viernes, 13 de abril de 2018

RECIBIMIENTO A LOS NUEVOS COMPAÑEROS MASONES


Muy Queridos Hermanos:
 
El grado de Compañero, que forma el segundo escalón de la iniciación Masónica es, por su origen, por su interpretación y por los desarrollos de que es susceptible, uno de los más importantes de la Francmasonería moderna, y también aquel del que desgraciadamente su estudio es más abandonado.
 
Este grado es el que se acerca más directamente, por sus emblemas, al origen que varios autores, y particularmente los ingleses y los norteamericanos, prestan a nuestra institución, quienes la hacen descender de los colegios de constructores romanos, y de las cofradías de masones de práctica de la edad media, así como ya lo habéis visto por las herramientas que han sido puestas sucesivamente en vuestras manos, y de las cuales ya os han dado la explicación simbólica y moral. El se adhiere también perfectamente a la edificación del templo de Salomón, cuyo modelo ha sido puesto ante vuestros ojos, y cuya historia os será referida más tarde.

Lo mismo que los antiguos misterios recuerdan el Origen de su fundación en sus ceremonias, por la representación de todo lo que tenía conocimiento con el descubrimiento o enseñanza de la agricultura, con la civilización de los pueblos y con el establecimiento de las leyes, lo mismo la Masonería, en el gr.·. de Comp.·. parece recordar un antiguo origen, debido a los masones constructores, por la representación de todo lo que tiene relación con el arte de la arquitectura.



En nuestros Estudios anteriores hemos establecido suficientemente la relación que existe entre los Francmasones modernos, v los masones constructores de la edad media y de la antigüedad. Sólo añadiremos aquí, que remontándose en la historia a los tiempos primitivos, encontramos que el arte de fabricar ha sido uno de los objetos más importantes, cuyos primeros legisladores (podría decirse civilizadores), y sacerdotes manejaron con predilección, y que los primeros edificios que han sido fabricados fueron los templos: "Ellos fabricaron palacios para sus dioses, antes de procurarse casas para vivir y abrigarse."

De este modo vemos, en una época que se remonta a la más alta antigüedad, a los tres primeros soberanos de China (nacidos de una virgen, y concebidos por la operación de un espíritu, o del cielo); designados en los libros sagrados:

1º. Fou-Hi, el rey del cielo, el señor de los hombres, que dio a los chinos las primeras leyes civiles y religiosas.

2°. Chin-None, el divino agricultor, que les enseño a sembrar las tierras; bajo su reinado, la tierra hizo producir una fuente de vino, y llovió trigo.

3º. HOANG -T i , que les enseñó á trabajar los metales, el arte de fabricar las casas por medio de ladrillos, y carpintería, el de fabricar los puentes, y construir navíos.

Esta historia, tan fabulosa como sea, indica bien los primeros conocimientos que debieron ser enseñados por todas partes a los hombres, y la gratitud, de los pueblos para sus bienhechores. Además, la tradición ha sido tan escrupulosamente conservada entre los chinos, que, todavía hoy, el emperador va todos los años, en gran pompa, al templo consagrado al divino agricultor, y labra él mismo allí la tierra.



Entre los indostanes, el dios creador, llamado Wisvakarma, es representado teniendo a su lado dos, obreros que llevan en sus manos los útiles de arquitectura, y en actitud de estar preparados a ejecutar las órdenes del maestro.

En las representaciones de los dioses egipcios y griegos, se encuentran también los mismos emblemas. Las mismas musas no son otra cosa más sino las representaciones de las artes, de las ciencias y de la literatura; y sus nombres, si se toma la etimología griega, son "muein", que significa explicar los misterios, o sea, si lo hacemos derivar, como Le-Clerc, de Motsa, que quiere decir: inventar. Explicar los misterios, es enseñar; é inventar, es hacer los planos, componer o hacer los descubrimientos científicos.

Hasta la misma biblia nos presenta ejemplos idénticos:

Leemos en el libro del profeta Amós (cap.VII ):

 ''Y yo vi al Señor de pie sobre un muro con un nivel en la mano. Y el Señor me dijo: Amos qué ves tú. Y yo le dije; el nivel de un albañil. Y el señor dijo: yo no me serviré del nivel en medio de mi pueblo de Israel, y yo no alinearé más las murallas."

Si hacemos esta última citación, es tanto para apoyar la opinión que acabamos de emitir, como para responder a las personas timoratas que, en el mundo profano, se escandalizan cuando han sabido que los francmasones califican a Dios de G.·. A.·. D.·. U.·.,  calificación que corresponde absolutamente al Creador del Mundo.

Después del pasaje del Profeta Amos, que representaba al Señor bajo la forma de un Maestro Masón y después, según el dicho de San Pablo, que en su Epístola a los Hebreos declara que "aquel que es arquitecto y creador de todas las cosas es Dios," esas mismas personas deben convenir que calificando a Dios de Gran Arquitecto del Universo, no nos hemos separado de la letra y del espíritu de las Santas Escrituras; así pues, nuestras intenciones no deben ser, a causa de nuestro sistema alegórico, mal interpretadas.

Bajo otro punto de vista, el grado de Compañero se une también a los misterios antiguos por las enseñanzas que el objeto mismo de los viajes simbólicos permiten desenvolver hasta lo infinito, estableciendo una tesis teórica y práctica sobre cada uno, si no hubiere peligro de entrar por ese medio en el dominio de las discusiones metafísicas y abstractas, puesto que el carácter de la masonería, por sus simbolismo, parece indicar que la iniciación, por lo menos en el primer y segundo grado, debe sujetarse a la simple enseñanza de algunas verdades absolutas é incontestables y universales, y a la exposición de los principios generales que pueden conducir gradualmente al hombre para los descubrimientos de otras verdades.

Las doctrinas discutibles o sujetas a diversas interpretaciones deben ser cuidadosamente separadas de la enseñanza dogmática en los primeros grados, si queremos conservar la armonía y progresión que constituyen el principal ornamento de la masonería.

El emblema de la letra G indica la fecunda mina que los iniciados, tienen que explotar; esto es suficiente para que los mineros infatigables busquen el filón que encierra; pero es preciso conservar el misterio que reina todavía en sus entrañas, hasta que las investigaciones más sabias hayan hecho descubrir los tesoros que ella contiene en su seno.

En los misterios de Isis, la estatua de la verdad no era jamás enseñada desnuda y sin velo y los iniciados solamente en  los grados superiores era permitido contemplarla.

No esperéis pues, queridos hermanos, que os haga penetrar en los arcanos profundos de nuestros misterios, pues esto sería anticiparme sobre conocimientos que deben seros revelados en otro grado.

En vuestra iniciación al primer gr.·. os hemos dicho que el grado de aprendiz representa moralmente el emblema de la niñez, o sea la primavera de la vida, y este emblema está figurado en nuestros templos por la piedra bruta; siguiendo el mismo método de interpretación, veréis que el gr.·. de comp.·. es el emblema de la juventud, representado aquí por la piedra cúbica, figura geométrica perfecta que presenta las superficies unidas.

Para llegar á este grado, habéis pasado de la escuadra al aplomo, señal de la perfección de vuestros conocimientos; y de la columna B.·. habéis pasado a tomar asiento en la columna J.·. , lo que indica un adelanto al progreso. Vuestra edad es de cinco años, en lugar de tres que teníais como aprendiz, recordad vuestros cinco meses de aprendizaje o de trabajo, que expresan los cinco meses de producción de la naturaleza, durante los cuales el sol (del cual el iniciado representa a menudo también la marcha aparente) alcanza en los grados del zodíaco los signos superiores.

La piedra cúbica, sobre la cual los comp.·. afilan sus útiles, lejos de tener el sentido material que los enemigos de la masonería le prestan, (así como la piedra bruta es el símbolo del ap.·.) la cúbica simboliza los progresos hechos por los compañeros en la masonería, así también como las comunicaciones con sus hermanos. No es, pues, más racional interpretar esos emblemas en el sentido propio o material, que lo sería el explicar en el mismo sentido las palabras de Jesucristo: "Pedro, sobre esta piedra yo edificaré mi iglesia". Palabras que han sido tan mal interpretadas por los hombres, para poder crear la jerarquía eclesiástica, y con ella tantos abusos, tanta explotación y tanto absolutismo, en oposición completa a las máximas de igualdad, libertad, fraternidad y humildad que traía el Divino Maestro de la escuela de los Esenios. Erro-cronismo histórico, puesto que ni San Pedro estuvo en Roma, ni hay quien lo atestigüe, y todos los obispos en los primeros siglos de la Iglesia tuvieron la misma autoridad, e iguales deberes.

La piedra cúbica es además todavía considerada como la piedra angular del templo elevado por los masones libres al Gran Arquitecto del Universo; así, pues, esta piedra está compuesta de amor fraternal, de socorros y de verdad.

Antiguamente, para pasar de un grado a otro, los estudios eran largos y verdaderos; es verdad que los misterios eran entonces las escuelas de ciencias, de filosofía y de moral que existían en el mundo, puesto que fue en su seno en donde todos los sabios, filósofos y legisladores de la antigüedad agotaron esos torrentes de luz con que han iluminado a la tierra.

Hoy día, la instrucción es fácil de adquirir, y bastante esparcida para que tengamos necesidad de entregarnos en los templos a la enseñanza de los primeros elementos de las ciencias; pero es fácil comprender por qué se exige a los profanos propuestos que tengan una cierta instrucción adquirida, y conocimientos que les permitan apreciar las altas lecciones ocultas bajo nuestros símbolos y emblemas alegóricos.

Pitágoras dividía a sus discípulos en varias clases o secciones: la primera se llamaba oyentes, porque estaban sujetos a un silencio respetuoso durante cinco años, y en cuyo tiempo no les era permitido a los iniciados hacer preguntas, ni proponer las dudas a los antiguos. Es el mismo período, reducido a meses, que acabáis de pasar como aprendices y los talleres que, para dar una vana satisfacción de amor propio a los masones, adelantan más de lo que conviene a sus grados, se exponen a faltar al objeto que la Institución se ha propuesto, iniciando en grados superiores a miembros que no han tenido tiempo necesario para formar su inteligencia en nuestras doctrinas, ni profundizar el sentido, ni aprender a detener en el justo límite una petulancia, o las pretensiones que el tiempo sólo puede moderar y modificar. El término de aprendizaje estipulado por todos los estatutos generales es de cinco meses, si se quiere formar en masonería obreros perfectos: ese término es absolutamente necesario.

Los misterios de Eulisis, tan célebres en la Grecia, estaban divididos en grandes y pequeños misterios, y tenían también un tercer grado, el de Epoptée, en cuyo grado lo que había de más oculto en el santuario era revelado a los iniciados. Los pequeños misterios servían como de preparación para los grandes, y la recepción a los primeros tenía lugar en un recinto reservado en el exterior del templo, que quedaba cerrado durante esa ceremonia. Es lo mismo que en masonería; acabáis de ver que no es permitido a los compañeros penetrar en el recinto del templo, puesto que habéis llegado cinco veces, y no habéis podido entrar; esta facultad no está acordada sino a los maestros, iniciados en los grandes misterios de la masonería.

En el grado de aprendiz, habéis visto que las dos columnas colocadas en la entrada de nuestros templos recuerdan a aquellas colocadas en el exterior del Templo de Salomón; conocéis ahora los nombres que les damos, conformándonos con el texto de la biblia, y esos dos nombres reunidos forman una frase que significa: "Él funda; él establece con o por la fuerza" lo que expresa el poder creador, o el principio de todas las cosas.

Este emblema se encuentra igualmente en la mayor parte de los templos de la antigüedad, en Egipto, bajo la forma de obelisco; en Asiría, bajo la del Esfinge, o animales con alas: por todas partes ellos representan al dios sol, cuyas imágenes eran el símbolo venerado, Herodoto no nos deja duda alguna sobre este punto, pues leemos en el segundo libro de su historia lo que sigue:

"Ramsés, rey de Egipto, mandó hacer en Menfis el vestíbulo del templo de Vulcano que está al Occidente, e hizo alzar frente a ese vestíbulo dos estatuas de veinte y cinco codos de elevación; la una al Norte, los egipcios la llamaban el verano; la otra al Sur, y la nombraban el invierno.

Adoraban a la que llamaban verano, y la hacían ofrendas; en cuanto a la que llamaban invierno, la trataban de un modo muy contrario."

Ved aquí el símbolo del dios sol representado en otras partes por simples obeliscos. Ved aquí las columnas solsticiales de nuestros templos masónicos. El mismo historiador cuenta también haber visto, en Tyr, Fenicia, un templo de Hércules, en donde, entre otros ricos ornamentos se veían dos columnas, una era de oro fino y la otra de esmeralda, que despedía de noche un deslumbrante brillo. Los sacerdotes de Tyr daban a ese templo del tiempo de Herodoto 2,300 años de existencia, lo que le hace ser 1700 antes del de Salomón.

Considerando a Hércules como una representación del dios sol, las dos columnas del templo de Tyr indican perfectamente los dos solsticios; o bien, si nos fijamos en la materia de que estaban hechas, han podido representar al sol y a la luna, tan venerados en Egipto bajo los nombres de Osiris e Isis.

Según una tradición judía, las dos columnas del templo de Salomón tuvieron por objeto recordar a los Hebreos las dos columnas de nubes y fuego que servían para guiar a Moisés cuando atravesaba el desierto a la salida de Egipto.

El templo de Salomón, lo mismo que las Logias Masónicas, tenía la forma de un cuadrilongo, siendo ésta la forma que los antiguos daban a la tierra; si este templo no tenía las dimensiones colosales que la imaginación de los escritores le han prestado, no es menos verdad que esas proporciones y su estilo lo hacían una de las obras de arquitectura más perfecta de aquellos tiempos, como también su destino, para celebrar lujosamente el culto tributado a un Dios único y eterno, siendo entonces a pesar de la poca celebridad que adquirió en las comarcas de su alrededor, el primer templo del universo.

El edificio perfecto, a cuya construcción habéis contribuido como compañero, es el emblema del edificio moral que nos proponemos levantar en nuestros corazones, bajo el plan directivo de los maestros, al Gran Arquitecto del Universo, sirviéndonos de las virtudes como materiales, de la ciencia y de la sabiduría como herramientas, y del amor fraternal como cimiento. Más tarde, todas las circunstancias relativas a la construcción de ese templo os serán reveladas; y ese emblema os será más claramente explicado.

En vuestra iniciación al primer grado os hemos demostrado que la masonería, siguiendo el desarrollo del espíritu humano y los progresos de la civilización, en su marcha a través de los siglos, pudiera haber cambiado varias veces de objeto para llegar al mismo fin; puesto que el inmenso trabajo que ella se propone, requiere de tiempo en tiempo nuevas fuerzas y nuevos conocimientos, según y a medida que adelanta y progresa; de este modo los antiguos iniciados han sacado las piedras del suelo quedando a nosotros el reunirías y amontonarlas; nuestros antecesores han tallado los materiales, nos obliga el pulimentarlos; los ágiles obreros han confeccionado las diversas piezas que deben componer ese admirable todo que llamamos sociedad o humanidad, restándonos colocarlas en su lugar y por su orden para concluir la obra...

Trabajo inmenso, prodigioso, todo de paciencia y abnegación, cuyo término pedirá quizás tantos siglos de labor y trabajo como han transcurrido para prepararlo, pero que nuestros sucesores verán finalizado, pues todo, en la naturaleza, obedece a la ley del progreso.

La masonería es una institución que lleva al hombre a las investigaciones científicas del origen de las cosas, a estudiar la naturaleza, a concebir y a poner en práctica todo cuanto pueda ser útil a la dicha del género humano, así como al desarrollo y propagación de sus conocimientos.

Si es verdad que la masonería no es religiosa, es preciso decir también que no es enemiga de la religión, como nuestros delatores pretenden falsamente, puesto que ella requiere, como ya lo hemos dicho, el respeto y los más puros sentimientos religiosos.

Resulta que todas las cuestiones de moral y de filosofía pueden ser abordadas y tratadas en las Logias con la misma libertad e independencia de espíritu que en las escuelas de la antigüedad y en las academias modernas, sin jamás tocar ni herir las conveniencias.

La entrada del pórtico de nuestros templos, está como ya habéis visto adornado de losas negras y blancas, arregladas simétricamente, y que llamamos el piso mosaico; este es el emblema del bien y del mal, es decir, de los dos principios opuestos que encontramos en todas partes del universo, en la naturaleza, como en el hombre, en lo físico, como en la moral.

Esto tiene necesidad de explicarse, pues este emblema tan simple cual él sea, ha servido muchas veces de comentarios a las doctrinas que nos han falsamente prestado, y como compañero debéis conocer.

Convencidos, como los antiguos sabios, y coma la mayor parte de los filósofos modernos, que el universo entero es regido por una ley, que, según los objetos o seres a quienes se aplica, se llama amor, atracción, o afinidad molecular, no tememos remontarnos por la escala de los tiempos y de los conocimientos humanos, pues no perdiendo de vista el punto de salida, es cuando se halla uno más cierto de llegar al fin, y es, interrogando a la naturaleza, observando sus leyes, y estudiando la historia de la civilización, como podremos llegar más seguros a la aplicación racional de los principios que deben regir y gobernar a los hombres.

Si vemos hoy nuestros templos adornados de las obras más suntuosas de la creación, no es con el objeto de hacer de ellos un culto, como los antiguos Sábeos, pero sí es para recordar simbólicamente el poder que ha creado todas las cosas, y que conserva todo con un orden tan admirable.

Nosotros seguimos en esto las prácticas de nuestros antiguos maestros, y si el vulgo ignorante, engañado por un vano fanatismo religioso, nos trata de ateos o herejes, nos será fácil responder, con Voltaire: "Que el sabio empezó a consagrar a Dios el buey que labraba la tierra, pero que los ignorantes adoraban al fin al buey y a los mismos frutos producidos por la naturaleza," sin que este error fuese jamás participado por los iniciados.

El símbolo de la serpiente adoptado por Moisés en el desierto, se convirtió en un objeto de idolatría por el pueblo ignorante, alentado este error por los Levitas quienes comerciaron con el culto; y en las vanas representaciones de todos los cultos, si el vulgo poco inteligente adora el ser venerado o la forma exterior, el sacerdote instruido no adora más sino el ser moral e ideal, y deduce que esta forma tiene por único objeto recordar a los hombres su ídolo.

Así pues, los sacerdotes del Sol, de Hércules y de Céres, no adoraban a Ceres, a Hércules o al Sol más que los sacerdotes de nuestros días a las iglesias de San Pedro, San Pablo y San Francisco; no adorando en esencia ni a San Francisco, ni a San Pablo ni a San Pedro; los antiguos sabios adoraban diversas divinidades, como hoy día se veneran a los Santos; ellos tenían una diosa con mil nombres (Isis), que la invocaban en miles circunstancias, tal cual los cristianos adoran a la Santa Virgen bajo mil nombres y calificaciones diversas; sin embargo, ellos reservaban también el verdadero culto de adoración al maestro, al Padre de los dioses, al gran todo, al Creador de los mundos, al ser eterno y todo poderoso, al Gran Arquitecto del Universo.

Todos los símbolos de los cultos antiguos han sido ridiculizados más tarde por aquellos que no quieren comprender el sentido y no se adhieren más sino a la forma exterior del objeto: el ridículo es a menudo el arma o la venganza de los necios, de los ignorantes y de los fanáticos. Así pues, la cebolla de los egipcios, que el vulgo ignorante y supersticioso adoraba, ha sido mucho tiempo el objeto de burla de aquellos que la criticaron sin saber que, por las numerosas películas que la componen, y forma esferoidal que tienen encerradas las unas en las otras, le presenta a los curas egipcianos la imagen vegetal del universo siempre diferente, y siempre el mismo; esas capas representaban filosóficamente para ellos el conjunto de la unidad divina: la cebolla no era pues ni una figura, ni una representación de la divinidad, no era más que un emblema. Que esta explicación os enseñe queridos hermanos a desconfiar siempre de vuestro propio juicio, y a buscar el instruiros antes de pronunciaros categóricamente en cualquier materia que sea, pues la inteligencia del hombre, aunque sea el más sabio, es limitada y circunscrita: Dios únicamente, lo sabe todo.

El emblema del Bien y del Mal, figurado en nuestros templos por el pavimento mosaico, os será presentado más tarde bajo un símbolo más sorprendente todavía; pero lejos de hacer un dogma de creencias religiosas, como los Maniqueos, dogma que atribuyen arbitrariamente a los francmasones para tener ocasión de acusarlos de herejía, nosotros nos limitamos a presentar filosóficamente el hecho, que además, se reproduce incesantemente bajo nuestra vista en toda la naturaleza; como es la luz y las tinieblas, el verano y el invierno, el nacimiento y la muerte, el insecto inofensivo que sirve para el desarrollo del reino vegetal y que produce la industria el insecto nocivo que arrasa los campos y corroe las telas; las lluvias que favorecen y fecundan la agricultura, y las heladas que destruyen todo; el sol que vivifica y el sol que quema y lo seca todo. Pero viendo que la tierra continúa produciendo, que el curso de las estaciones y de los años no es interrumpido, que la existencia de la humanidad se perpetúa, nuestros maestros han sacado de esos principios de antagonismo incesante una gran lección de moral y filosofía que han considerado como presentada por el Gran Arquitecto del Universo, para enseñar al hombre la necesidad del trabajo, a fin de impedir que se duerma en la dulce certidumbre de ver a la tierra producir sin esfuerzos satisfaciendo todas sus necesidades; ellos han calculado juiciosamente que esta enseñanza nos conduciría a emplear nuestra ciencia y nuestra sabiduría, en observar, comparar, juzgar y buscar los medios para el mal, y los arranques para el bien, puesto que desde que sepamos evitar o prevenir el mal, la inteligencia humana habrá hecho su gran conquista, sin que por esto cambie en nada el orden de la naturaleza que es inmutable. 

En la cuestión de los dos principios del bien y del mal, (que Zoroastro presentaba a sus discípulos bajo la figura de Ormudz, dios Luz, y la de Ahriman, sombra Oscura), los francmasones no se preguntan el porque Dios ha creado o permitido el mal; ellos no preguntan por qué el estiércol sustenta la tierra y la hace producir magníficas plantas y deliciosos frutos, pues un antiguo sabio ha demostrado hace más de veinticinco siglos, que el grano de trigo se pudre, y muere en la tierra, efecto del mal, para producir después y dar nacimiento a una espiga, efecto del bien.

Los francmasones saben que Dios, tal como la naturaleza, oculta en su seno los secretos impenetrables de su condición de ser, y que no es posible, sin estudios y sin trabajos, alcanzar un grado más alto de ciencia y de sabiduría; los antiguos maestros han presentado esta lección por la fábula alegórica de los Titanes, contra Júpiter, y por la historia emblemática de la Torre de Babel.

Tal es la doctrina que la sutileza de los Casuistas y Jesuitas han querido interpretar contra nosotros, dándole el sentido dualista religioso que los francmasones no han admitido nunca como punto dogmático; todas las religiones han participado de esa doctrina, como lo indican las personificaciones de Dios y de Satanás, de los Angeles y de los Demonios, de los Buenos y Malos espíritus; y la Biblia da el nombre de Python al mal principio, que los egipcios llamaron Tifón. Por el Levítico, se ve que Moisés ordenó que apedrearan a aquellos que estaban llenos del espíritu de Python, y conocemos la fábula de los griegos que atribuye a Polón la derrota de la serpiente próxima a la villa de Delfos.

Y a veis queridos hermanos, por las consideraciones que anteceden, que la masonería, sin separarse de los dogmas religiosos busca aprovecharse de todas, las enseñanzas; y que su filosofía no tiende más que a aplicar la moral, las lecciones y las leyes admirables que presentan la naturaleza y la historia .

Nos evitaremos entrar aquí en las nuevas apreciaciones sobre los cinco viajes que habéis practicado, y sobre las herramientas que os han entregado, pues todo esto os ha sido suficientemente explicado en vuestra iniciación. Nos limitaremos a recordaros que esos viajes figuran los cinco sentidos del hombre, con el fin de que, aprenda a conocerse a sí mismo.
 
Acostumbraos pues, mis queridos hermanos, a merecer la confianza de los maestros; y no os faltará la recompensa debida a vuestras virtudes y a vuestros trabajos.
 
No podríamos terminar mejor este discurso, sino citando el himno a Ceres que cantaban a la conclusión de los misterios de Eulisis, a fin de haceros penetrar en la pureza de las tendencias de los antiguos iniciados de quienes procedemos.
 
"Salud, oh Dios!
Conserva esta villa
en la concordia y en la abundancia;
 
Haz madurar todo en nuestros campos,
engorda nuestros rebaños,
fertiliza nuestras huertas,
engorda nuestras espigas
y fecunda nuestras estaciones;
 
Haz sobre todo que reine la paz,
a fin de que la mano que siembra
pueda también segar"

Tales son los votos que los francmasones dirigen todavía al G.·. A.·. D.·. U.·. y especialmente en las fiestas solsticiales; nuestro fin y objeto es siempre el mismo: la concordia entre los hombres, y la abundancia para todos, la caridad, ese báculo de la perfección, que sostiene los unos a los otros, y la paz, ese bien supremo; sí, la paz, a fin de que la mano que siembra también pueda segar.

No olvidéis mi queridos hermanos, esta santa oración; decimos santa, aunque ella provenga de aquellos que llaman paganos, por que, para nosotros, todo lo que es noble y puro es santo; y acordaos igualmente de la fórmula de "Adiós" que era usada en los mismos misterios: "Hermanos míos, velad y seamos puros" es decir, trabajemos, y seamos buenos, discretos y virtuosos.





 
 

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