miércoles, 10 de enero de 2018

ARCANO VII - EL CARRO


Vi un Carro tirado por dos esfinges,
una blanca, la otra negra.

Cuatro pilares sostenían un pabellón azul,
en el cual había estrellas de cinco puntas dispersas.

El Conquistador revestido en armadura de acero,
parado bajo este pabellón guiaba las esfinges.

Llevaba un cetro, en el extremo del cual había un globo,
un triángulo y un cuadrado.

Un pentagrama dorado chispeaba en su corona.

En el frente del carro
estaba representada una esfera alada
y debajo de eso el símbolo del místico lingam,
significando la unión de dos principios.
"Todo en este cuadro tiene un significado.

Mire e intente de entender ", dijo la voz.
"Esta es la Voluntad armada con el Conocimiento.

Vemos aquí, sin embargo, el deseo de lograr,
más que el logro en sí mismo.

El hombre en el carro
se piensa él mismo un conquistador
antes que haya realmente conquistado,
y cree que la victoria debe llegar al conquistador.

Hay posibilidades verdaderas
en este hermoso concepto,
pero también muchas falsas.

Fuegos ilusorios
y los numerosos peligros se ocultan aquí.

Él controla las esfinges
por la energía de una palabra mágica,
pero la tensión de su voluntad puede fallar
y entonces la palabra mágica perderá su poder
y puede ser devorado por las esfinges.

Éste es de hecho el Conquistador,
pero solamente por el momento;
aún no ha conquistado el Tiempo,
y el momento del éxito es desconocido para él...

Éste es el Conquistador, no por amor,
sino por el fuego y la espada,
un conquistador contra quien lo conquistado
puede presentarse.

¿Usted ve detrás de él
las torres de la ciudad conquistada?
Quizás la llama de la sublevación ya se quema allí.

Y él es inconsciente que la ciudad vencida
por medio del fuego y la espada
es la ciudad dentro de su propia consciencia,
de que el carro mágico está en sí mismo
y que las esfinges sedientas de sangre,
también son un estado de consciencia dentro él,
le miran en cada movimiento.

Él ha exteriorizado todas esas fases de su mente
y las ve sólo fuera de sí mismo.
Éste es su error fundamental.

Ingresó al patio externo
del Templo del Conocimiento,
pero piensa que ha estado en el Templo mismo.

Miró los rituales
de las primeras pruebas como la iniciación,
y confundió como la diosa,
a la sacerdotisa que guardaba umbral.

Debido a esta idea falsa
los grandes peligros le aguardan.

Sin embargo, puede ser que incluso
en sus errores y peligros
la Gran Concepción permanece oculta.

Él intenta saber y, quizás,
en orden a captar, los errores,
peligros e incluso las faltas son necesarias.

Entienda que éste es el mismo hombre
que usted vio uniendo el Cielo y la Tierra,
y otra vez caminando
a través de un desierto caliente
hacia un precipicio.
 
Arcano VII El Carro: Acción en el mundo

El Carro, en la primera serie de los arcanos mayores, es el número VII. Numero primo, divisible solo por si mismo, es el mas activo de los números impares.

El Carro representa, pues, la acción por excelencia en todos los planos, sobre uno mismo y en el mundo.

A diferencia de La Emperatriz, que ocupa el lugar correspondiente en el cuadrado Tierra y que indicaría un estallido sin objetivo determinado, El Carro sabe perfectamente adónde va.

La carta se compone de tres planos principales: dos caballos, un vehículo y su conductor, que podría identificarse como príncipe puesto que lleva corona. De ese príncipe solo se ve la mitad, por encima de la cintura.

Ciertos lectores, según su proyección, podrán ver en el un enano de piernas atrofiadas o una joven disfrazada. Pero el rostro que nos presenta de entrada es viril y noble.

El vehículo, un cuadrado de color carne, está hundido en la tierra, podría decirse que no avanza. En realidad, va con el movimiento del planeta, el movimiento por excelencia.

Al estar unido a la Tierra, El Carro no necesita avanzar: es un espejo de la rotación planetaria. Su carro podría ser la Osa Mayor, el Carro solar de Apolo, o el del caballero en busca del Grial.
 
Los dos caballos que tiran de su vehículo están representados, al igual que el perro de El Loco, con un pelaje azul cielo. Una vez más, la animalidad se ve espiritualizada. Por otra parte, se puede identificar el caballo de la derecha, con sus largas pestañas y su ojo cerrado, como un elemento femenino, y el otro caballo como masculino. Las dos energías complementarias macho y hembra realizan aquí la unidad. Si bien sus patas se dirigen aparentemente en direcciones opuestas, el movimiento de la cabeza y de la mirada es común: es la unión de los contrarios que se produce en el plano energético.

Los caballos llevan en el pecho el símbolo del oro alquímico: La fuerza animal instintiva actúa aquí con plena consciencia.

En el carro de color carne encontramos una gota verde en el centro del blasón amarillo y naranja: en medio de la carne perecedera, una gota de eternidad, engastada en la mente, afirma su permanencia. Algunas leyendas pretenden que, entre todas las células del cuerpo humano, que son mortales, existe una sola capaz de sobrevivir a nuestra muerte Física. El Carro lleva, en esta gota verde, nuestra gran esperanza de inmortalidad, la conciencia impersonal incrustada en el corazón de la materia.

Si se observa la posición del personaje, se descubre que su cuerpo, su cabeza y sus brazos forman una figura triangular en el cuadrado del vehículo. Un triangulo en el cuadrado: el espíritu en la materia. Veremos de nuevo esta geometría simbólica en el Siete de Oros.

El Carro evoca, pues, la búsqueda alquímica: materialización del espíritu y espiritualización de la materia. Desde esta óptica, podría decirse que el vehículo representa el cuerpo, los caballos la energía, y el personaje el espíritu.

El cetro de color carne en la mano izquierda del príncipe puede significar que domina la vida material, o que extrae su poder de su encarnación. En cualquier caso, su acción se efectúa sin esfuerzo.

Asimismo, no necesita riendas para guiar a los caballos. Las doce estrellas que lo dominan nos indican que trabaja con la fuerza cósmica.

Su corona adorna una cabeza cortada, como abierta a las influencias de la galaxia. Pero hay un velo por encima de él, cerrando el horizonte del cielo. La Estrella (Arcano XVII) es la que levantará este velo.

Sobre sus hombros, las mascaras representan, si se quiere, el pasado y el futuro, o lo positivo y lo negativo, o el tiempo y el espacio, de los cuales es el punto de encuentro y de unidad. Al actuar en pleno presente, esta abierto hacia el pasado y el futuro, hacia la alegría y la tristeza, la luz y la sombra. Es un personaje completo que actúa en tres pianos a la vez. En su mano derecha, se distingue la curva de una bola o de un huevo blanco que ya hemos visto bajo la axila del Loco. Es un secreto que guarda, una esfera de perfección secreta.
 
En una lectura:
 
El Carro se ye a menudo como un conquistador de poderosa acción, un amante de sexualidad triunfadora. A veces anuncia un viaje. Hay quien ve en esta carta incluso el anuncio de un éxito en el cine o en la televisión, ya que el personaje aparece enmarcado, como una marioneta en un teatro. En cualquier caso, es una carta que avanza hacia el éxito. Sus únicos peligros son la imprudencia y la inflexibilidad del conquistador que no duda de lo lícito de su conquista.

Carta viril y extremadamente activa, a veces sugiere, para una mujer, que fue deseada como niño. El Carro incita también a preguntarse acerca de los medios de acción que se utilizan sobre el mundo y el modo en que uno dirige su vida. Al pie del Carro, crecen plantar rojas, llenas de actividad, que dan también la tonalidad energética de la carta.
 
Y si El Carro hablara...
 
Estoy lleno, absolutamente lleno de fuerza. Nada se desperdicia: arraigado en el planeta, amante de todas sus energías, con ellas avanzo.

Cual caballero de fuego, no me muevo de mi sitio. No me deslizo sobre la tierra. Veo desde arriba. Viajo con el tiempo sin salir nunca del instante. Sin pasado, sin futuro, el único tiempo posible: el presente, como una inconmensurable joya.

Lo que no esta aquí no esta en ningún otro. Soy el origen de todos los guerreros, de los campeones, de los héroes, de toda capacidad de aguante y de toda valentía. Nada me asusta, ningún trabajo. Puedo ir a la guerra o alimentar a todos los habitantes de la Tierra.

Estoy absolutamente centrado, en medio del universo, atravesado por todas las energías de la materia y del espíritu. Si soy una flecha, hiendo mi propio corazón, y esta profunda herida, esta conciencia, me transforma.

Para el que esta despierto el sufrimiento se convierte en bendición. Disuelvo los sufrimientos ocultos en mis huesos, uno el estado de vigilia al de sueño. Atravieso la noche de la duda sobre el abismo de mi mismo. Corto el nudo de los enigmas. Supero la angustia de ser, desprecio las apariencias, libero las sentimientos de la razón, destruyo lo que se opone a mi, soy lo que soy. Quiero vivir tanto tiempo como el universo.

Centro de una esfera creciente, invado la dimensión en que el pensamiento no se manifiesta todavía, donde en la oscuridad se gesta la acción pura. Reduzco a polvo los enjambres de palabras. Ningún espejo me asusta, ni siquiera el alma que se desprende de los muertos como una fruta seca.

He convertido mi infortunio en diamante, cada abismo en una fuente de energía. Todos los soles pueden morir, yo seguiré brillando. La fuerza inconcebible que sostiene al universo me sostiene también. Soy el triunfo de lo existente en la vacuidad.

Ni las muertes ni las persecuciones pueden hacer nada para abatirme, ni los ciclos de la historia, ni la sucesiva decadencia de las civilizaciones: soy la consciencia y la fuerza vital de la humanidad. Cuando me encarno en vosotros, los fracasos se convierten en nuevos puntos de partida, y diez mil razones de renunciar no valen nada fuente a una única razón de continuar.

Conozco el miedo, conozco la muerte, no me detienen. Se crear, se destruir, se conservar, y todo ello con la misma energía irresistible. Soy la actividad misma del universo.

Avanzo hacia codas las dimensiones del espacio rompiendo los horizontes, hasta llegar al objetivo, que es la máscara del comienzo. Retrocediendo también, de vacío en vacío, a la derecha, a la izquierda y hacia arriba, apartando galaxias hasta disolverme en la ausencia perturbadora, madre del primer grito que todo lo sostiene.

Soy el triunfo de la unidad en el quiebro del verbo, soy el triunfo del infinito en la cremación de los últimos límites, soy el triunfo de la eternidad; en mi corazón, los dioses se desvanecen.
 
Entre las interpretaciones tradicionales de esta carta:

Victoria - Acción sobre el mundo - Empresa llevada a buen fin - Viaje - Dinamismo - Amante - Guerrero - Mensajero - Conquistador - Príncipe - Enano - Saqueador - Acción intensa - Éxito mediático - Pantalla de televisión, de cine o de ordenador - Síntesis - Tener en cuenta los pros y los contras - Armonía animus/anima - Conducir sus energías - El espíritu en la materia - Consciencia inmortal.
 
Palabras clave:
 
Acción - Amante - Príncipe - Triunfo - Facilidad - Conquistar - Fecundar - Colonizar - Viajar - Dominar - Dejar hacer - Guerrero - Eternidad...


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