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sábado, 15 de diciembre de 2018

EL TECHO DE LA LOGIA



Otro de los símbolos presentes en la Logia es el techo. Baste saber que este techo se supone que figura “el celaje" o firmamento en que se representa la hueste de estrellas, para cerciorarnos de la continua alusión al simbolismo del mundo.

La Logia, como representación del mundo, no tiene más techo que los cielos (Tal era la opinión de algunos antiguos adoradores del sol, cuyo culto realizaban siempre al aire libre, porque creían que no existía templo alguno capaz de contener al sol. De ahí la sentencia "Mundus universus est templum solis”, el universo es el templo del sol. Como nuestros antiguos hermanos, adoraban únicamente “en las más elevadas cumbres” la que es otra analogía importante).


Si no fuera porque otro símbolo, la escalera teológica, está íntimamente relacionado con este tema no seguiríamos tratando de él. La escala mística, que une el pavimento de la Logia con su techo, es otro lazo importante que enlaza la cadena común del simbolismo y de las ceremonias de la Francmasonería con el simbolismo y los ritos de las antiguas iniciaciones.

La escala mística, que en la Francmasonería simbólica es la escalera teológica que Jacob vio que llegaba desde la tierra al cielo", era un símbolo muy difundido entre las naciones antiguas, y se suponía que estaba compuesta de siete escalones.

En los Misterios de Mitra, cuyos grados iniciáticos ascendían a siete, había una elevada escalera de siete escalones o puertas, cada una de las cuales se dedicaba a un planeta, el que, a su vez, se representaba por un metal, siendo el escalón más elevado el que simbolizaba el sol.

Empezando por abajo se tenía: Saturno, representado por el plomo; Venus, por el estaño; Júpiter, por el bronce; Mercurio, por el hierro; Marte, por una mezcla de metales; la Luna, por la plata, y el Sol, por el oro. El conjunto simbolizaba el curso sideral del orbe solar a través del universo.

En los Misterios de Brahmá se encuentra la misma referencia a la escalera de siete peldaños, alusiva al universo.

Los siete peldaños eran emblemas de los siete mundos del universo indio. El inferior era la Tierra; el segundo, el Mundo de la Reencarnación; el tercero, el Cielo; el cuarto, el Mundo Medio, o región intermedia entre los mundos inferiores y superiores; el quinto, el Mundo de los Nacimientos, en el cual vuelven a nacer las almas; el sexto, la Mansión de la Felicidad, y el séptimo, o más elevado, la Esfera de la Verdad, morada de Brahmá, quien no es sino un símbolo del sol, con lo cual llegamos una vez más al simbolismo masónico del universo y del globo solar.


El Dr. Oliver cree haber encontrado la escalera mística de los Misterios escandinavos en el sagrado árbol Idrasil (En el Asgard, o morada de los dioses, se encuentra el fresno Idrasil, a cuya sombra se reúnen diariamente aquellos para hacer justicia. Las ramas de este árbol se extienden sobre todo el mundo y llegan hasta los cielos. Tenía tres raíces, muy distantes entre si: una de ellas arraigaba entre los dioses; otra entre los gigantes del abismo, y la tercera, cubría el Nitlheim, o infierno, y bajo esta raíz se encontraba la fuente Vergelmer, de donde manaban los ríos infernales.).

No cabe duda de que en este árbol sagrado se encuentra la misma alusión que en la escala de Jacob, a una ascensión desde la tierra, en que arraigan sus raíces, hasta el cielo, donde se expanden sus ramas, cuyo ascenso no es sino el cambio de la mortalidad a la inmortalidad, del tiempo a la eternidad, doctrina enseñada en todas las iniciaciones. La subida de la escala o del árbol representa el ascenso desde esta vida a la futura, desde la tierra al cielo.

Creemos innecesario llevar más lejos estos paralelismos. Sin embargo, cualquiera puede ver que se alude indudablemente en ellos a esa división septenaria que predominó universalmente en el mundo antiguo, cuya influencia todavía se deja sentir en nuestra vida común y en la medida del tiempo.

El siete era el número perfecto de los hebreos, que por eso lo empleaban en todos sus ritos sagrados. La creación se terminó en siete días; siete sacerdotes, llevando siete trompetas dieron vueltas alrededor de las murallas de Jericó durante siete días; Noé recibió la noticia de que iba a empezar el diluvio siete días antes; siete personas le acompañaban en el arca que encalló en el monte Ararat al séptimo mes; la construcción del templo de Salomón duró siete días. Podríamos citar mil ejemplos más de la repetición de este número talismánico, si tuviéramos tiempo y lugar para ello.

Los gentiles veneraron también este número sagrado. Pitágoras decía que era "el número venerable". La división septenaria del tiempo en semanas de siete días, que no es universal como se cree generalmente, basta para demostrar la influencia de este número. También es cosa curiosa, por referirse quizás a la escalera de siete peldaños que hemos estado estudiando, que en los antiguos misterios se lavara al candidato siete veces en el agua bendita del bautismo según cuenta Apuleyo.

Es, pues, una anomalía creer que la escalera mística de la Francmasonería tiene sólo tres peldaños, anomalía que no tiene que ver nada con la Francmasonería y que procede de la ignorancia de quienes grabaron en nuestros Manuales los símbolos masónicos por vez primera.

La escalera de la Francmasonería, como todas las equivalentes de instituciones semejantes, tuvo siempre siete peldaños, aunque actualmente se aluda solamente a los tres superiores o principales. Estos peldaños son, empezando por el inferior, Templanza, Fortaleza, Prudencia, justicia, Fe, Esperanza y Caridad. La Caridad, por lo tanto, ocupa el mismo lugar en la escala masónica de virtudes que el sol en la de planetas. En la escala de metales el oro ocupa la misma elevada posición, y en la de colores, el amarillo.

San Pablo entiende que la Caridad no consiste en dar limosnas, sino en amar con ese amor que "sufre mucho y es benévolo". Cuando en nuestras conferencias masónicas decimos que la Caridad es la virtud suprema, pues cuando se pierden la fe y la esperanza, llega ella "hasta más allá de la tumba a los reinos de la felicidad eterna", aludimos al Divino Amor del Creador. Además, Portal dice en su Essay on SymboIic Colors que el sol representa el Amor Divino y que el oro indica la bondad de Dios.


De modo que si la Caridad es equivalente al Amor Divino, y éste se representa por medio del Sol, y, por último, si la Caridad es el peldaño más alto de la escala masónica, habremos llegado como resultado de nuestras investigaciones al símbolo tan repetido del orbe solar. El sol natural o espiritual - el sol, como principio vivificante de la naturaleza animada y, por ende, objeto especial de adoración, o como instrumento más descartado de la benevolencia del Creador - fue siempre tina idea directriz en el simbolismo de la antigüedad.

Su preponderancia en la Institución masónica, es una prueba evidente de la íntima analogía de la Francmasonería con todos los demás sistemas simbólicos.

Explicar cómo se adoptó por primera vez esta analogía y de qué forma se podría dilucidar sin detrimento de la pureza y veracidad de nuestro carácter religioso, implicaría una larga y pesada investigación en los orígenes de la Francmasonería y en la historia de su relación con los demás sistemas antiguos.

Podríamos llevar más lejos todavía nuestras investigaciones; pero hemos dicho ya lo suficiente para establecer los siguientes principios fundamentales:

1. Que la Francmasonería es, estrictamente hablando, una ciencia de simbolismo.

2. Que hay gran analogía entre este simbolismo francmasónico y el de los ritos místicos pertenecientes a las religiones antiguas.

3. Que del mismo modo que en las religiones antiguas el candidato simbolizaba el universo, y se convertía al sol, como su principio vivificante en objeto de adoración, o, por lo menos, de veneración, así también en la Francmasonería, la Logia representa el universo o el mundo y el sol se adopta como su símbolo más importante.

4. Que esta identidad de simbolismo es prueba de la identidad de origen, la cual es perfectamente compatible con el verdadero sentimiento religioso de la Francmasonería.

5. Y, por último, que todo el simbolismo de la Francmasonería alude exclusivamente a lo que los Cabalistas denominan el Algabil -el Maestro Constructor- o sea, el ser que conocen los francmasones con el nombre de Gran Arquitecto del Universo.

 


jueves, 1 de febrero de 2018

EL TEMPLO SIMBÓLICO



Todas las Logias regularmente constituidas deben celebrar sus Trabajos (Asambleas) en un local expresamente arreglado y solemnemente consagrado para este objeto, que se llama Templo.

Siendo el Templo Simbólico una imagen representativa del Universo, afecta la forma de un cubo, por corresponder esta figura al número 4, que simboliza la Naturaleza.

Todo es simbólico en él: los cuatro elementos, los cuatro puntos cardinales, la bóveda celeste con sus numerosas constelaciones, el sol, la luna, los signos zodiacales y cuantos objetos se hallan representados en su interior, todo se refiere simbólicamente al mismo sistema.

La planta de este local es la de un paralelogramo, orientado en dirección del Oeste al Este, cuyos cuatro lados se designan con los nombres de los cuatro puntos cardinales.

En su contorno se hallan repartidas doce columnas representativas de los doce signos del Zodiaco, que sostienen una bóveda azul, tachonada de brillantes estrellas.

Circuyendo el recinto, a lo largo del friso, imagen de la eclíptica, corre un grueso cordón anudado a distancias proporcionales, formando doce lazos cuyos extremos rematados en dos borlas se apoyan sobre las columnas de la Orden.

Al Oriente se levanta un estrado o plataforma de proporciones adecuadas, elevado sobre una gradería de cuatro escalones y cuyo frente o pretil está formado por una balaustrada.

En la parte central de esta plataforma se levanta sobre tres gradas otro estrado do menores dimensiones, pero bastante espacioso para contener el sitial del Venerable Presidente y el ara o el trono que tiene delante, resultando que este se halla elevado á la altura de siete gradas sobre el nivel del suelo.

El Trono está cobijado debajo de un dosel, en cuyo fondo y en la parte alta se destaca un Delta o triángulo resplandeciente que lleva, en caracteres hebraicos, el Gran nombre de Dios (JEHOVAH), tipo simbólico de la perfección divina; emblema de la fuerza generadora de la Naturaleza y de la Armonía que reina entre todos los cuerpos y cuyos lados, entre otras significaciones simbólicas, representan los tres reinos de la naturaleza: el Pasado, el Presente y el Porvenir,(el Nacimiento, la Vida y la Muerte), Dios, Perfección, Transformación.

En el fondo del Oriente, á ambos lados del dosel, en lo alto, se destacan sobre un transparente luminoso, las imágenes de las dos grandes lumbreras del Universo, el Sol y la Luna en su cuarto creciente: éste á la derecha y aquél a la izquierda del Presidente.

Delante del trono, y a conveniente distancia, hay un pedestal o ara llamado altar de los juramentos.

Sobre el primer estrado, junto a la balaustrada, a derecha o izquierda del Ven. Presidente, hay dos bufetes en frente el uno del otro, para los hermanos Orador y Secretario.

A la derecha del Presidente se coloca el estandarte de la Logia, y alrededor del hemiciclo las banquetas o asientos convenientes para los hermanos que tengan derecho a ocuparlos o para aquellos a quienes se quiera, distinguir.

Sobre el altar del Venerable se coloca un candelabro con tres bujías encendidas, una espada, un pequeño mazo vulgarmente llamado mollete, y la carta o patente constitutiva de la Logia.

Sobre el altar de los juramentos, se ponen un libro de la Ley y un compás y una escuadra entrelazadas.

Al Occidente se halla la puerta de entrada, junto a la cual hay un asiento y una espada flamígera para el Guarda templo interno.

A ambos lados de esta puerta, unos tres pasos hacia el oriente, se levantan dos columnas aisladas, de orden corintio, cuyos capiteles se hallan coronadas por tres granadas entreabiertas, distinguiéndose cada una de dichas columnas por un nombre misterioso, cuya inicial J. y B llevan esculpida en el fuste.

Inmediato a estas columnas, al extremo occidental de los lados del Norte y del Sur del Templo, se colocan sobre un pequeño estrado, el bufete y el sitial para los Vigilantes con un pequeño mazo (mallete) de encina.

A sendos lados a lo largo del templo, de Oriente a Occidente, hay una ó más filas de asientos, a las que se da el nombre de Columnas. Los asientos de la izquierda forman Columna del Norte, que está destinada a los Aprendices Compañeros; los asientos de la derecha constituyen la Columna del Sur o del Mediodía y esta es la de los Maestros.

Al extremo oriental de la columna del mediodía se halla el bufete del H.·. Tesorero, y frente a éste, en el lado opuesto, correspondiente a la columna del Norte, tiene el suyo el h.·. Hospitalario.

El altar del Venerable presidente y les bufetes de los Vigilantes y en muchas Logias también, el de los demás oficiales, se hallan cubiertos de ricos y rozagantes tapetes de terciopelo igual al del dosel, galoneado y guarnecido de estrellas y pasamanería de oro o plata, según sea el color del rito. Así en el Rito Francés, cuyos colores distintivos son el blanco y el azul, la tapicería está guarnecida de plata. En el Escocés y otros ritos que la tapicería es carmesí, sus adornos son de oro.

La iluminación de los templos suele ser espléndida por lo general, sin que respecto a este particular pueda decirse que se siga ninguna regla fija. El ritual prescribe, pero, que en todo templo deben destacar tres luces de obligación colocadas, una al Este cerca de las gradas del Oriente; otra al Oeste junto al 1º Vigilante, y la tercera al Sur.

Por lo común, estas luces, montadas en trípodes o candelabros, suelen agruparse, junto al altar de los juramentos.

En el centro de la Logia, sobre el pavimento de mosaico, debe haber un cuadro que contenga el trazado gráfico de la Logia. Este cuadro, pintado en tela, que se extiende en el momento de abrir los trabajos y se retira tan pronto como terminan, debe representar:

1.° Las siete gradas del Templo y el pavimento de mosaico.

2.° Las dos columnas de la Orden con el monograma de su nombre J.·. y B.·. y entre éstas, a la altura de los capiteles, un compás abierto con las puntas hacia arriba.

3.° A la izquierda de la columna J.·. la piedra tosca o en bruto; a la derecha de la columna B.·. la piedra cúbica piramidal o puntiaguda, y entre ambas columnas la puerta del Templo.

4.° Sobre el capitel de la columna J.·. la plomada y sobre el de la columna B.·. el nivel.

5.° Al pie del cuadro, una plancha de trazar (tablero o pizarra), y en la parte superior una escuadra en el centro con la imagen del Sol & la derecha y la de la Luna en cuarto creciente a la izquierda.

6.° Tres ventanas, una al Occidente, otra al Oriente y la tercera al Mediodía.

7.° En el fondo el cielo tachonado de estrellas y todo el conjunto del cuadro circuido por el cordón anudado que prescriben los rituales y que se han descrito.

Se decoran, además, los templos con multitud de adornos simbólicos o emblemáticos que dependen del buen gusto y de los medios de que dispongan las Logias propietarias.

Entre estos accesorios ocupan preferente lugar las estatuas de la Sabiduría, de la Fuerza y de la Belleza y las pinturas o representaciones alegóricas de las ciencias y de las artes, de la industria, la agricultura, la navegación, el comercio, la mitología, etc.

domingo, 10 de diciembre de 2017

SÍMBOLOS Y RITOS PRESENTES EN EL TEMPLO O LOGIA MASÓNICA


Sin duda, uno de los símbolos más importantes y que constituye un permanente tema de meditación en la Masonería es el Templo o Logia.
 
Recinto donde se trabaja A La Gloria Del Gran Arquitecto Del Universo, la Logia es un espacio sagrado que establece una línea de demarcación y separación con el mundo profano.
 
Simbólicamente ella es como una isla en medio del océano turbulento de las «aguas inferiores» del mundo sublunar, dominio de la multiplicidad de las formas donde se agitan las pasiones que ocultan la pura Luz de la Verdad y del Conocimiento.
 
La conocida expresión «la Logia está a cubierto» se relaciona con las ideas de protección, de lugar cerrado y secreto, impermeable a las miradas e influencias profanas. En este sentido, el Templo masónico se asimila a la caverna iniciática, un verdadero símbolo del cosmos muy extendido entre todas las tradiciones. Templo masónico y caverna iniciática se corresponden simbólicamente con el corazón, lugar central de todo ser a partir del cual se expande la fuerza y energía que lo vivifica y, a su vez, también el lugar donde se concentra.

Veamos qué nos dice a este respecto el Manual del Aprendiz:

P. ¿Qué entendéis por la palabra «Logia»?
 
R. Es el lugar sagrado que sirve de refugio a los Masones para cubrir sus trabajos.
 
P. ¿Por qué los trabajos masónicos deben hacerse a cubierto?
 
R. Porque todas las fuerzas que están destinadas a desplegarse útilmente fuera deben, al principio, estar concentradas sobre sí mismas para adquirir su máxima energía expansiva.
 
P. ¿A qué puede compararse una Logia regularmente cubierta?
 
R. A la célula orgánica, y más concretamente al huevo, que contiene un ser en potencia. Todo cerebro pensante figura como un taller cerrado, una asamblea deliberante, y al abrigo de la agitación exterior.

La caverna-templo masónico es la matriz, el athanor hermético donde se renace a la vida espiritual. Este renacimiento está tan solo mediatizado por la correcta e inteligente utilización de los instrumentos de geometría y de construcción que se encuentran en su interior. Estos instrumentos son símbolos, útiles apropiados para edificar nuestro propio Templo interior, y que como tales son portadores de un mensaje salvífico que nos regenera en tanto seamos capaces de descifrar su significado espiritual. En este sentido, las tradiciones de constructores, a las que por herencia pertenece la Masonería actual, fundamentaban su modelo arquitectónico en un gesto divino primordial: la creación del Mundo. De ahí que, de una manera general, todos los templos, recintos y lugares de culto estuvieran construidos en base a la observación de la estructura misma del cosmos físico y material, la que a su vez expresa una arquitectura prototípica.
 
La Tierra está representada por la planta rectangular o cuadrangular del edificio, determinada por la cruz de los ejes cardinales este-oeste y norte-sur, en los ángulos intermedios de la cual se emplazaban las cuatro piedras de fundación.
 
El espacio intermediario que separa la Tierra del Cielo, está representado por la posición de los pilares o columnas que lo elevan, situado cada uno de ellos en un punto cardinal.
 
El Cielo está simbolizado en su parte superior por la bóveda o cúpula, corno puede verse en las magníficas representaciones de la arquitectura árabe y cristiana.
 
Sin embargo, la forma de la Logia masónica es más bien la de un paralelepípedo, lo que por otro lado, justifica la expresión «cuadrado largo» referida a sus dimensiones geométricas. La forma circular (en este caso más bien semicircular) estaría representada por el hemiciclo situado a Oriente «el lugar donde nace la luz», y que no sería sino la proyección de la cúpula celeste en el plano horizontal del mundo, corno es el caso del ábside en las iglesias y catedrales cristianas.
 
En la Logia el hemiciclo es realmente lo que separa el Hikal del Debir. El Hikal es el Templo desde la puerta hasta los tres peldaños que suben a Oriente, que es propiamente el Debir. Por otro lado, estos tres peldaños aluden ya a la idea de elevación, de subida jerarquizada a otro plano de realidad superior. En el tercer peldaño y marcando la línea divisoria entre el Hikal y el Debir, se encuentra el Altar o Ara, que corresponde a la piedra fundamental del centro, donde son depositados el Volumen de la Ley Sagrada, el Compás y la Escuadra, las «Tres Grandes Luces» que iluminan espiritualmente la Logia.
 
En el Templo de Salomón el Hikal y el Debir eran considerados respectivamente corno el Sanctum y el Sancta-Sanctorum (el Santo de los Santos), el lugar más sagrado y secreto del Templo, su corazón mismo. Aquí era depositada el Arca de la Alianza, residencia simbólica de la Shekinah o "Presencia Divina".
 
«Tú me ordenaste, dice Salomón a Yahveh en el libro de la Sabiduría, edificar un santuario en tu monte santo y un altar en la ciudad donde habitas, imitación de la Tienda santa que habías preparado desde el principio».
 
El Templo masónico, como el Templo de Salomón, es la cristalización de una Idea arquetípica, y su estructura es análoga a la estructura cósmica. El es el resultado de las correspondencias y leyes simbólicas que permanentemente tejen la realidad universal; es decir del orden, equilibrio y belleza con que dicha realidad se expresa. Siendo así, en la Logia nada es superfluo ni puesto al azar, sino que cada símbolo allí presente, así como cada gesto ritual, es significativo y está manifestando un tono, una nota, un color y un matiz particular de la Armonía del Mundo.

Al ser una imagen simbólica del cosmos las dimensiones de la Logia son también universales:

«¿Cuál es la forma de vuestra Logia?
 
Un rectángulo.
 
¿Cuál es su longitud?
 
De Este a Oeste.
 
¿Cuál es su anchura?
 
De Norte a Sur.
 
¿Cuál es su altura?
 
De pulgadas, de pies y de yardas innumerables que suben hasta los cielos (el Zenit).
 
¿Cuál es su profundidad?
 
De la superficie hasta el centro de la tierra (el Nadir)».
Estas direcciones espaciales, surgidas simultáneamente por la irradiación de un punto central, crean un sistema de coordenadas donde lo alto, lo bajo, lo largo y lo ancho conforman la cruz de tres dimensiones. De aquí se deriva una geometría espiritual que era perfectamente conocida por los masones operativos, que la aplicaron en la orientación y disposición de los edificios sagrados.
 
En el plano cosmológico y psicológico, estas direcciones se toman como el símbolo de las diversas cualidades y tendencias incluidas en la naturaleza de los seres y del propio universo. Pensamos que quizá merezca la pena detenernos un momento en la explicación de lo que representan estas direcciones aplicadas concretamente a la naturaleza humana, y en correspondencia con la tríada cosmológica Cielo, Tierra e Infierno, o Mundo Inferior.
 
La tendencia ascendente sugiere las aspiraciones superiores del hombre en la evolución vertical hacia la perfección de su ser, en la búsqueda de su origen uno y eterno. En la Logia esta tendencia señala la dirección del polo celeste o Zenit, la estrella de donde cae en perpendicular la plomada ordenadora del Gran Arquitecto.
 
En la tradición hindú esta energía ascendente es llamada sattwa y es asimilada a la luz del Conocimiento, del que la grandiosidad y luminosidad del cielo y las esferas planetarias y estelares constituyen el símbolo más representativo.

Por su parte, la dirección descendente indica lo contrario, es decir, la caída en la materialidad y en la naturaleza instintiva donde predominan la ignorancia y las «tinieblas exteriores» propias del mundo profano, que en cierto modo se opone al mundo superior y trascendente. Decimos en cierto modo porque en realidad nada puede oponerse a lo sagrado y a lo metafísico, que está por encima de cualquier dualidad. En la Logia esta tendencia es la que va desde la superficie al centro de la tierra, y es aquella que describe Dante cuando desciende a los infiernos en la primera parte de la Divina Comedia. Sin embargo, y debido al doble sentido incluido en todo símbolo que lo hace susceptible de una interpretación «benéfica» o «maléfica» según lo que con él se quiera significar, esta energía descendente, que los hindúes denominan "tamas", está relacionada también con la fuerza gravitacional que atrae hacia el mundo inferior los efluvios sutiles y vivificadores del mundo superior.
 
A su vez, la cruz de los ejes Este-Oeste y Norte-Sur se considera corno el plano de manifestación y desarrollo de todas las posibilidades contenidas en el estado de cualquier ser, por ejemplo el ser humano. Esta tendencia expansiva, que corresponde a rajas según la terminología hindú que estarnos utilizando, es precisamente el plano-base de la Logia, donde se cumplen y realizan en toda su amplitud los trabajos y ritos del masón.
 
Estas cuatro direcciones del plano horizontal enmarcan y «crucifican» toda nuestra existencia terrestre. En la Logia, que corno hemos visto es un verdadero templo universal, estas direcciones cualifican y hacen significativo su espacio, según el orden marcado por las distintas posiciones del sol en su curso aparente alrededor de la tierra. Esta importancia concedida a los puntos cardinales es reconocida de una forma unánime por todas las culturas tradicionales, que ven en ellas regiones o espacios míticos gobernados por las divinidades celestes, que los «bendicen» con sus influencias.
 
En correspondencia directa con todo esto, la Masoneria asigna a cada punto cardinal, y más concretamente a los tres puntos cardinales diurnos, Oriente, Mediodía y Occidente, cada uno de los tres Maestros encargados de dirigir los trabajos y el buen funcionamiento de la Logia. A Oriente, donde está el Delta o símbolo del Gran Arquitecto, se sitúa el Venerable Maestro. A Occidente el 1.º Vigilante, encargado de la instrucción de los Compañeros. A Mediodía el 2.° Vigilante, que asume la instrucción de los Aprendices, que a su vez moran en el Septentrión o Norte, donde se dice que "la luz es todavía débil". Estas funciones nos dan una idea de la jerarquía que impregna toda la estructura masónica.
 
Estos tres Maestros (denominados significativamente "las tres luces") se corresponden con cada uno de los tres niveles o planos cósmicos que anteriormente hemos mencionado.
 
Ahora bien, el templo del mundo, además de ser una estructura geométrica estática y espacial, incluye igualmente un tiempo cósmico y natural generado por el movimiento de los astros y planetas en el cielo. Esto está expresamente indicado en la Logia por las doce columnas que enmarcan la Logia, correspondiéndose con los doce signos zodiacales. Cinco situadas a Septentrión, cinco a Mediodía, y las dos restantes, las columnas J y B, a Occidente.
 
Diremos que el Zodíaco simboliza el marco límite del universo visible, y su movimiento circular y fases cíclicas influyen en el cambio alternativo de las estaciones y en el mantenimiento y regeneración de la vida del cosmos y del hombre. Importa destacar en este sentido el papel que desempeñan las columnas J y B, que están relacionadas con los dos solsticios y con las dos tendencias ascendente-descendente del ciclo anual.

Curiosamente el Templum (cuya raíz «tem» significa dividir) era el sector del cielo observado por el augur o adivino que delimitaba, mediante dos líneas que se cortaban en ángulo recto sobre su cabeza, una superficie bien determinada. La palabra "templo" se asocia, pues, a la observación del movimiento de los astros, y a determinar su influencia sobre el destino de los hombres. De esta forma era «fijado» en el espacio terrestre el transcurrir perenne de la rueda del tiempo y de los ritmos y ciclos cósmicos y naturales, que envuelven y penetran a los que participan conscientemente del rito sagrado.

En este sentido, y siguiendo con la descripción de la Logia, vemos que en el centro de la misma está situado el «pavimento mosaico», de cuadros alternativamente blancos y negros, exactamente como los del tablero de ajedrez. Es interesante observar que ese cuadriculado se constituye en el plano por la intersección de líneas horizontales y verticales, que son los ejes de coordenadas que simbolizan a la energía celeste y terrestre en permanente comunicación e interrelación; se trata, según otro simbolismo, del hilo y la trama que conforman el tejido o estructura del cosmos, la doble corriente de fuerzas pasiva-activa, femenina-masculina, yin-yang, que se manifiesta en todo ser vivo; de ahí que sea un símbolo verdaderamente universal perteneciente a todas las culturas tradicionales sin excepción. Asimismo, esta polaridad se representa por dos espirales cuyos movimientos alternativos describen la expansión y contracción de todo proceso rítmico de evolución e involución, nacimiento y muerte.
 
Es la imagen de la vida misma con sus luces y sombras y en la que el masón (o el iniciado sin más), haciendo uso de la inteligencia simbólica conferida por la iniciación, debe ver una imagen de su propio laberinto y proceso interior. De esta forma, entre este juego bipolar de energías contrarias, que, repitámoslo, se dan tanto en el mundo como en el hombre, el masón debe tender constantemente a su equilibrio, complementándolas en sí mismo, pues la auténtica función del hombre es la de servir de intermediario o puente entre lo de arriba y lo de abajo, la luz y la oscuridad, permitiendo así su comunicación, interrelación y síntesis.

Si el pavimento mosaico es la imagen simbólica del laberinto iniciático, en el centro mismo de él se deposita «el cuadro de la Logia», que es distinto en cada grado. Antiguamente en los ritos de las cofradías de constructores, el cuadro de la Logia era dibujado en el suelo cuando se abrían los trabajos, y al finalizar éstos se borraba. Precisamente este cuadro representa un esquema sintético de todo el Templo masónico, y los símbolos que contiene Constituyen un lenguaje cifrado, criptográfico, que al ser comprendido revela los «secretos» propios del grado respectivo. El hecho de que este cuadro esté en el centro del laberinto-mosaico nos indica que en su desciframiento debe basarse todo el trabajo del masón, pues el recorrido por el laberinto (del "perderse para encontrarse") no tiene otro fin y objetivo que el de captar su sentido y significado, y éste sólo se encuentra en el centro del mismo, en su corazón, donde se halla la clave, la llave, que da acceso a los estados superiores o a otras lecturas más universales de uno mismo.
 
Es entonces perfectamente coherente con su simbólica, que sea alrededor de este cuadro donde se efectúa el importante rito de la cadena de unión, rito en el que se invoca al Gran Arquitecto del Universo, a su potencia creadora e iluminativa, e implícitamente también la energía espiritual de todos los antepasados que participaron en la edificación del Templo y en la perpetuación de la Tradición. En efecto, esa invocación «hacia lo alto» se realiza mediante la unión encadenada y fraterna de todos los hermanos de la Logia, siendo esa unión el soporte para la manifestación de la influencia sagrada:
 
«Santísimo y Glorioso El Shaddaï (Dios Todopoderoso en hebreo), tú, Gran Arquitecto del Cielo y de la Tierra, Donador de todos los Bienes y Gracias; y que has prometido que allí donde dos o tres se reúnan en tu Nombre, estarás en medio de ellos; en tu Nombre nos reunimos y humildemente imploramos tu bendición en todas nuestras acciones; danos tu Santo Espíritu para que nuestros espíritus se iluminen de sabiduría y comprensión hacia nuestro Venerable y Digno Oficio de Francmasones, a fin de poder conocerte y servirte; que todos nuestros esfuerzos tiendan a tu Gloria y a la salud de nuestras Almas. Nosotros te lo pedirnos humildemente en tu Nombre, Oh, El Shaddaï».
 
Así, mediante la perfecta armonía de lo particular o individual se hace presente lo universal, produciéndose una comunicación permanente y vivificadora entre los respectivos planos o niveles que conforman la estructura invisible de la organización iniciática, y por analogía de cada uno de los miembros que la componen.
 
Este importante rito de la Masonería está presidido, si así pudiéramos decir, por las «Tres Pequeñas Luces» que son los tres pilares de la Sabiduría, la Fuerza y la Belleza, (situados alrededor del cuadro de la Logia), pilares que tienen un significado eminentemente operativo, ya que con su encendido se abren los trabajos y con su apagado se cierran. Y operativo también porque a cada apertura y clausura son proferidas estas seis invocaciones por parte del Venerable Maestro, el Primer Vigilante y el Segundo Vigilante, respectivamente:

Para la Apertura
 
¡Que la Sabiduría presida la construcción de nuestro Templo! ¡Que la Fuerza lo sostenga!
¡Que la Belleza lo adorne!

Para la Clausura
 
¡Que la Paz reine sobre la Tierra!
¡Que el Amor reine entre los hombres!
¡Que la Alegría esté en los corazones!

Fijémonos bien en el sentido que (entre otros) encierran estas seis exclamaciones pronunciadas por las tres máximas jerarquías del taller masónico. Las tres primeras se refieren a la acción constructora del Templo interno con la ayuda de la Sabiduría, la Fuerza y la Belleza, que son tres nombres o virtudes emanadas del Gran Arquitecto, tres estrellas (así son llamados también los tres pilares) que deben alumbrarnos y guiarnos en el camino hacia nuestro centro arquetípico; es por lo tanto una acción concentrativa, hacia nuestro propio universo interior. Las tres últimas exclamaciones son un mensaje de Paz, Amor y Alegría lanzado al mundo y a los hombres; es por lo tanto una acción expansiva, hacia el exterior, pues el masón es, en definitiva, hermano de todos los hombres y ciudadano del mundo, que es la Logia universal.


lunes, 13 de noviembre de 2017

LA FORMA DE LA LOGIA

 
El simbolismo masónico convierte el templo de Jerusalén en arquetipo de una Logia, en la cual todos los símbolos de la ciencia especulativa aluden al arte operativo. Ahora queremos disertar sobre una forma de simbolismo más elevada. Obsérvese que, al llegar a tratar de este tema, tocamos por primera vez la cadena de semejanzas que une a la Francmasonería con los antiguos, sistemas religiosos, y que ha dado origen a los, nombres de Francmasonería espúrea y pura.

Entendemos por Francmasonería pura, el sistema de religión filosófica transmitido por los patriarcas, que se modificó con el tiempo debido a las influencias ejercidas en la construcción del templo de Salomón, y por espúrea, el mismo sistema alterado y corrompido por el politeísmo de las naciones gentiles. El Doctor Oliver describe la diferencia existente entre la Francmasonería pura o primitiva de los noaquitas y la espúrea de los gentiles en la conferencia preliminar de su "Historical Landmarks".

Por ser esta forma más profunda del simbolismo menos peculiar al sistema masónico, pero, sin embargo, mucho más interesante que la tratada en el ensayo anterior, ya que es más filosófica, nos proponemos investigar más extensamente su carácter.

Así como se supone que cada francmasón simboliza un templo espiritual, "un templo que no ha sido hecho con las manos, eterno en los cielos"; la Logia o asamblea de estos hermanos representa el universo.

La idea de que el universo representa simbólicamente el templo de Dios, ha sido expuesta por N. P. Willis en un himno de dedicación de una iglesia:

El universo perfecto que Adam hollara
fue el primer templo construido por Dios;
su fiat colocó la piedra angular
y levantó los pilares uno a uno.

En las alturas, colgó la techumbre estelar
del amplio e ilimitado cielo,
tendió un pavimento verde y brillante
y lo veló con luz de alba.

Plantó en su lugar las montañas,
el mar, el cielo y "todo era bueno"
cuando las primeras loas resonaron
las "estrellas de la mañana cantaron al unísono"
¡Señor! Nosotros no podernos hacer del mar,
de la tierra y del cielo, una morada para Ti;
un humilde templo hecho con las manos
es todo cuanto te podemos ofrendar.

Esta clase de simbolismo se explica y desarrolla particularmente en el primer grado de la Francmasonería.

Las Logias masónicas tienen la forma de paralelogramo o cuadrado oblongo, teniendo su mayor longitud de este a oeste y su anchura, de norte a sur. Cualquier otra forma -el cuadrado, el circulo, el triangulo- serían incorrectas y antimasónicas, porque no expresarían la idea simbólica que se trata de representar.

Ahora bien, el mundo es un globo o, mejor dicho, un esferoide aplastado y, por lo tanto, el hacer del paralelogramo su símbolo, parece presentar, a primera vista, dificultades insuperables; pero el sistema del simbolismo masónico ha sufrido la prueba de una experiencia demasiado larga para que pueda fallar; y, por lo tanto, este símbolo demuestra evidentemente la antigüedad de la Orden.

En la era salomónica -la de la construcción del templo de Jerusalén- se suponía que el universo tenía esa forma oblonga con que nosotros lo simbolizamos. Por ejemplo, si en un mapamundi inscribimos una figura oblonga cuyos límites circunscriban y comprendan precisamente la parte de la tierra conocida en tiempos de Salomón, las líneas que corren de norte a sur a pequeña distancia del Mediterráneo y se extienden desde España al Asia Menor, formarían un paralelogramo, que comprendería las orillas meridionales de Europa y las del norte de África y el distrito occidental de Asia. La longitud del paralelogramo es, aproximadamente, de sesenta grados de este a oeste, y su anchura, de veinte desde el norte a sur.

Este cuadrilongo, que comprende toda la parte del globo que se suponía habitable entonces (En todas las alusiones que se encuentran en las escrituras referentes a la forma de la tierra, se dice que es cuadrilonga. Así por ejemplo, Isaías (XI, 12), dice: "Y el Señor reunirá los esparcidos de Judá en los cuatro cantones de la tierra."

También en el Apocalipsis se encuentra (XX, 9) la versión profética de "cuatro ángeles que permanecían en los cuatro rincones de la tierra") representa precisamente lo que simbólicamente se denomina la forma de la logia, mientras que las columnas de Hércules, situadas, a poniente y a cada lado del estrecho de Gades o de Gibraltar, podrían simbolizar apropiadamente los dos pilares colocados en el pórtico del templo.

Por lo tanto, la Logia masónica es para todos los hermanos instruidos un símbolo del mundo, al que, a veces, se le da mayor extensión, pues el mundo y el universo son sinónimos cuando se hace de la Logia el símbolo del universo. Pero en este caso su definición es más extensa, y se añaden a las ideas de longitud y anchura, las de altura y profundidad, diciéndose entonces que la Logia tiene la forma de un doble cubo ("La Logia debería tener la forma de un doble cubo, como emblema que expresa los poderes de las tinieblas y de la luz en la creación, Oliver, "Landmarks", I, pág. 135, nota 37”).
 
El contenido sólido de la tierra abajo, y la expansión de los cielos arriba, son las caras del cubo y, en tal caso, todo el universo (No todo el universo visible, según la acepción moderna que comprende todos los sistemas solares que vagan por el espacio ilimitado, sino la forma más limitada que le atribuían los antiguos, de la cual la tierra formaba el suelo, y el cielo era el techo. "A los ojos del vulgo", dice Dudley, "el cielo que se extiende sobre la tierra aparece como si tuviera la misma extensión que ella y hasta la misma forma constituyendo el conjunto del espacio, un cubo, cuya base es la tierra, siendo el cielo la superficie superior". «Naology", 7. A esta idea del universo es a la que se refiere el símbolo masónico de la Logia) creado se comprende en los límites simbólicos de la Logia francmasónica.

Teniendo siempre presente la memoria que la Logia es el símbolo del mundo por su forma y extensión, podemos explicarnos racionalmente muchos símbolos que corresponden principalmente al primer grado. Estamos ya en condiciones de comparar estos símbolos con otros similares de instituciones semejantes pertenecientes a la antigüedad, pues sabido es que este simbolismo del mundo, representado por un lugar iniciático, se encontraba en todos los ritos y misterios antiguos.

Es, sin duda alguna, cosa interesante el ampliar con algunos detalles sobresalientes las investigaciones sobre este tema, dando una ojeada al método con que se desarrolló este simbolismo del mundo o del universo. Para realizar este objeto escogeremos las interpretaciones místicas de los cargos de una Logia, su techo y una porción de sus ornamentos.
 
 

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