domingo, 3 de diciembre de 2017

SOBRE LA CÁMARA DE REFLEXIONES


El término Gabinete de Reflexión es reciente e impropio. El término antiguo es Cámara de reflexiones (Ritual de 1785 para el Rito Francés. Guía de los Masones Escoceses, comienzos del s. XIX, para el R.E.A.A.), o Cámara de preparación (Rito Escocés Rectificado, 1782).

La Guía de los Masones Escoceses no da ninguna descripción de la Cámara de reflexiones. Los rituales del R.E.R. describen la Cámara de preparación y esta descripción nos será útil en su momento. Sin embargo, nos basaremos principalmente en la descripción del ritual de 1785, que es la fuente directa de nuestro propio ritual. (Recordemos que el Regulador Masón de 1801 no es otra cosa que la versión impresa del ritual de 1785, que antes era manuscrito).

El término cámara indica que se trata de una habitación de dimensiones normales. Nuestros minúsculos gabinetes son de uso más reciente.

El ritual precisa que el profano debe ser conducido media hora antes de la apertura de los trabajos y luego la describe:

 
Esta cámara debe estar cerrada a los rayos de luz e iluminada sólo por una vela; las paredes serán negras y tendrán colgados emblemas fúnebres, para inspirar al recogimiento, la tristeza y el espanto. Frases de una moral pura, máximas de una filosofía austera, serán pintadas legiblemente en las paredes, o enmarcadas y suspendidas en diferentes puntos de la cámara; una calavera, incluso un esqueleto si se puede conseguir, recordará la nulidad de las cosas humanas.

En esta cámara no ha de haber más que una silla, una mesa, pan, un vaso lleno de agua limpia, sal y azufre en pequeños vasos, papel, pluma y tinta.


Encima de la mesa estarán dibujados un gallo y un reloj de arena; bajo estos emblemas se escribirá: Vigilancia y Perseverancia.

A continuación, el texto da varias inscripciones, a modo de advertencias dirigidas al candidato:

∴ Si la curiosidad te ha traído aquí, vete.

∴ Si temes ser alumbrado sobre tus defectos, estarás mal entre nosotros.

∴  Si eres capaz de disimular, tiembla, se te descubrirá.

∴ Si buscas distinciones mundanas, sal; aquí no las conocemos.

∴ Si tu alma siente espanto, no llegará muy lejos.

∴ Si perseveras, serás purificado por los elementos, saldrás del abismo de las tinieblas y verás la luz.


Pero, ¿son estas inscripciones idénticas a las frases y máximas antes mencionadas? No lo parece, porque tienen más el carácter de advertencias que de sentencias o máximas, y están visiblemente destinadas a ser presentadas al candidato de forma agrupada más que en diversos lugares de la cámara. Se puede concluir que estas inscripciones, que debían ser trazadas en un sólo tablero, o en un políptico, son obligatorias e invariables, mientras que las sentencias y máximas son facultativas y ad libitum con tal de que se mantengan en el marco de "una moral pura y de una filosofía austera".

La atmósfera fúnebre de la cámara corresponde a la sensibilidad de la época o, más bien, a fines del siglo XVIII era una manifestación tardía de esa sensibilidad barroca marcada por un cierto gusto por lo macabro, cuyos lejanos orígenes se pueden hallar en las "danzas macabras" del siglo XV, y que floreció en los siglos XVII y XVIII en los monumentos funerarios y en la iconografía de las cofradías de penitentes (estando también muy cerca de aspectos fúnebres de la iconografía masónica).

 En nuestros días es recomendable mayor sobriedad, evitando producir un efecto contrario al que se persigue, pues la sensibilidad ha cambiado. Se debe evitar el esqueleto. Se mantendrá la calavera, ocasionalmente complementada con dos huesos en aspa, según la fórmula mantenida por el Rito Escocés Rectificado.

 A pesar de esta sobriedad, importa que el carácter fúnebre del gabinete de reflexión quede netamente marcado. Para recordar al candidato "la nulidad de las cosas humanas" como indica el texto, pero también, en un plano más profundamente iniciático, la necesidad de morir para renacer.

Respecto al pan y el agua, su simbolismo más aparente es el de la austeridad. Pero el pan y el agua son también símbolos de la vida; mejor aún, son los alimentos indispensables de la vida. Así, en este lugar donde reina una atmósfera de muerte, recuerdan que todo lo que se necesita para la vida está presente. Y, al igual que la muerte que se quiere evocar es, ante todo, una muerte iniciática, la vida que se evoca es una vida espiritual. El pan es símbolo de la nutrición espiritual, es decir de la palabra divina:
 
"El hombre no vive solo de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mateo 4/4).
 
El agua es el símbolo de este agua viva de la que Jesús habló a la Samaritana:
 
"Quien beba del agua que yo le daré jamás tendrá sed. El agua que le daré será en él fuente de agua que brota para la vida eterna" (Juan 4/14).
 
El agua es, al mismo tiempo, un medio de purificación y anuncia la prueba del agua que el candidato deberá superar en su segundo viaje.

Todo este simbolismo del pan y del agua será reforzado, y se hará más sensible, por la presencia de la Biblia.

La única lámpara o, según el uso actual, la única vela que ilumina el gabinete de reflexión será colocada de forma que ilumine la Biblia y permita al candidato leerla si siente necesidad de nutrirse en su meditación. Así, el conjunto pan-agua Biblia-vela, manifestará vigorosamente, en el seno de las tinieblas de la muerte, la presencia de la vida, de la palabra y de la luz.

 La sal y el azufre: Se ha pensado también en una interpretación alquímica de estos dos símbolos, y es probable que los redactores del ritual de 1785 siguieran también en este punto una tendencia de su época teniendo en cuenta una interpretación así.

Sin embargo, el Rito Francés no los ha desarrollado, al contrario de lo que hizo un poco más tarde el R.E.A.A. En nuestro rito hay muy pocas y breves alusiones alquímicas. Es reseñable que en las "inscripciones" puestas ante los ojos del candidato se le anuncian las purificaciones por el agua y el fuego como purificaciones "por los elementos". Pero no hay en ello necesariamente un significado alquímico, como se puede ver igualmente en el caso del Rito Escocés Rectificado.
 
Igualmente se puede citar, en el tercer grado, la alusión al "vasto conocimiento de la esencia de los metales" que poseía un determinado personaje.

Parece que sean estos los únicos pasajes de nuestros rituales que comportan, o pueden comportar, una connotación alquímica.

Por lo demás, la interpretación alquímica que se pudiera hacer de la pareja sal-azufre no es clara. En efecto, al menos en la alquimia clásica el azufre y el mercurio son dos principios opuestos que encuentran su unidad en la sal. La pareja azufre-mercurio, o el trío azufre-mercurio-sal, tendrían, entonces, un significado claro, pero la pareja sal-azufre es, desde este punto de vista, incoherente o incompleta.
 
Parece que sea mejor evitar involucrar al candidato, después aprendiz, en la búsqueda de una interpretación alquímica. Resulta más indicado investigar, una vez más, en la Biblia, fuente de toda la tradición masónica; una interpretación que estará, indudablemente, más de acuerdo con todo lo expuesto anteriormente.

En la Biblia, la sal y el azufre asociados son símbolos de desolación y esterilidad. En Deuteronomio 29/22 sirven para describir lo que ocurrirá al país de Israel si el pueblo es infiel a la Alianza:
 
"Azufre, sal, calcinación es su tierra entera; no se sembrará, ni germinará, ni hierba alguna crecerá en ella, como en la catástrofe de Sodoma y Gomorra, Admá y Seboyím, que Yahvé asoló en su ira y su furor".

En efecto, estas ciudades fueron destruidas por "azufre y fuego enviados por YHWH" y la mujer de Lot, que se volvió a mirar, se convirtió en estatua de sal (Génesis 19/24-26). El país se convirtió en una tierra salada, desolada y estéril. Es con una tierra quemada y salada con lo que Jeremías (17/5-6) compara la condición del hombre que se separa de Dios confiando orgullosamente en las fuerzas humanas:
 
"Maldito sea aquel que fía en hombre, y hace de la carne su apoyo, y de Yahvé se aparta en su corazón. Pues es como el tamarisco en la Arabá, y no verá el bien cuando viniere. Vive en los sitios quemados del desierto, en saladar inhabitable".

Al contrario, dice también Jeremías (17/7-8):
 
"Bendito sea aquel que fía en Yahvé, pues no defraudará Yahvé su confianza. Es como árbol plantado a las orillas del agua, que a la orilla de la corriente echa sus raíces. No temerá cuando viene el calor, y estará su follaje frondoso; en año de sequía no se inquieta ni se retrae de dar fruto".

Los símbolos de la sal y el azufre forman así una oposición con los símbolos de vida, el pan y el agua, tanto que en el mismo pasaje (17/13), Jeremías llama a Dios "manantial de aguas vivas".

Es por esto por lo que tenemos la costumbre de disponer los diversos objetos ya mencionados de la siguiente forma:

∴ En el centro, la Biblia, con la vela que la ilumina.

∴ A izquierda, la sal y el azufre asociados a los emblemas fúnebres de la calavera y los huesos.

∴ A derecha, los símbolos de la vida, pan y agua.

El candidato está situado en el punto de partida de dos caminos entre los que debe elegir, y la Biblia está colocada ante él para indicarle la naturaleza y final de cada uno de ellos.

Es evidente que el papel, la pluma y la tinta, están allí para permitir al candidato que responda a las preguntas que se le han planteado.

El gallo es el animal que, despierto antes de que comience el día, acecha y anuncia la salida del sol; por esto es el emblema de la vigilancia. Indica al candidato la vigilancia que debe mantener cara a cara consigo mismo, para descubrir sus pasiones y defectos, incluso en sus manifestaciones más sutiles. Además, es también el animal cuyo cacareo hizo tomar conciencia a San Pedro de su negación, siendo así el emblema de la consciencia moral, lo que se une al significado precedente. Aun más, indica al candidato que debe encaminarse hacia la luz y atento a todas las enseñanzas que se le darán para que esta luz penetre en él y pueda, el día que le corresponda, anunciarla a los otros.

 Por último, el reloj de arena recuerda al candidato que el tiempo es una dimensión esencial de la condición humana y que la iniciación masónica se inscribe en él, aunque tenga por finalidad permitir al iniciado transcenderlo un día.
 
La palabra "perseverancia" le indica que la iniciación es un largo camino, sembrado de obstáculos que no deben descorazonarle. Le pone en guardia contra la precipitación y la impaciencia.

Por otra parte, el reloj de arena, que mide por la caída de la arena una duración fija y determinada, le recuerda también que no dispone más que de un plazo limitado para alcanzar el objetivo, duración sólo conocida por el Gran Arquitecto del Universo. Por tanto, le manifiesta la necesidad de trabajar con celo para progresar hacia esa meta y que no debe descuidar nada que le pueda ayudar a instruirse y perfeccionarse.


 

 

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