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sábado, 24 de noviembre de 2018

ESTRELLAS DE CINCO PUNTAS


"Las estrellas de cinco y seis brazos representan respectivamente el "microcosmos" y el "macrocosmos", y también el hombre individual (ligado a las cinco condiciones de su estado, a las que corresponden los cinco sentidos y los cinco elementos corporales) y el "Hombre Universal" o el Logos."

La estrella de cinco puntas era bien conocida por los pitagóricos, para quienes la aritmética y la geometría eran la base de las ciencias o artes liberales, del trivium y del quadrivium. Estudiaban los números tanto desde el punto de vista ordinario como desde el simbólico, pues para ellos ambos sentidos estaban estrechamente ligados. Conocían esa relación sutil que hay entre la geometría y el arte de la edificación espiritual. Como decía Platón:

"La geometría es un método para dirigir el alma hacia el ser eterno, una escuela preparatoria para el espíritu científico capaz de hacer girar las actividades del alma hacia las cosas sobrehumanas".


Llamaban a la estrella de cinco puntas pentagrama o pentalfa (formada por cinco alfas, primera letra del alfabeto griego), y la convirtieron en su signo de reconocimiento, pues sabían que se distingue entre los restantes polígonos estrellados por su ritmo indefinidamente recurrente y continuo basado en la "proporción del medio y los extremos", como llamaban a aquella que, según Platón, se da a sí misma y a los términos que une la unidad más completa. Proporción cuyo valor es un número inconmensurable, oculto y secreto, pues no puede expresarse por cantidad racional alguna: el Dormido "número de oro" que se designa con la letra griega Phi, cuya aplicación en las artes produce en el hombre la sensación de unidad, armonía y belleza.

Llamaban al pentagrama con el nombre de Ygieia, diosa de la salud, colocando sus letras dentro de los triángulos que forman sus vértices empezando por el superior y girando en sentido polar. La simetría quíntuple del pentagrama es específica de los organismos vivos y de sus leyes de crecimiento. Así es como simboliza la vida en toda su extensión, y en el aspecto vital del hombre la salud, reflejo de su equilibrio interno; el hombre inscrito en el pentagrama tocando su vértice superior con la cabeza y los restantes con sus cuatro extremidades. Esta misma idea de lo que anima, de vida, de aliento, de aire, de ser, la expresa también la tradición hebrea por la quinta letra de su alfabeto, la He cuyo valor numérico es el 5.

Los constructores de la Edad Media heredaron la geometría de sus antepasados, recogieron el simbolismo del pentagrama y lo transmitieron, a su vez, dejándolo grabado en sus obras para recordarle así al hombre la afinidad del mundo y de él mismo con la perfección de su fuente. Por lo tanto la geometría de los masones es hija de la aritmética y geometría pitagóricas transmitidas por los Constructores de la Edad Media, los masones operativos. Y el estudio y conocimiento de los números sagrados de la Masonería pasa por el estudio de los números pitagóricos, tanto en su aspecto aritmético como en el simbólico y espiritual.

Visto, pues, cómo tradicionalmente el simbolismo numérico y geométrico están íntimamente unidos y se corresponden estrechamente; cómo la geometría, ciencia tradicional, da forma al número poniendo con ello de manifiesto, en la medida en que esto es posible, el principio metafísico que el número simboliza; y cómo el número, en su sentido tradicional, pertenece al mundo inmaterial e informal de los principios metafísicos, que corresponde a Beriyah, o "Mundo de la Creación", en el simbolismo del "Arbol de la Vida" cabalístico, nos toca considerar ahora su aplicación al pentagrama.

La estrella de cinco puntas es junto con la cruz y su centro, el cuadrado y su centro, y el propio pentágono, uno de los símbolos geométricos del número 5. El 5, la péntada, es la unión (suma) del 2, la díada, y del 3, la tríada.

El 2 es el primer número par, reflejo de la unidad en sí misma; expresa el principio de polarización que rige la manifestación (las dos columnas del templo masónico), y su símbolo geométrico es la línea recta (polarización de su punto medio).

El 3, primer número impar, es el reflejo de la unidad en el 2, y expresa el principio de complementariedad de los opuestos, a los que concilia en la unidad original, y su símbolo geométrico es el triángulo equilátero (el Delta luminoso del Oriente de la Logia).

El 5 tiene en él, por ser hijo de ambos, la escisión generativa del 2 y la conciliación unificadora de retorno al origen del 3. El pentagrama también contiene en él esta filiación, pues procede de la línea recta y del triángulo. Y ambos principios, la Tierra y el Cielo, han alumbrado igualmente al hombre. Por ello tiene en él la virtud de retornar al estado original, a pesar de su destierro actual.

"Mira, lo que hallé fue sólo esto:
Que Dios hizo sencillo al hombre,
pero él se complicó con muchas razones."
(Eclesiastés 7, 29).
 
El hombre que ha integrado la plenitud de su estado humano alcanzando el estado original de sencillez en que fue "hecho a imagen de Dios" (Génesis 1, 27) ha abandonado sus muchas razones centrando su corazón en el centro de su ser, en el centro de la cruz en contacto directo con la realidad espiritual, pues la "imagen de Dios" innata en él llamea e ilumina dicho centro irradiando su luz hacia todas las partes.


A nuestro entender aquí está el simbolismo de la Estrella Llameante, o Estrella Flamígera, del templo masónico; de la estrella de cinco puntas que llamea e ilumina desde la G de su centro (la Iod hebrea, inicial del Tetragramaton). Ella es el guía que conducirá al iniciado en cuyo corazón llamea el fuego sagrado y le llevará al adepto. Este es el misterio que debe intuir y vivir.

En la época de alejamiento y descenso espiritual (el Kali-Yuga o Edad de Hierro) que nos corresponde vivir en el presente ciclo de la Humanidad, el hombre tiene que recorrer la vía del Conocimiento para regresar y reintegrarse a su estado original. Entrado en esta vía por la iniciación, recibe aquí la transmisión espiritual, simbolizada por la luz, concediéndosele de forma virtual un segundo nacimiento qmr podrá llevar a efecto en el curso de su marcha.

Para este nuevo alumbramiento le es necesario previamente conocerse a sí mismo y desprenderse de las "muchas razones" que le impiden ser el hombre sencillo que Dios hizo". Sencillo en el sentido de "no compuesto" ni "doble", como la Unidad metafísica misma. Tiene que morir a sus vivencias y concepciones de este mundo y de sí mismo que no estén regidas por la Voluntad Suprema, de quien depende totalmente y en quien únicamente tiene su realidad verdadera.

Una muerte que es simultáneamente una regeneración, una vida nueva, tal cual ritualizamos en cada tenida.

Antes de terminar veamos un símbolo que expresa lo que acabamos de decir. Se trata de un pentágono sombreado en negro que tiene una calavera sobre la que está la Estrella Llameante: es decir, la muerte del hombre individual que yace bajo el hombre regenerado, o dicho de otra forma, la muerte del hombre viejo que precede al segundo nacimiento que alumbra al hombre nuevo.

Por último, leamos en el Evangelio de San Juan (12, 24) las palabras de Jesús:

"Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere,
queda él solo; pero si muere, da mucho fruto".





 

domingo, 15 de abril de 2018

LA ESTRELLA FLÁMIGERA Y LA LETRA G


Queridos hermanos:
 
En vuestra iniciación al grado de compañero se os ha concedido, por primera vez, el poder considerar y distinguir la estrella flamígera, lo cual indica un gran progreso en vuestra edad y en vuestra educación masónica; puesto que no es sino después de haber estudiado y observado mucho, cuándo el hombre supo tomar por guía, tanto en sus viajes como en sus trabajos de agricultura, a las principales estrellas del cielo, pudiendo regularizar por ellas sus pasos, sin temor de extraviarse, y preparar la tierra para las semillas y plantaciones con toda seguridad; y al resultado de esas observaciones es a quien se debe la confección del Zodíaco, cuyos signos se comunican en todos los países con los fenómenos de la naturaleza, con la agricultura y el clima.
 
De esos estudios resultó muy pronto para el vulgo una admiración, exagerada por los astros, que fueron su objeto; y varios pueblos de la antigüedad tomaron a las estrellas por gran veneración y las adoraron.
 


Los Idumeos, los pueblos de la Arabia Pétrea y de los desiertos de Siria, llevan en los platos sagrados la representación de una estrella, como el ídolo precioso de su culto. Y una estrella también guió a los Magos de Oriente cerca del Verbo Divino, emblema de la verdad.
 
La estrella de cinco puntas, que fue presentada por los discípulos de Pitágoras a los nuevos iniciados, era, según ellos, un signo de aceptación; la llamaban el pentágono de salud y prosperidad.
 
Según los filósofos Herméticos, esta estrella representaba a Mercurio; y para figurar mas claramente ese símbolo, la pintaban con llamas, porque según ellos, la plata viva era el fuego celestial o el bálsamo saludable derramado por el Eterno en toda la naturaleza.
 
Ved aquí quien podrá explicarnos porqué los antiguos iniciados han añadido en el centro de ese signo venerado la letra G, monograma filosófico del Todopoderoso, que se comunica con los actos más sublimes del Creador de los mundos:

GENERACIÓN, GEOMETRÍA, C I E N C I A ( G N O S I S ), GENIO.

Ese símbolo, que caracteriza especialmente al grado de compañero, se comunica también directamente con la palabra de pase que os ha sido comunicada, y de la cual os daré aquí la interpretación astronómica, según nuestro ilustre hermano Ragon.

"Subiendo la esfera celeste por la estación y el lugar del año en que fue fundado el templo de Salomón, la posición del Ven.·. corresponde a aquella por donde se levanta el sol; el aspirante, que entra por la puerta de Occidente, se encuentra frente al astro del día, y por consiguiente, cerca de la estrella del zodiaco, que se oculta cuando aquel aparece. ¿Cuál es esta estrella? La esfera lo indica: es aquella que bendice al hombre de los campos, que los Hebreos llaman sch.·. los Latinos spica, y los Españoles espiga, y cuyo nombre sirve de característico a los compañeros".

 Añadimos que esta estrella forma parte de la constelación de Virgo, constelación que fue consagrada por los antiguos a Ceres, diosa de las estaciones, de la agricultura y del trabajo pacífico y civilizador de los campos.

 Si no temiéramos traspasar los límites que nos hemos impuesto en este discurso, enseñaríamos aquí la analogía que hay entre los viajes del compañero  después de los cuales él llega a, contemplar la estrella flamígera, emblema de la luz, de las ciencias y del genio creador, y entre los viajes de Ceres que va a buscar a su hija Proserpina, después de los cuales aparece un Triptolemo, que esparce los conocimientos de la agricultura en los campos, y un Plutos, hijo de la diosa de la agricultura, que inventa el arado, y al que Ceres coloca en el cielo después de su muerte bajo el nombre del Boyero; haremos notar también la analogía que existe entre esos viajes y aquellos de Isis, cuando ella va en busca de su esposo Osiris (o sea el sol), pues todos esos viajes alegóricos se relacionan con el desmonte de los terrenos, con la enseñanza y propagación de la agricultura; pero esas comparaciones, entre todas las fábulas de los misterios de la mas.·. nos llevarían demasiado lejos, y es siempre bueno dejar alguna cosa por explicar a los jóvenes masones que están deseosos de instruirse.

Será suficiente hacer observar aquí en esta ocasión, con el sabio Barón de Santa Cruz, que la agricultura y la legislación tienen un origen casi común, pues la invención de la una ha debido hacer necesario el establecimiento de la otra, y no es sin razón el que los antiguos hicieran honor a las dos, presentándolas por Demeter  o Ceres, llamada por los romanos Vesta, o sea la buena diosa, la grande madre, la madre de los dioses; y es por lo que explican que los poetas, los filósofos y los artesanos de la antigüedad, la han pintado muchas veces poniéndole en las manos una balanza, o un timón.

Ese noble objeto de la santificación de las ciencias útiles, y de la confección de las leyes fue lo que dio en lo sucesivo tanta celebridad e importancia a los misterios, germinando también esas nuevas doctrinas sobre la existencia de un solo Dios, sobre la inmortalidad del alma, y sobre las penas y recompensas futuras; doctrinas que fueron enseñadas bajo la forma emblemática de los símbolos y de las alegorías, y que encontramos en los libros sagrados de los diferentes pueblos de la tierra.
 

 

miércoles, 3 de enero de 2018

ORNAMENTOS DE LA LOGIA: LA ESTRELLA FLAMIGERA

 
La Estrella flamígera es de seis puntas, se hace de cristal y se coloca en el centro del techo, iluminada interiormente por luz artificial. Debajo de ella, en el suelo, ha de haber otra movible.

La Estrella flamígera es el símbolo de la Divinidad, y para mayor prueba de ello, en mitad de ella está grabada la letra G. que significa Dios. En la antigua modalidad de Masonería judía grababan la palabra sagrada Y H V H que significa Jehová.

En las Logias masónicas, la usual forma de esta figura es la serpiente curvada que se muerde la cola y es símbolo de la eternidad. Esta fue la figura original, pero con el tiempo se alteró de postura la cabeza de la serpiente de modo que figurase la letra G.

El Fuego sagrado está debajo de la Estrella, cuyo reflejo es esta. En algunas Logias, como en la de Adyar en la India, pende del techo por medio de una polea, de modo que puede bajarse hasta el nivel necesario para encender las candelas.

La Estrella flamígera también simboliza el Sol, el dispensador de innumerables beneficios al género humano y al mundo en general; pero como el sol es símbolo de Dios, no hay diferencia entre ambas interpretaciones.

En algunas Logias es de cinco puntas la Estrella flamígera, y en un principio tenía puntas o rayos ondulantes, como se acostumbra en las obediencias de Inglaterra y los Estados Unidos.

La espiritual verdad simbolizada en la Estrella flamígera y su reflejo el Fuego sagrado indica que el reflejo de Dios está siempre entre nosotros.
 
Nadie desconoce la afirmación de que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza. Hay en el hombre un reflejo y más aún que un reflejo de Dios. La imagen de Dios en el hombre es una expresión o continuación del mismo Dios, porque Dios es la luz que transporta la imagen, y en cuanto el hombre es capaz de recibir esta luz y reflejarla es parte consubstancial de ella y con Dios se identifica.

Dice hermosamente Emerson en su ensayo acerca de la Superalma:

"No hay en el alma límite o valla en donde Dios, la causa, cese, y el hombre, el efecto, comience".

Muy diferentes clases de estrellas se ven en la Logia Masónica, y conviene considerar el especial significado de cada una de ellas, porque nada hay en la Logia por mero adorno y sin su peculiar significado; por el contrario, la cosa más sencilla tiene finalidad y profundo simbolismo.

Hemos visto que la Estrella de seis puntas es un emblema de la unidad del espíritu y la materia, de Dios manifestado en Su universo.

La Estrella de cinco puntas está colocada en Oriente, en la pared, encima de la cabeza del V.·. M.·. y se le llama Estrella de Oriente o Estrella de la Iniciación. Es el símbolo del hombre perfecto, de Dios manifiesto en el hombre, y no en el conjunto del universo.
 
El hombre es un quíntuple ser físico, emocional, mental, intuitivo y espiritual; y cuando todos los elementos de su naturaleza están perfectamente evolucionados en cuanto cabe al estado humano de existencia, se convierte en hombre perfecto, en adepto, dueño de sí mismo y de los cinco planos o mundos en que tiene su ser.

Un hombre así, ha obedecido la exhortación que dice: "Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre en los cielos."

En el p... del t... está la estrella de siete puntas encima de la escala que llega al cielo. Simboliza:

1. "Las siete principales direcciones en que lentamente se mueve toda vida hacia su completa unión con la divinidad.

2. "Los siete modos en que el hombre puede lograr la perfección.

3. "Los siete rayos o emanaciones con que Dios ha llenado el universo con la luz de Su vida.

4. "La idea cristiana de los siete Espíritus que están ante el trono del Señor.

5. "Los siete poderes peculiares del adepto, por haber evolucionado su naturaleza hasta la humana perfección en los siete rayos o líneas de actividad de la vida divina.
 
Autor: C. W. Leadbeater
La Vida Oculta en la Masonería.



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