pues, ahora que Jehová te ha elegido para que edifique casa para su Santuario: esfuérzate y hazla». La obediencia Salomón al llamado y al mandato está claramente escrita en este versículo 8, Pars Prima n,° 9, cuyo texto aparece encabezando el presente capítulo:
 
«Tú me has ordenado construir el Templo en tu Monte Santo, así como un altar en la ciudad donde tú habites, según el modelo que tú habías preparado desde el origen».

«Los hebreos llaman al Templo beth, que literalmente significa una casa o morada, y tiene su raíz en una palabra que significa ‘permanecer o pasar la noche’, o hekal que significa palacios, y viene de una obsoleta palabra que significa ‘magnífico’ (espléndido, grandioso). Así vemos que ellos parecen haber tenido dos ideas en referencia con un Templo. Cuando lo llamaron ‘Beth Jehová’ (Casa de Jehová), se referían al esplendor del edificio que fue seleccionado como Su Residencia.

La idea clásica sobre Templo fue más abstracta y filosófica. La palabra latina templum viene la raíz tem que significa ’separar’, refiriéndose a cualquier espacio, abierto u ocupado por un edificio, que fue separado para un propósito sagrado, de un terreno profano circundante. La palabra griega temenos que viene de la misma radical tem (cortar, delimitar, partir, dividir), significa "el lugar reservado a los dioses".

La palabra, propiamente, denota una sagrada cerca o barrera donde los augurios fueran observados por los adivinos. Por ello, Varro define un Templo como: "un lugar para augurios y auspicios" (De Ling; Lat. 6,81). Como la misma práctica del culto bajo las estrellas en lugares abiertos prevaleció entre las naciones nórdicas, podríamos deducir de estos hechos que "el Templo del Cielo" fue una idea de los arios, y "el Templo de la Casa" la idea semítica. La masonería a derivado su Simbolismo del Templo, y tiene casi todas sus ideas simbólicas de tipo hebreo; y por ello hace al Templo el Símbolo de una Logia.

La palabra latina speculor significa ‘observar’, ‘mirar alrededor’. Cuando los adivinos, desde los sagrados precintos de su Templo abierto sobre la calma del Capitalino, observaban el vuelo de los pájaros y de ello deducían sus auspicios de buena o mala fortuna, se decía: ‘speculari’ (especular). Por lo tanto, la palabra vino a la larga a denotar (como contemplar, derivado de templum) una investigación de cosas sagradas».


Analicemos un poco la palabra «contemplar»: mirar con deleite, admirar, deleitarse en el concierto de lo creado, que es el «ropaje» del Creador. Aplicar la mente a un objeto material o espiritual con atención y algún particular afecto. Absortar el alma en la vista y consideración de Dios, sus Misterios y sus Obras. Demorarse «tranquilo» en la presencia de Dios o en sus Obras». «Aquietaos y conoced que yo soy Dios» (Salmos 46,10). La Contemplación puede llevar al éxtasis…

Ontológicamente, el hombre espiritual es Templo de Dios, y por la Contemplación puede llegar a intuir la presencia divina. La contemplación es, por lo tanto, una elevación del espíritu, que puede conducir a la percepción experimental, vivencial de Dios y sus Misterios.

«El misterio que el hombre percibe en la contemplación de la Naturaleza, no es tanto el misterio del cosmos. La función original de los símbolos es precisamente esta revelación existencial del hombre a sí mismo, a través de una experiencia cosmológica».

 

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