miércoles, 6 de diciembre de 2017

LOS ANTIGUOS MISTERIOS


Con objeto de esclarecer estas opiniones y de familiarizar al lector con las coincidencias de la Francmasonería y los Misterios antiguos, y para que pueda apreciar mejor las influencias que han ejercido la una sobre la otra, vamos a relatar más detalladamente algunos de estos antiguos sistemas de iniciación.
 
Elijamos como primer ejemplo los Misterios de Osiris, tales como se practicaban en Egipto, lugar de nacimiento de todo cuanto es maravilloso en artes o ciencias, o misterioso en la religión del mundo antiguo. Las solemnes ceremonias de la iniciación osírica se celebraban en el lago de Sais. "En este lago" - dice Herodoto, - "es donde los egipcios representaban los sufrimientos de aquel cuyo nombre no quiero mencionar. A esta representación la, llamaban Misterios".
 
Osiris, el esposo de Isis, era un antiguo rey egipcio, a quien Tifón asesinó; despedazando, luego, su cuerpo y arrojándolo al Nilo, para que se dispersara en los cuatro vientos o puntos cardinales del cielo. Su esposa, Isis, plañiendo por la muerte y mutilación del rey, buscó diligente durante muchos días, ayudada por sus compañeros, las porciones del cuerpo, que al fin logró encontrar y enterrar dignamente. Osiris resucitó y se convirtió la divinidad principal de sus súbditos. Su culto se celebraba junto al de Isis, como fuerzas fecundantes y fertilizante de la naturaleza.
 
En estas iniciaciones el candidato repetía mímicamente la lucha y destrucción de Osiris y su resurrección. Cuando el candidato había recibido la luz a la cual le hacían acreedor las penosas y solemnes pruebas por que había pasado, se le explicaba la doctrina secreta, de la que ya hemos hablado como objeto de todos los Misterios.
 
Osiris - que para el pueblo era un Dios real y personal y debía ser adorado con temor y espanto, y propiciado con sacrificios y ofrendas arrojadas al fuego, era para los iniciados el símbolo de "La Causa primera incomprensible"; mientras que su muerte, el llanto de Isis, la resurrección del cuerpo, su elevación al rango de ser celestial y el regocijo consiguiente de la esposa, no eran más que un modo tópico de enseñar que la vida eterna sigue a la muerte, y que el alma continúa aunque el cuerpo se destruya. "¿Puede dudarse acaso", dice el Barón de Sainte Croix, "de que las ceremonias practicadas en los Misterios de Osiris, se instituyeran originalmente para inculcar en las almas el dogma de las recompensas y castigos futuros" ?.
 
"Los sufrimientos y la muerte de Osiris" - dice Wilkinson - constituyeron el gran misterio de la Religión Egipcia; del cual se encuentran huellas perceptibles en otros pueblos de la antigüedad. Osiris es la divinidad y la idea abstracta del bien. Su muerte y resurrección y su oficio de juez de los muertos parecen ser la primitiva revelación de una manifestación futura de la divinidad transformada en fábula mitológica.
 
En todas las iniciaciones de los Misterios antiguos se encuentran leyendas y ceremonias similares, que varían únicamente en la época y lugar y en detalles sin importancia. El dogma -la vida futura- y el método de enseñanza son siempre idénticos. Las coincidencias entre el objeto de estos ritos y el de la Francmasonería, que pronto explicaremos, nos capacitarán para considerar en su verdadero valor la expresión de Hutchinson de que "el Maestro Masón simboliza el cristiano salvado de la tumba de la iniquidad y resucitado a la fe salvadora".
 
Parecidos Misterios se celebraban en Fenicia en honor de Adonis, amante favorito de Venus, que habiendo sido muerto en una cacería por un jabalí del Monte Líbano, fue resucitado por Proserpína. En la teología popular, Adonis era hijo de Ciniras, rey de Ciro, cuya muerte prematura lloraron Venus y las ninfas: en la teología física de los filósofos, era un símbolo del sol, alternativamente presente y ausente de la tierra; pero en la iniciación correspondiente a los Misterios de su culto, su resurrección y retorno al Hades, se adoptaron por símbolo de la inmortalidad del alma.
 
Las ceremonias iniciáticas de la Adonia, empezaban con lamentaciones por la muerte de Dios, o, como dice el profeta Exequiel: "He aquí que las mujeres se sentaron llorando por Tammuz", pues tal era el nombre con que su culto se introdujo entre los judíos. Las ceremonias terminaban con las más extravagantes demostraciones de júbilo mientras se representaba el retorno a la vida , y el hierofante exclamaba con acento congratulatorio: "Alegraos, ¡Oh iniciados!, el dios se ha salvado. La salvación surgirá de nuestro dolor."
 
Antes de proceder a examinar los misterios más íntimamente relacionados con la institución masónica, es conveniente que expliquemos someramente su organización general. Los Misterios, o culto secreto de los antiguos, se dividían siempre en menores y mayores; los primeros tenían por objeto despertar la curiosidad, para poner a prueba la capacidad y disposición de los candidatos y prepararles por medio de purificaciones simbólicas, para el ingreso en los misterios mayores.
 
El candidato recibía al principio el nombre de aspirante o buscador de la verdad. La ceremonia inicial a que se le sometía era la lustración o purificación por agua. En esta condición puede compararse a los Aprendices del ritual masónico. No está de más advertir aquí que todas las ceremonias del primer grado francmasónico simbolizan la purificación interna.
 
En los Misterios menores, el candidato juraba guardar el secreto que le confiaba el mistagogo o conductor, y después recibía una enseñanza preparatoria que lo capacitaba para que más tarde entendiese las revelaciones de la siguiente división. Entonces recibía el nombre de mysto, o iniciado, cuyo grado viene a ser el de Compañero Masón de la Francmasonería. La enseñanza de la ciencia íntegra de la verdad divina constituía el objeto iniciático de los Misterios Mayores.
 
Entre las diversas ceremonias que relacionan estos ritos con los de la Francmasonería encontramos: el ufanísmo, desaparición o muerte; el pastos, sarcófago, o tumba; la euresis, o descubrimiento del cuerpo; y la autopsia, o visión plena de todo, es decir, la comunicación completa de los secretos. El candidato recibía entonces el nombre de Epopta, o testigo de vista, porque nada se le ocultaba; de ahí que se le compare con el Maestro Masón, de quien dice Hutchinson que "ha descubierto la ciencia de Dios y su salvación, y ha sido redimido de la muerte del pecado y del sepulcro del vicio y la injusticia".

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