viernes, 12 de enero de 2018

SIGNIFICADO Y RELACIÓN DEL NUMERO CINCO Y LA ESTRELLA FLAMÍGERA


Sabemos que en Masonería, el papel que juega la geometría en la realización de la Obra es uno fundamental a todo nivel, pero especialmente en el grado de Compañero, del que constituye precisamente su base principal. De hecho, si el trabajo del Aprendiz consiste en desbastar la piedra bruta a fin de despojarla de todas sus asperezas y acercarla a una forma en consonancia con su destino, el trabajo del Compañero, que se realiza más bien sobre la piedra cúbica, de alguna manera demanda conocimientos más sutiles y profundos que los simplemente elementales con los que cuenta el Aprendiz.
 
De ahí la importancia del estudio profundo de la geo­metría en este segundo grado virtual de conocimiento que, como todo grado iniciático, es uno sobre todo esencialmente simbólico y como tal cargado de una energía o una fuerza mágico-teúrgica, es decir supra-racional y supra-humana, que a través precisamente del estudio, de la concentración y la meditación en sus respectivos símbolos, así como de la realización perfecta de su rito, actúa ine­xorablemente en todos los ámbitos del Compañero-Geómetra; a la vez que sirve, cual peldaño de una escala o puente vertical, para comunicar (es decir unir y por lo tanto separar) un orden conoci­do y otro desconocido, aunque susceptible de conocerse y realizar, permitiendo así la verdadera gnosis.

El simbolismo del grado de Compañero es uno que se caracteriza especialmente por el estudio de los principios geométricos y mate­máticos que conforman la estructura misma del Universo y la del propio hombre que fue creado a su imagen y semejanza, por lo tanto que poseen estructuras análogas, incluso si se quiere idénticas en lo esencial, no sólo desde ese punto de vista geométrico y matemático sino también el astrológico (donde no hay en verdad distancia algu­na entre el yo y el mundo)por lo tanto el alquímico (que entiende tanto al uno como al otro como el verdadero atanor y a su alma como la materia misma de la transmutación), el de la música que no es otra cosa que ritmo y proporción (número y medida), e igualmen­te el del de las ciencias del Trivium que como bien nos dicen los here­deros del saber de los antiguos, también observa al universo como un libro abierto (Retórica), y naturalmente de sabiduría y conocimiento (Lógica) del que incluso cada ser no sería en verdad sino un carácter (Gramática).
 
De manera que podemos afirmar sin temor al equívoco, eso sí, tomada debida cuenta del trecho entre el dicho y el hecho, que el pasaje por esta segunda "estación" masónica implica, naturalmente, un mayor acercamiento a los planos y diseños de ese Gran Arquitecto del Universo cuya Luz, Conocimiento y Verdad iluminan, cual Estrella Flamígera, a todos sus obreros.

Siendo así, y que en efecto el arte o ciencia de la geometría es considerada en Masonería como la más alta de las artes liberales (incluso el nombre por el que se le solía designar a nuestra tradi­ción), comenzaremos por decir que la palabra "geometría", o ge-me­ter, de la raíz griega gé que significa "tierra", y meter que significa "medida" o "madre", por lo tanto literalmente la "medida de la tie­rra", es al mismo tiempo y en razón de cierta correspondencia eti­mológica con el latín natura (de la misma raíz gé) un sinónimo de "naturimensura", pudiendo entenderla, por lo tanto, como el
estudio de la medida interna de la Naturaleza y de los principios matemáticos, tanto de los que procede y a partir de los cuales se hace manifiesta, corno aquellos a los que habrá de retornar y reintegrarse. Por consi­guiente, esta "tierra" a medir, esta natura a investigar y estudiar no se limita exclusivamente, en su acepción de "productora" o "engendradora" por excelencia, a su expresión puramente física y tempo­ral como entendería un geólogo o ecologista cualquiera, sino que se refiere en más bien a su totalidad cósmica, es decir a la "genera­ción" universal en todos sus órdenes. De hecho no es para nada in­verosímil, mucho menos casual ni convencional, que esta palabra "generación" también proceda de la misma raíz griega gé que significa "tierra" o "madre", lo que a un nivel etimológico la emparenta directamente con la palabra "geometría".

Por otra parte en su acepción iniciática que es la que más importa para nuestros propósitos, esta idea de generación evidentemente se refiere a la idea misma de la regeneración del iniciado, a su recreación o nacimiento de su "hombre nuevo" o "niño alquímico". En este sentido es interesante hacer notar siguiendo al hermano Lavagnini que la gnosis, considerada desde el punto de vista del proceso de conocimiento, equivale a una:
 
… Conciencia interior de la realidad... que se produce precisamente gracias a... una... generación... interna [y ordenada]... de ideas.

Siendo un hecho que también el origen etimológico de esta palabra "gnosis" procede de la misma raíz gé o gen de la que hemos habla­do, y que también es, por cierto, el origen de la palabra "génesis" y * la palabra "genio", esta última pudiendo entenderse como:

...La más elevada y sublime manifestación de la generación, (aque­lla justamente)... que eleva al hombre y lo conduce más cerca de su (verdadera) naturaleza (e identidad supra-humana y supra-cósmica, es decir) divina.

Ahora bien, si la geometría (espacio) es una rama (expresión) de la matemática (tiempo), sería casi imposible no referirse al simbo­lismo numérico, al menos el que se asocia con este grado de Com­pañero, y que como el geométrico, es un simbolismo igualmente central para su comprensión y realización. En este sentido, y aun­que ya mucho del tema está dicho y bastante bien por lo demás, quizá no estaría de más recordar que también para la Masonería los números tienen una significación muy otra a la exclusivamente cuantitativa que ven los modernos, en correspondencia con su as­pecto más bien esotérico y sutil, por lo tanto relacionada:
 
... Con las "proporciones" y las "medidas" de la arquitectura y la armonía del hombre y del cosmos, que en efecto... es armónico y numérico en todos sus niveles, tanto en el macrocosmos como en la naturaleza y en el hombre...

Al igual que los pitagóricos que los consideraban incluso como deidades, para los masones los números son símbolos sagrados y mágico-teúrgicos con la capacidad de despertar al hombre y orde­narlo, universalizando su conciencia. No es sino precisamente des­de este punto de vista esotérico o cualitativo que los números se pueden ver como reducibles a los nueve primeros de la serie de los números naturales, los cuales se dice que representan distintos as­pectos o cualidades del Ser universal que de hecho se hallan presentes y hasta visibles en toda manifestación... (ibid.)

En el caso del número cinco que nos ocupa en este caso, su rela­ción con el hombre es una verdaderamente notable, comenzando por el número de sus extremidades, así como de los dedos en cada una de sus manos y pies, el número de sentidos o canales de co­municación por los que observa la realidad sensible o concreción material e incluso las facultades por las cuales dice el hermano Lavagnini que éste accede al conocimiento: el pensamiento, la con­ciencia, la inteligencia, la voluntad y el libre albedrío. De ahí que el número cinco se considere "número de hombre", aunque tam­bién en principio de todo ser individual, e incluso que se diga que el hombre mismo es "un número cinco andante", pudiendo ver en la estrella de cinco puntas, que es el símbolo por excelencia del Mi­crocosmos, su más conocida representación, muchas veces hasta con la figura del hombre mismo inscrita en su interior.

Por otra parte, en lo que se refiere propiamente al simbolismo de este segundo grado, señalemos que la edad masónica de un Compañero es de cinco años, así como que cinco son las ciencias y artes liberales las que le compete estudiar, y que del conjunto de siete que conforman el Trivium y el Quadrivium, la geometría, que habíamos dicho que es la base principal de este grado, es (siguien­do su orden tradicional) justamente la quinta.

Así también, son cinco los órdenes arquitectónicos que en este grado se estudian, Jónico, Dórico, Corintio, Toscano y Compuesto. Cinco las gradas visibles en su Cuadro de Logia, cinco los viajes en el ritual de aumento de salario, cinco las puntas de la Estrella Flamígera y cinco el número de hermanos que iluminan la Logia, el Ven.·. Maestro, los dos Hermanos Vigilantes, el Hermano Orador y el Hermano Secretario, a los que también se les llama "las luces de la Logia".

Asimismo, desde un punto de vista hermético-alquímico, el simbolismo de este número cinco corresponde a lo que se designa como la "quintaesencia", es decir, el Éter, quinto elemento en la ma­teria que no sólo que es anterior a los otros cuatro (fuego, aire, agua y tierra) sino también tanto su origen como su síntesis. En la geo­metría, este número cinco se encuentra representado en la cruz de brazos iguales por su quinto punto central, que si por un lado se considera como punto de partida de sus cuatro brazos, constituye un símbolo de la Unidad primordial, y por el otro, si se considera como su punto de Inter.-sección, un símbolo del equilibrio, que es justamente el reflejo de esa Unidad en la Creación.

En este sentido, se dice que este quinto punto central de la cruz es el que, luego de la manifestación cuaternaria, vuelve a atraer todo nuevamente a la Unidad, no sólo dándole todo su sentido, sino también haciendo posible que esa manifestación pueda existir. Así, desde un punto de vista espacial, esa quintaesencia del núme­ro cinco representa... "el aquí", es decir, el punto a partir del cual es posible que (las) cuatro direcciones del espacio existan, mientras que desde el punto de vista de la estructura cuaternaria del tiempo representa... "el ahora", es decir, el presente a partir del cual cualquier dimen­sión o manifestación de tiempo es posible, siendo este presente, además, el único centro real entre la ilusión del pasado y la ilusión del futuro.
 
Se trata justamente del "aquí y ahora" del "eterno presente", esa cuarta dimensión espacio-temporal donde incluso el tiempo se dice que es todo ahora y el espacio todo aquí, es decir, "un solo estado del Sor", y por lo tanto, el símbolo también del observador interno, ese "Yo" (con mayúscula) gracias al cual existen las cosas todas, que son justamente con res­pecto a alguien que las observa.

Desde un punto de vista geométrico, esta energía del número cinco se expresa en el espacio por medio de la estrella de cinco puntas, que como habíamos dicho, es el símbolo del hombre indi­vidual, así como del Quinario.

En Masonería, esta representación geométrica del cinco se cono­ce la Estrella Flamígera, símbolo por excelencia del Arquetipo divi­no del hombre, y representa dos estados del Ser que en verdad son simultáneos: por un lado, cuando aparece con su vértice hacia arri­ba, en dirección al Cielo, representa justamente al Hombre perfec­to, al Hombre verdadero, y por el otro, cuando aparece con su vértice hacia abajo, en dirección a la Tierra, representa a la bestia o macho cabrío, pudiendo también ver en ello una alusión al libre albedrío.

En el Cuadro de Logia del Compañero, ésta aparece colocada al Oriente e iluminada intensamente, y si habíamos dicho que consti­tuye una representación del Hombre verdadero, Éste no podría ser otro que el verdadero Hijo de Dios, Aquel que fuera hecho a ima­gen y semejanza suya,  y por lo tanto, el hombre regenerado, es decir, espiritualizado.
 
Así, esta regeneración del hombre aparece algunas veces representada por esta Estrella Flamígera entre la Es­cuadra, símbolo de la Tierra, y el Compás, símbolo del Cielo, figurando de este modo la unión de los opuestos en el propio cora­zón del hombre. Asimismo, es digno de rescatar el hecho de que en esta Estrella Flamígera, que es la figura del Quinario, se representa, en cada una de sus puntas, por un lado, las cuatro letras hebreas del nombre impronunciable de la Divinidad ( Iod, He, Vav, He) y por el otro, una quinta letra, la Shin, que representa justamente la idea del equilibrio, reflejo de la Unidad primordial, y en su conjun­to, lo que se conoce como el nombre pentagramático.

En todo caso, y ya para terminar, señalemos que la letra "G" que aparece en el interior de la Estrella Flamígera, y que se dice que constituye el objeto de conocimiento por el cual un masón se hace recibir Compañero, tiene un simbolismo bastante profundo y rico en acepciones. Al igual que el ojo del Delta luminoso en el grado de Aprendiz, esta letra "G" inscrita en la Estrella Flamígera representa, en primera instancia, al Gran Arquitecto del Universo, es decir, a la Deidad, que en efecto, en inglés se dice God, pero representa asi­mismo la ciencia de la geometría, que habíamos dicho que consti­tuye la base principal de este segundo grado simbólico, así como las ideas de la Generación, del Génesis, de la Naturaleza, de la Gnosis y del Genio, todas ellas, como dijimos más arriba, palabras que derivan de la misma raíz griega gé o gen.
 
De hecho, esta letra "G", que se representa en el centro mismo de la Estrella Flamígera, corresponde, cuando aparece el hombre inscrito en su interior, a sus partes genitales, que son justamente sus órganos de genera­ción, aludiendo a ésta en todos sus aspectos, pero especialmente al que se refiere a la regeneración del iniciado, que como dice Lavagnini, habrá de canalizar… su fuerza generadora para el objeto supremo de la creación, que no es otro que el engendramiento o producción dentro (de sí) mis­mo... de un ser superior, el verdadero Maestro.


 
 

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