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sábado, 24 de noviembre de 2018

ESTRELLAS DE CINCO PUNTAS


"Las estrellas de cinco y seis brazos representan respectivamente el "microcosmos" y el "macrocosmos", y también el hombre individual (ligado a las cinco condiciones de su estado, a las que corresponden los cinco sentidos y los cinco elementos corporales) y el "Hombre Universal" o el Logos."

La estrella de cinco puntas era bien conocida por los pitagóricos, para quienes la aritmética y la geometría eran la base de las ciencias o artes liberales, del trivium y del quadrivium. Estudiaban los números tanto desde el punto de vista ordinario como desde el simbólico, pues para ellos ambos sentidos estaban estrechamente ligados. Conocían esa relación sutil que hay entre la geometría y el arte de la edificación espiritual. Como decía Platón:

"La geometría es un método para dirigir el alma hacia el ser eterno, una escuela preparatoria para el espíritu científico capaz de hacer girar las actividades del alma hacia las cosas sobrehumanas".


Llamaban a la estrella de cinco puntas pentagrama o pentalfa (formada por cinco alfas, primera letra del alfabeto griego), y la convirtieron en su signo de reconocimiento, pues sabían que se distingue entre los restantes polígonos estrellados por su ritmo indefinidamente recurrente y continuo basado en la "proporción del medio y los extremos", como llamaban a aquella que, según Platón, se da a sí misma y a los términos que une la unidad más completa. Proporción cuyo valor es un número inconmensurable, oculto y secreto, pues no puede expresarse por cantidad racional alguna: el Dormido "número de oro" que se designa con la letra griega Phi, cuya aplicación en las artes produce en el hombre la sensación de unidad, armonía y belleza.

Llamaban al pentagrama con el nombre de Ygieia, diosa de la salud, colocando sus letras dentro de los triángulos que forman sus vértices empezando por el superior y girando en sentido polar. La simetría quíntuple del pentagrama es específica de los organismos vivos y de sus leyes de crecimiento. Así es como simboliza la vida en toda su extensión, y en el aspecto vital del hombre la salud, reflejo de su equilibrio interno; el hombre inscrito en el pentagrama tocando su vértice superior con la cabeza y los restantes con sus cuatro extremidades. Esta misma idea de lo que anima, de vida, de aliento, de aire, de ser, la expresa también la tradición hebrea por la quinta letra de su alfabeto, la He cuyo valor numérico es el 5.

Los constructores de la Edad Media heredaron la geometría de sus antepasados, recogieron el simbolismo del pentagrama y lo transmitieron, a su vez, dejándolo grabado en sus obras para recordarle así al hombre la afinidad del mundo y de él mismo con la perfección de su fuente. Por lo tanto la geometría de los masones es hija de la aritmética y geometría pitagóricas transmitidas por los Constructores de la Edad Media, los masones operativos. Y el estudio y conocimiento de los números sagrados de la Masonería pasa por el estudio de los números pitagóricos, tanto en su aspecto aritmético como en el simbólico y espiritual.

Visto, pues, cómo tradicionalmente el simbolismo numérico y geométrico están íntimamente unidos y se corresponden estrechamente; cómo la geometría, ciencia tradicional, da forma al número poniendo con ello de manifiesto, en la medida en que esto es posible, el principio metafísico que el número simboliza; y cómo el número, en su sentido tradicional, pertenece al mundo inmaterial e informal de los principios metafísicos, que corresponde a Beriyah, o "Mundo de la Creación", en el simbolismo del "Arbol de la Vida" cabalístico, nos toca considerar ahora su aplicación al pentagrama.

La estrella de cinco puntas es junto con la cruz y su centro, el cuadrado y su centro, y el propio pentágono, uno de los símbolos geométricos del número 5. El 5, la péntada, es la unión (suma) del 2, la díada, y del 3, la tríada.

El 2 es el primer número par, reflejo de la unidad en sí misma; expresa el principio de polarización que rige la manifestación (las dos columnas del templo masónico), y su símbolo geométrico es la línea recta (polarización de su punto medio).

El 3, primer número impar, es el reflejo de la unidad en el 2, y expresa el principio de complementariedad de los opuestos, a los que concilia en la unidad original, y su símbolo geométrico es el triángulo equilátero (el Delta luminoso del Oriente de la Logia).

El 5 tiene en él, por ser hijo de ambos, la escisión generativa del 2 y la conciliación unificadora de retorno al origen del 3. El pentagrama también contiene en él esta filiación, pues procede de la línea recta y del triángulo. Y ambos principios, la Tierra y el Cielo, han alumbrado igualmente al hombre. Por ello tiene en él la virtud de retornar al estado original, a pesar de su destierro actual.

"Mira, lo que hallé fue sólo esto:
Que Dios hizo sencillo al hombre,
pero él se complicó con muchas razones."
(Eclesiastés 7, 29).
 
El hombre que ha integrado la plenitud de su estado humano alcanzando el estado original de sencillez en que fue "hecho a imagen de Dios" (Génesis 1, 27) ha abandonado sus muchas razones centrando su corazón en el centro de su ser, en el centro de la cruz en contacto directo con la realidad espiritual, pues la "imagen de Dios" innata en él llamea e ilumina dicho centro irradiando su luz hacia todas las partes.


A nuestro entender aquí está el simbolismo de la Estrella Llameante, o Estrella Flamígera, del templo masónico; de la estrella de cinco puntas que llamea e ilumina desde la G de su centro (la Iod hebrea, inicial del Tetragramaton). Ella es el guía que conducirá al iniciado en cuyo corazón llamea el fuego sagrado y le llevará al adepto. Este es el misterio que debe intuir y vivir.

En la época de alejamiento y descenso espiritual (el Kali-Yuga o Edad de Hierro) que nos corresponde vivir en el presente ciclo de la Humanidad, el hombre tiene que recorrer la vía del Conocimiento para regresar y reintegrarse a su estado original. Entrado en esta vía por la iniciación, recibe aquí la transmisión espiritual, simbolizada por la luz, concediéndosele de forma virtual un segundo nacimiento qmr podrá llevar a efecto en el curso de su marcha.

Para este nuevo alumbramiento le es necesario previamente conocerse a sí mismo y desprenderse de las "muchas razones" que le impiden ser el hombre sencillo que Dios hizo". Sencillo en el sentido de "no compuesto" ni "doble", como la Unidad metafísica misma. Tiene que morir a sus vivencias y concepciones de este mundo y de sí mismo que no estén regidas por la Voluntad Suprema, de quien depende totalmente y en quien únicamente tiene su realidad verdadera.

Una muerte que es simultáneamente una regeneración, una vida nueva, tal cual ritualizamos en cada tenida.

Antes de terminar veamos un símbolo que expresa lo que acabamos de decir. Se trata de un pentágono sombreado en negro que tiene una calavera sobre la que está la Estrella Llameante: es decir, la muerte del hombre individual que yace bajo el hombre regenerado, o dicho de otra forma, la muerte del hombre viejo que precede al segundo nacimiento que alumbra al hombre nuevo.

Por último, leamos en el Evangelio de San Juan (12, 24) las palabras de Jesús:

"Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere,
queda él solo; pero si muere, da mucho fruto".





 

sábado, 27 de octubre de 2018

LA ESTRELLA PENTAGRAMATICA

 
En el ritual de elevación a Compañero el Venerable Maestro invita al Aprendiz a considerar la Estrella Misteriosa de 5 puntas en cuyo centro resplandece la letra G.
 
Situada entre el sol y la luna, la Estrella Pentagramática decora el cielo del Oriente. Oigamos lo que narra la Biblia sobre el cuarto día de la creación:

"Hizo Dios los dos luceros mayores, el lucero grande para el dominio del día y el lucero pequeño para el dominio de la noche, y las estrellas; y púsolos Dios en el firmamento celeste para alumbrar sobre la tierra y para dominar en el día y en la noche y para apartar la luz de la oscuridad".



Los astros son vehículos de conocimiento: su alternancia de aparición y desaparición en el cielo, sus movimientos, agrupación, distribución y orden dibujan danzas geométricas e historias míticas y arquetípicas a través de las cuales el Gran Arquitecto expresa los Principios y leyes con los que rige el universo y todo lo que en él hay y deviene.

 
Entre el sol relacionado con la maestría, y la luna espejante, símbolo del aprendiz, las estrellas son cuerpos celestes con luz propia que alumbran en medio de la oscuridad de la noche, decorando con belleza el firmamento, cual pequeños luceros que anuncian secretos a quien quiere y puede descifrarlos, y están relacionados muy directamente con el grado de Compañero.
 
 A partir del número cuatro, que los cabalistas llaman de la Creación, podemos empezar a trazar estrellas de 4 puntas, 5, 6, 7, 8,etc. cada una de ellas como una expresión precisa y clara de algún aspecto o idea de la Divinidad. Ahora nos interesa ahondar en la significación de la Estrella Pentagramática. Se insta al compañero masón a identificarse y ser uno con ella, a participar conscientemente de la fuerza y energía que vehicula.
 
Después del nigredo por el que hemos pasado como Aprendices, de ir deletreando en el libro de la vida, de ser cuerpo oscuro y silencioso, nacemos a un nuevo estado de conciencia, iluminado por una tenue luz, que nos habla de la posibilidad de regeneramos y reconocer la androginia de nuestro ser. El compañero puede empezar a leer en ese libro, y el 5 es la grafía y geometría que se le ofrece como objeto de meditación y síntesis de su estado. Cinco son los sentidos del hombre, a partir de los cuales fluye la percepción y aprehensión de dentro a fuera y viceversa; cinco los dedos en cada extremidad, cual rayos divinos que con su acción iluminan la creación, siendo así que por su intermedio el hombre expresa el Arte que se le desvela en su corazón; cinco sus extremidades, si por ello entendemos sus brazos, piernas y cabeza, medios con los que el ser humano se mueve, crea y puede expresar las ideas que va aprendiendo.
 
El cinco es el número del microcosmos, del hombre como un todo en pequeño, síntesis perfecta de los opuestos, que se simboliza por los esponsales entre el primer número par, el dos, y el primer impar, el tres.
 
Visualicemos la flameante Estrella. Inscribamos un ser humano en su interior de tal manera que su cabeza se corresponda con el vértice de arriba, los brazos extendidos en forma de cruz con las puntas laterales y las piernas con las dos de abajo y veremos como esta geometría dibuja un triángulo invertido fusionado con una punta de flecha ascendente.
 
Si, partiendo de los genitales, trazamos dos líneas que se dirijan hacia cada una de las manos y éstas las unimos entre sí tiro con otra línea, he ahí el triángulo invertido. Este es el símbolo de la copa, de la caverna en el interior de la montaña, del corazón, y todo ello nos remite a la idea de receptividad.
 
Las zonas del cuerpo humano que quedan inscritas en esta figura corresponden a los órganos de reproducción y al sistema digestivo y urinario, los cuales tienen relación con operaciones de transformación y purificación que nos recuerdan, haciendo las transposiciones y correspondencias adecuadas, que toda recepción, ya sea de un alimento o germen de orden material o espiritual, demanda una actitud de apertura y vacuidad.


 
Recibimos si nos abrimos, si purificamos nuestra psique de todas sus asperezas y esperamos ser fecundados por la gracia del espíritu. A partir de esta vacuidad el ser humano puede iniciar su ascenso o retorno a la esencia de su ser, lo cual se simboliza por la otra parte de la grafía que completa la estrella de cinco puntas, aquella que dibuja una punta de flecha hacia arriba, siendo las piernas los extremos de abajo y la cabeza el superior.
 
Con los pies bien anclados en el suelo, las piernas sostienen y elevan el edificio humano hacia lo alto, dirigiendo con destreza toda la energía a través de la columna vertebral, con todo el empuje del corazón y el soplo vital que nos llega simbólicamente por los pulmones, hasta la cabeza, símbolo del cielo, de los estados superiores del ser. Tenemos así representada la parte activa, axial, viril, que conecta el cielo con la tierra, y que nos posibilita la identificación con el mundo de los arquetipos universales.
 
Como compañeros es este trabajo con y en el mundo del alma, tanto individual como universal, el que debe guiar nuestra labor interna. Y en el mismo centro de la Estrella y del ser humano, en el corazón, resplandece la letra G, símbolo del artífice de esta geometría, que crea al hombre a su imagen y semejanza, y también de la síntesis de toda dualidad en la unidad indivisible del Principio y de toda la manifestación de Él surgida. Cinco G decoran cada extremo de su forma y corresponden, al menos en una interpretación de este símbolo, a las palabras: geometría, generación, gravitación, genio y gnosis en cuya meditación hallaremos el secreto de nuestra esencia humana y a la vez divina.
 
 Todo el ser humano obedece a una geometría precisa y armónica. El hombre es geometría, el cosmos es geometría y esta ciencia es uno de los vehículos que se le ofrece para conocerse a sí mismo y al cosmos; es más, al gran artífice de esta obra se le nombra Gran Arquitecto del Universo, y en alguna iconografía se le representa como un geómetra con un compás ordenando el caos primigenio. Precisamente, también recordaremos que en algunos Ritos el Gran Arquitecto recibe, en el grado de compañero, el nombre de Gran Geómetra del Universo.
 
Generación sugiere la idea de un Principio que por un acto enteramente misterioso se da a conocer a sí mismo, se refleja en su esencia y crea todos los mundos, manifestados e inmanifestados, pero siempre reflejo de su unidad indisoluble. La generación implica la idea de la transmisión de ese mensaje misterioso de la Unidad, que contiene en sí toda posibilidad, a todos los mundos emanados de sí misma.
 
Por la gravitación un cuerpo es atraído por otro, de centro a centro y se mantiene un equilibrio. Es esta conexión de centro a centro que da la idea de la residencia de la armonía en el punto onfálico de todo ser, y por transposición de cada ser respecto de su origen.
 
Por el genio el ser humano se vincula a su esencia, trepa por el hilo misterioso que une todos los mundos entre sí, y halla la esencia única de todo en todo. El genio permite atravesar los velos de las apariencias y llegar a la esencia de los seres que pueblan el universo y a los estados del ser visibles e invisibles que coexisten simultáneamente con el estado humano. El genio es el poder o facultad de creación que en su acepción más elevada se referirá a ese poder surgido del Gran Arquitecto.
 
Nada más cerca de la Unidad y de la No-Dualidad que la Gnosis. El Conocimiento es, si algo puede decirse, el anhelo más elevado del ser humano.
 
Conocimiento es identificación con el Misterio insondable e incognoscible. Ser uno con ese Misterio.
 
Así pues, la estrella es nuestra guía y esencia como compañeros y sintetiza la misión a laque estamos llamados: conocernos a nosotros mismos y al mundo.
 
 

viernes, 12 de enero de 2018

SIGNIFICADO Y RELACIÓN DEL NUMERO CINCO Y LA ESTRELLA FLAMÍGERA


Sabemos que en Masonería, el papel que juega la geometría en la realización de la Obra es uno fundamental a todo nivel, pero especialmente en el grado de Compañero, del que constituye precisamente su base principal. De hecho, si el trabajo del Aprendiz consiste en desbastar la piedra bruta a fin de despojarla de todas sus asperezas y acercarla a una forma en consonancia con su destino, el trabajo del Compañero, que se realiza más bien sobre la piedra cúbica, de alguna manera demanda conocimientos más sutiles y profundos que los simplemente elementales con los que cuenta el Aprendiz.
 
De ahí la importancia del estudio profundo de la geo­metría en este segundo grado virtual de conocimiento que, como todo grado iniciático, es uno sobre todo esencialmente simbólico y como tal cargado de una energía o una fuerza mágico-teúrgica, es decir supra-racional y supra-humana, que a través precisamente del estudio, de la concentración y la meditación en sus respectivos símbolos, así como de la realización perfecta de su rito, actúa ine­xorablemente en todos los ámbitos del Compañero-Geómetra; a la vez que sirve, cual peldaño de una escala o puente vertical, para comunicar (es decir unir y por lo tanto separar) un orden conoci­do y otro desconocido, aunque susceptible de conocerse y realizar, permitiendo así la verdadera gnosis.

El simbolismo del grado de Compañero es uno que se caracteriza especialmente por el estudio de los principios geométricos y mate­máticos que conforman la estructura misma del Universo y la del propio hombre que fue creado a su imagen y semejanza, por lo tanto que poseen estructuras análogas, incluso si se quiere idénticas en lo esencial, no sólo desde ese punto de vista geométrico y matemático sino también el astrológico (donde no hay en verdad distancia algu­na entre el yo y el mundo)por lo tanto el alquímico (que entiende tanto al uno como al otro como el verdadero atanor y a su alma como la materia misma de la transmutación), el de la música que no es otra cosa que ritmo y proporción (número y medida), e igualmen­te el del de las ciencias del Trivium que como bien nos dicen los here­deros del saber de los antiguos, también observa al universo como un libro abierto (Retórica), y naturalmente de sabiduría y conocimiento (Lógica) del que incluso cada ser no sería en verdad sino un carácter (Gramática).
 
De manera que podemos afirmar sin temor al equívoco, eso sí, tomada debida cuenta del trecho entre el dicho y el hecho, que el pasaje por esta segunda "estación" masónica implica, naturalmente, un mayor acercamiento a los planos y diseños de ese Gran Arquitecto del Universo cuya Luz, Conocimiento y Verdad iluminan, cual Estrella Flamígera, a todos sus obreros.

Siendo así, y que en efecto el arte o ciencia de la geometría es considerada en Masonería como la más alta de las artes liberales (incluso el nombre por el que se le solía designar a nuestra tradi­ción), comenzaremos por decir que la palabra "geometría", o ge-me­ter, de la raíz griega gé que significa "tierra", y meter que significa "medida" o "madre", por lo tanto literalmente la "medida de la tie­rra", es al mismo tiempo y en razón de cierta correspondencia eti­mológica con el latín natura (de la misma raíz gé) un sinónimo de "naturimensura", pudiendo entenderla, por lo tanto, como el
estudio de la medida interna de la Naturaleza y de los principios matemáticos, tanto de los que procede y a partir de los cuales se hace manifiesta, corno aquellos a los que habrá de retornar y reintegrarse. Por consi­guiente, esta "tierra" a medir, esta natura a investigar y estudiar no se limita exclusivamente, en su acepción de "productora" o "engendradora" por excelencia, a su expresión puramente física y tempo­ral como entendería un geólogo o ecologista cualquiera, sino que se refiere en más bien a su totalidad cósmica, es decir a la "genera­ción" universal en todos sus órdenes. De hecho no es para nada in­verosímil, mucho menos casual ni convencional, que esta palabra "generación" también proceda de la misma raíz griega gé que significa "tierra" o "madre", lo que a un nivel etimológico la emparenta directamente con la palabra "geometría".

Por otra parte en su acepción iniciática que es la que más importa para nuestros propósitos, esta idea de generación evidentemente se refiere a la idea misma de la regeneración del iniciado, a su recreación o nacimiento de su "hombre nuevo" o "niño alquímico". En este sentido es interesante hacer notar siguiendo al hermano Lavagnini que la gnosis, considerada desde el punto de vista del proceso de conocimiento, equivale a una:
 
… Conciencia interior de la realidad... que se produce precisamente gracias a... una... generación... interna [y ordenada]... de ideas.

Siendo un hecho que también el origen etimológico de esta palabra "gnosis" procede de la misma raíz gé o gen de la que hemos habla­do, y que también es, por cierto, el origen de la palabra "génesis" y * la palabra "genio", esta última pudiendo entenderse como:


...La más elevada y sublime manifestación de la generación, (aque­lla justamente)... que eleva al hombre y lo conduce más cerca de su (verdadera) naturaleza (e identidad supra-humana y supra-cósmica, es decir) divina.

Ahora bien, si la geometría (espacio) es una rama (expresión) de la matemática (tiempo), sería casi imposible no referirse al simbo­lismo numérico, al menos el que se asocia con este grado de Com­pañero, y que como el geométrico, es un simbolismo igualmente central para su comprensión y realización. En este sentido, y aun­que ya mucho del tema está dicho y bastante bien por lo demás, quizá no estaría de más recordar que también para la Masonería los números tienen una significación muy otra a la exclusivamente cuantitativa que ven los modernos, en correspondencia con su as­pecto más bien esotérico y sutil, por lo tanto relacionada:
 
... Con las "proporciones" y las "medidas" de la arquitectura y la armonía del hombre y del cosmos, que en efecto... es armónico y numérico en todos sus niveles, tanto en el macrocosmos como en la naturaleza y en el hombre...

Al igual que los pitagóricos que los consideraban incluso como deidades, para los masones los números son símbolos sagrados y mágico-teúrgicos con la capacidad de despertar al hombre y orde­narlo, universalizando su conciencia. No es sino precisamente des­de este punto de vista esotérico o cualitativo que los números se pueden ver como reducibles a los nueve primeros de la serie de los números naturales, los cuales se dice que representan distintos as­pectos o cualidades del Ser universal que de hecho se hallan presentes y hasta visibles en toda manifestación... (ibid.)

En el caso del número cinco que nos ocupa en este caso, su rela­ción con el hombre es una verdaderamente notable, comenzando por el número de sus extremidades, así como de los dedos en cada una de sus manos y pies, el número de sentidos o canales de co­municación por los que observa la realidad sensible o concreción material e incluso las facultades por las cuales dice el hermano Lavagnini que éste accede al conocimiento: el pensamiento, la con­ciencia, la inteligencia, la voluntad y el libre albedrío. De ahí que el número cinco se considere "número de hombre", aunque tam­bién en principio de todo ser individual, e incluso que se diga que el hombre mismo es "un número cinco andante", pudiendo ver en la estrella de cinco puntas, que es el símbolo por excelencia del Mi­crocosmos, su más conocida representación, muchas veces hasta con la figura del hombre mismo inscrita en su interior.

Por otra parte, en lo que se refiere propiamente al simbolismo de este segundo grado, señalemos que la edad masónica de un Compañero es de cinco años, así como que cinco son las ciencias y artes liberales las que le compete estudiar, y que del conjunto de siete que conforman el Trivium y el Quadrivium, la geometría, que habíamos dicho que es la base principal de este grado, es (siguien­do su orden tradicional) justamente la quinta.

Así también, son cinco los órdenes arquitectónicos que en este grado se estudian, Jónico, Dórico, Corintio, Toscano y Compuesto. Cinco las gradas visibles en su Cuadro de Logia, cinco los viajes en el ritual de aumento de salario, cinco las puntas de la Estrella Flamígera y cinco el número de hermanos que iluminan la Logia, el Ven.·. Maestro, los dos Hermanos Vigilantes, el Hermano Orador y el Hermano Secretario, a los que también se les llama "las luces de la Logia".

Asimismo, desde un punto de vista hermético-alquímico, el simbolismo de este número cinco corresponde a lo que se designa como la "quintaesencia", es decir, el Éter, quinto elemento en la ma­teria que no sólo que es anterior a los otros cuatro (fuego, aire, agua y tierra) sino también tanto su origen como su síntesis. En la geo­metría, este número cinco se encuentra representado en la cruz de brazos iguales por su quinto punto central, que si por un lado se considera como punto de partida de sus cuatro brazos, constituye un símbolo de la Unidad primordial, y por el otro, si se considera como su punto de Inter.-sección, un símbolo del equilibrio, que es justamente el reflejo de esa Unidad en la Creación.

En este sentido, se dice que este quinto punto central de la cruz es el que, luego de la manifestación cuaternaria, vuelve a atraer todo nuevamente a la Unidad, no sólo dándole todo su sentido, sino también haciendo posible que esa manifestación pueda existir. Así, desde un punto de vista espacial, esa quintaesencia del núme­ro cinco representa... "el aquí", es decir, el punto a partir del cual es posible que (las) cuatro direcciones del espacio existan, mientras que desde el punto de vista de la estructura cuaternaria del tiempo representa... "el ahora", es decir, el presente a partir del cual cualquier dimen­sión o manifestación de tiempo es posible, siendo este presente, además, el único centro real entre la ilusión del pasado y la ilusión del futuro.
 
Se trata justamente del "aquí y ahora" del "eterno presente", esa cuarta dimensión espacio-temporal donde incluso el tiempo se dice que es todo ahora y el espacio todo aquí, es decir, "un solo estado del Sor", y por lo tanto, el símbolo también del observador interno, ese "Yo" (con mayúscula) gracias al cual existen las cosas todas, que son justamente con res­pecto a alguien que las observa.

Desde un punto de vista geométrico, esta energía del número cinco se expresa en el espacio por medio de la estrella de cinco puntas, que como habíamos dicho, es el símbolo del hombre indi­vidual, así como del Quinario.

En Masonería, esta representación geométrica del cinco se cono­ce la Estrella Flamígera, símbolo por excelencia del Arquetipo divi­no del hombre, y representa dos estados del Ser que en verdad son simultáneos: por un lado, cuando aparece con su vértice hacia arri­ba, en dirección al Cielo, representa justamente al Hombre perfec­to, al Hombre verdadero, y por el otro, cuando aparece con su vértice hacia abajo, en dirección a la Tierra, representa a la bestia o macho cabrío, pudiendo también ver en ello una alusión al libre albedrío.

En el Cuadro de Logia del Compañero, ésta aparece colocada al Oriente e iluminada intensamente, y si habíamos dicho que consti­tuye una representación del Hombre verdadero, Éste no podría ser otro que el verdadero Hijo de Dios, Aquel que fuera hecho a ima­gen y semejanza suya,  y por lo tanto, el hombre regenerado, es decir, espiritualizado.
 
Así, esta regeneración del hombre aparece algunas veces representada por esta Estrella Flamígera entre la Es­cuadra, símbolo de la Tierra, y el Compás, símbolo del Cielo, figurando de este modo la unión de los opuestos en el propio cora­zón del hombre. Asimismo, es digno de rescatar el hecho de que en esta Estrella Flamígera, que es la figura del Quinario, se representa, en cada una de sus puntas, por un lado, las cuatro letras hebreas del nombre impronunciable de la Divinidad ( Iod, He, Vav, He) y por el otro, una quinta letra, la Shin, que representa justamente la idea del equilibrio, reflejo de la Unidad primordial, y en su conjun­to, lo que se conoce como el nombre pentagramático.

En todo caso, y ya para terminar, señalemos que la letra "G" que aparece en el interior de la Estrella Flamígera, y que se dice que constituye el objeto de conocimiento por el cual un masón se hace recibir Compañero, tiene un simbolismo bastante profundo y rico en acepciones. Al igual que el ojo del Delta luminoso en el grado de Aprendiz, esta letra "G" inscrita en la Estrella Flamígera representa, en primera instancia, al Gran Arquitecto del Universo, es decir, a la Deidad, que en efecto, en inglés se dice God, pero representa asi­mismo la ciencia de la geometría, que habíamos dicho que consti­tuye la base principal de este segundo grado simbólico, así como las ideas de la Generación, del Génesis, de la Naturaleza, de la Gnosis y del Genio, todas ellas, como dijimos más arriba, palabras que derivan de la misma raíz griega gé o gen.
 
De hecho, esta letra "G", que se representa en el centro mismo de la Estrella Flamígera, corresponde, cuando aparece el hombre inscrito en su interior, a sus partes genitales, que son justamente sus órganos de genera­ción, aludiendo a ésta en todos sus aspectos, pero especialmente al que se refiere a la regeneración del iniciado, que como dice Lavagnini, habrá de canalizar… su fuerza generadora para el objeto supremo de la creación, que no es otro que el engendramiento o producción dentro (de sí) mis­mo... de un ser superior, el verdadero Maestro.


 
 

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