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martes, 18 de diciembre de 2018

LOS TRES VIAJES SIMBÓLICOS


Durante la iniciación, el recipiendario tiene que hacer tres VIAJES SIMBOLICOS; en el primero siente los efectos del aíre y escucha ruidos ensordecedores y tropieza con muchos obstáculos.
 
En el segundo se le hacen sentir los efectos del agua y oye choques de aceros.

En el tercero se le hace sentir los efectos del fuego, y se le hace sentir un silencio absoluto.

El primer Viaje representa la infancia con toda su impotencia e ignorancia.


El segundo simboliza la juventud con todas sus pasiones, dispuesta siempre a vengar los agravios con la fuerza.

El Tercero representa la edad madura, cuando el hombre mide sus acciones y sus palabras y no da un paso en falso.

El aíre representa las fuerzas de la naturaleza.

El agua representa la purificación.

El fuego simboliza el amor hacía nuestros semejantes.

En el primer viaje se hace caminar al iniciado apresuradamente entre los obstáculos para que tropiece, pero los dos Expertos cuidan de que no caiga.

En el segundo viaje también se hace caminar aprisa al iniciado, representando la precipitación con que obra la juventud. También lo llevan los dos Expertos.

 En el Tercero se le hace andar pausadamente y sólo lo conduce el Prim.·. Exp.·.

 


lunes, 9 de abril de 2018

AL APRENDIZ MASÓN: ¿QUÉ ES LA MASONERÍA?


Q.·. H.·. recientemente iniciado:

Acabáis de recibir la luz, es decir, de nacer a la vida masónica, y de ser iniciado en nuestros misterios.

 
Apenas podéis imitar nuestros signos de reconocimiento, balbucear la palabra sagrada, y ni tenéis una idea de nuestros dogmas, y ya vuestra imaginación se impacienta, y se lanza en la senda de las hipótesis: vuestro corazón, quisiera sentir, vuestra inteligencia quisiera, comprender lo que nuestra institución promete a aquellos que el amor al bien y el deseo de ser útil a la humanidad conduce hacia nosotros.
 
Ya sois h.·. masón, y me preguntáis todavía lo que es la francmasonería; nuestros símbolos están expuestos a vuestros ojos, y no los comprendéis; en fin, si el objeto que nos proponemos os es desconocido, ignoráis como podremos llegar a alcanzarlo.


 
¿Qué son los francmasones? ¿De dónde vienen? ¿A dónde van? Tales son las preguntas que surcan en este momento por vuestra mente, y de las cuales voy a ocuparme en responder, si queréis prestarme vuestra atención.

No vayáis a creer, sin embargo, que os descubriré enteramente nuestros misterios, pues os engañaríais; en primer lugar, no podemos revelarlos todos en el primer grado porque la instrucción masónica se completa en las gradas que el iniciado debe todavía subir después de éste; en segundo lugar, procedemos generalmente del mismo modo que los filósofos; preparamos, alumbrando tanto como nos es posible los alrededores, y en seguida dejamos a los iniciados seguir libremente su camino, persuadidos de que la prudencia, la circunspección y el discernimiento los guiarán a través de tantos obstáculos y dificultades con que dicha senda está sembrada.
 
La denominación de Francmasón indica a la vez un carácter, el de libertad y verdad, y un deber, el de trabajo e instrucción. Los tres grados que forman la masonería simbólica están muy lejos de ser jerárquicos, como lo creen en el mundo profano puesto que no tienen otro objeto sino el de señalar alegóricamente las tres edades del hermano masón, o sea las tres épocas de su educación, observando de este modo la ley natural a la cual obedecen todos los seres.
 
Por el solo hecho de haberos incorporado a nuestra Sociedad, habéis contraído numerosas obligaciones, porque, entre nosotros, no hay ni un solo derecho adquirido como masón, que no sea el objeto serio de un deber.
 
Nosotros respetamos los derechos del hombre, pero hacemos todavía más caso de los deberes a que ellos se obligan. Esta reciprocidad de derechos y deberes mutuos constituye el lazo indisoluble que une a los francmasones entre sí; lazo que podéis ver figurar emblemáticamente alrededor del frisado de nuestros templos, y que á menudo veréis formarse simbólicamente entre todos los HH.·. presentes al terminar nuestros trabajos, bajo la denominación de la cadena de unión.
 


La masonería, lo mismo que todas las corporaciones, bien constituidas, tiene una organización que le es propia, su administración y sus leyes. Un Francmasón para ser lo que llamamos regular, debe formar partea de una Logia, asistir a sus trabajos, instruirse, y contribuir tanto a sostenerla como a los actos de beneficencia que en ella se practiquen; en el caso contrario, es un masón ocioso e inactivo, que nosotros llamamos sin oriente.

Una Logia para trabajar regularmente debe estar constituida por un poder masónico reconocido, y obedecer sus leyes, y sus decretos. Los hermanos masones, como hombres de orden y de paz, dan por este medio, la prueba del respeto que ellos profesan a la autoridad de los poderes legítimos, así como el ejemplo de obediencia a la ley.

Para daros una idea completa de las comunicaciones establecidas entre las diferentes Logias masónicas del mundo, me será suficiente deciros, que todas en conjunto no forman más sino una sola y misma corporación en asociación universal, de la que, los GG.·. OO.·. Sup.·. Cons.·.  o sea, GG.·. LL.·.  en cada país, son como los centros públicos, alrededor de los cuales ellas se mueven con todas sus fuerzas y libertad, llevadas todas juntas en obediencia, como los cuerpos celestes siguen una sola y misma ley. Admirable organización que un día podrá dotar a la humanidad del sistema uniforme y regenerador de todos los filósofos y legisladores que han soñado por la dicha de los pueblos.
 
¿Qué es la masonería?, me preguntaréis Q.·. H.·. como si una simple definición pudiera satisfacer la ansiedad de vuestros deseos.

Yo os responderé con una sola frase a esa pregunta, con la frase de Platón, diciéndoos que la masonería es el amor, si no hubieran hecho un abuso, que no nos permite emplear el sentido pura que el divino filósofo le dio; pero para fijar mejor vuestras ideas sobre este asunto, yo me limitaré a exponeros en pocas palabras los tres aspectos principales que ella presenta, sin afectar el carácter especial de cada uno de ellos separadamente, así pues: la masonería no es una religión, y ella requiere sin embargo los sentimientos religiosos o de veneración; la masonería no es una escuela filosófica, en el sentido absoluto de la expresión, y sin embargo sus adeptos buscan las lecciones mas admirables de moral y de filosofía; la masonería no es tampoco una sociedad de socorros mutuos, puesto que nadie puede pretender ni exigir vivir de ella o a su costa; sin embargo la beneficencia es uno de los objetos que llama más nuestra atención, y cuya práctica merece toda nuestra preferencia.

No tenemos solamente por objeto aliviar a los desgraciados, sino que también tenemos el de instruir y despejar a los hombres, para que profesen una moral simple y pura, libre de toda preocupación, libre de todo fanatismo, y proclamando la unión de los pueblos y la fraternidad de los hombres.
 
La masonería no es agresiva, ni exclusiva, ni implacable: es la verdadera Caridad; el objeto que ella tiene en mira no es jamás estrechado ni limitado a un solo hombre, a una familia, o a una clase privilegiada de la sociedad, ni aún tampoco a una nación, puesto que ella se dirige a la humanidad entera; su dogma es la fraternidad universal, y sus medios son la tolerancia, la beneficencia, la propagación de la instrucción, la enseñanza de la verdad y la práctica de las virtudes.
 
Los antiguos también, en sus misterios, tenían un objeto moral y humanitario; sus iniciaciones, tan injustamente calumniadas más tarde, han contribuido poderosamente a la organización de las sociedades y a la civilización de los pueblos: los primeros preceptos de higiene, de moral, de religión y de legislación, así como los primeros elementos de la agricultura, de las ciencias y de las artes fueron enseñados en los templos, y de allí se esparcieron en la sociedad; los iniciados han sido pues por este medio los primeros artesanos de la civilización del mundo.
 
Para completar vuestra instrucción masónica, voy a explicaros algunos de nuestros símbolos, lo que os hará comprender el espíritu de nuestra institución mejor que todo nuestro discurso.
 
Durante vuestra recepción, el Venerable os ha dicho que las pruebas y los viajes a que habéis sido sometido figuran las vicisitudes de la vida del hombre. Para los antiguos, el primer grado de la iniciación era el emblema de la primavera, o sea de todo lo que nace; en el orden moral este emblema simboliza a la niñez, época en donde la vida empieza a desarrollarse, todas las facultades del entendimiento principian a germinar y las fuerzas a ejercer. Esta explicación será suficiente para haceros comprender por qué habéis sido introducidos en la logia con los ojos vendados, medio desnudo, y acompañado de algunos H.·. H.·. experimentados, encargados de dirigir vuestros primeros pasos, y el porque revistiéndoos del mandil, el Venerable os ha dicho que era el primer vestido del masón, y que tenías tres años, edad de la niñez.
 
Siguiendo esta interpretación, la encontrareis todavía indicada por la primera educación que como aprendiz habéis recibido del maestro que os ha enseñado el medio de haceros comprender por signos, primera manifestación del entendimiento humano, y  enseguida el mecanismo del lenguaje con el medio de los elementos de la lectura, primer grado de nuestra inteligencia, y primer paso hacia el estudio y la instrucción.
 
No os sorprenderá cuando, leyendo nuestros reglamentos, veáis que los aprendices no pueden tomar la palabra en logia, pues vuestra edad no lo permite; no sabiendo todavía nada debéis esperar haber visto, observado y estudiado antes de poder tomar la iniciativa, y antes de aconsejar y dirigir.
 
En el momento de vuestra iniciación, vuestros ojos han sido heridos por los rayos de una luz brillante, y es porque desde ese instante el hombre ve la luz que existe verdaderamente; esta alegoría figura el paso de una vida a otra, y completa el símbolo de nuestra llegada al primer paso de la escala misteriosa.
 
Los antiguos dedicaban sus templos, bajo diferentes nombres, a la naturaleza, lo mismo que nuestras salas de reunión, que llamamos templos, presentan en su distribución y en sus ornamentos, la representación elocuente del universo, como indica todo cuanto en este recinto puede llamar vuestra atención: al Occidente se encuentra la puerta de entrada de la logia, al Oriente la representación del sol o sea la luz; a los dos lados laterales el Norte y el Sur, el cielo raso que sirve de techo está pintado de azul salpicado de estrellas como el cielo, y si las logias tienen la forma, de un cuadrilongo, así como los templos griegos y egipcios, es porque los antiguos daban o suponían esta misma forma a la tierra.

El circulo luminoso que veis brillar sobre el altar es el emblema venerado del Dios eterno, cuyo principio vivificante era representado entre los antiguos por un número de rayos iguales a los de los signos del zodiaco, o sea aquel de las esferas conocidas en esos tiempos, o bien solamente al de los planetas; es decir de 12, 9 0 7; ved ahí el porque habernos conservado esta sublime representación alegórica del Creador de los mundos.
 
Después de lo que ya os he dicho de nuestro origen, no os extrañareis al encontrar en nuestros templos las alegorías celestes, y sobre todo solares: el sistema religioso de los Asirios y Caldeos estaba basado sobre el curso y el paso de los astros; el de los egipcios, bajo los cálculos astronómicos; el de los fenicios y griegos, sobre los grandes secretos y las leyes de la naturaleza; y no solamente las divisiones del cielo, sino que también todas las constelaciones tuvieron su representación espléndida en los diferentes templos de la antigüedad; en fin, las bóvedas sagradas de las iglesias de los cristianos se veían todavía hace poco tiempo pintadas de azul y tachonadas de estrellas de oro. Imitando esos ejemplos, los Francmasones colocan también en sus templos las representaciones, los objetos más espléndidos de la creación, no para adorarlos como a los dioses, pero sí para tener presente en el espíritu las obras más admirables del Ser Supremo, llamado por Platón, como por los masones, el Obrero o el Arquitecto del mundo.
 
Esas manifestaciones de las más bellas obras de Dios y los fenómenos de la naturaleza se presentarán a vuestros ojos a cada paso en el recinto de nuestros templos. Por ejemplo, las tres luces principales que alumbran la logia son colocadas como ya lo habéis visto: al Oriente, al Occidente y al Sur, porque esos tres puntos del espacio son los que el sol parece seguir en su curso anual. Esos tres candeleros llevando cada uno tres luces, representan las nueve esferas de los antiguos, es decir, los siete planetas, el sol y el cielo de los fijos.

Bajo otro punto de vista, esos tres candeleros, representan también las tres columnas misteriosas que sostienen nuestro, templo, que llevan los nombres de Sabiduría, Fuerza y Hermosura, lo que significa que para ejecutar una obra perfecta es preciso: la sabiduría, ciencia para crear, la fuerza o la firmeza para dirigir, y la hermosura o el arte para adornar. Esas distinciones en todo clásicas del arte masónico recuerdan a la memoria los nombres de tres diosas que el poeta Hesiodo dio por mujeres al dios Júpiter: Metis, porque ella era la más Sabia, Temis, porque ella era la más Justa, y Eurínome, porque ella era la más Bella.
 
Las dos columnas que veis colocadas a la entrada del templo, representan aquellas que según la Biblia, formaban el pórtico del templo de Salomón; ellas recuerdan también a las columnas de Hércules, que figuraban, como ya sabéis, los últimos límites o el Non plus ultra y la marcha aparente del sol, con el cual ese héroe fue muchas veces comparado.
 
Los misterios de los antiguos comprenden también los cuatro elementos, y las pruebas físicas a que nosotros sometemos a los profanos, se relacionan igualmente. Los viajes simbólicos tenían y tienen todavía por objeto el establecer alegóricamente la identidad de las comunicaciones que existen entre el orden moral y el orden físico, según las leyes de la naturaleza.
 
Después de lo que antecede, debéis fácilmente concebir H.·. míos que la Francmasonería abraza a la vez diversos objetos importantes, tales como el origen de las fábulas, la historia de todas las religiones, la más pura filosofía, la relación de los fenómenos astronómicos y físicos de todas las épocas de la humanidad, la práctica de las ciencias exactas, la interpretación del gran libro de la naturaleza, y que su código se ha formado de todo aquello, en donde la moral era enseñada por los preceptos y máximas aceptadas de todos los pueblos civilizados. La masonería es, pues, una ciencia que para ser bien comprendida, exige muchos estudios de experiencia y de discernimiento.

La educación masónica presenta además tres fases distintas o sea progresivas, por las cuales, es verdad, todos los masones no pueden pasar, pero de las que todos pueden aprovechar, y que son : la iniciación o la revelación de los misterios, la práctica o el trabajo, la enseñanza o el sacerdocio. Los diferentes grados de los antiguos misterios se establecerán sobre esas mismas bases ó divisiones.
 
Me queda poca cosa que añadir para terminar la interpretación de los símbolos que debemos llevar a vuestro conocimiento.
 
Habéis bebido la copa de la amargura, es una práctica que nos viene de los misterios de Eulisis; en el momento en que el neófito la bebía, el Hierofanto le dirigía estas propias palabras:

"Que esta agua sirva  de Lethé (quiere decir, de olvido) a las falsas máximas que hayáis podido oír de la boca de los profanos, y del brebaje de Mnemosyne (quiere decir, de memoria) para las lecciones de sabiduría que os serán enseñadas."
 
Tres alhajas figuran en el grado de Aprendiz y sirven de adorno a los tres H.·. H.·. que están encargados de la dirección de la logia, esas alhajas son la escuadra, el nivel y la perpendicular. El objeto característico de esas tres alhajas indican suficientemente cual es el espíritu que debe presidir a nuestros trabajos, sin que por el momento sea necesario explicar más extensamente su sentido.
 
En fin, tres hermanos dirigen una logia, tres golpes designan el mando, tres cuestiones forman toda la doctrina moral del masón, tres pasos componen su marcha, tres años su edad, y tres grados comprende toda la masonería simbólica. Esta observación del número tres, tan célebre en la antigüedad y que ha caracterizado particularmente vuestro grado, forma uno de los tipos misteriosos cuyas numerosas combinaciones os serán comunicadas más tarde.
 
Habéis prestado un juramento que os liga para siempre a la francmasonería; es muy sagrado, y antiguamente las penas más terribles se imponían a los adeptos perjuros. Las fábulas de Prometeo y de Tántalo no tienen otra significación.  Edipo perdió la vista por haber divulgado el enigma del Fénix. Y Alcíbiades fue desterrado y entregado a las furias por haber revelado los misterios de Ceres.
 
Entre los discípulos de Pitágoras, si algunos de ellos perjuraban o se separaban de la sociedad olvidando sus preceptos y sus leyes, se limitaban a hacerles los funerales como si estuviesen muertos, y prohibían el nunca jamás pronunciar entre ellos el nombre del perjuro. Los hermanos masones guardan igualmente el más grande secreto sobre todo lo que pase en sus reuniones, y deben ser fieles a su juramento.
 
Y a veis, por lo que acabo de exponeros, que todo en la masonería tiene su explicación, y que nuestros símbolos y nuestras prácticas no son misterios más que para aquellos que no trabajan por conocerlos y profundizarlos. No me es permitido levantar enteramente el velo que cubre todavía para vos una parte de nuestros emblemas, pero trabajando y estudiando alcanzareis muy pronto merecer que los maestros os comuniquen todos sus conocimientos así como los secretos del arte que ellos profesan. Acordaos que Pitágoras sometía a sus discípulos a cinco años de silencio y de estudio, y que las pruebas éntrelos antiguos eran tan terribles, que varios iniciados, como el mismo Orfeo, no pudieron soportarlas hasta el fin. Fue probablemente por este motivo el que Virgilio dijera en el canto séptimo de la Eneida "que es muy fácil descender al abismo del Averno, pero que para llegar a salir de ese lugar formidable, y poder subir después hasta las regiones de la luz, era preciso un esfuerzo supremo de parte de un mortal".
 
Hoy en día es bien diferente, porque las pruebas de la iniciación son puramente filosóficas, morales y simbólicas, en vista de que la instrucción está más esparcida y los hombres son más inteligentes; pero tenemos sin embargo, ciertas reglas, a las que los nuevos iniciados deben someterse, y antes de pasar a un grado superior el aprendiz está entregado a cinco meses de estudio, de observación y de trabajo.
 
En resumen, creo haberos demostrado que nuestra dogma es la fraternidad universal vivificada por la caridad, esto sólo os hará comprender porque las discusiones políticas y religiosas están prohibidas entre nosotros; no vayáis a creer sin embargo que esta prohibición sea debida a una longanimidad pueril, o al temor, o a una indiferencia razonada, esto sería un error, puesto que ella es solamente debida a la sabiduría y buen sentido de nuestros maestros que, privando nuestras reuniones y nuestras relaciones de esos dos grandes motivos de discordia y de división entre, los hombres, nos han abierto y preparado de este modo el camino de la paz y de la verdad.

En efecto la masonería, como institución filosófica, y universal, es de todos los países, pues ella tiene buenos y fieles adeptos en todas partes, como en todas las religiones y en todos los partidos políticos; también la masonería rechaza todas las ideas que tiendan a minorar o a  limitar su influencia, localizándola en las barreras estrechas de cualquier nacionalidad, o bien reduciéndola, en un círculo circunscripto de una secta o de un partido.

Resulta que los preceptos de moral y de filosofía adoptados por los hermanos masones, procedente de todo lo que es bueno, justo y santo en todas las religiones, sin preguntarse de donde vienen: sea ya de Moisés, Jesucristo, San Juan, San Pablo, San Jerónimo, o San Agustín, o ya sean, de Buda, Zoroastro, Confucio, Platón, Aristóteles o Cicerón, de modo que sin adoptar ni rechazar a ninguna de las religiones existentes, los hermanos masones, las respetan y las admiten todas, limitándose a reconocer, como doctrina  dogmática la inmortalidad del alma, la existencia de un Dios único y eterno, a quien todos veneramos bajo la denominación más filosófica, y es la del G.·. A.·. D.·., es decir autor y creador de todas las cosas.
 
En fin, los verdaderos masones se guían por la luz de las antorchas que alumbran, pero no por aquellas que incendian, por más que nuestros detractores nos calumnien con lo contrario, olvidándose, sin duda, de los crímenes cometidos por esa Inquisición en nombre de un Dios de paz, de bondad y de caridad; los masones fabrican, pero no destruyen.
 
En consecuencia, hermano mío, lo que distingue a un Francmasón es la tolerancia, tanto en religión como en política, así como un verdadero espíritu de conciliación en todas las relaciones de la vida social.
 
Ya os he hablado de la caridad, y sabéis muy bien que la tolerancia, la paciencia y el espíritu de conciliación son las cualidades esenciales de esta virtud.
 
En fin, como el gran orador romano puedo deciros que trabajamos con un ardor incomparable para propagar la religión conforme a las leyes de la naturaleza, y hasta arrancar las últimas raíces de la superstición, de esa superstición que nos amenaza, nos atormenta y nos mortifica, en cualquier parte que nos encontremos. Pero yo deseo en esto que me comprendáis bien; destruir la superstición, no es destruir la religión.
 
Añadiré todavía con el mismo autor que era iniciado: "el carácter propio de la masonería es no cortar las cuestiones, probar lo que les parezca verosímil, comparar los sistemas, exponer lo que se puede decir en favor de cada opinión, y sin interponer su autoridad, dejar a los auditores una entera libertad de juzgar, siendo fieles a este uso que Sócrates nos ha trasmitido, y con el cual buscaremos siempre la mayor conformidad."
 
Los signos y palabras que os han sido comunicados son suficientes para haceros reconocer como hermano por todos los masones de la tierra. En las capitales más populosas, como en los desiertos y mares, en las iglesias como en las sinagogas, y en los templos de Brahama, en las repúblicas más liberales, como en los imperios más despóticos, en las cosas más pobres como en los palacios de los reyes, por todas partes esos simples signos os preparan una recepción cordial, y os ponen en relación con un amigo, un defensor y un protector; a cada instante ellos os procuran una nueva familia y otra patria, porque no hay extranjeros para los H.·.
 
He concluido mi muy Q.·. H.·. y si he podido lograr en este corto bosquejo, haceros conocer y apreciar nuestra institución, mis deseos están satisfechos y llena mi misión. Estudiad, trabajad, y vos la conoceréis y la apreciaréis mejor todavía; pero recordad siempre que nuestra divisa es Igualdad, libertad y fraternidad, y sabed que nuestro principal secreto consiste en la práctica de esta antigua máxima de los sabios:
 
AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS.


 

domingo, 7 de enero de 2018

EL VIAJE DEL APRENDIZ MASÓN


Con la Iniciación realmente se emprende un viaje, una aventura, la más asombrosa que existe para un ser humano, el viaje hacia el interior de uno mismo, hasta nuestro verdadero Ser, nuestra patria de la que un día salimos sólo ilusoriamente.

Y, para volver a ella, a ser conscientes del misterio que somos, vamos de la mano de los Misterios de la Masonería, reconociendo en nosotros mismos la energía que vehiculan los símbolos. Así em­pezamos por los que corresponden al aprendiz masón, iniciando nuestro andar por las aguas de nuestra psique. Y, escuchando en silencio, van cambiando de color, cada vez más oscuro hasta que aparece el "negro más negro que el negro", capaz de disolver todas las estructuras del "hombre viejo", haciendo así posible que gracias a la Luz nazca el "hombre nuevo", ordenado según lo sagrado. Que de la Piedra Bruta de la que partimos se vayan puliendo los cantos y se puedan ir intuyendo las seis caras y el centro de la Piedra Cú­bica que todos portamos en nuestro interior.
 
Para ello, ya el día de la Iniciación el Hermano Experto nos pre­senta el Martillo y el Cincel; con dichas herramientas damos tres golpes simbólicos en la Piedra Bruta, pues ésta no se puede pulir de cualquier manera, se precisa de la voluntad del que empuña el Mar­tillo, bien dirigido por la axialidad del Cincel. Ya que, teniendo pre­sente la verticalidad que nos une al G.·. A.·. D.·. U.·. y bajo su influjo y dirección, es como nuestra voluntad entronca con la Suya y es po­sible tallar la Piedra, formar parte consciente de su Gran Obra.

También la tercera de las herramientas del aprendiz, la Regla de las 24 divisiones, nos viene a recordar que todas y cada una de las horas del día son sagradas. Que no es posible pulir la Piedra a ra­tos o a medias, para una verdadera transmutación todo está inclui­do en el Trabajo.

Y así, en la penumbra de Septentrión, donde se halla y en rela­ción con la Luna (pasiva, que no brilla por ella misma, sino que su luz es reflejo del astro solar), en silencio y escuchando, es posible discriminar lo que es. Empezando la construcción del Templo interior y de su Altar, despertando el oído del corazón. Invocando las tres Luces: la Sabiduría que concibe, la Fuerza que ejecuta, y cuan­do lo realiza según la Sabiduría del G.·. A.·., su expresión es Armo­nía, es Belleza.
 
Entonces, el Templo que somos podrá ser receptá­culo y nuestro corazón podrá despertar al misterio del hombre, a lo que él mismo simboliza, la unión del Cielo y la Tierra, y que el Altar de nuestro Templo nos recuerda con las Tres Grandes Luces: el Compás (el Cielo), la Escuadra (la Tierra) y la expresión escrita de dicha unión, el Libro de la Ley Sagrada.

Así podemos andar hacia la dimensión universal del hombre, simbolizada en la Logia por sus seis direcciones (Oriente-Occiden­te, Norte-Sur, Cénit-Nadir), y teniendo siempre presente este pun­to inmóvil manifestado por la Estrella Polar de donde descienden a modo de plomada las influencias espirituales, verdadero alimen­to alrededor del cual gira todo el firmamento.

Son pues estos símbolos, y todos los demás que junto a ellos conforman un universo donde ni sobra ni falta ninguno, verdade­ros tesoros en el viaje del aprendiz masón, que por este andar reci­be su salario donde le corresponde, en la columna B.·. ya que es muriendo a lo que no es como va tomando Vida y Fuerza nuestra verdadera identidad.

 
 

lunes, 1 de enero de 2018

LAS HERRAMIENTAS DE LOS PRIMEROS VIAJES

 
¡Al Gran Hermes Trismegisto, el tres veces Grande, transmisor de La Sabiduría Divina; a las Musas, inspiradoras de las Ciencias y las Artes Sagradas, acójanme en su enthousiasmós divino para así poder escuchar la Música Celeste y unirme en esa música a la Gloria del Gran Arquitecto del Universo!

No cabe la menor duda en el corazón de aquel que ha sido ini­ciado en la Masonería, heredera en Occidente de la Tradición, Uná­nime y Primordial, de que ha recibido una inmensa gracia que le sobrepasa y trasciende. Le ha sido transmitida la Luz, la influencia espiritual que ha despertado en él la conciencia del mundo Divino, Sagrado, misterioso y oculto, pero verdadero, perceptible, inteligible (real) que es su origen y verdadera identidad.
 
No es la luz bri­llante que distrae y deleita los sentidos, sino aquella que al cerrar los ojos, absorbe el recuerdo del presente eterno, el silencio, lo que siempre es, centro de donde todo emana y a donde todo vuelve. Brillo interior que reconoce el Cielo y la Tierra como la totalidad de una sola cosa, que todo lo abarca y que el hombre sintetiza y une, el cual tomando conciencia de su función unificadora logra que re­suene en él la Belleza de una única Realidad; el Principio en cuyo pensamiento todo es eternamente, el Principio de la luz infinita no manifestada. Luz que desciende por el Verbo y el soplo del espíritu fecundando toda la creación, manifestándose así el Principio, el Uno, en Todo.

Así ha sido penetrada, fecundada, el alma del recipiendario que se ha abierto a recibir la Luz de la Inteligencia, la gracia del Espíri­tu que sopla donde quiere y cuando quiere. Pero para que la Luz, el sonido inaudible, que yace inmanente en el hombre pueda des­plegarse, él deberá antes morir a todo lo aprehendido del medio profano que niega lo sagrado e impide que el alma pueda empren­der el viaje de las tinieblas: "A la luz, del caos al orden, de la potencia al acto" como dicen los Siete Maestros Masones.
 
El aprendiz ha pasado por su primera muerte simbólica, pero debe, a través de un proceso, morir verdaderamente al hombre viejo, ignorante, ilusorio, inexis­tente. Sumergido, se arrastra entre nubarrones, en la sombra, domi­nado por sus más obscuros instintos y lucubraciones, en su "protagonismo", en el error, a falta de una inteligencia ordenadora que lo acerque a su verdadera esencia.
 
En el rito de iniciación, el Ven.·. Maestro le dice al recién iniciado al término de su primer viaje:

- Caballero, el viaje simbólico que acaba de hacer es la imagen de la vida humana. Los ruidos que ha escuchado simbolizan las pasiones que la agitan; los obstáculos que ha encontrado significan las difi­cultades que le hombre sufre y que no puede vencer ni rebasar mientras no adquiera la fuerza espiritual y los conocimientos que le permitan luchar contra la adversidad, gracias también a la ayuda que pueda recibir de sus semejantes. Estas dificultades son mayo­res para los que no poseen la Luz, y que por ello ignoran las leyes profundas del Cosmos y obran muchas veces contra estas leyes.

La ascensión que Ud. ha intentado en estas circunstancias debía ser, fatalmente, seguida de una caída, que hubiera podido ser mortal, sin la ayuda de manos fraternas que le han sostenido en el momen­to más crítico.

Esta experiencia simbólica debe incitarle a la moderación en sus de­seos, a la prudencia en sus ímpetus; constituye "La prueba del Aire" de los antiguos Misterios que viene después de la “Prueba de la Tie­rra" que ha sufrido durante su estancia en la "Cámara de Reflexión".


Por eso se le dice al aprendiz que lo primero que debe hacer es pulir la Piedra Bruta, símbolo de su naturaleza grosera e imperfec­ta, con gran rigor y amor, ayudado por el Mazo, el Cincel y la Re­gla de 24 pulgadas, herramientas que le han sido dadas para estas primeras pruebas y que posibilitarán buscar dentro de sí, oculto en esa Piedra, su verdadero ser. La mente no puede con ella misma; no puede dominar sus pasiones, sus impulsos, las ilusiones, sus pensamientos automáticos aprehendidos del medio profano. Pero gracias a la influencia espiritual que ha recibido mediante el rito iniciático y la Inteligencia iluminadora que ha fecundado su alma, es que puede observar "un plano desde otro". Observa sus densidades, las pasiones, los "enemigos internos" que aparecen nomás pueden; se los aguanta y frenándolos, "poniéndose al orden", los disuelve en el fuego del amor, en la unión que se ha producido en el corazón por el rigor de la inteligencia que discierne y separa, pule y conduce a lo esencial y verdadero. Es la "recta intención", ese amor por la verdad, que hace posible que la fuerza de la voluntad pueda ejercer una acción real destruyendo todo lo superfluo, las adherencias que cubren lo esencial creando un espacio para que aflore la "presencia real" que yace inmanente en su seno. Así podrá emprender su viaje, primero separando y luego reuniendo lo disperso, hacia la reintegración de sí mismo y cumplir con su verdadero destino completando la obra inacabada de su Padre, como verdadero intermediario uniendo lo que no puede unirle si no es por mediación del hombre regenerado.

Sólo por la Gracia y la invocación desde lo más profundo del corazón es que puede verse desnudo, sin apariencia, en todo el do­lor de su imperfección y estupidez, pero también sólo por la gracia es que puede reconocerse en lo verdadero, mediante la inteligen­cia, el pensamiento, la meditación en el orden que le ha sido trans­mitido por la Iniciación, la Enseñanza y la Doctrina, conservadas en la tradición Hermética, Pitagórica y Masónica de modo perma­nente hasta nuestros días, revelada "más allá del tiempo". Esto es decir, en términos de la Tradición Masónica (Arca, Templo y modelo arquetípico), que el trabajo por el cual debe empezar todo aprendiz en la construcción de sí mismo, es pulir su Piedra Bruta, símbolo de la naturaleza deforme, imperfecta, inacabada y tam­bién caótica del hombre profano y del mundo que lo ha conforma­do.
 
Para poder darle forma acorde a su destino, debe ser tallada y pulida, simultánea y conjuntamente por el Cincel, que simboliza el rigor de la Inteligencia, rayo fecundador y ordenador, y el Mazo que simboliza la fuerza necesaria de la voluntad, que tiene que ejercer para golpear con firmeza las irregularidades, templando el carácter, separando lo sutil de lo grosero y denso, discerniendo lo sagrado de lo profano, lo falso de lo verdadero y eterno dando lu­gar al nacimiento del hijo del Cielo y la Tierra.

Es pues, en el dolor y el llanto, en el sacrificio, en el sufrimiento de desbastar la Piedra, el "hacer sagrado", en la realización de que no somos nada y la gran carcajada que esto también produce, en el reconocimiento de nuestra naturaleza grosera e imperfecta y su posibilidad de transformación, que se puede querer (que es una ac­ción de la voluntad) remontar a la plenitud del Padre; darse a luz a sí mismo, por sí mismo, en sí mismo.

Invocando constantemente ser guiado y protegido en todo mo­mento por los dioses, por Hermes, guía divino, desde las profundidades del infierno (lo inferior) a lo más alto de los cielos (los esta­dos superiores de ser), el aprendiz masón emprende la tarea de construir su templo interno a imagen del Orden Divino concebido en el pensamiento del Gran Arquitecto del Universo, y conociendo ose Orden, haciéndolo en sí a la Gloria de su Creador es que se re­conoce en su verdadera esencia, según lo revela la tradición.

Pero para que esta transformación, este orden, pueda operarse haciéndose real y las posibilidades inherentes al ser puedan des­plegarse y encarnarse, el aprendiz deberá mantener vivo el fuego interno, la pasión y el amor por el Conocimiento, penetrando en el rito, en el pensamiento de Aquel que todo lo concibe, en la recrea­ción constante del orden de la creación, de los atributos divinos, la meditación creativa y la invocación del corazón, el estudio y el descanso. Así como la Creación se manifiesta en el tiempo, ordena­do por las leyes y ciclos cósmicos, y en el siempre presente, así también el aprendiz deberá ordenar su tiempo y trabajar ardua­mente, día a día, momento a momento, ya que la construcción se hace en el tiempo, cíclico, con pautas e intervalos, y en el eterno presente. Este orden diario está simbolizado por la Regla de 24 pulgadas o divisiones que, como lo apunta el ritual de instrucción de Primer Grado:

... simboliza el día del masón, para quien todas las horas deben ser empleadas útilmente.

La Regla también es símbolo de la rectitud como el eje que porta el Maestro de Ceremonias en forma de bastón en las circunvalacio­nes alrededor del Ara o centro de la Logia, simbolizando la ley, la medida y por lo tanto el tiempo y los ciclos, las revoluciones de los planetas creando escalas, pautas, intervalos, términos que se manifiestan el plano horizontal por el movimiento aparente del sol en el día y en el año marcando las estaciones, el ritmo y el orden.

En la instrucción del Primer Grado le es preguntado al aprendiz:

- ¿En qué consiste el trabajo del aprendiz?

- En desbastar lo Piedra Bruta, a fin de despojarla de sus asperezas y acercarla a una forma en consonancia con su destino.

- ¿Cuál es la Piedra Bruta?

- Es el profano, producto grosero de la naturaleza, que el arte de la Masonería debe pulir y transformar.

- ¿Cuáles son las Herramientas del aprendiz?

- La Regla de 24 pulgadas, el Mazo y el Cincel.

- ¿Qué representan?

- La Regla de 24 divisiones recuerda la alegoría egipcia de las 24 puertas atravesadas por el sol en su marcha aparente, y simboliza el día del masón para quien todas las horas deben ser empleadas útilmente; el Mazo representa la Voluntad, normalmente aplicada a la transformación del Profano en Iniciado; el Cincel representa la inteligencia que perfecciona esta Gran Obra.


Entonces, acallando el ruido interno, los demonios, podrá entrar en el verdadero Silencio donde se une al Pensamiento Divino, a lo Verdadero, en el ahora y siempre donde todo es Uno. Sólo allí se puede pensar que la Piedra se pule de verdad en unión a la Vo­luntad Divina, según lo atestiguan unánimemente los textos sagra­dos, comenzando por el Corpus Hermeticum.
 
Este trazado pertenece al volumen de arquitectura:
La Logia Viva, Simbolismo y Masonería.
Publicado por Ed. Obelisco, Barcelona, julio 2006.




sábado, 23 de diciembre de 2017

EXAMEN PARA APRENDICES MASONES


- Hermano mío, ¿qué es la vida?
 
La vida es la facultad de ejercer las funciones que resisten a la muerte en los seres organizados. Esas funciones, como el entendimiento, las sensaciones, la locomoción, ponen al hombre y a los animales en relación con los objetos exteriores.
 
La libertad que preside a sus acciones, le es común; pero el carácter distintivo que hace del hombre un ser aparte, es la actividad de su inteligencia, que se eleva sobre los sentidos para lanzarse al infinito, comprender las maravillas que le rodean y profundizar el porvenir. Es el único ser que sabe que debe morir. Dotado de percepciones intelectuales y de ideas morales, conoce sus derechos y sus deberes, y sabe que depende de él conformarse a ellos o separarse. Por oposición a la vida natural, se dice la vida futura o venidera.

La vida en el hombre y en los animales, no es más que una serie de expansiones y contradicciones de la sangre, como el movimiento en una máquina de vapor no es otra cosa que una serie de dilaciones y condensaciones del agua. En la máquina el principio activo es el fuego que transforma en vapor el agua contenida en la caldera. Obligada a buscar una salida, empuja un pistón y se escapa por un orificio para ir a condensarse al frío del aire y volverse de nuevo agua en un depósito, de donde una bomba alimenticia la introduce de nuevo en la caldera. Es el movimiento perpetuo mientras haya fuego, aire y agua.

En la máquina humana el principio activo es la electricidad; sus conductores son los nervios, su batería el cerebro, y los pulmones son el hornillo donde el calorío, desarrollado por la electricidad, obliga a la sangre a circular. El oxígeno que respiramos es el elemento del fuego, el carbono espirado es el humo, el corazón la bomba de alimentación que suministra la sangre, a los pulmones después de recibirla negra de las venas, adonde la envió el estómago; es el cilindro en que la sangre ya roja pasa por las arterias. La piel, con sus poros y extremidades, en el conductor cuyo frío equilibra la dilación producida por el calórico de los pulmones.

Una sola función contamos más que la máquina; la generación de la sangre por los alimentos, mientras que la caldera recibe el agua ya hecha. La circulación continua nos hace vivir, mientras tenemos sangre, aire, electricidad y buenos órganos. Cuanto más carbón se añade al fuego, más fuerza adquiere una máquina bien provista de agua. El aire contiene nuestro combustible, el oxígeno que arde nuestra electricidad; cuanto más aire se respire, pues, estando el estómago bien alimentado, más fuerza se da al cuerpo.

¿Qué es la inteligencia?

La inteligencia forma parte de la actividad del alma como la sensibilidad y la voluntad es la facultad de conocer y pensar, de donde nacen las ideas, la memoria y el juicio.

La inteligencia tiene su asiento en el sistema nervioso espinocerebral, que es el órgano exclusivo de las facultades intelectuales y de la sensibilidad externa. Da acción a los nervios de los cinco sentidos; pone al hombre en relación con los objetos del mundo exterior, y por medio de las sensaciones que el cerebro percibe, el hombre, ilustrado por la ciencia y por el conocimiento de lo que le causa placer o dolor, y conducido por su libre albedrío acepta o rechaza.

¿Qué es el instinto y en qué se distingue de la inteligencia?

El instinto precede a la forma de la organización y la elabora; dirige los resortes de las acciones vitales; hace mover el corazón; conduce e impulsa la sangre reparadora a todas las partes del organismo, y vigila sin cesar por la conservación de los individuos. El instinto es más activo en la infancia y en los animales; al acercarse a la pubertad, él es quien revela secretamente un porvenir de misterio y de amor. Sin nuestra voluntad, y hasta a pesar de ella, obliga a nuestra pupila a contraerse a la luz, a dilatarse en la oscuridad. Es una especie de inteligencia totalmente separada de la del cerebro. Tiene su asiento exclusivo en el sistema nervioso gangliónico, destinado a concurrir perpetuamente a las funciones nutritivas y reproductivas. De él parten los impulsos espontáneos, esos movimientos prontos de equilibrio que preservan de las caídas o amortiguan su efecto; producen las afecciones súbitas del corazón, y las pasiones que arrastran al hombre y a los animales a actos irreflexivos.

Se puede vivir sin inteligencia, pero el hombre más inteligente no viviría sin instinto. El hombre tiene el instinto de su inteligencia: ésta llega cuando el instinto está ya completamente ilustrado. El instinto sintetiza, la inteligencia analiza. Así el instinto, luz orgánica, forma primera del sentimiento y del pensamiento cuando está bien ejercitado, se convierte en inteligencia. La inteligencia se cansa y reposa, el instinto no descansa jamás.

En cada especie de animales, el instinto, o sea su inteligencia, es constantemente la misma, conforme a su constitución y necesidades, y el designio de la naturaleza; pero varía de una especie a otra y gradualmente del cordero al tigre, del ánade al águila. Sobre esta observación basaron la elección de los animales simbólicos, expuestos en Egipto a la veneración pública. Aquellos animales eran menos brutos que sus estúpidos adoradores.

¿Qué es la perfectibilidad?

La perfectibilidad o el engrandecimiento del alma por el pensamiento es el arte de comparar las ideas y sacar de ellas deducciones útiles al bienestar y perfeccionamiento de la humanidad. Esta bella facultad, que es el orgullo del hombre, y le hace tan superior a los animales por la extensión de sus concepciones, es generalmente más negativa que provechosa en sus resultados, porque el hombre se sirve de ella menos para el bienestar general y propio que para ejercer cierta supremacía sobre los demás porque el hombre con frecuencia hace todo, menos lo que le conviene. El bruto no aprende ni inventa; pero en cambio su especie no degenera.

¿Qué es el Universo?

El Universo es un nombre colectivo que significa el mundo en-tero; es decir, nuestro globo, nuestro sistema planetario, los astros visibles e invisibles, los mundos telescópicos y ultratelescópicos hasta el infinito, y cuanto estas cosas encierran; en fin, todo cuanto existe.

Comparado con el universo, nuestro globo es un átomo. "Si un solo cuerpo es un enigma para nosotros, dice Condillac, ¿qué enigma no ha de ser el universo?"


- Buffon ha dicho: "Todo es bueno, porque el universo físico el mal concurre al bien, y nada perjudica realmente al orden de la naturaleza."

Tómase también el universo en sentido particular, por la tierra, y a veces hasta por una parte de ésta. Así se dice: ir al fin del universo; Roma redujo al universo a su obediencia. Se aplica igualmente a los habitantes de la tierra, como en las locuciones: El Universo estaba a sus pies: el Universo temblaba delante de él: El señor del Universo, Dios Júpiter, Jehová, Braham, Allah, según las creencias.

Por último, el universo era el dios de los platónicos, a quien llamaban el Todo, el GRAN TODO, o sea la imagen, la estatua de Dios.

¿Qué es la filosofía?

Es el estudio de la razón, de la sabiduría y de los misterios de la naturaleza. No el joven ni el anciano deben desconocer este estudio. Nunca es el hombre bastante viejo para que le canse la ciencia de la dicha, ni bastante joven para vacilar en iniciarse en la práctica de esta ciencia; al contrario sería decir que todavía es tiempo o que ya es demasiado tarde para ser feliz.


La filosofía desembarazada al espíritu de todo vano temor, preocupación o superstición: estudiarla es querer ser libre. Por ella llega el hombre a dominarse, y el que está iluminado por la filosofía puede estar seguro de hacerse superior a las pasiones, porque esa ciencia le enseña que las pasiones deben ser siervas y no señoras de la razón. En fin, por ella adquiere el conocimiento de las causas y de los efectos, que le revela el camino por el cual puede llegar al fin y objeto de la vida, a la dicha.

¿Cuáles son H.·. mío, vuestras ideas sobre la electricidad?

La palabra electricidad trae a la imaginación una serie de fenómenos que presentan ciertas sustancias, como el ámbar y el succino, llamado en griego eléctrum, y que tienen la propiedad de atraer los cuerpos ligeros, propiedad que fue descubierta en el succino por un iniciado antiguo Thales de Mileto.


Esos fenómenos se deben al parecer a un agente fluídico, la electricidad, extendiendo en todas partes, y que tiene grandes relaciones con el calórico, con la luz y con el magnetismo. Este agente que parece desprovisto de pesantez no puede encerrarse en un vaso, porque el vaso ésta penetrado de él; no es perceptible a la vista, ni posee ninguna de las propiedades por las cuales se reconocen los cuerpos propiamente tales, sólidos, líquidos o gaseosos, y no es posible apreciarle sino por sus efectos físicos, químicos y fisiológicos.

Inmenso es el papel que la electricidad desempeña en la naturaleza. Es la única causa de la atracción y de la gravitación; opera las combinaciones, descomposiciones químicas: se eleva con el vapor a la atmósfera, y forma el relámpago, el trueno, el rayo, la lluvia, el granizo y la nieve, pone en movimiento la savia en los árboles, destruye torres y edificios y mata animales.

Su celeridad no es menos prodigiosa que su fuerza; es más veloz que la luz, pues recorre ciento quince mil leguas por segundo. Su luz es comparable con la del Sol tanto por el resplandor de sus rayos como por el calor que derrama. Es el calor más considerable que puede el hombre producir; nada le resiste, y a su influencia devoradora, los metales se volatilizan en un instante, y derrítense las piedras como la nieve en medio de un horno encendido. Ella sola con sus acciones positiva y negativa es capaz de sostener a los mundos a distancias dadas y fijas entre sí, alejándoles o acercándoles en ordenada armonía, y distribuyéndoles la atracción y la expansión. Ella con esa doble propiedad ha producido los mundos bajo el soplo de Dios, y puede producir otros nuevos: determina las evoluciones de la luz y del fuego, la vida y la muerte de vegetales y animales; la formación y movimiento de todos los cuerpos, su conflagración y descomposición, ya sea por medio de la fusión, ya por la volatización: ella, en una palabra, es quien anima y conduce todo el universo bajo las órdenes del Sup .·. A.·. como todos nuestros miembros están sujetos a nuestra voluntad.

El cerebro transmite estas órdenes, ya impulsando la electricidad a los extremos, ya retirándola con igualdad y celeridad. Todas las funciones de nuestro sistema nervioso son químicas, y todas tienen la electricidad por causa.

Terminaremos este interesante asunto con la explicación de un fenómeno tan frecuente como desastroso, de que tal vez nunca nos habréis dado cuenta. Sabéis que un litro de agua por el contacto de una pila eléctrica se convierte en dos mil litros de vapor; que otra chispa eléctrica se convierte instantáneamente en un litro de agua. Ese experimento os da una idea exacta de lo que pasa en la atmósfera en las grandes tempestades, en las lluvias torrenciales y devastadoras cuando el relámpago hiere a las nubes cargadas de vapor.

Recuerda H.·. mío:

El número cinco reemplaza ahora al número tres, lo cual indica que adelantáis en el camino que debéis recorrer. El cinco estaba considerado como un número misterioso porque se compone el binario, símbolo de lo que es falso y doble, y del ternario, tan interesante en sus resultados. Expresa el estado de imperfección, de orden y desorden, de dicha e infortunio, de vida y muerte que vemos en la tierra. Ofrecía a los antiguos la imagen del mal principio turbando el mundo o sea el binario obrando en el ternario.

Recuerda los cinco años de estudio que procedían a la manifestación del iniciado. El Gr.·. exige que hagáis cinco viajes y cada uno de ellos suministra asunto para una instrucción moral y variada. Sin embargo, sólo se os hará una reseña rápida que bastará para convenceros de que necesitáis un doble trabajo para llegar a la instrucción y al saber, recomendadas en este Gr.·.  a fin de alcanzar el objeto de extender vuestros conocimientos y los de la sociedad.

¿Qué reflexión os ha sugerido el último viaje?


La significación del último viaje es en extremo importante. Le acabáis de verificar, H.·. mío, en libertad y sin útiles, porque llegando al término de vuestros trabajos y por consiguiente la sabiduría.

Esas armas son la regla, el compás y la escuadra, símbolos de las virtudes y de las ciencias; el mallete y el cincel, que completan los cinco instrumentos del segundo grado, y que se resumen en las cinco puntas de la Estrella Flamígera; ese faro divino que debe guiar y alumbrar al iniciado. En el primer grado conoce el Delta, en el cual el iod representa la unidad, principio y fin de todo, que por sí misma no tiene principio ni fin: en el segundo grado, las cinco puntas de la estrella le representan la variedad, el conjunto de las cosas y la letra G, brilla en el centro, la Generación universal.

La legión de honor tomó las cinco puntas de nuestra estrella cuando Napoleón I pensó en condecorar a los compañeros de su gloria. Los cinco viajes recuerdan filosóficamente los cinco sentidos que son los fieles compañeros del hombre, y los mejores consejeros en los juicios que debe hacer. Un sentido puede engañarse; todos nunca, y toda sensación es una percepción que lleva consigo la rectitud.

El tacto es el sentido de tocar. El que reúne a la experiencia el tacto de las conveniencias, es tan raro como útil. El gusto, sentido que distingue los sabores figurado, sutileza de juicio. El abuso de las cosas aniquila el gusto. La vista, sentido por el cual se perciben los objetos. El fin de las cosas está siempre oculto a nuestra vista. El oído, sentido perceptivo de los sonidos. Sobre la naturaleza del oído se apoyan todas las leyes de la música y de la armonía. El olfato, sentido que percibe los olores, considerado como un sentido del sentimiento universal.

Los útiles (del latín utilis, útil,) llevados por el aspirante en sus viajes, recuerdan los instrumentos de las ciencias, del estudio y de la enseñanza de que hacían los antiguos iniciados durante sus cinco años de trabajo.

Llamamos trabajos al tiempo de fraternidad pasado en nuestras sesiones, porque el verdadero Mas.·. sabe que nada obtiene sin un trabajo razonado y constante. Con esa denominación ha querido la Mas.·. honrar el trabajo a que la naturaleza destina todos los hombres: en él descansa la vida social, y es por consiguiente la base de la sociedades, la condición indispensable de su existencia y la prenda segura de orden, de inocencia y de paz.

En los pueblos laboriosos es donde se encuentran más existencias felices, modestas, exentas de miserias y libres de las tentaciones de la necesidad y de las seducciones de la opulencia. El trabajo produce las buenas costumbres, la satisfacción del espíritu y del corazón de donde resulta el bienestar que constituye la dicha. Hasta la riqueza, adquirida; por eso nuestros templos están decorados con los instrumentos y emblemas del trabajo manual e intelectual.

Practica la virtud, nos dice la Mas.·. Si un H.·. es indigente, sé liberal; si está en peligro, socórrele; si está en el error, dile la verdad; si sufre, cúrale; si tiene penas, disípaselas; si ignora lo que es mejor o peor, instrúyele. Si haces todo esto, serás virtuoso y habrás trabajado bien.


El salario Mas.·. es simbólico. Significa que el iniciado como hombre de bien, no espera su recompensa en el porvenir, sino que la virtud, objeto de sus trabajos, le procura la paz del espíritu, la satisfacción y la dicha.

El Comp.·. se encuentra entre dos edades de la vida, a fin de recibir de los ancianos consejos y ejemplos, y transmitirlos a la juventud y a la infancia. Después de trabajar en su perfeccionamiento y en servir a la humanidad, puede aspirar a un honroso ascenso y a penetrar en el santuario.

Si resumís, H.·. mío las interpretaciones que oísteis en vuestra primera iniciación y en ésta, comprenderéis que el aprendizaje de la introducción en la Mas.·. el compañerismo, el estudio, y que aún os queda que conocer el coronamiento.

Se os ha demostrado que representabais en vuestra marcha un símbolo solar, y ese papel que aún continuaréis en la estación que os falta que recorrer, deberá de antemano haceros sentir algún presentimiento.


 

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