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martes, 6 de marzo de 2018

SIMBOLISMO DEL PAN Y EL AGUA DEL GABINETE DE REFLEXIÓN


La rebanada de pan que aparece en el Gabinete de Reflexión viene a ser el símbolo del trabajo humano.
 
El arquetipo de toda construcción, que es el esqueleto, debe llenarse de carne y músculo para que puedan circular las corrientes nerviosas y sanguíneas. El neófito deberá seguir el proceso de la elaboración del pan: plantar la semilla, aguardar el largo proceso de germinación inherente al ciclo del trigo, proceder a la recolección del grano, separándolo de la paja, molerlo, trabajar poniendo sus manos en la pasta, darle una forma y ponerlo a cocer en el horno.
 
El aspirante debe desentrañar las analogías que cada proceso descrito tiene con la actividad social. Primero, debe ponerse en el lugar del campesino que planta sus semillas de trigo. Mientras espera que las estaciones pasen y que el trigo llegue a madurar, ¿qué hace?
 
Es evidente que resultaría absurdo esperar con los brazos cruzados a que las espigas se hayan desarrollado. Mientras se dedica a diferentes tareas, planta semillas de otro circuito, de manera que su tierra este produciendo permanentemente y pueda subsistir.
 
Del mismo modo el candidato, mientras planta los gérmenes de lo que ha de ser su gran obra, aquella que ha de expresar lo mis elevado de las virtudes que lleva dentro, debe permanecer activo, dedicarse a otros trabajos menos importantes, pero que le ayudarán a adquirir maestría en las funciones de su actividad principal.
 
En el momento de la recolección, el grano debe ser separado de la paja. Ahora las maquinas realizan esta labor muy rápidamente, pero la lección que el candidato debe asimilar de este proceso es que en la gran obra en que esta empeñado (la transformación de su personalidad), los primeros resultados, los naturales, nunca serán puros: lo útil (el grano) y lo superfluo (la paja) se encontraran íntimamente unidos y lo superfluo tendrá incluso un volumen superior a lo útil.
 
La labor de depuración puede ser larga si tiene que trabajar «a mano». La máquina que ahora emplea el agricultor es producto de una larga labor imaginativa, de un enorme trabajo de observación que ha permitido inventar dicha máquina. Si al candidato todavía le falta realizar ese trabajo, lo cual es natural puesto que es solo un aspirante, deberá trabajar a mano y su labor de depuración será lenta.
 
Circunstancias y personas lo parasitarán, simbolizadas por la paja que recubre el grano, pero deberá hacer las cosas con calma ya que ese elemento aparentemente parasitario es el que encierra lo esencial. Si expresamos esta verdad en términos mas dramáticos podemos decir que en el mal (en el error) y en las personas que lo escenifican en nuestra vida es donde se encuentra el bien (lo correcto). Es importante sacar ese grano de experiencia que encierra una situación antes de eliminar el error.
 
Cuando disponga ya de la materia prima, resultado de un largo proceso natural, el grano deberá ser molido. Antes se utilizaban los molinos de viento para ese menester y el candidato deberá usar el viento, es decir, en términos psíquicos, la fuerza del pensamiento, de las ideas, de la lógica, para transformar lo que ha nacido dentro de él de una manera natural, debido a la química de las energías cósmicas.
 
Y cuando ya con las ideas haya transmutado el producto, deberá mezclar la harina con agua para obtener la pasta destinada a la cocción. El agua son los sentimientos, las emociones, la sensibilidad. En ese momento de la obra, el agua será necesaria y con esa agua que figura en el Gabinete de Reflexión volvemos a encontrarnos la imagen de Abel, representando las fuerzas que activan a través del elemento Agua, fuerzas pasivas que permiten dar a la obra una forma: la forma del pan.
 
Finalmente, el proceso de cocción indica al candidato que la obra deberá ser sublimada con un ardor y un empeño que solo encontrará estableciendo contactos con la fuente primigenia de toda vida, con la divinidad, simbolizada por el fuego. Entonces obtendrá el pan, símbolo del alimento espiritual, que ha de permitirle, gracias al sustento que le procura, la continuidad en el trabajo.

De esta manera, vemos como el proceso de elaboración del pan pasa por los cuatro viajes rituales, la recolección (Tierra), los molinos (Aire), la mezcla con el agua (Agua) y la cocción (Fuego).




martes, 26 de diciembre de 2017

SIGNIFICADO DEL ESQUELETO EN LA CÁMARA DE REFLEXIÓN


El esqueleto indica al candidato que ha de estar dispuesto a llegar hasta la realidad última de las cosas. Acaba de ingresar en una fraternidad cuyo objetivo supremo es el trabajo, que se olvide de expresar sentimientos, de emitir pensamientos, de elaborar bellas teorías y recrearse en contemplaciones sublimes.
 
El esqueleto indica que estamos aquí para construir, para edificar los esquemas básicos que mas tarde han de dar vida a todo un organismo social. Las ideas, los pensamientos deben ir proyectados hacia ese objetivo ultimo que simboliza el esqueleto, entorno al cual se organizara la vida.
 
Si la masonería propone un esqueleto como modelo de la organización de la sociedad que se debe construir, es porque de todas las edificaciones existentes es la mas perfecta. El esqueleto es un conjunto arquitectónico que ha sido imaginado por el Gran Arquitecto del Universo, y el neófito deber tratar de imitarlo en sus construcciones humanas.
 
Es preciso analizar el esqueleto, pieza por pieza, calibrando la resistencia de los materiales, su flexibilidad, su vertebración, su solidez. Podemos buscar en el secreto del esqueleto la formula mágica para realizar la obra que se propone. Toda realidad material, se trate de un negocio, de una ley, de una institución, debe tener su cabeza y sus pies.
 
Una cabeza para proyectarse mas allá de la misma realidad y trascenderla, y los pies que puedan posarse en una estructura preexistente, de forma que, partiendo de algo estructurado, puedan avanzar hacia algo a crear.
 
El esqueleto representa la estructuración de la realidad, el orden, la organización, la base sobre la que se sustentará el edificio. El símbolo del esqueleto aplicado a la vida cotidiana indica que las cosas deben realizarse con un orden y que cada idea, proyecto, relación deberá sustentarse sobre una base solida.
 
El esqueleto es lo primero que se forma en el recién nacido y lo ultimo que desaparece en el cadáver. Esotéricamente, se dice que son las fuerzas activas en la región arquetípica del mundo del pensamiento las que construyen el esqueleto, de modo que se sugiere al candidato que toda vida física se organiza en torno a un pensamiento, a una idea. Para que exista una forma física primero debe haber una mental que ejerza una atracción, semejante a la de un imán, sobre los átomos físicos llamándolos a organizarse.
 
 
 

jueves, 14 de diciembre de 2017

EL RITO DE DESCENDER AL INTERIOR DE LA TIERRA


Al comienzo mismo del rito de nuestra iniciación somos conducidos por el Hermano Experto a una pequeña y oscura estancia llamada la Cámara, o Gabinete, de Reflexión, dentro de la cual permanecemos encerrados durante un período de tiempo indeterminado, y antes de entrar por primera vez en el Templo.
 
Al introducirnos en ella dicho Hermano nos dirige las siguientes palabras:

«Caballero, aquí es donde Vd. va a sufrir la primera prueba, que los antiguos iniciados llamaban la "prueba de la Tierra". A tal fin, es indispensable que se deshaga de toda ilusión y, para hacerse sensible materialmente a lo que debe ejecutar dentro de Vd. espiritualmente, le ruego me dé lo que lleva de valioso y, particularmente, todos los objetos de metal, que simbolizan lo que reluce con brillo engañoso...
 
Ahora, Caballero, vais a ser abandonados a Vd. mismo, en la soledad, el silencio, y con esta débil luz. Los objetos y las imágenes que se ofrecen a su vista tienen un sentido simbólico y deben incitaros a la meditación».

Estas palabras son sumamente reveladoras acerca del significado de ese momento solemne de nuestra recepción. Ellas nos advierten de la necesidad de purificarnos de todas las ilusiones, egos y vicios que conforman nuestra errónea «personalidad», y que hemos ido adquiriendo en nuestro contacto con las «tinieblas exteriores» del mundo profano. Sin ese previo «despojamiento de los metales» (que crean una dura y gruesa costra alrededor de nuestro verdadero ser impidiendo que se manifieste) jamás podríamos recibir la influencia espiritual vehiculada por el rito y los símbolos de la iniciación, impidiendo así la posibilidad salvífica del renacimiento, de volver a nacer en un mundo nuevo bañado por una luz mucho más transparente y sutil: el mundo de las ideas y arquetipos emanados del Gran Arquitecto del Universo.

Pero, lógicamente, nadie podrá hacer ese trabajo por nosotros, razón por la cual somos abandonados a nuestra suerte, recogidos en la soledad y el silencio, encerrados en fin, en nuestra particular Cámara de Reflexión, y una vez allí morir a la condición profana. Ese acto o gesto interno de negación y muerte a un mundo y a una personalidad ficticia se vive simbólicamente (lo que por cierto hace válida y real esa experiencia) como un «regreso al útero» materno, o a la matriz de la tierra nutricia, es decir a un plano de concentración extrema donde «reflexionamos» sobre el sentido de nuestra existencia, sobre quién somos en verdad.

En realidad, la Cámara de Reflexión es lo mismo que el athanor, «huevo filosófico» u horno alquímico, símbolos todos ellos de la conciencia herméticamente cerrada a las influencias externas, y en donde, amparados en la íntima y generativa oscuridad, se lleva a cabo un proceso de cocción, fermentación, destilación, sublimación y finalmente transmutación de lo espeso en lo sutil, de lo terrestre en lo celeste. Este proceso, como sabemos, es el vivido por la semilla en su eclosión vertical hacia los espacios aéreos, o por el gusano de seda, que después de un tiempo encerrado en el capullo sale de él transmutado en mariposa, en un ser completamente otro, pasando de lo que repta a lo que vuela.

Esto que decimos está claramente ejemplificado por los diversos objetos, inscripciones e imágenes simbólicas presentes en la Cámara. Allí, depositados sobre una mesa, encontramos tres pequeños recipientes conteniendo azufre, mercurio y sal, los tres principios herméticos que simbolizan el espíritu, el alma y el cuerpo, respectivamente, lo cual nos sugiere la idea de que la Gran Obra iniciática incumbe al ser humano considerado en su totalidad, y no tan sólo en un aspecto o modalidad de ésta; una jarra con agua y al lado un trozo de pan, símbolos del agua de vida y del alimento espiritual que restituyen el «recuerdo» y fortalecen al candidato después de sufrir la primera muerte iniciática, expresada a su vez por el cráneo y las tibias cruzadas. Este es el estado que la Alquimia denomina nigredo, o «negro más negro que el negro» que señala la descomposición de la personalidad egótica. Pero esa descomposición o putrefacción contiene ya el germen del nuevo nacimiento, anunciado por el gallo, ave emblemática del dios Hermes, y cuyo canto proferido en lo más profundo de la noche avisa sin embargo de la proximidad del día y de la luz del Sol nacida en el Oriente. En este sentido, nos dice la Tradición que «cuando todo parece perdido, es cuando todo será salvado», pues después de descender, como Dante, a las profundidades del Infierno, no queda más remedio que ascender por el eje que une la Tierra y el Cielo. Y precisamente ese descenso y ese ascenso están sugeridos por las siglas V.I.T.R.I.O.L. que aparecen grabadas en una de las negras paredes de la Cámara. El significado de estas siglas alquímicas es bastante elocuente al respecto: «Visita el Interior de la Tierra y Rectificando Encontrarás la Piedra Oculta». La rectificación de que se trata tiene que ver con el cambio de «orientación» que se va produciendo en nosotros conforme progresamos «...por las vías que nos han sido trazadas», es decir, por la vía sagrada de la iniciación, lo que es simultáneo al despertar de nuestras potencialidades internas que nos conducirán a la obtención del Conocimiento, simbolizado por la Piedra Oculta (Filosofal) o Piedra Cúbica en punta del maestro masón.

Así, pues, sólo cuando el postulante sepa comprender –o asimilar en sí mismo– el mensaje de todos estos símbolos que se ofrecen a su meditación, habrá «superado satisfactoriamente la prueba de la Tierra, a la Gloria del Gran Arquitecto del Universo», y estará, por tanto, preparado para llamar a las «puertas del Templo», lo que hace una vez ha sido reducido a pura posibilidad de ser presta a recibir los efluvios emanados del resto de los elementos purificadores que determinarán su desarrollo y crecimiento interior: el Aire, el Agua y el Fuego.



 

domingo, 3 de diciembre de 2017

SOBRE LA CÁMARA DE REFLEXIONES


El término Gabinete de Reflexión es reciente e impropio. El término antiguo es Cámara de reflexiones (Ritual de 1785 para el Rito Francés. Guía de los Masones Escoceses, comienzos del s. XIX, para el R.E.A.A.), o Cámara de preparación (Rito Escocés Rectificado, 1782).

La Guía de los Masones Escoceses no da ninguna descripción de la Cámara de reflexiones. Los rituales del R.E.R. describen la Cámara de preparación y esta descripción nos será útil en su momento. Sin embargo, nos basaremos principalmente en la descripción del ritual de 1785, que es la fuente directa de nuestro propio ritual. (Recordemos que el Regulador Masón de 1801 no es otra cosa que la versión impresa del ritual de 1785, que antes era manuscrito).

El término cámara indica que se trata de una habitación de dimensiones normales. Nuestros minúsculos gabinetes son de uso más reciente.

El ritual precisa que el profano debe ser conducido media hora antes de la apertura de los trabajos y luego la describe:

 
Esta cámara debe estar cerrada a los rayos de luz e iluminada sólo por una vela; las paredes serán negras y tendrán colgados emblemas fúnebres, para inspirar al recogimiento, la tristeza y el espanto. Frases de una moral pura, máximas de una filosofía austera, serán pintadas legiblemente en las paredes, o enmarcadas y suspendidas en diferentes puntos de la cámara; una calavera, incluso un esqueleto si se puede conseguir, recordará la nulidad de las cosas humanas.

En esta cámara no ha de haber más que una silla, una mesa, pan, un vaso lleno de agua limpia, sal y azufre en pequeños vasos, papel, pluma y tinta.


Encima de la mesa estarán dibujados un gallo y un reloj de arena; bajo estos emblemas se escribirá: Vigilancia y Perseverancia.

A continuación, el texto da varias inscripciones, a modo de advertencias dirigidas al candidato:

∴ Si la curiosidad te ha traído aquí, vete.

∴ Si temes ser alumbrado sobre tus defectos, estarás mal entre nosotros.

∴  Si eres capaz de disimular, tiembla, se te descubrirá.

∴ Si buscas distinciones mundanas, sal; aquí no las conocemos.

∴ Si tu alma siente espanto, no llegará muy lejos.

∴ Si perseveras, serás purificado por los elementos, saldrás del abismo de las tinieblas y verás la luz.


Pero, ¿son estas inscripciones idénticas a las frases y máximas antes mencionadas? No lo parece, porque tienen más el carácter de advertencias que de sentencias o máximas, y están visiblemente destinadas a ser presentadas al candidato de forma agrupada más que en diversos lugares de la cámara. Se puede concluir que estas inscripciones, que debían ser trazadas en un sólo tablero, o en un políptico, son obligatorias e invariables, mientras que las sentencias y máximas son facultativas y ad libitum con tal de que se mantengan en el marco de "una moral pura y de una filosofía austera".

La atmósfera fúnebre de la cámara corresponde a la sensibilidad de la época o, más bien, a fines del siglo XVIII era una manifestación tardía de esa sensibilidad barroca marcada por un cierto gusto por lo macabro, cuyos lejanos orígenes se pueden hallar en las "danzas macabras" del siglo XV, y que floreció en los siglos XVII y XVIII en los monumentos funerarios y en la iconografía de las cofradías de penitentes (estando también muy cerca de aspectos fúnebres de la iconografía masónica).

 En nuestros días es recomendable mayor sobriedad, evitando producir un efecto contrario al que se persigue, pues la sensibilidad ha cambiado. Se debe evitar el esqueleto. Se mantendrá la calavera, ocasionalmente complementada con dos huesos en aspa, según la fórmula mantenida por el Rito Escocés Rectificado.

 A pesar de esta sobriedad, importa que el carácter fúnebre del gabinete de reflexión quede netamente marcado. Para recordar al candidato "la nulidad de las cosas humanas" como indica el texto, pero también, en un plano más profundamente iniciático, la necesidad de morir para renacer.

Respecto al pan y el agua, su simbolismo más aparente es el de la austeridad. Pero el pan y el agua son también símbolos de la vida; mejor aún, son los alimentos indispensables de la vida. Así, en este lugar donde reina una atmósfera de muerte, recuerdan que todo lo que se necesita para la vida está presente. Y, al igual que la muerte que se quiere evocar es, ante todo, una muerte iniciática, la vida que se evoca es una vida espiritual. El pan es símbolo de la nutrición espiritual, es decir de la palabra divina:
 
"El hombre no vive solo de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mateo 4/4).
 
El agua es el símbolo de este agua viva de la que Jesús habló a la Samaritana:
 
"Quien beba del agua que yo le daré jamás tendrá sed. El agua que le daré será en él fuente de agua que brota para la vida eterna" (Juan 4/14).
 
El agua es, al mismo tiempo, un medio de purificación y anuncia la prueba del agua que el candidato deberá superar en su segundo viaje.

Todo este simbolismo del pan y del agua será reforzado, y se hará más sensible, por la presencia de la Biblia.

La única lámpara o, según el uso actual, la única vela que ilumina el gabinete de reflexión será colocada de forma que ilumine la Biblia y permita al candidato leerla si siente necesidad de nutrirse en su meditación. Así, el conjunto pan-agua Biblia-vela, manifestará vigorosamente, en el seno de las tinieblas de la muerte, la presencia de la vida, de la palabra y de la luz.

 La sal y el azufre: Se ha pensado también en una interpretación alquímica de estos dos símbolos, y es probable que los redactores del ritual de 1785 siguieran también en este punto una tendencia de su época teniendo en cuenta una interpretación así.

Sin embargo, el Rito Francés no los ha desarrollado, al contrario de lo que hizo un poco más tarde el R.E.A.A. En nuestro rito hay muy pocas y breves alusiones alquímicas. Es reseñable que en las "inscripciones" puestas ante los ojos del candidato se le anuncian las purificaciones por el agua y el fuego como purificaciones "por los elementos". Pero no hay en ello necesariamente un significado alquímico, como se puede ver igualmente en el caso del Rito Escocés Rectificado.
 
Igualmente se puede citar, en el tercer grado, la alusión al "vasto conocimiento de la esencia de los metales" que poseía un determinado personaje.

Parece que sean estos los únicos pasajes de nuestros rituales que comportan, o pueden comportar, una connotación alquímica.

Por lo demás, la interpretación alquímica que se pudiera hacer de la pareja sal-azufre no es clara. En efecto, al menos en la alquimia clásica el azufre y el mercurio son dos principios opuestos que encuentran su unidad en la sal. La pareja azufre-mercurio, o el trío azufre-mercurio-sal, tendrían, entonces, un significado claro, pero la pareja sal-azufre es, desde este punto de vista, incoherente o incompleta.
 
Parece que sea mejor evitar involucrar al candidato, después aprendiz, en la búsqueda de una interpretación alquímica. Resulta más indicado investigar, una vez más, en la Biblia, fuente de toda la tradición masónica; una interpretación que estará, indudablemente, más de acuerdo con todo lo expuesto anteriormente.

En la Biblia, la sal y el azufre asociados son símbolos de desolación y esterilidad. En Deuteronomio 29/22 sirven para describir lo que ocurrirá al país de Israel si el pueblo es infiel a la Alianza:
 
"Azufre, sal, calcinación es su tierra entera; no se sembrará, ni germinará, ni hierba alguna crecerá en ella, como en la catástrofe de Sodoma y Gomorra, Admá y Seboyím, que Yahvé asoló en su ira y su furor".

En efecto, estas ciudades fueron destruidas por "azufre y fuego enviados por YHWH" y la mujer de Lot, que se volvió a mirar, se convirtió en estatua de sal (Génesis 19/24-26). El país se convirtió en una tierra salada, desolada y estéril. Es con una tierra quemada y salada con lo que Jeremías (17/5-6) compara la condición del hombre que se separa de Dios confiando orgullosamente en las fuerzas humanas:
 
"Maldito sea aquel que fía en hombre, y hace de la carne su apoyo, y de Yahvé se aparta en su corazón. Pues es como el tamarisco en la Arabá, y no verá el bien cuando viniere. Vive en los sitios quemados del desierto, en saladar inhabitable".

Al contrario, dice también Jeremías (17/7-8):
 
"Bendito sea aquel que fía en Yahvé, pues no defraudará Yahvé su confianza. Es como árbol plantado a las orillas del agua, que a la orilla de la corriente echa sus raíces. No temerá cuando viene el calor, y estará su follaje frondoso; en año de sequía no se inquieta ni se retrae de dar fruto".

Los símbolos de la sal y el azufre forman así una oposición con los símbolos de vida, el pan y el agua, tanto que en el mismo pasaje (17/13), Jeremías llama a Dios "manantial de aguas vivas".

Es por esto por lo que tenemos la costumbre de disponer los diversos objetos ya mencionados de la siguiente forma:

∴ En el centro, la Biblia, con la vela que la ilumina.

∴ A izquierda, la sal y el azufre asociados a los emblemas fúnebres de la calavera y los huesos.

∴ A derecha, los símbolos de la vida, pan y agua.

El candidato está situado en el punto de partida de dos caminos entre los que debe elegir, y la Biblia está colocada ante él para indicarle la naturaleza y final de cada uno de ellos.

Es evidente que el papel, la pluma y la tinta, están allí para permitir al candidato que responda a las preguntas que se le han planteado.

El gallo es el animal que, despierto antes de que comience el día, acecha y anuncia la salida del sol; por esto es el emblema de la vigilancia. Indica al candidato la vigilancia que debe mantener cara a cara consigo mismo, para descubrir sus pasiones y defectos, incluso en sus manifestaciones más sutiles. Además, es también el animal cuyo cacareo hizo tomar conciencia a San Pedro de su negación, siendo así el emblema de la consciencia moral, lo que se une al significado precedente. Aun más, indica al candidato que debe encaminarse hacia la luz y atento a todas las enseñanzas que se le darán para que esta luz penetre en él y pueda, el día que le corresponda, anunciarla a los otros.

 Por último, el reloj de arena recuerda al candidato que el tiempo es una dimensión esencial de la condición humana y que la iniciación masónica se inscribe en él, aunque tenga por finalidad permitir al iniciado transcenderlo un día.
 
La palabra "perseverancia" le indica que la iniciación es un largo camino, sembrado de obstáculos que no deben descorazonarle. Le pone en guardia contra la precipitación y la impaciencia.

Por otra parte, el reloj de arena, que mide por la caída de la arena una duración fija y determinada, le recuerda también que no dispone más que de un plazo limitado para alcanzar el objetivo, duración sólo conocida por el Gran Arquitecto del Universo. Por tanto, le manifiesta la necesidad de trabajar con celo para progresar hacia esa meta y que no debe descuidar nada que le pueda ayudar a instruirse y perfeccionarse.


 

 

domingo, 19 de noviembre de 2017

SIGNIFICADO DE LA PALABRA V.I.T.R.I.O.L.

 
En el Gabinete de Reflexión encontrará la palabra «Vitriol».

Las iniciales de Vitriol significan:

Vista lnteriora Terrae Rectificando
Invenies Qccultum Lapidem

(Visita el interior de tu tierra y rectificando
encontrarás la piedra oculta).
 
Lo que quiere decir que descendiendo a las profundidades de nuestra realidad, de nuestra tierra, auscultando los patrones transmitidos por nuestros padres, bajo la superficie de la apariencia exterior, se esconde la verdad del espíritu, nuestra verdadera forma de ser.

El Vitriol representa nuestra capacidad para rectificar, para reconsiderar las cosas de forma constante y corregir sobre el terreno los errores que en nuestro deambular humano podamos cometer.

Cuando reconocemos que algo ha salido mal, que se ha torcido, es cuando debemos tener el valor necesario para rectificar el tiro y procurar enmendarnos y reparar los daños que hayamos causado.

Ningún proceso evolutivo podrá llegar a buen fin sin tener a mano un frasco de Vitriol, es decir, sin tener en nuestros bolsillos la capacidad de corregir los errores, de modificar el trazado de nuestro camino cuando sea necesario, de pedir perdón cuando la situación lo requiera.

Esa piedra oculta a la que se refiere la fórmula alquímica del Vitriol es la misma piedra bruta que tratan de pulir todos los masones del universo.

Como muestra el gráfico, cuando alguien está dispuesto a utilizar el Vitriol, podrá contar con la fuerza organizativa de Saturno; con el poder realizador de Júpiter; con la fuerza energética de Marte; con la voluntad y la iluminación del Sol; con la armonía de Venus; con la inteligencia de Mercurio, y con la imaginación de la Luna. (El símbolo de dichos planetas está inscrito en cada uno de los brazos de la estrella.)

 
 

sábado, 18 de noviembre de 2017

LA CÁMARA DE REFLEXIÓN

 
Para determinar los elementos axiológicos y de significatividad de la Cámara de Reflexiones, es necesario comprender, en primera instancia, el significado del concepto cámara y del concepto reflexión, para poder comprenderlo posteriormente desde su articulación inseparable en la formación masónica del aprendiz.

Desde sus raíces latinas y griegas, la palabra cámara [Según el diccionario de la R.A.E., el término cámara viene del latín cámara, y este del gr. καμαρα que significa bóveda.], cámara, significa bóveda, cámara, entendida como sala, pieza principal de una casa o como reunión de personas para tratar algún asunto. También hace referencia al sepulcro o bóveda sepulcral.

Por su importancia, desde el acontecimiento iniciático del A.·.M.·. conviene que nos detengamos en el concepto de reflexión. La reflexión, la comprendemos desde la conceptualización que hace Jonh Locke [Filósofo inglés del siglo XVII, fundador de la escuela empírica, caracterizada por que el conocimiento se funda en la experiencia, la cual plantea desde dos dimensiones, la primera como percepción externa mediante los sentidos –sensación- y como percepción interna de estados psíquicos -reflexión- esta última ópera siempre sobre un material aportado por la sensación. Planteamientos hechos en su obra "ensayo sobre el Entendimiento Humano."] como "aquellas noticias que el espíritu adquiere de sus propias operaciones y del modo de efectuarlas, en virtud de lo cual llega a poseer ideas de estas operaciones en el entendimiento."
 
La reflexión es la apropiación teórica y la comprensión desde el pensar, sentir y actuar de las acciones que proyecta el espíritu del A.·.M.·. y que pueden ser conocidas, en un primer momento, desde el conocimiento sensible para construir un conocimiento abstracto, desde la reflexión y un conocimiento lógico, en la operacionalidad de los elementos teóricos construidos.

La reflexión es un proceso que articula teoría, contexto e interacciones entre los anteriores. La reflexión se identifica por la inserción desde la conciencia humana a la experiencia, la εμπειρία [Termino griego que significa experiencia.] griega, comprendida como toda acción que construye, esta experiencia se confronta desde la inmersión consciente del hombre en el mundo, lo que le posibilita construir su visión del mundo, a partir de procesos de descripción, interpretación, explicación y valoración de los intercambios simbólicos, las manifestaciones afectivas, sociales culturales, económicas y éticas-políticas.

Es importante tener claro que la reflexión, a diferencia de otras formas de conocimiento, supone tanto un sistemático esfuerzo de análisis, como la necesidad de elaborar una propuesta totalizadora, que captura y orienta la acción. El conocimiento sólo puede considerarse instrumento de los procesos de reflexión cuando se ha integrado significativamente no en parcelas aisladas de la memoria semántica, sino en los esquemas de pensamiento más genéricos que activa el individuo al interpretar la realidad concreta en la que vive y sobre la que actúa, y cuando organiza su propia experiencia.

La reflexión, es el medio para construir un conocimiento en la acción, que responde a situaciones polémicas, desde el espíritu humano y que pretende construir una acción con sentido.

La Cámara de Reflexiones, desde la concepción masónica, se comprende como la sala en el que se encierra al neófito antes de su iniciación, para meditar ante un cierto número de símbolos. Es allí donde debe también redactar su testamento filosófico [Pequeño diccionario de términos Masónicos. Algunas denominaciones masónicas].

El encierro del cual es objeto el neófito, posterior A.·.M.·., en la Cámara de Reflexiones, le posibilita entrar en el más profundo de los silencios que contrasta con un mundo cotidiano caracterizado por el exceso de ruidos. En este espacio es donde el neófito, posterior A.·. M.·. comienza su conocimiento iniciático, caracterizado, no por la teorización a la que estamos acostumbrados, sino por la reflexión en los términos anteriormente expuestos desde la confrontación del yo con yo, en lo más profundo del autoconocimiento interior. Es por eso que valorar la experiencia iniciática de la Cámara de Reflexiones, permite al neófito, posterior A.·.M.·., transformar su relación con el mismo, con su entorno, con los demás y con el G.·.A.·.D.·.U.·.

Es importante comprender el proceso de la Cámara de Reflexión en el grado de A.·.M.·. pues es el comienzo, el preámbulo, el inicio desde el momento de las vendas en los ojos, en el cual, debe, necesariamente, confrontarse el neófito, posterior A.·.M.·., con sus propias oscuridades, que lo preparan para comprender las oscuridades propias de la muerte, es allí, donde la reflexión afecta la acción y comienza a transformar la vida del neófito, posterior A.·.M.·.

Pero, ¿por qué reflexionar en un espacio oscuro y sólo sobre la muerte? Esta pregunta es el centro del quehacer reflexivo del neófito, posterior A:. M:. ya que la muerte es vista como última morada, el final, descanso eterno. Es la muerte, la que propicia en el hombre el miedo, pero para otros es signo de esperanza, como a muchos les produce indiferencia.

Ya Francis Bacon decía: "Los hombres tienen miedo de la muerte, como los niños temen ir por la oscuridad".

La Cámara de Reflexiones, caracterizada por sus paredes negras, las cuales simbolizan el misterio, la ignorancia y la oscuridad en que se encuentra el neófito [Randolf M.Koppel A.·.M.·. La Cámara de Reflexión en - es expresión del hombre profano. Platón. Fedón. 250 D y 66.], que anda en tinieblas y le teme profundamente al sufrimiento y, por tal razón, en ella se encuentran los emblemas de la muerte y una lámpara sepulcral. Esta realidad nos hace enfrentar una crisis interna, una confrontación dialéctica en el cual las tesis del neófito, posterior A.·.M.·., su visión del mundo, se confronta con una antítesis, la simbología presente en la Cámara de Reflexiones; de esta confrontación dialéctica debe surgir la síntesis, entendida como una vida nueva, que se reconstruye a partir de la formación del A.·.M.·.; es importante determinar que la Cámara de Reflexiones representa el cuerpo del neófito, posterior A.·.M.·. que sirve de prisión al ser interior, al espíritu.

Platón sostiene que el cuerpo es la cárcel del alma, algo así como el caparazón que lleva dentro a la ostra. Supone un lastre negativo para el alma, pues le crea necesidades, enfermedades, deseos, temores, pasiones y sensaciones que le obstaculizan la búsqueda de la verdad. Es un estorbo del que el alma tiene que liberarse poco a poco, del que tiene que purificarse para poder acceder a la contemplación de las ideas. El cuerpo inclina al alma a poseer cada vez más, a ser ambiciosa, al comportamiento violento y a la guerra, a los placeres sensibles.

Está crisis dialéctica se complementa con las inscripciones en las paredes, cuya finalidad es levantar las energías y desarrollar la voluntad del neófito, como son:

 "Conócete a ti mismo".

 "Si te trae aquí la mera curiosidad, vete".

 "Si rindes homenaje a las prerrogativas humanas, vete, porque aquí no se las conoce".

 "Si temes que alguien te eche en cara tus defectos, no prosigas".

 "Espera y cree. Porque entrever y comprender el infinito es caminar hacia la perfección".

 "Ama a los buenos, compadécete de los malos y ayúdalos, huye de los embusteros y no oigas a nadie".

 "El hombre perfecto es aquel que más útil es a sus hermanos".

 "No juzgues livianamente las acciones de los hombres, elogia poco, adula menos. Jamás censures ni critiques".

 "Lee y aprovecha, mira e imita, reflexiona y trabaja, trata de ser útil a tus hermanos y trabajarás para ti mismo".

 "Piensa siempre que polvo eres y en polvo te convertirás".

 "Naciste para morir." [Cfr. ADOUM. Jorge, Esta es la masonería. El aprendiz y sus misterios. Primer Grado. Ed. Kier S.A. Buenos Aires, 1999.]

De todas estas inscripciones en las paredes, debe resaltarse la sigla V.I.T.R.I.O.L., en fin, resume en sí el contenido potencial de todos los símbolos presentes en la Cámara de Reflexión: Visita Interiora Terrae Rectificando que Invenies Occultum Lapidem (visita el interior de la tierra y rectificando hallarás la piedra oculta). Sólo adquiriendo conciencia de la propia identidad, analizando y discerniendo, ordenando y rectificando las apariencias con que nuestros sentidos nos velan la realidad, seremos capaces de encontrar en nosotros mismos la materia prima del verdadero ser, la chispa "divina" que habita en cada hombre.

Estas inscripciones, como en contexto de la Cámara de Reflexiones, buscar generar en el neófito y posteriormente en el A.·.M.·., la confrontación dialéctica entre muerte y vida, entre dolor y felicidad, entre engaño e iluminación. Si los cinco sentidos ofrecen la muerte, el espíritu da la vida eterna.

Otro elemento presentes en la Cámara de Reflexiones, como primer contacto del neófito, posterior A.·.M.·., con su iniciación es el simbolismo de la tierra, representando el volver a su estado de inexistencia, a su no ser, posibilitando su renacimiento con una nueva visión del papel a que es llamado y al ser consagrado como A.·.M.·., debe reorientar su vida, a partir de la significatividad de los elementos propios de la tierra, presentes en la Cámara de Reflexiones, a saber: agua, pan ,azufre, mercurio, sal y carbón o ceniza, el significado de cada uno de estos elemento tiene un profundo valor simbólico.

De toda esta simbología, es importante comprender las siguientes:

- El color de las paredes: Es negro, generando un ambiente de penumbras, simbolizando esta oscuridad el estado de conciencia actual del neófito, posterior A.·.M.·.

- Los huesos humanos y piedras: Significan el caos en que hemos desenvuelto nuestras vidas hasta ese instante, en lo material y espiritual, y que precede al orden que prendemos establecer en ella a partir de nuestra Iniciación masónica.

- El cráneo humano: Simboliza la igualdad que nos depara la naturaleza a todo ser viviente, y debe inspirar al neófito a reflexionar sobre la necesidad de actuar en concordancia principios y valores de solidaridad con los más necesitados, de tolerancia y respeto para quienes no concuerdan con sus ideas o conceptos, y de justicia y verdad para con todos sus semejantes.

- El reloj de arena: Representa el flujo inexorable del tiempo y la corta duración de la vida del cuerpo físico, así como la necesidad que tenemos de emplear este breve destello de nuestra existencia material para construir nuestro templo interior, luchando contra nuestras pasiones, y haciendo cuantas buenas obras y servicios a los demás nos sean posible, pero también indica el regreso al origen, lo vacío y lo lleno, lo inferior y lo superior, el Cielo y la Tierra, lo de arriba y lo de abajo.

- El gallo: Indica el despertar interior del hombre, el triunfo de la Luz sobre las tinieblas, señalando además, la necesidad de la vigilancia que hemos de tener sobre nuestros actos, no permitiendo que nada nos aparte del sendero de la Verdad, la Justicia y el Honor.

- El pan y el agua: Así como ellos constituyen el alimento del cuerpo, los pensamientos limpios y nobles constituyen el alimento del espíritu. Además hace referencia al espíritu de sacrificio y de servicio que ha del estar siempre presto a brindar el Iniciado, indicando que como el pan mitiga el hambre material, así él está dispuesto a consolar, ayudar y servir al necesitado; y el agua, que es la esencia de la vida humana, calma la sed, sirve para el regadío de las cosechas, para la producción industrial, etc. Simbólicamente nos muestra la necesidad de la moderación en nuestros actos, evitando el excesos de los extremos, y ambos unidos (el pan y el agua) nos indican lo necesario de la prudencia con que hemos de enfrentar las vicisitudes del diario vivir.

- El azufre: Representa la acción o energía espiritual creadora que parte del ser interno, es la esencia o chispa divina que reside en cada hombre y que tiende a elevarlo a su Creador.

- El Mercurio: Simboliza toda influencia material o sensorial que procedente del medio externo, intenta penetrar el ser interno del hombre.

- La sal: Formada por cristales, es el equilibrio entre los principios internos (azufre) y la influencia de las sensaciones que provienen del exterior (Mercurio) y representa la armonía de los elementos anteriores que debe alcanzar el neófito, posterior A.·.M.·., antes de ser iniciado, logrando estabilizar su ser interno, preparándolo así para recibir la LUZ. También indica al Candidato que la sal es obtenida producto del Trabajo, simbolizando, igualmente, la necesidad de trabajar con productividad para que la Sociedad progrese.

- La Ceniza: Este elemento simboliza a la necesidad de incrementar la producción [Producción de bienes y servicios, medio por el cual el trabajo humano crea riqueza.], atendiendo a que el mismo es el resultado de la acción del elemento fuego actuando sobre las materias primas, que posteriormente se convertirán en objetos de consumo [Adolfo Terrones Benítez. Gr.·. 32º y Alfonso León García González. Gr.·. 33º. El libro del aprendiz masón. Los 33 temas del aprendiz masón y estatutos de la orden. Ed. Erbasa, México D.F afirman que: "luego lleva su vista al plato que guarda la CENIZA, y se imagina que es el GERMEN que contiene todas las substancias que produce la Naturaleza, pero IGUALADAS mediante la acción del FUEGO, lo que viene a demostrar, que debe incrementarse la PRODUCCIÓN que nos brinda por nuestra Madre TIERRA, porque es lo que nos da la VIDA, el VIGOR y la FUERZA."] .
 
- La Lámpara sepulcral: Su débil luz representa la vida del hombre, lo que indica la necesidad que este tiene de la Solidaridad y la Fraternidad, del esfuerzo común que transforma la vida y eleva al hombre a la categoría de ser social.

- El Sarcófago y el esqueleto humano: Representan el estado de descomposición moral a que llega el hombre que carece de un guía que le conduzca por el camino de la Virtud, el Amor y el Servicio a la humanidad que ha de ser la aspiración de todo masón.

A manera de conclusión podemos decir que El candidato antes y después del paso por la Cámara de Reflexiones, debe ser amigo de lo Justo, hombre de bien, capaz de ser luchador contra la absurda ambición de los reconocimientos y glorias humanos, sabiéndolas efímeras frente a la inmensa grandeza y justicia del Eterno.

Por otra parte, la Cámara de Reflexiones es representación, del macrocosmos y del microcosmos, es decir, del universo y del hombre; además nos hace recordar el estado de ignorancia en el que vivimos los humanos antes de conocer el principio fundamental de la orden masónica, "hay que morir a los vicios para nacer a las virtudes", como el legado verbal trascrito por sus seguidores y donado a la humanidad por el Q.·. y V.·. H.·. " Jesús de Nazaret " que dice: "El que no nace de nuevo, no entrara al reino de los cielos."

La Cámara de Reflexiones, representa el descenso a los infiernos, la muerte aparente que precede a la reencarnación, el reencuentro con una nueva vida. En el tenemos nuestras primeras reflexiones antes de ver la luz. Reflexionamos acerca de los "Deberes del Hombre para con Dios... para con sus semejantes... y para consigo mismo". Volvemos la vista hacia Dios y hacia nosotros mismos. 

 
 

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