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martes, 16 de enero de 2018

SIMBOLISMO DEL NIVEL


De las herramientas de los constructores antiguos heredadas por la Masonería, la Plomada, o Perpendicular, corresponde a la vertical, el Nivel corresponde a la horizontal y la Escuadra corres­ponde conjuntamente a la vertical y a la horizontal. El Templo que, A L.·. G.·. D.·. G.·. A.·. D.·. U.·., los masones construyen, se eleva vertical sobre su base horizontal formando una escuadra perfecta; es pues obra que se ajusta a la Plomada, al Nivel y a la Escuadra.

La forma del Nivel, herramienta de ajuste del obrero que trabaja la piedra, es la de un triángulo de base horizontal, en el que se han prolongado los lados laterales, con una Plomada en su vértice superior que señala la horizontalidad de la superficie sobre la que se asienta. Este tipo de Nivel, del que se conservan ejemplares de la época de Ramsés II, comprueba la horizontalidad por la Plomada, es decir por la vertical.

Desde el punto de vista del simbolismo geométrico, la figura del Nivel que acabamos de describir, que puede asimilarse de for­ma natural a la figura de un triángulo de base horizontal con su al­tura, representa lo siguiente:
 
Los lados laterales del triángulo, partiendo de la "cumbre del Cielo", determinan efectivamente la medida de la superficie de la Tierra, es decir delimitan el "terreno" que sirve de soporte a la manifestación.

El punto de intersección de la vertical con la horizontal, en el cual reside el equilibrio, y por el cual se comprueba la horizontali­dad de la superficie sobre la que se asienta el Nivel... es lo que la tradición extremo-oriental llama el "Invariable Me­dio"; y, según esta misma tradición, este equilibrio o esta armonía es, en el centro de cada estado y de cada modalidad del ser, el refle­jo de la "Actividad del Cielo".

"El Cielo cubre, la Tierra soporta": tal es la fórmula tradicional que determina, con extrema concisión, los papeles de estos dos princi­pios complementarios, y que define simbólicamente sus situaciones respectivamente superior e inferior, con relación a los "diez mil se­res", es decir a todo el conjunto de la manifestación universal.

Los múltiples niveles de la existencia, los múltiples estados del ser y las múltiples modalidades del mismo están pues "cubiertos por el Cielo", nada de lo que existe está abandonado. El simbolis­mo geométrico expresa esto, de forma simplificada, mediante la multiplicidad de los diferentes planos horizontales que son atrave­sados por el eje vertical.

Si es cierto que, entre las herramientas masónicas, la Escuadra es el símbolo que expresa plenamente el binomio Cielo-Tierra, su razón de ser tendrá que otra de ellas, el Nivel, lo exprese también. En efecto, puesto que no puede haber algo de lo que existe sin que "el Cielo lo cubra", es decir ser alguno desamparado, si contempla­mos el segundo grado masónico como correspondiente a un estado del ser o, mejor dicho, a una síntesis de estados del ser que el Compañero puede realizar, tiene sentido que la propia forma de una de las herramientas más representativas de este grado simbolice esto; y a nuestro entender esto es lo que está expresando la forma del Nivel.

Su elemento horizontal (como materialización de los diferentes niveles horizontales implícitos en el triángulo hasta alcanzar el vértice superior, "la cumbre del Cielo"), está expresando la totali­dad de las posibilidades de realización del Compañero, sus reinos antaño perdidos que no podrá reconquistar en tanto no los haya nivelado alcanzando el centro de esos dominios, el cual está asen­tado en la vertical. La conquista del "Invariable Medio" se los fran­queará por siempre jamás.

Como sabemos, la nivelación de las caras de la Piedra que el Compañero trabaja no es sino la nivelación de sus propias "face­tas", es decir el logro de la horizontalidad, centrada siempre en la vertical, en todos los dominios del alma del propio obrero. El alcance de la bella forma de la Piedra totalmente nivelada, la Piedra cúbica, de la cual él es susceptible, simboliza el logro del estado del ser totalmente nivelado, es decir del ser equilibrado o armónico, del ser "situado" en la vertical.

Recordemos que nivelar es también allanar un terreno, "terre­no" que en la Vía Simbólica sirve de soporte a la realización, deján­dolo apto para construir en él; es decir "abriéndolo", dejándolo li­bre para "penetrar por él" a las posibilidades de construcción, a las posibilidades de realización del ser. La nivelación del ser consiste en abrirse interiormente a esas posibilidades situándose en la ver­tical con "la cumbre del Cielo".

Por último, nivelar es además hallar la diferencia de altura entre dos puntos en un terreno, es decir hallar las cotas a las que están situados los diferentes planos, los diferentes estados del ser, de manera que se distinga lo superior de lo inferior, lo cual se verifica, como no puede ser de otra manera, en la vertical, que es donde se mide la altura.

"El que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios". (Juan 3, 3)




 

EL NIVEL


El Nivel, es una de las joyas que adornan nuestra Logia. En el Antiguo Rito de York, a la pregunta del Ven.·. Maestro al Primer Vig.·. de por qué está situado en Occidente, responde:
 
"Para Asistir al Ven.·. M.·. al abrir y cerrar su Logia, pagar a los obreros sus salarios, si alguno se debe, y ver que ninguno se vaya insatisfe­cho, si está en mi poder prevenirlo, siendo la armonía la fuerza de todas las instituciones, y más especialmente de esta nuestra".

El Nivel, símbolo de armonía, equilibrio, justicia y rectitud es emblema del Primer Vig.·., y por tanto relacionado con la Fuerza.

El Nivel muestra el equilibrio, pero a la vez también el desequi­librio, hace justicia a la rectitud confirmándola y hace salir a la luz la injusticia señalándola. Siempre supone un esfuerzo añadido negar lo que no es y es obligación del Primer Vig.·. que, tras los trabajos, los obreros estén contentos y satisfechos; que sean cuales sean las desarmonías que se hayan producido en ellos, éstas hayan sido reconducidas o reordenadas para sumarse a la armonía total.

No os el líquido, mejor dicho la parte llena de él, lo que hace que el Nivel sea tal, sino precisamente la parte vacía, esa burbuja que balanceándose en el líquido nos señala la horizontalidad de una superficie; nos referimos aquí a un tipo de Nivel, que todos hemos tenido ocasión de ver alguna vez: la herramienta que utiliza el albañil actual en su trabajo.

Si grande es la importancia de la precisión del Nivel como herramienta de construcción externa, más lo será para el masón la precisión de su Nivel interior, pues es con éste que trabajará en la construcción de su templo interno, ayudado por otras herramien­tas propias del grado de compañero, como son: la Palanca, la Es­cuadra y el Compás, más las que ya tenía como aprendiz: el Cincel, el Mazo y la Regla, y aún podemos añadir la Cuerda de Nudos, la Tabla de Trazar, la Espada, la Paleta y la Llana que también son he­rramientas de que dispone el compañero. Estas son más numero­sas y su trabajo no es tan oscuro como el del aprendiz, al igual que su lugar en la Logia, que ahora ya no está en el Norte donde apenas llega la luz solar, sino en el Sur donde ésta alcanza su plenitud; pero, a su vez, necesita una mayor iniciativa y un poner en acto lo que ha aprendido en el grado anterior.

El Nivel indica, como decíamos antes, equilibrio, quietud, armo­nía y podemos relacionarlo con la esperanza, virtud que le corres­ponde al grado de compañero.
 
El Nivel como un alma en reposo simboliza la esperanza de la unión, de la transmutación, la posibili­dad de un alumbramiento. Primero uno tiene Fe en que esta es po­sible. Es la Fe del aprendiz sin la cual nunca llegará a ser compañero, y a ésta se le suma la Esperanza como un paso más en el camino del Conocimiento. El compañero no sólo tiene Fe en su acceso al Conocimiento, sino que lo espera, espera que se haga en él.

La Esperanza es simbolizada por el Apóstol Santiago, quien en la Divina Comedia interroga a Dante sobre ella y éste responde:

... la Esperanza es una expectación cierta de la vida futura, produ­cida por la Gracia divina y los méritos anteriores.

Queremos finalizar este breve trabajo con una cita del libro El Manual del Compañero de A. Lavagnini:

"Debemos desarrollar y trabajar la piedra de nuestra individualidad en aquella forma que mejor se le adapte, según su particular natura­leza, para ocupar el lugar más apropiado en el Edificio de la huma­nidad y de la Creación, expresando en ella, como mejor aquella parte que nos es dado hacer patente del Genio Sublime del Artífice del que somos otras tantas manifestaciones".

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