lunes, 4 de diciembre de 2017

SOBRE LA CEREMONIA DE INICIACIÓN

 
En algunas Logias se utiliza este texto en forma de lectura al nuevo iniciado a continuación de la ceremonia. Como no forma parte de los textos primitivos del Rito, su uso en las Logias es facultativo, pero es un documento cuya lectura es útil para la instrucción de los nuevos Hermanos y la comprensión de las enseñanzas espirituales del Rito.

Querido Hermano:

Este nuevo título que os damos anuncia la cualidad que acabáis de adquirir y el lazo que se acaba de establecer entre vos y nosotros. Introducido en esta Logia como un profano, os habéis convertido en Francmasón y Hermano de todos los Francmasones extendidos sobre la superficie de la Tierra.

El núcleo de la ceremonia que ha producido en vos este cambio está constituido por el juramento que habéis prestado de guardar los secretos de la Francmasonería y por la comunicación que luego se os ha hecho de estos secretos. Estos dos actos esenciales han sido precedidos por una preparación y diversas pruebas, desarrolladas según ciertas formas rituales. Ahora se os dan algunas explicaciones sobre el conjunto de estas ceremonias, que os ayudarán a extraer las principales enseñanzas.

Se os ha situado en un lugar solitario y oscuro donde se os han presentado emblemas fúnebres, frases austeras y advertencias temibles. A través de todo ello se os ha querido hacer sentir la gravedad del paso que ibais a dar y daros a entender cuánto coraje y renuncia de sí mismo exige para llevarse a término.

Se os ha preguntado sobre los principales deberes del hombre para persuadiros de que el Masón debe esforzarse más que otros en cumplirlos fielmente en todas las circunstancias de su vida.

Se os ha retirado vuestra espada para que entendáis que debéis renunciar a toda voluntad de poder y a la ilusoria confianza que el hombre pone orgullosamente en sus propias fuerzas.

Se os ha despojado de vuestros metales para que aprendáis que debéis renunciar a la codicia y a la búsqueda de placeres y bienes materiales.

Se os ha desnudado parcialmente para recordaros la igualdad originaria entre todos los hombres y poneros en guardia contra la vanidad que, a menudo, les inspiran ornamentos que no deberían significar para ellos más que el símbolo de su deber.

Se os han vendado los ojos para enseñaros, privándoos de la luz física, que la verdadera luz no es de este mundo.

Se ha descalzado vuestro pie derecho en recuerdo de cuando Moisés se descalzó para hollar el suelo santificado por la presencia del Señor en la brasa ardiente (Éxodo, 3-5); en esto debéis comprender que nuestras Logias son lugares sagrados cuando los trabajos están regularmente abiertos, y que debéis conduciros adecuadamente.

Habéis sido introducido en Logia por tres grandes golpes. Ellos nos recuerdan tres frases del Evangelio (Mateo, 7-7; Lucas, 1 1-9): "Pedid y se os dará; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá". Os enseñan que no se niega jamás el socorro de lo Alto al que busca y persevera con confianza.

Tras asegurarse de vuestras intenciones y disposición mediante un severo interrogatorio, el Venerable os ha sometido a pruebas simbólicas que contienen importantes enseñanzas. El primer viaje, que habéis hecho con grandes penalidades entre estruendos, simboliza esta existencia caótica y en manos de los ciegos impulsos del azar en la que cayó el hombre desde que, movido por el orgullo, se separó de la fuente de toda luz y vida, y de la que sólo puede esperar liberarse con el socorro que le proporciona la misericordia divina. También os enseña la interpretación que se os ha dado de la palabra sagrada de vuestro grado: mi fuerza está en Dios.

Según la tradición judeocristiana en la que se formó la Francmasonería, y en la que permanece impregnada y donde continúa transmitiendo sus enseñanzas, este socorro divino nos es dado en el Volumen de la Ley Sagrada, donde al Señor le plació revelarse. Es en las páginas de este Santo Libro donde debéis buscar el sentido de las purificaciones por las que habéis pasado en vuestros dos últimos viajes.

La purificación por el agua fue instituida en la Antigua Alianza como un rito mediante el cual eran borradas las impurezas legales. Los sacerdotes debían purificarse mediante abluciones antes de tomar parte en el culto del templo. Pero, con el paso del tiempo, este rito legalista se convirtió en el símbolo de la purificación interior que limpia las manchas del vicio.

Así es, sin duda, como lo entendían los maestros en Israel al final de los tiempos de la Antigua Ley; así es como lo entendía Juan, ese santo profeta venerado por los masones, que bautizaba en la orilla del Jordán llamando a la metanoia, al cambio interior.

Acordaos, Hermano mío, que debéis hacer todo el esfuerzo para poder presentaros puro en nuestras Logias, y que, como lo escucharéis en la posterior instrucción, habéis venido a vencer vuestras pasiones y a someter vuestra voluntad. Vigilad especialmente para sólo entrar en Logia con sentimientos acordes con la concordia fraternal que debe reinar entre todos nosotros.

En la Nueva Alianza, tal y como Juan lo había anunciado, el bautismo de agua ha sido completado con un bautismo en fuego y en el espíritu. En relación con este segundo bautismo se os ha hecho pasar por las llamas, de lo cual el Venerable os ha explicado el sentido. Es el fuego de la caridad, del amor fraternal que debería abrazar a todos los hombres, al menos a todos los Masones, como hijos de un mismo Dios que es Dios de amor. Este es el mensaje de amor que el otro Juan, el Evangelista, recogió en ese libro particularmente querido a los Masones sobre el que habéis hecho vuestra obligación.

Esforzaos, Hermano mío, en comprender este mensaje y ponerlo en práctica. No perdáis de vista que este amor fraternal es mucho más que una simple amistad humana, aunque no la excluye sino más bien la transfigura. No olvidéis jamás que esto no es una idea abstracta, sino un estado interior del cual debe estar impregnado todo vuestro comportamiento hacia vuestros Hermanos.

Tradicionalmente, la Francmasonería celebra, de forma indivisible aunque en fechas diferentes, el recuerdo de ambos Santos Juanes, de los cuales, por otra parte, todas las Logias llevan el nombre. Esto os da a entender que las dos Alianzas son para ella dos caras inseparables de una misma tradición. En la Edad Media, esta complementariedad de ambas Alianzas era la clave principal de la interpretación de la Biblia, elaborada por los clérigos pero traducida a la piedra por los Masones operativos, y sigue siendo para nosotros la clave principal para interpretar su obra.

Recordad así, Hermano mío, que al igual que, históricamente, la Antigua Alianza fue necesaria para preparar el advenimiento de la Nueva, la purificación de vuestro corazón mediante la práctica de la virtud es necesaria para preparar su iluminación por el amor. Por otra parte, es sólo en esta iluminación donde vuestros esfuerzos hallarán su culminación.

La prueba de la sangre os ha mostrado hasta dónde debe llegar vuestro desvelo por vuestros Hermanos si lo exigiera una situación excepcional.

La prueba del cáliz de amargor os ha devuelto a las dificultades cotidianas. Si llegaseis a sufrir a causa de algún Hermano, pensad que el ideal masónico es suficientemente elevado para que no sea difícil estar siempre presto a perdonar. No venguéis las ofensas que os hagan por vuestro celo para permanecer en el camino recto, sea quien sea el provocador.

Tras haber triunfado simbólicamente en todas estas pruebas, habéis hecho vuestra Obligación o Juramento. Este es el momento más importante de vuestra iniciación, porque es cuando os habéis comprometido voluntariamente con nuestra Orden. El Venerable ha puesto cuidado en solicitaros vuestro libre consentimiento y, si lo hubierais rechazado, la Logia os habría dejado marchar sin haberos comunicado aun ninguno de los secretos que este juramento tiene la obligación de proteger. Quizás os haya sorprendido la fórmula tradicional del juramento. Es cierto que si lo violáis no debéis temer la ejecución literal de las penalizaciones. Pero incurriréis en el castigo del deshonor y el menosprecio de todos los Masones.

Habéis prestado este juramento sobre el Evangelio de San Juan, con la rodilla en escuadra y la punta del compás sobre el corazón. La Biblia, la escuadra y el compás han estado asociados siempre al juramento de los Masones. El valor de la Biblia, que no es un símbolo sino la expresión de la Revelación divina, os ha sido explicado ya. La escuadra es el símbolo del Oficio en su plenitud. Unida a la horizontalidad del nivel que lleva el primer Vigilante y la verticalidad de la plomada que lleva el segundo Vigilante, es portada por el Venerable, que gobierna la Logia.

Como herramienta que sirve para verificar los ángulos rectos de las piedras, ella es símbolo del modelo perfecto que la ley divina nos propone a cada uno de nosotros, para que ajustándonos a ella seamos capaces de participar en la construcción de un templo espiritual. En el momento de vuestra obligación, manifestaba la rectitud de intenciones que os debiera animar. Respecto al compás, herramienta que circunscribe lo indeterminado para instituir un orden, es el símbolo de la Sabiduría creadora del Gran Arquitecto del Universo.

Porque es ante el Gran Arquitecto del Universo ante quien habéis prestado vuestro juramento. Este es el nombre que los Masones damos a Dios. Este nombre, Hermano mío, es el resultado de una larga tradición. Dios no aparece en la Biblia como un Arquitecto hasta que comunica en el Sinaí a Moisés la estructura y dimensiones del tabernáculo, sobre cuyo modelo debería construirse más tarde el templo de Salomón. ¿No hizo saber también a Ezequiel, a través de su ángel, la estructura y dimensiones del templo a reconstruir después de que el primero hubiera sido destruido? El Libro de los Proverbios (8,27) nos dice que Dios, al comienzo, "trazó un círculo sobre la faz del abismo". Por esto, en la Edad Media se representaba al Creador bajo el aspecto del Cristo en majestad teniendo en la mano un compás para trazar el orbe del mundo. Es este compás divino, Hermano mío, el que recordaba ese cuya punta ha sido puesta sobre vuestro corazón.

Que él se abra a esta Sabiduría "que el Señor creó antes que sus obras más antiguas", y que al comienzo "estaba a su lado como el maestro de obras"; que se abra a esa Palabra de la que San Juan nos dice que "todo fue hecho por ella", y en la que proclama San Pablo "todo tiene su consistencia" (Col.-1 17). Sí, es en el Gran Arquitecto del Universo, en su Sabiduría, en su Palabra, en lo que nos sostenemos todos juntos como las piedras de un mismo edificio. Aquí está el cimiento primordial y la significación última de la fraternidad masónica en la que acabáis de entrar por el compromiso que habéis adquirido. Aquí se halla también la base de esa virtud, la Caridad, que os ha sido tan justamente recomendada, porque todos los hombres están unidos en el amor divino, aunque no todos sean conscientes como nosotros los Masones lo somos, o deberíamos serlo.

Cuando habéis tomado vuestra obligación, se os ha dado la luz. La llama que ha fulgurado en vuestros ojos para luego extinguirse os enseña el carácter precario y transitorio que es muy a menudo el de las luces humanas. Usadlas sólo con prudencia y discernimiento, y nunca os dejéis deslumbrar. Poned vuestra confianza sólo en la luz que dura eternamente.

Las espadas apuntándoos manifiestan la unión indefectible de los Masones y la fuerza que ella consigue, fuerza protectora para el que observa todos sus deberes, pero temible para el que yerra.

Habiendo recuperado la postura de vuestra obligación, habéis confirmado a la luz los compromisos que habíais adquirido en tinieblas. Luego, el Venerable os ha recibido y constituido Aprendiz Francmasón por la batería del grado dada sobre el compás apoyado en vuestro corazón y sobre la espada apoyada en vuestra frente. El símbolo del compás os ha sido explicado ya. La espada, símbolo del honor que involucráis en vuestra obligación, es aquí la marca de la autoridad de que está investido el Venerable como Maestro de una Logia regularmente constituida en Rito Francés, y por la libre elección de sus Hermanos. Manifiesta también la fuerza victoriosa con la que la Palabra divina ilumina la inteligencia de todo hombre que la acoge con fe y humildad.

A continuación habéis sido trasladado hacia el Oriente por la marcha de vuestro grado. El Oriente es la fuente de la luz, esta fuente de la que os hemos dicho que el hombre se aleja por su orgullo. Esta marcha significa que habéis emprendido esta noche un viaje que debe reconduciros. La posición de vuestros pies os indica que es la escuadra, cuyo significado os ha sido explicado, la que debe dirigir vuestros pasos en este camino, si esperáis llegar un día a su término. La forma peculiar de ejecutar esta marcha es el primero de los secretos que os permitirán haceros reconocer como Aprendiz Francmasón y que habéis jurado no difundir jamás. Tras haberos revestido con el hábito característico de los Masones, el Venerable os ha comunicado el complemento de estos secretos. Esta comunicación es la respuesta de la Orden al compromiso que habéis contraído con ella.

La originaria razón de ser de estos secretos era permitir a los Masones operativos que los poseían encontrar trabajo más fácilmente cuando se presentaban en una construcción. Hoy ya no tienen para nosotros este valor profesional. Pero continúan como señal del lazo que nos une y de nuestra pertenencia a una sociedad de hombres que han sido separados del mundo profano, de su ciega agitación y de sus vanidades, aunque deben continuar viviendo y actuando; una sociedad de hombres de la que se puede decir, según la palabra evangélica, que están en el mundo pero que no son del mundo.

Creed, Hermano mío, que esta pertenencia os impone grandes deberes. No voy a volver sobre los deberes sociales, morales y espirituales, de los que ya se os ha hablado ampliamente. Me ceñiré a precisaros algunos de los deberes prácticos que os incumben como aprendiz de esta Logia.

Debéis ser asiduo a los trabajos de la Logia, es decir, debéis atender a toda convocatoria que os sea dirigida por orden del Venerable, a menos que os lo impidan la enfermedad o imperiosas obligaciones profesionales o familiares.

En Logia debéis observar la disciplina masónica. Para vos, durante el tiempo de vuestro aprendizaje, esta disciplina toma la forma de la ley del silencio, a la que os debéis atener estrictamente. Esta saludable ley es una gran lección de humildad y de maestría de uno mismo.

Debéis instruiros con celo en los conocimientos masónicos de vuestro grado. En particular, debéis conocer perfectamente los secretos que os han sido confiados y saber ejecutar correctamente la marcha, el signo y el toque, así como dar la palabra sagrada de la forma que os ha sido enseñada. Debéis estudiar seriamente las instrucciones que se os den y estar atento al desarrollo de los trabajos en Logia a fin de grabar el ritual en vuestra memoria. Para vuestra instrucción dependéis particularmente del Hermano Segundo Vigilante quien, en algún plazo y de acuerdo con el Venerable y el Hermano Orador, os encargará un trabajo a presentar en Logia, por el cual vuestros Maestros puedan juzgar la forma en que asimiláis las enseñanzas que os dan.

De forma inmediata, deberéis presentar durante la próxima tenida vuestras impresiones de la iniciación. Preparadlo lo antes posible, mientras los sucesos de esta jornada están aun vivamente impresos en vuestra memoria. Este trabajo debe ser breve y ausente de todo ejercicio de erudición. No debe ser más que la expresión, todo lo directa y sincera que podáis, de lo que habéis experimentado esta noche.

Meditad constantemente, Hermano mío, sobre las enseñanzas de vuestra iniciación. Esclarecerán toda vuestra vida y os conducirán infaliblemente hacia la verdad y la luz.


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