Mostrando entradas con la etiqueta Leyendas Masónicas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Leyendas Masónicas. Mostrar todas las entradas

lunes, 19 de marzo de 2018

LOS RITOS SAGRADOS DIONISIACOS


Examinaremos ahora, detalladamente los misterios que están más íntimamente relacionados con la historia de la francmasonería, y cuya influencia se siente con mayor fuerza en su organización actual.

La pluma satírica de Aristófanes no ha perdonado ni los festivales dionisiacos; pero la burla y el sarcasmo de un autor cómico se pueden escuchar siempre con cierta condescendencia, pues por lo menos, ha tenido la candidez de confesar que nadie podía iniciarse si era culpable de un crimen contra su país o contra la seguridad pública.

Eurípides hace proclamar al coro en su BACCHAE que los misterios se practicaban únicamente con propósitos virtuosos. Sin embargo, las iniciaciones llegaron con el tiempo a tener cierto carácter licencioso en Roma; pues ya dice Sainte Croix: "no se puede dudar de que la introducción de las fiestas de Baco en Italia aceleró los progresos del libertinaje y de la intemperancia en éste país".
 
San Agustín prorrumpe en invectivas contra la pureza de las ceremonias correspondientes a los ritos sagrados de Baco, practicadas en Italia; pero, no niega que fueron practicadas con carácter religioso, o por lo menos supersticioso: "Sic videlicet liber deus placandus fuerat". La propiciación ofrecida a la divinidad era en realidad un acto religioso.

De todos los misterios paganos instituidos por los antiguos no hubo ningunos más difundidos que los del Dios griego Dionisios, los cuales se establecieron en Grecia, Roma, Siria y Asia Menor. Entre los griegos y sobre todo entre los romanos, los ritos celebrados en los festivales dionisiacos eran de carácter licencioso; pero en Asia adoptaron una forma diferente. Allí, como en todas partes, la leyenda (ya hemos dicho que cada misterio tenía su leyenda), relataba el asesinato de Dionisios por los titanes. En las ceremonias se representaba lo que decía la leyenda.
 
La doctrina secreta no era tampoco diferente en Asia que en las naciones occidentales; pero había algo peculiar en su sistema. Especialmente los misterios de Dionisios celebrados en Siria, no tenían solamente carácter teológico, pues, además de aceptar las opiniones secretas de la unidad de Dios y de la inmortalidad del alma, comunes a todos los misterios, practicaban sus discípulos el arte arquitectónico dedicándose a construir templos y edificios públicos, mientras buscaban la verdad divina. Sólo se puede explicar la gran pureza de estos ritos sirios adoptando la ingeniosa teoría de Thirwall, según la cual "todos los misterios eran restos de un culto anterior a la mitología helénica. Sus ritos auxiliares se basaban en una idea menos fantástica y más real adecuada de la naturaleza con objeto de despertar el pensamiento filosófico y el sentimiento religioso".
 
Thirwall supone además, que como los asiáticos, debido a su situación geográfica, no incurrieron tan pronto como los griegos en los errores del helenismo, pudieron conservar mejor la pureza y la filosofía de la doctrina pelástica, que indudablemente había emanado directamente de la religión patriarcal, o sea, de la francmasonería pura del mundo autediluviano. Sea como fuere, nosotros sabemos que "los dionisiacos de Asia Menor constituían una sociedad de arquitectos e ingenieros que gozaban del exclusivo privilegio de construir templos, estadios y teatros, bajo la misteriosa tutela de Baco, y se distinguían de los habitantes no iniciados o profanos por la ciencia que poseían y por los signos y toques privados con los que se reconocían entre sí".
 
Esta sociedad especulativa y operativa, especulativa por las lecciones teológicas y esotéricas que se enseñaban en sus iniciaciones, y operativa por el trabajo arquitectónico a que se dedicaban sus miembros, se distinguía por muchas características que la asimilan a la institución francmasónica.
 
En la práctica de la caridad, los hermanos más opulentos debían subvenir a las necesidades y contribuir al sustento de los más pobres. Por convenir así al trabajo y a su dirección, se dividían en organismos más pequeños, los cuales estaban dirigidos, como nuestras logias, por oficiales superintendentes. Empleaban en sus ceremonias los instrumentos de la albañilería, y tenían, como los francmasones, un lenguaje universal de signos convencionales para reconocerse, con los cuales los hermanos podían conocerse tanto en la luz como en las tinieblas, sirviendo para unir a todo el organismo en una fraternidad común, en cualquier parte en que se encontraran sus miembros dispersos.
 
En las obras de los autores antiguos se encuentran pruebas evidentes de la existencia de estos signos y palabras de paso empleadas en los misterios. Por ejemplo, Apuleyo dice en su Apología: "Si qui forteadest corundem Solemnium mehi particep, signum dato", etc., lo cual quiere decir que "si entre los presentes hay alguien que haya sido iniciado en los mismos ritos que yo, estará en libertad de escuchar lo que yo guardo con tanto secreto, si me da el signo".
 
Plauto alude también a esta costumbre, cuando hace que Milfidipa diga a Pirogopolónices, en su miles Clóriosus, act. IV, sc. 2: "Cedo signum, si harunc Baccharum es", o sea, "Dadme el signo si sois uno de los báquicos" o iniciados en los misterios de Baco.
 
Clemente de Alejandría llama a estas maneras de reconocerse es decir, medios de salvación. En otra parte, Apuleyo emplea la palabra memoracula, para denotar la palabra de paso, cuando dice "snctíssime sacrorum signa et memoracula custodire", que debe traducirse "conservar escrupulosamente los signos y palabras de paso de los ritos y símbolos sagrados".
 
Ya hemos dicho que la leyenda de los misterios de Dionisios relataba la muerte de este héroe-dios y el descubrimiento de su cadáver. Pero, para apreciar debidamente los hechos, es preciso dar más detalles sobre la naturaleza del ritual dionisiaco. En estos ritos místicos, el aspirante representaba de un modo simbólico y dramático los acontecimientos relacionados con la muerte del Dios de que derivaban su nombre los misterios.
 
Después de una serie de ceremonias preparatorias, en las que ponían a prueba su fortaleza y valor, se procedía a figurar el afanismo o muerte mística de Dionisios; y el griterío y las lamentaciones de los iniciados, con el entierro del candidato en el pastos, cofre o ataúd, constituía la primera parte de la ceremonia iniciática. Después empezábase a buscar los restos de Dionisios, lo cual se hacía en medio de la mayor confusión y de gran tumulto. Por fin, se encontraba al Dios; la tristeza se transformaba en alegría, la luz sucedía a las tinieblas, y se investía al candidato con el conocimiento de la doctrina secreta de los misterios: la creencia en la existencia de un solo Dios y un futuro estado de recompensas y castigos.

Tales fueron los misterios practicados por los arquitectos (mejor dicho por los francmasones), de Asia Menor. En Tiro, la ciudad más rica e importante de esta región, memorable por el esplendor y magnificencia de sus edificios, existieron colonias o Logias de estos arquitectos místicos. Este hecho debe tenerse presente siempre, pues constituye un importante eslabón de la cadena que posteriormente une a los Dionisios con los francmasones.

Pero, para completar los eslabones de la cadena, es necesario demostrar que los artistas místicos de Tiro, fueron por lo menos contemporáneos de la construcción del templo de Salomón. Tal es lo que vamos a intentar a continuación.

Lawrie, cuyas minuciosas investigaciones sobre este asunto han dejado poco ya por descubrir, sitúa en la época de la emigración jónica, la llegada de los Dionisios al Asia Menor cuando "los habitantes del Atica, descontentos de la pequeñez de su territorio y de la pobreza del suelo, salieron en busca de tierras más extensas y fértiles. Habiéndoseles unido algunos habitantes de las provincias limítrofes, embarcaron para Asia Menor, de donde expulsaron a los aborígenes, apoderándose de las mejores posiciones y uniéndose bajo el nombre de Jonia, por ser la mayor parte de los refugiados procedentes de esa provincia griega".

Valiéndose de sus conocimientos en las artes escultórica y arquitectónica, en las cuales habían ya los griegos hecho grandes progresos, llevaron los emigrantes a las nuevas tierras sus costumbres religiosas, e introdujeron en Asia los misterios de Atenea y Dionisios, mucho tiempo antes de que el libertinaje del país paterno los corrompiera.
 
Ahora bien, Playfair sitúa la emigración jónica en el año 1044 antes de Cristo; Gilles, en el 1055, y el Abate Barthelemy, en el 1076. La última de estas fechas es anterior en cuarenta y cuatro años al comienzo de la construcción del templo de Salomón, y da un margen de tiempo suficiente para que se pudiera establecer en la ciudad de Tiro la fraternidad dionisiaca e iniciarse "Hiram el Constructor" en sus misterios.

Sigamos ahora el eslabonamiento de los acontecimientos históricos que, finalmente, unieron esta purísima rama de la francmasonería espúrea de las naciones paganas con la francmasonería primitiva de los judíos de Jerusalén.
 
Cuando Salomón, rey de Israel, iba a empezar, de acuerde, con los propósitos de su padre "una casa dedicada al nombre de Jehová su Dios", quiso hacer sabedor de su deseo a Hiram, rey de Tiro, pues sabía cuán diestros eran los arquitectos dionisiacos de su país, y rogó a este monarca que le prestara su colaboración con el fin de llevar a feliz término su piadoso propósito. Cuentan las escrituras que Hiram satisfizo los ruegos de Salomón y le envió trabajadores para que le ayudaran en su gloriosa empresa. Entre los enviados estaba un arquitecto, a quien describe brevemente el primer libro de los Reyes, como "hijo de una viuda de la tribu de Neftalí, y su padre había salido de Tiro: trabajaba él en bronce, lleno de sabiduría, inteligencia y saber en toda obra de metal", y con más detalle en el segundo libro de las crónicas, donde se dice:
 
"Yo, pues, te he enviado un hombre hábil y entendido, que fue de Hiram mi padre. Hijo de una mujer de las hijas de Dan, mas su padre fue de Tiro, el cual sabe trabajar en oro, plata y metal, en hierro, en piedra y en madera, en púrpura y en cárdeno, en lino y en carmesí; asimismo para esculpir todas figuras, y sacar toda suerte de diseño que se le propusiere".
 
A este hombre (a este hijo de viuda, como dice la sagrada escritura y refiere la tradición masónica), le confió el rey Salomón un importante cargo entre los trabajadores del sagrado edificio que se erigía sobre el Monte Moria. Sus conocimientos y experiencias de artífice y sobresaliente pericia en todo género de "primorosas y sabias manufacturas" pronto le colocaron al frente de los trabajadores judíos y tinos, como arquitecto jefe y director principal de las obras.
 
A él es a quien atribuimos la unión de dos pueblos tan antagónicos por sus razas, tan desemejantes en costumbres y tan opuestos en religión, como el judío y el tirio, en una fraternidad común, que vino a convertirse en la institución francmasónica. Para conseguirlo debió de servirse de la influencia que le daba su elevada posición. Hiram, como tirio y como artífice, debió estar en relación con la fraterniad dionisiaca y no fue un humilde miembro a juzgar por la elevada posición de sus afectos en la corte del Rey de Tiro.
 
Por tanto, debió de conocer todas las costumbres ceremoniales de los artífices dionisiacos, y gozar una larga experiencia de las ventajas de la disciplina y del gobierno por ellos practicados en la construcción de los numerosos edificios sagrados en que trabajaban. No cabe duda de que él introduciría algunas de las costumbres del ceremonial y de la disciplina entre los trabajadores de Jerusalén. Para ello les unió en una sociedad, parecida en muchos de sus aspectos a la de los artífices dionisiacos; enseñó lecciones de caridad y de amor fraternal; estableció una ceremonia de iniciación para poner a prueba experimental la fortaleza y valía de los candidatos; adoptó modos de reconocimiento, e inculcó las obligaciones del deber y los principios de la moral, valiéndose de símbolos y alegorías.
 
A los peones y cargadores, los Ish Sabal, así como a los albañiles, correspondientes al primero y segundo grados de la Francmasonería más moderna, se les confiaban pocos secretos. Sus instrucciones, semejantes a la de los aspirantes a los misterios menores, consistían simplemente en purificar y preparar para pruebas más solemnes y para el conocimiento de verdades más sublimes, que se aprendían en el grado de maestros, a imitación de los grandes misterios, en el que se descubrían, exponían y corroboraban las grandes doctrinas de la unidad de Dios y de la inmortalidad del alma.
 
Pero aquí es donde al parecer se levanta un obstáculo infranqueable que impide continuar la semejanza de la francmasonería con los misterios dionisiacos. Ya hemos dicho que en los misterios paganos estas lecciones se enseñaban alegóricamente por medio de una leyenda. Ahora bien, en los misterios de Dionisios esta leyenda era la de la muerte y resurrección del Dios Dionisios; pero hubiera sido completamente imposible enseñar a los candidatos esta leyenda como base de las instrucciones que debían de recibir; porque cualquiera alusión a las fábulas mitológicas de sus colindantes los gentiles cualquiera celebración de los mitos teológicos paganos, hubiera sido igualmente ofensiva a las inclinaciones y repugnante a los prejuicios religiosos de la nación judía educada de generación en generación en el culto a un ser divino, celoso de sus prerrogativas, que se había dado a conocer a su pueblo con el nombre de Jehová, el Dios del tiempo presente, pretérito y futuro.
 
No sabemos de qué modo habría podido saltar este obstáculo el fundador israelita de la orden. No cabe duda de que habría tenido que inventar un sustituto en el que se comprendieran todos los requisitos simbólicos de la leyenda de los misterios, o sea, de la francmasonería espuria, sin violar los principios religiosos de la francmasonería primitiva judía. Pero no fue preciso recurrir a invención semejante, porque dícese que antes de la terminación del templo, ocurrió un triste suceso, que sirvió para cortar el nudo gordiano: la muerte del arquitecto jefe, que ha proporcionado a la francmasonería su leyenda, leyenda, que, como la de todos los misterios, sirven para testimoniar nuestra fe en la resurrección del cuerpo y la inmortalidad del alma.
 
Antes de concluir este tema, vamos a decir algo sobre la autenticidad de la leyenda del tercer grado. Algunos francmasones distinguidos creen que es un hecho histórico, mientras que otros lo consideran bella alegoría, lo cual no tiene importancia alguna en lo atañente al simbolismo de la francmasonería. Quienes defienden su carácter histórico, se fundan en lo siguiente:
 
Primero.
 
Porque el carácter de la leyenda cumple todos los requisitos del bien conocido axioma de Vicentius Lirinenses sobre lo que debe creerse de la tradición: "Quodd semper, quod ubique, quod ab omnibus traditum est".

O sea, que debe creerse todo aquello que se ha trasmitido por tradición y por todas las personas en todos los tiempos y lugares. Opinan que la leyenda de Hiram Abif está completamente de acuerdo con esta regla, pues ha sido universalmente admitida y abonada casi en su integridad por los francmasones, desde los tiempos más antiguos. No hay prueba histórica de que la francmasonería existiera sin esta leyenda desde la época del templo de Salomón en adelante. Está ella tan íntimamente ligada al sistema general, formando su parte esencial, y dándole su más definido carácter, que es evidente que la institución no podría existir sin la leyenda.
 
Quienes abogan por el carácter histórico de la leyenda creen que esto es por lo menos una probabilidad de la verdad.

Segundo.
 
La historia contenida en las segundas escrituras sobre la construcción del templo, no contradicen esta leyenda. Y, por tanto, en ausencia de la única autoridad escrita sobre este tema, quedamos en libertad de depender de la tradición, con tal de que ésta sea razonable y se apoye en una sucesión ininterrumpida, como en este caso ocurre.

Tercero.
 
Se pretende que este mismo silencio de las escrituras sobre la muerte de Hiram el Constructor es un argumento en favor de la misteriosa naturaleza de su muerte. Es dificil que a un hombre que llegó a ser el favorito de dos reyes (enviado por uno y recibido por el otro como don inapreciable y digno de historiarse) se le dejara en olvido una vez terminado su trabajo, sin dedicarle tan siquiera unas lineas de recuerdo, a menos que su muerte hubiera acontecido en circunstancias tales que fuera impropio darlas a la publicidad. Esto es precisamente lo que se cree que debió ocurrir. Ella se convirtió en leyenda de los nuevos misterios, que, al igual que las de los más antiguos, sólo se podía divulgar cuando se acompañaba de instrucciones simbólicas que se trataban de inculcar en las almas de los aspirantes.

Además, aun admitiendo que la leyenda del tercer grado sea mera ficción, que todo el relato masónico y extraescritural de la vida de Hiram Abif sea simplemente un mito, esto no afectaría en lo más mínimo a la teoría que tratamos de demostrar. Ya observó el sabio Müller que en el relato mítico van íntimamente unidos el hecho y la imaginación, lo real y lo irreal. Puesto que, según la opinión de este mismo autor, el mito nace siempre de una necesidad inconsciente por parte de sus creadores y por principios que actúan del mismo modo en todos, debemos remontarnos hacia la francmasonería de los dionisiacos en busca del principio que condujo a la formación involuntaria de este mito hirámico.

Así, pues, llegarnos al mismo resultado que el indicado antes, es decir, que la necesidad del sentimiento religioso en el alma judía, que hubiera rechazado la introducción de la leyenda de Dionisios, llevó a la sustitución de ésta por la de Hiram, en la cual las partes ideales de lo narrativo van íntimamente ligadas a las transacciones reales.

De modo que la existencia de Hiram Abif, arquitecto-jefe del templo de Jerusalem y amigo confidencial de los reyes de Israel y de Tiro, como indica su título de Ab, o padre, y el hecho de que no se vuelva a oír nada sobre él después de terminado el templo son hechos rigurosamente históricos. Su muerte violenta descrita por la leyenda masónica, puede ser cierta o, también, un elemento mítico incorporado a la narración histórica.

Pero sea o no cierto esto (que la leyenda es hecho o ficción, historia o mito) lo indudable es que los francmasones salomónicos la adoptaron como sustituta de la leyenda idolátrica de la muerte de Dionisios, perteneciente a los misterios dionisiacos de los trabajadores tirios.
 
 
 

viernes, 16 de marzo de 2018

LEYENDAS DE. LA FRANCMASONERIA

 
El carácter mixto de ciencia especulativa y arte operativo asumido por la institución masónica en la edificación del templo del Rey Salomón a consecuencia de la unión verificada en aquella época entre la francmasonería pura de los noaquitas y la espuria de los trabajadores tirios, le ha proporcionado dos diferentes clases de símbolos: los míticos o legendarios y los materiales.
 

Entendemos por noaquidae o noaquitas, los descendientes de Noé, patriarca que únicamente conservó el verdadero nombre y culto de Dios entre la raza impía de los idólatras.
 
Los francmasones tienen derecho a proclamar que son los descendientes de Noé, porque continúan profesando la pura religión que distinguió a este segundo padre de la raza humana del resto del mundo.
 
Los tirios que trabajaban en el templo de Salomón descendían de la otra división de la raza humana que se separó del verdadero culto en Sinnar y repudió los principios de Noé. Sin embargo, los tirios restablecieron parte de la luz perdida, como otros místicos de la antigüedad, y terminaron por poseerla por completo cuando se unieron con los trabajadores judíos, que eran noaquitas.

Los símbolos legendarios y materiales de que acabamos de hablar están tan íntimamente unidos por su objeto y designio, que es imposible apreciar los unos sin investigar los otros. Como por ejemplo de ello, diremos que en el templo mismo se ha adoptado por símbolo material del mundo, mientras que la legendaria historia de su fundador es el símbolo mítico del destino del hombre en el mundo.

Todo cuanto es tangible y visible a los sentidos en nuestros tipos y emblemas (como por ejemplo, los utensilios de trabajo, el mobiliario y ornamentos de la logia o la escalera de siete escalones), es un símbolo material. Todo aquello cuya existencia se deriva de la tradición y toma la forma de alegoría o leyenda, es un símbolo mítico.

Por tanto, Hiram el constructor y todo cuanto se relaciona con su leyenda del templo y con su vida (con la rama de acacia, la colina cercana del Monte Moriah, y la palabra perdida), puede considerarse que pertenecen a la clase de los símbolos míticos o legendarios.

Esta división no es arbitraria, sino que depende de la naturaleza de los símbolos y del aspecto con que se presentan a nuestra vista. Así, aunque la rama de acacia es material, visible y tangible, no se puede tomar como símbolo material, pues, como toda su significación se deriva de su íntima relación con la leyenda de Hiram Abif, que es un símbolo mítico, no puede separarse de esta clase sin violencia inoportuna. La pequeña colina cercana al Monte Moriah, la búsqueda de los doce compañeros, y toda la serie de circunstancias relacionadas con la palabra perdida deben considerarse, por idéntica razón, como símbolos legendarios y míticos, y no como materiales.


Estas leyendas de la francmasonería constituyen una parte considerable e importantísima de su ritual. Sin ellas dejarían de existir las porciones más valiosas de la masonería considerada como sistema científico.

Las enseñanzas profundamente religiosas que la institución trata de inculcar deben buscarse sobre todo en sus tradiciones y leyendas, más que en sus símbolos materiales. Recuérdese que hemos definido la francmasonería diciendo que es "un sistema moral, velado en alegorías e ilustrado por medio de símbolos". Por tanto, los símbolos no constituyen por sí solos todo el sistema, pues además existen las alegorías, en las que se velan las verdades divinas de la francmasonería enseñadas a los neófitos en las diferentes leyendas conservadas tradicionalmente por la orden. La íntima relación existente por lo menos entre los objetos y métodos de ejecución de la institución francmasónica y los pertenecientes a los antiguos misterios (en los que se infundió intensamente el carácter mítico de las religiones de su época), dio por resultado que se introdujese este mismo carácter mítico en el sistema masónico.

Los mitos y leyendas estaban tan difundidos en los sistemas religiosos, filosóficos e históricos de la antigüedad, que Hayne cree que toda la historia y la filosofía de los antiguos procede de los mitos.

Faber dice que: "El carácter antiguo propendía a la personificación y a la alegoría, de modo que la sencillez de la verdad se sacrificaba de continuo en el ara de la creación poética".


La palabra MITO, del griego (mitos) historia, significaba en su acepción original la narración de un acontecimiento o suceso, sin que implicara verdad o falsedad; pero tal como hoy se emplea, significa una narración de época remota, que aunque no es necesario que sea falsa, sólo se puede certificar por la evidencia interna de la tradición.

Creuzer dice en Symbolik que los mitos y los símbolos proceden por una parte de la situación desamparada y de la pobreza de principios religiosos en que se encontraban los pueblos antiguos, y, por otra, de que los sacerdotes educados en oriente o de origen oriental, trataron de enseñarles conocimientos más puros y elevados. Pero las observaciones del profundo filósofo e historiador Grote dan sobre el probable origen de la universalidad del elemento mítico en todas las religiones antiguas, una idea tan correcta y adecuada al tema de las leyendas masónicas, que no podemos resistir la tentación de citarle libremente:


"Muchos sabios investigadores, especialmente Creuzer, han relacionado la interpretación alegórica de los mitos con la hipotética existencia de un cuerpo de sacerdotes muy instruidos que, procedentes de Egipto y Oriente, enseñaron a los griegos rudos y bárbaros la sabiduría histórica, religiosa y física, ocultándola tras el velo de los símbolos. Dícese que el lenguaje de los símbolos visibles era la forma más vívida de influir en el alma de los oyentes ignorantes cuando el idioma se encontraba todavía en mantillas. El paso inmediato consistió en los términos y el lenguaje simbólicos; pues las exposiciones literales se habían escuchado con indiferencia, aunque se hubieran comprendido, por no corresponder a la cultura intelectual del pueblo".

"Por eso los primeros sacerdotes expusieron sus doctrinas sobre Dios, la naturaleza y la humanidad por medio de alegorías, creando los primeros mitos. Pero, los poetas, idearon además otra clase de mitos más populares y cautivadores, mitos puramente épicos que describían acontecimientos pasados, ora reales, ora supuestos."

"Más tarde, los poetas se apoderaron también de los mitos alegóricos, que fueron confundiéndose con los narrativos; ya no se tuvo en cuenta el asunto simbolismo, y las palabras simbolizantes se tomaron en sentido literal. El nervio de las alegorías primitiva, perdido ya para el vulgo, se conservó únicamente en el seno de varias fraternidades religiosas y secretas compuestas de miembros iniciados con ciertas ceremonias místicas, y dirigidas por familias hereditarias de sacerdotes-presidentes."

"La doctrina secreta de los antiguos mitos teológicos y filosóficos, que constituyera el acopio primitivo y legendario de Grecia y que poseyera el sacerdocio original perteneciente a los tiempos prohoméricos, se conservó en las sectas órficas y báquicas y en los misterios de Eleusis y Samotracia. A quienes se habían sometido a las pruebas preliminares de la iniciación, se les permitía escuchar bajo promesa de guardar secreto, esa antigua religión y esa doctrina cosmogénica, que revelaban el futuro del hombre y la certeza de las recompensas y castigos póstumos, libres ya de las corrupciones de los poetas así como de los símbolos y alegorías que las ocultaban a los ojos del vulgo".

"De esta forma retrotraían los misterios griegos a su época primitiva, y se jactaban de ser los únicos depositarios fieles de la teología y de la física más puras que, originalmente, enseñara a los rudos aborígenes, bajo el inconveniente inevitable de su expresión simbólica, un sacerdocio de iluminados procedentes del extranjero".

Este largo e interesante extracto, no sólo explica filosóficamente el origen y el objeto de los antiguos mitos, sino que además, es una hermosa sinopsis de todo cuanto puede enseñarse en relación con la formación simbólica de la Francmasonería, considerada como una de las depositarias de la teología mítica.


La idea de que existió un pueblo iluminado, que vivió en una época remota y vino de oriente, predomina en las antiguas tradiciones. Esto lo corrobora la palabra hebrea kedem, que significa el ORIENTE, con respecto a tiempos.

La frase de Isaías que dice: "Yo soy hijo de los sabios, e hijo de los reyes antiguos" podría traducirse también "soy hijo de los reyes de oriente" (XIX, II). Adam Clarke dice en una nota explicativa de las siguientes palabras de Ezequiel, XLIII, 2:

"Y vi cómo entraba la gloria del Dios de Israel por el camino de oriente", que "Toda la sabiduría, toda la religión, todas las ciencias y artes han viajado siguiendo el curso del sol desde oriente a occidente".

Bazot dice que "la veneración que sienten los francmasones por el oriente confirma la opinión antes expuesta de que el sistema religioso de la Francmasonería procede del este, y está relacionado con la religión primitiva, cuya primera corrupción fue el culto solar"

Por último, recuérdese la observación que hace el manuscrito de Leland a la pregunta sobre el origen de la Francmasonería, diciendo:


"Empezó con los primeros hombres de oriente, que existieron antes que los de occidente y que, dirigiéndose hacia poniente, trajeron todo su bienestar a los salvajes."

Esta nota puede terminarse cumplidamente con el comentario de Locke a esta respuesta:

"De las palabras anteriores parece desprenderse que los francmasones creen que existieron hombres en oriente antes de Adán, a quien llaman el "primer hombre de occidente", y que las artes y las ciencias nacieron en oriente."

"Algunos célebres eruditos son de la misma opinión; y es cosa evidente que Europa y Africa (que son países occidentales respecto al Asia) fueran salvajes cuando las artes y las costumbres cultas habían alcanzado ya gran perfección en China y la India."


Los talmudistas hacen idénticas alusiones a la superioridad del oriente, Rabbi Bechai dice:

"Adán fue creado de cara a oriente para que pudiera ver cuanto antes la luz y el Sol naciente, por eso supuso que el oriente era parte anterior del mundo."
 

LOS MITOS DE LA FRANCMASONERÍA


Los mitos de la Francmasonería, que en sus comienzos consistieron quizás únicamente en las sencillas tradiciones de la Francmasonería pura del sistema antediluviano, corrompiéronse con la separación de razas; pero, cuando se fundó la Francmasonería espuria, volvieron a purificarse, y a adaptarse para inculcar la verdad, acabando de perfeccionarse y desarrollarse en el sistema que ahora practicamos. Y, si en la interpretación de nuestros mitos masónicos existiera todavía algún fermento de error, trataríamos en seguida de separarlos de las corrupciones con que los han plagado la ignorancia y la falta de comprensión. Les daríamos su verdadero significado, y seguiríamos el curso de su historia hasta encontrar las doctrinas y creencias antiguas de donde se derivaron las ideas que tratan de encarnar.
 
Los mitos y leyendas del sistema simbólico francmasónico se pueden dividir en tres clases:
 
1ª. El mito histórico.
 
2ª. El mito filosófico.
 
3ª. La historia mítica.
 
Estas tres clases de mitos o leyendas pueden definirse como sigue:
 
1°. El mito puede tener por objeto el trasmitir un relato de acontecimientos o sucesos primitivos, fundados en la verdad, cuya verdad ha sido, no obstante, falseada y pervertida al omitir o introducir circunstancias y personajes. Este es el mito histórico
 
2°. La leyenda puede haberse inventado y adoptado como medio de enunciar un pensamiento o de inculcar cierta doctrina. En este caso es un mito filosófico.
 
3°. Por último, los elementos de verdad constitutivos de la historia pueden predominar grandemente sobre los materiales ficticios e inventados del mito, y la narración estar formada de hechos, con unas pequeñas pinceladas de imaginación. Entonces estamos ante una historia mítica.

Strauss clasifica los mitos en históricos, filosóficos y poéticos en su obra Lehen Jesu, Vida de Jesús. Su mito poético es nuestro mito histórico; el filosófico, nuestra segunda clase de mitos y el histórico, la tercera. Pero el autor no cree que sea apropiado designar con la palabra poético, al primero, porque todos los mitos estan fundamentados en ideas poéticas. Estas son las tres divisiones de la leyenda o mito, pues no estamos dispuestos a distinguir en esta ocasión entre estas dos palabras, como hacen algunos autores alemanes.
 
Todas las leyendas pertenecientes al simbolismo mítico de la Francmasonería pertenecen a una u otra de estas divisiones. Los mitos masónicos participan, por su carácter general, de la naturaleza de los mitos que constituyen el fundamento de las religiones antiguas. Sobre estos últimos mitos, dice Muller que: "Su origen se ha de encontar en la tradición oral", y que lo real, es decir, los hechos de la historia y los engendros de la imaginación, concurren con su unión y fusión recíproca, a la producción del mito.
 
Los mismos principios rigen en la formación de los mitos o leyendas masónicas, que también deben por entero su existencia a la tradición oral y están formados, como acabamos de ver, por la mezcla de lo real con lo ideal (de lo verdadero con lo falso) y de los hechos de la historia con las invenciones de la alegoría. El Dr. Oliver opina que "las primeras series de hechos históricos, subsiguientes a la caída del hombre, fueron tradicionales y deben haberse trasmitido necesariamente de padre a hijo por comunicación oral."

El mismo sistema, adoptado por todos los misterios, se ha continuado en la institución masónica, de modo que todas las instrucciones esotéricas contenidas en las leyendas de la Francmasonería sólo se pueden comunicar oralmente de francmasón a Francmasonería que se permite trasladarlas al papel. De Wette expone el procedimiento para distinguir el mito de la narración histórica en su Criticism on the Mosaic. History, y dice que el mito debe su origen a la intención del inventor, que no ha sido la de satisfacer la sed natural de verdad histórica por medio de una simple narración de hechos, sino más bien deleitar o afectar a los sentimientos o ilustrar alguna verdad filosófica o religiosa.

Esta definición puede aplicarse también al carácter de los Mitos francmasónicos. Considérese, por ejemplo, la leyenda del tercer grado, o el mito de Hiram Abif. Su valor "como narración de hechos" es casi nula y desproporcionada para el trabajo que cuesta su trasmisión. No aludimos ahora a la invención o imaginación de todos los incidentes de que se compone esta leyenda, pues existen abundantes materiales en ella, cuyos detalles son verdaderos y reales, sino que nos referimos a su composición en forma de mito por adición de algunos rasgos, la supresión de otros y a la gran cantidad de datos que constan en la historia, sino la formación general del conjunto.
 
Su invención no tuvo por objeto el añadir algún detalle, más bien "esclarecer una verdad filosófica y religiosa", que en verdad es la doctrina de la inmortalidad del alma.
 
De todo cuanto hemos dicho respecto a la analogía de origen y objetos de los mitos religiosos antiguos con los masónicos, se desprende que, quien conozca la verdadera ciencia de este tema, no puede negar que todas las tradiciones y leyendas de la orden son consideradas al pie de la letra hechos históricos.
 
Lo único que se puede decir sobre estas leyendas es que algunas no tienen más que un substratum o base histórica, siendo puramente imaginativo el edificio levantado sobre ellas con objeto de servir de medio para inculcar una verdad religiosa; en algunas, la leyenda o mito debe su existencia a una idea, sirviendo el mito para exponerla, y en otras, la narración verídica, va más o menos unida con la ficción, si bien con enorme predominio de lo histórico. Por ejemplo, tenemos la leyenda de que Euclides fue francmasón y que enseñó la Francmasonería a los egipcios.

A continuación insertamos esta leyenda tal como se publicó en el Gentleman's Magazine del mes de junio, correspondiente al año de 1815, tomada, según se dice, de un pergamino escrito al parecer en el siglo diez y siete, y que con toda seguridad, debió copiarse de otro más antiguo:
 
"Además, cuando Abraham marchó a Egipto en compañía dé Sara, enseñó a los egipcios las siete ciencias, y tuvo por discípulo al célebre Euclides, que aprendió de él las siete ciencias liberales hasta convertirse en verdadero maestro. Y por aquellos años el señor y la gente de rango del reino tuvieron numerosos hijos de sus esposas y otras mujeres, pues en ese caluroso país eran muy prolíficos".
 
"Y ocurrió que no encontraban medio de proveer a la subsistencia de sus hijos, por lo que estaban muy preocupados. El rey convocó entonces un gran consejo y un parlamento para que encontrasen el medio de que los hijos pudieran vivir honradamente como caballeros. Pero como no llegaron a un acuerdo, ordenó el rey que los heraldos proclamasen por todo el reino que se otorgaría la recompensa que pidiese a quien fuera capaz de solucionar este problema."
 
"Y cuando se pregonó, el sabio Euclides presentóse ante el rey y los grandes señores y les dijo: "Entregadme vuestros hijos para que los eduque y les enseñe una de las siete ciencias, con lo cual podrán vivir honradamente como corresponde a caballeros. Sólo impongo la condición de que me autoricéis para dirigirlos de acuerdo con la ciencia que les he de enseñar."
 
"Y el rey y su gran consejo le otorgaron cuanto pedía. Luego este hombre sabio se llevó consigo a los hijos de los grandes señores, y les enseñó para que trabajaran en las piedras, todas las clases de obras pertenecientes a la construcción de iglesias, templos, castillos, torres y casas solariegas y todo género de edificios."

Ahora bien, el francmasón ortodoxo no debe creer necesariamente y de un modo literal que el gran geómetra Euclides fuera francmasón ni que los egipcios le deben la formación de su sociedad en Egipto; porque el palpable anacronismo o error de fecha de la leyenda, en la que se hace que Euclides sea contemporáneo de Abraham, impide que se crea sumejante cosa y que demuestra que la narración entera es pura invención. Sin embargo, los francmasones inteligentes no pueden rechazar la leyenda por absurda o ridícula, sino que, conocedores de la naturaleza y objeto de nuestro sistema simbólico, la han de aceptar como "mito filosófico", o medio de expresar una verdad masónica por medio de símbolos.

En esta leyenda Euclides sirve de símbolo de la geometría, la ciencia en que fue tan eminente maestro. El mito o leyenda, simboliza, por tanto, el hecho de que existió en Egipto una relación íntima entre esta ciencia y el gran sistema moral y religioso, que fue para los egipcios lo que para nuestra época representa la Francmasonería: una institución secreta, fundada con objeto de enseñar los mismos principios de idéntica manera simbólica.
 
Interpretándola de esta forma, la leyenda corresponde a todas las épocas de la historia egipcia y viene a enseñarnos que estaban en estrecha relación los sistemas religiosos y científicos. Por eso dice Kenrick que "cuando leemos que algunos extranjeros tenían que someterse (en Egipto) a penosas y terribles ceremonias iniciáticas, creemos que no se hacía esto para que aprendiesen el secreto de los ritos de Osiris e Isis, sino para que conocieran la Astronomía, la Física, la Geometría y la Teología.
 
Otro ejemplo es el mito o leyenda de las escaleras de caracol, por las que debían subir los compañeros para recibir su salario en la cámara del medio. Tomado este mito en sentido literal, se observará que está en completa oposición con la historia y con lo probable.
 
Como mito, se funda en el hecho de que existía en el templo una "Cámara de en Medio" a la que se subía por las "escaleras de caracol", pues el primer libro de los reyes dice:
 
"Y subíase por un caracol al aposento de en medio" (VI, 8.)
 
Pero no existe prueba histórica evidente alguna de que las escaleras estuvieran construidas tal como indica el relato mítico expuesto en ritual del segundo grado, ni de que la cámara sirviera para el mismo objeto que en la Francmasonería.
 
En realidad la leyenda es un mito histórico en que el número místico de los escalones, el proceso de pasar a la cámara y el salario que se recibe en ella, son ficciones que se han añadido a la historia fundamental contenida en el sexto capítulo de los Reyes, para inculcar importantes enseñanzas simbólicas relativas a los principios de la Orden.
 
Es cierto que podrían haberse enseñado estas lecciones en forma árida y didáctica; pero el método alegórico y mítico tiene por objeto impresionar al alma de un modo más profundo e intenso, sirviendo al mismo tiempo para unir a la institución francmasónica con la del templo antiguo.
 
Véase también el mito que remonta el origen de la institución francmasónica al principio del mundo, haciéndola coetánea con la creación. Este mito se interpreta erróneamente hasta en nuestros días, creyendo que es un hecho histórico, al que se alude en la fecha del "anuo lucis" año de luz que se pone en todos los documentos masónicos. Este mito pertenece a la clase de los filosóficos, y simboliza la idea que asocia por analogía la creación de la luz física con el nacimiento de la luz intelectual y espiritual en el candidato masónico. La primera es el tipo de la segunda.
 
Por tanto, cuando Preston dice que "la fundación de la Francmasonería se remonta hasta el principio del mundo", y cuando afirma que "nuestra Orden ha existido desde que empezó la simetría y ejerció sus encantos la armonía", no debe suponerse que este autor trate de enseñar la existencia de una logia masónica en el jardín del Edén. Semejante cosa nos pondría en ridículo. Lo único que él quiere decir es que los principios de la Francmasonería que, sin duda alguna, son independientes de su organización como sociedad, son contemporáneos de la existencia del mundo; que cuando Dios dijo: "Hagáse la luz", esta luz material era el Símbolo de la espiritual que ha de resplandecer en todo candidato cuando su mundo intelectual, hasta entonces "desordenado y vacío" se pueble con pensamientos vivientes y con los divinos principios que constituyen el gran sistema de la Francmasonería especulativa, y cuando el espíritu de esta institución haga surgir de las tinieblas mentales la luz intelectual moviéndose sobre el profundo abismo de su caos mental.
 
En las leyendas del grado de maestro y del Real Arco se baraja de tal modo el mito histórico con la historia mítica, que es preciso profundizar los juicios para poder distinguir los elementos que los diferencian. Así, por ejemplo, la leyenda del tercer grado es mítica en algúnos de sus detalles, mientras que, en otros, es indudablemente histórica.

La dificultad de separar uno del otro y de distinguir los hechos de la ficción, ha dado por resultado que los autores masónicos tengan diversas opiniones sobre este tema. Para Hutchinson y Oliver toda la leyenda no es más que una alegoría o mito filosófico. Nosotros opinamos con Anderson y otros antiguos escritores, que es una historia mítica.

La leyenda de la reconstrucción del templo pertenece al Real Arco, es netamente histórico; pero se encuentran en ella tantos elementos cuya historicidad no puede demostrarse más que por la tradición oral, que toda la narración tiene apariencia de historia mítica. La leyenda de los tres fatigados viajeros es, sin duda alguna, un mito quizá filosófico, pues trata de enunciar la idea de la recompensa otorgada a la perseverancia infatigable en busca de la verdad, a través de toda clase de peligros.
 
"La labor principal del sacerdocio antiguo consistió en hacer símbolos y en interpretarlos", dice Creuzer. Tal es también la tarea de todo masón estudioso, pues no debe satisfacer quien desee apreciar por sí mismo la profunda sabiduría de la institución, con aceptar crédulamente todas las tradiciones que se le relaten como historias verídicas, ni tampoco con rechazarlas con incredulidad antifilosófica como fábulas e invenciones. Caer en estos dos extremos sería incurrir en error. Según Hermann, "El mito es la representación de una idea, es la que debe buscar el estudiante en los mitos francmasónicos, porque tras de ellos se oculta algo más espiritual y bello que la narración en sí. Por eso debe aprender a extraer de la ganga esta esencia espiritual, que, como precioso metal, se encuentra en ella. En esto es en lo que consiste el verdadero valor de la Francmasonería.
 
Los esfuerzos hechos para perpetuar la institución no tendrían utilidad alguna sin sus símbolos, mitos, leyendas, ideas y conceptos, porque, sin ellos, no sería más que una "exhibición vana y vacía". Sus toques y signos no tienen otro valor que el de servir de medio para conocerse.
 
Lo mismo ocurriría con sus palabras, si no fueran simbólicas. Sus costumbres sociales, su caridad, no son más que puntos incidentales de su constitución, que podrían conseguirse de modo más sencillo, su verdadero valor científico en el simbolismo, en las grandes lecciones de verdad divina que enseña, y en la admirable manera de realizar esta enseñanza.
 
Quien desee llegar a ser un buen francmasón, no ha de creer que su tarea debe limitarse a conocer perfectamente la fraseología del ritual, ni en saber abrir y cerrar los trabajos de una logia o tener cierta habilidad para conferir grados. Todo esto tiene su valor, pero, sin su interno significado, parecería juego de niños. El francmasón debe, por tanto estudiar los símbolos y tradiciones de la orden y aprender su verdadera interpretación, porque en esto es en lo que únicamente estribar la ciencia, la filosofía, el fin, el objeto y el designio de la Francmasonería especulativa.
 
 
 

lunes, 5 de marzo de 2018

LEYENDA DEL TERCER GRADO


El símbolo legendario más importante y significativo de la francmasonería es, sin duda alguna, el que relata la vida de Hiram Abif, que por su excelencia se conoce comúnmente con el nombre de Leyenda de Tercer Grado. El documento más antiguo que se ha podido encontrar sobre esta leyenda está contenido en la segunda edición de las Constituciones publicadas por Anderson en el año de 1738, y dice así:

"Se terminó (el Templo) en el breve espacio de Siete Años y Seis Meses, lo cual asombró al mundo; la fraternidad celebró con júbilo la colocación de la piedra cimera; pero su júbilo fue interrumpido por la muerte de su querido maestro Hiram Abif, a quien enterraron decorosamente en la logia, cerca del templo, según la antigua usanza".
 
En la siguiente edición de esta obra, publicada en el año de 1756, se relatan algunas circunstancias más, como, por ejemplo, la participación del Rey Salomón en el dolor general, y el hecho de que el Rey de Israel "ordenó que sus exequias se celebraran con gran solemnidad y decoro".
 
Excepto estas palabras de Anderson y las citas que de ellas hicieron algunos autores posteriormente, la narración no se ha escrito jamás, comunicándose de época en época por tradición oral. Tal es la importancia de esta leyenda que se ha conservado en todos los ritos masónicos. A pesar de las modificaciones experimentadas por el sistema general, y de que los fundadores de ritos se han dejado llevar de su imaginación para pervertir o corromper otros símbolos, aboliendo los antiguos y substituyéndolos por otros nuevos, la leyenda del Constructor del templo ha permanecido intacta, conservando toda la integridad de su antigua forma mítica.
 
¿Cuál es, pues, la significación de este símbolo tan importante y difundido? ¿Qué interpretación puede dársele que justifique su universalidad? ¿Cómo ha llegado a tener tanta importancia en la francmasonería, que forma ya parte de su esencia y se ha considerado inseparable de ella?
 
Para responder debidamente a estas preguntas, es preciso describir, tras breve investigación, el remoto origen de la Francmasonería y su relación con los antiguos sistemas iniciáticos.
 
El objeto fundamental de todos los ritos y misterios de que constaba la "francmasonería espuria" consistió en enseñar la doctrina consoladora de la inmortalidad del alma. Este dogma, que brillaba a manera de faro en las tinieblas del ambiente pagano, procedía del antiguo sacerdocio o pueblo que practicó el sistema de la "francmasonería pura", conservándolo únicamente en forma de una proposición abstracta y de una sencilla tradición.
 
"Varios sabios investigadores, entre ellos Creuzer, relacionan la interpretación alegórica de los mitos con la hipótesis de la existencia de un cuerpo de sacerdotes antiguos y cultísimos, procedente de oriente o de Egipto, que comunicó a los rudos y bárbaros griegos conocimientos históricos, físicos y religiosos, bajo el velo de los símbolos".
 
El Caballero Ramsay corrobora esta teoría, diciendo que:
 
"En las obras de los sabios de todas las naciones, épocas y religiones se encuentran vestigios de las verdades más sublimes, vestigios que son emanaciones más o menos adulteradas y disimuladas de la tradición antediluviana y noaquita".
 
Pero, cuando la idea se exponía en los misterios a las almas sensuales de los filósofos y místicos paganos, se encerraba siempre en forma de representación escénica. De ello pueden encontrarse abundantes pruebas en todos los escritores antiguos y modernos que han tratado de los misterios. Apuleyo dice, describiendo cautamente su iniciación en los misterios de Isis:
 
"Yo me aproximé a los confines de la muerte, y, después de hollar el umbral de Proserpina, volví de allí, siendo llevado a través de todos los elementos. A medianoche vi lucir el Sol con toda su brillante luz; me acerqué a los Dioses de abajo y a los Dioses del cielo, permanecí cerca de ellos y los adoré".
 
De estas palabras se desprende que se trataba de una representación escénica. Asimismo, la influencia del primitivo culto sabeo, en que se adoraba al Sol resucitado por la mañana de la muerte aparente padecida en la hora del ocaso, hizo que se adoptara el Sol naciente en todos los misterios por símbolo de la regeneración del alma. En los misterios egipcios se representa la muerte y regeneración de Osiris; en los fenicios, la de Adonis, y en los sirios, la de Dionisios.
 
En todos ellos, el aparato escénico de la iniciación tenía por objeto enseñar al candidato el dogma de la vida futura. Baste saber también que las ramas espuria y pura del sistema masónico, y que la última adoptó el mismo método de representación escénica que la primera. La narración del constructor del templo sustituyó a la de Dionisios, mito peculiar a los misterios practicados por los trabajadores tirios. Por lo tanto, la idea enseñada en el mito de los misterios antiguos es la misma que la que se expone en la leyenda masónica del tercer grado. De ahí que Hiram Abif sea en el sistema masónico el símbolo de la naturaleza humana que se desarrolla en esta vida y en la venidera; y así, mientras que el templo era el símbolo visible del mundo, como hemos visto hasta ahora, su constructor venía a ser el símbolo mítico del hombre, habitante y trabajador de ese mundo.
 
Ahora bien, ¿no es acaso este símbolo evidente? El hombre que emprende el viaje de la vida, poseyendo facultades y energías que le capacitan para el ejercicio de los elevados deberes a cuyo cumplimiento ha sido llamado, conserva al obtener el triunfo, el conocimiento de la verdad divina que le otorgara el atavismo de su raza, si es "un trabajador hábil y entendido", conocedor de todas las cuestiones morales e intelectuales (sólo de semejante hombre puede ser símbolo el constructor del templo). Esta verdad divina se simboliza por medio de la PALABRA.

-Y mientras la muda creación inclina los ojos hacia abajo, y a su terrenal madre tiende, el hombre mira hacia lo alto, y con levantados ojos contempla su propio cielo hereditario. Provisto de la palabra de vida, dedica el tiempo a construir un templo espiritual, y continúa viajando para cumplir todos sus deberes, depositando sus designios sobre el tablero del futuro e invocando la ayuda y dirección de Dios. Pero, ¿acaso cruza siempre su camino por bosques floridos? ¿No le obstruye el camino enemigo alguno? ¿Camina por ventura eternamente por lugares calmos y claros, que el Sol enciende y los suaves céfiros orean? ¡Ay! no. "El hombre ha nacido para la inquietud, como las chispas que saltan del fuego".


En todas "las puertas de la vida le acechan peligros", dicen los orientales. De joven, alucínanle las tentaciones; de hombre, oscurécele el camino las desventuras, y de anciano es víctima de la enfermedad y de la flaqueza; pero si se cubre con la armadura de la virtud puede resistir a las tentaciones, arrojar a un lado las desventuras y erguirse triunfante sobre ellas; más al fin ha de ceder eventualmente ante el enemigo más espantoso e inexorable de su raza. Derribado por la muerte, cae vencido en la tumba, y se le entierra en los despojos de su fragilidad humana y pecadora.
 

Esta doctrina de la francmasonería, se denominaba APHANISMO en los antiguos misterios. En ella se aprendía la amarga, pero necesaria lección de la muerte. El alma viviente, con el cuerpo muerto que la encerraba, ha desaparecido y no puede encontrarse en ninguna parte. Todo es oscuridad (confusión), y desespero. Se ha perdido por unos momentos la verdad divina (la PALABRA) y el maestro masón puede decir ahora como Hutchinson:
 
"Preparo mi sepulcro y abro mi tumba en la corrupción de la tierra. Encuéntrome bajo la sombra de la muerte".

Pero el simbolismo sería incompleto si se terminara con esta lección de la muerte, que sería inútil y ociosa (por no decir perniciosa y corrupta), ya que iría contra el instinto de la existencia futura innato en el hombre. Por esta razón, las subsecuentes partes de la leyenda tienen por objeto enseñar el sublime simbolismo de la resurrección de in muerte y del nuevo nacimiento en una vida futura.
 
El descubrimiento del cuerpo, que en la iniciación de los misterios recibía el nombre de euresis, y su traslado desde la tumba en que se hallaba encerrado a un lugar sagrado situado dentro del recinto del templo, simbolizan de un modo bello y profundo esta gran verdad, cuyo descubrimiento era el objeto de todas las iniciaciones antiguas, y asimismo casi el designio fundamental de la francmasonería.

Esta verdad enseña que cuando el hombre traspase las puertas de la vida y obedezca al inexorable mandato de la muerte, se levantará (no en el ritual gráfico de una logia, eterna de la que la masónica no es sino el símbolo) ante la palabra creadora del Gran Maestro del Universo, desde el tiempo a la eternidad, desde la tumba de la corrupción a las cámaras de esperanza, desde las tinieblas de la muerte a la luz celeste de la vida; y asimismo, su espíritu desencarnado será llevado tan cerca del santo de los santos donde mora la divina presencia, como la humanidad se puede acercar a Dios.
 
Esta es la interpretación que nosotros damos a la leyenda del tercer grado. Hemos dicho ya que la historia mítica del constructor del templo se ha difundido universalmente en todas las naciones y ritos, y que no sumió ninguna forma nueva ni diferente en su esencia, cuando se alteró, disminuyó o aumentó sea cuales fueran las épocas y naciones en que esto aconteciera, de modo que el mito ha sido siempre el mismo. No ocurre lo propio con su interpretación. La que nosotros acabamos de dar, que, según creemos, es correcta, es la adoptada generalmente por los francmasones de nuestro país; pero en otras partes, otros escritores lo han interpretado de diferente manera, si bien han estado siempre acordes en conservar la idea general de la resurrección o regeneración de algo desde una esfera o función inferior a otra superior.
 
Así, por ejemplo, uno de los más antiguos escritores del continente ha creído ver en este mito el símbolo de la destrucción de la orden templaria, representado proféticamente su restauración a la dignidad y poder originales. En algunos grados filosóficos elevados se enseña que la leyenda se refiere a los sufrimientos, muerte y resurrección del Cristo. Un autor francés dice hablando del grado de "Muy perfecto maestro" que: "En este mito se ve que Hiram no es en realidad sino el tipo o símbolo de Jesucristo, y que el templo y los demás símbolos masónicos son alegorías relativas a la iglesia, la fe y las buenas costumbres".

Hutchinson, que tuvo el honor de ser el primer escritor filosófico que trató de la francmasonería en Inglaterra, supone que ésta leyenda tiene por objeto encarnar la idea de la decadencia de la religión judía y su sustitución por la cristiana. Este autor dice:
 
"Así, pues, nuestra orden es una contradicción positiva a la infidelidad y ceguera judaica, y testifica nuestra creencia en la resurrección del cuerpo".
 
El Dr. Oliver, "clarum et venerabile nomen", (nombre inmaculado y venerable), cree que la leyenda tipifica la muerte de Abel a manos de Caín y que simbólicamente se refiere a la muerte universal de nuestra raza debida al pecado de Adam y su resurrección por el sacrificio del Redentor, de acuerdo con las palabras del Apóstol:
 
"Así como en Adam todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados".

Por tanto, la leyenda existente en todas las épocas de la francmasonería especulativa, se refiere históricamente a nuestra muerte en Adam y nuestra vida en Cristo. ¿Cuál fue, pues, el origen de nuestra leyenda? o con otras palabras, ¿A qué incidente particular anterior al diluvio se refiere la leyenda iniciática? Yo creo que es el asesinato de Abel por Caín; a la fuga del asesino; el descubrimiento del cadáver verificado por los desconsolados padres, a su entierro, con la esperanza de que resucitara de entre los muertos, y a la detención y castigo de Caín por divina venganza".
 
Ragón opina que Hiram es un símbolo del Sol, cuyo poder y rayos vivificantes se amenguan en los tres meses invernales, y del recobro de su calor en la primavera. Y, por último, Des Etangs, adoptando en parte la interpretación de Ragón; añade otra, a la que denomina simbolismo moral de la leyenda, y supone que Hiram no es sino la eterna razón, cuyos enemigos son los vicios que depravan y destruyen a la humanidad.
 
A toda esta interpretación habría que hacer importantes objeciones, si bien hay algunos que lo merecen más que otras.
 
En cuanto a quienes interpretan la leyenda de un modo astronómico, y dicen que simboliza los cambios anuales del Sol, Hemos de decir que, si bien admiramos el ingenio con que exponen sus argumentos, creemos que se olvidan al dar tal interpretación de la evolución religiosa experimentada por la francmasonería en pasados siglos, y caen en la corrupción y perversión del sabeísmo.
 
La interpretación templaria del mito ha de descartarse también, para evitar anacronismo, a menos que se niegue la existencia de la leyenda antes de la abolición de la orden de los caballeros templarios, con lo cual negaríamos también la antigüedad de la Francmasonería.

En cuanto a la suposición de que el mito sea cristiano, hemos de decir que Hutchinson y Oliver se equivocaron cuando afirmaron que el grado de maestro masón es una institución cristiana, si bien hay que reconocer que sus argumentos son profundamente filosóficos. Es cierto que este grado abarca las grandes verdades que enseña el cristianismo sobre el tema de la inmortalidad del alma y la resurrección del cuerpo; pero esto se debe a que la francmasonería es verdad, como también el cristianismo, y a que todo lo que es ver dad es idéntico.

Sin embargo, su origen y su historia son diferentes. La Francmasonería es mucho más antigua que el cristianismo de Salomón, y hasta de los pueblos anteriores a esta época su religión se deriva del antiguo sacerdocio, y su fe es la de Noé y sus inmediatos descendientes.
 
Si la Francmasonería fuera tan sólo una institución cristiana no podría participar conscientemente de su iluminación quienes pertenecieran a otras religiones; pero, precisamente, se precia y está orgullosa de su universalidad porque con su lenguaje pueden conversar los ciudadanos de todas las naciones; porque ante sus altares se arrodillan hombres pertenecientes a todas las religiones; y porque los discípulos de todas las creencias suscriben su credo.

Pero no podemos negar que, al advenir el cristianismo, si infundió casi imperceptiblemente en el sistema masónico un elemento de esta religión, o por lo menos entre los francmasones pertenecientes a ella, lo cual ha sido inevitable, porque toda religión predominante tiende a infiltrar sus influencias en todo cuanto la rodea, ya sea religioso, político o social. El hombre que siente intensamente el espíritu de su religión experimenta el deseo casi inconsciente de acomodar y adaptar todos los asuntos, esparcimientos, trabajos y ocupaciones de la existencia diaria, a la fe de su alma. Por esta razón los francmasones cristianos ansían dar a los demás un carácter cristiano, investirlos en cierta manera con las particularidades de su credo e interpretar el simbolismo conforme a sus sentimientos religiosos, a pesar de que aprecian en su justo valor las bellas doctrinas que enseña la francmasonería y agradecen que se hayan conservado en el seno de su antigua orden en tiempos en que las naciones circundantes no las conocían.

Este sentimiento instintivo es una de las más nobles aspiraciones de la naturaleza humana; pero los autores masónico-cristianos se dejan llevar por ella con exceso, y afectan al carácter cosmopolita de la institución con la extensión de sus sectarias interpretaciones. Esta tendencia cristianizante ha sido en ciertos casos tan universal y ha prevalecido durante periodos tan largos que ha logrado imbuir el elemento cristiano de tal forma en ciertos símbolos que, quienes no conocen la causa de ello, no saben ni atribuir al símbolo un origen antiguo o moderno y cristiano.
 
Para esclarecer la idea que acabamos de exponer y dar un notable ejemplo de una interpretación cristiana y gradual de un símbolo masónico, vamos a estudiar el mito subsidiario (queremos decir subordinado a la gran leyenda del constructor), que se refiere a las circunstancias relacionadas con la tumba, colocada en "la cumbre de una colina cercana al monte Moria".

Ahora bien, el mito o leyenda de la tumba es una deducción auténtica y genuina del simbolismo de la antigua masonería espuria. Es análogo el pastos, féretro o lecho, de que hablan los rituales de los misterios paganos. En todas estas iniciaciones se colocaba al aspirante en una celda o sobre un lecho, envuelto en la mayor oscuridad, durante un período de tiempo que oscilaba desde tres días en los misterios griegos, hasta cincuenta en los persas.
 
Esta celda o lecho, que recibe el nombre técnico de pastos, se adoptó por símbolo del ser cuya muerte y resurrección o apoteosis se representaba en la leyenda. El descenso mítico al Hades y el retorno desde éste a la luz del día se representaba escénicamente en la iniciación de los misterios; esto es lo que quería decir la entrada en el Arca y la subsiguiente liberación de su sombría reclusión.
 
Los misterios se establecieron en casi todo el mundo pagano; siendo los de Ceres idénticos en sustancia a los de Adonis, Osiris, Hu, Mitra y los Dioses Cabires. En todos ellos se comienza relatando la desaparición, muerte o descenso alegórico del gran padre, concluyendo con su invención, renacimiento o retorno del Hades; pero esta teoría del arca no ha merecido la aprobación de los demás autores.
 
El erudito Faber dice que esta ceremonia es, sin duda alguna, la misma que la del descenso al Hades, y que, cuando el aspirante entraba en la celda mística, recibía la orden de acostarse en el lecho que simbolizaba la tumba del gran padre Noé, a quien sabido es que refiere Faber todos los ritos antiguos. Y continúa diciendo el autor que:
 
"Mientras yacía sobre el santo lecho imitando a su muerto prototipo, se decía qué dormía el profundo sueño de la muerte. Su resurrección del lecho representaba el retorno a la vida o su regeneración en un nuevo mundo".

Sin dificultad alguna se comprenderá que los francmasones del templo debieron tomar este simbolismo y apropiarlo a la tumba situada en la cumbre de la colina. Al principio la interpretación sería cosmopolita como la de aquella de que se había derivado, y estaría exactamente de acuerdo con los dogmas generales de la resurrección del cuerpo y de la inmortalidad del alma. Pero, con el advenimiento del cristianismo, se infundió el espíritu de esta nueva religión en el antiguo sistema masónico, afectando al simbolismo íntegro de la tumba. Es cierto que se conservó la misma interpretación de una restauración o resurrección, derivada del antiguo pastos; pero el hecho de que Cristo hubiese venido a enseñar el mismo dogma consolador a las multitudes y de que el monte Calvario, el "lugar de la calavera", fuese el sitio donde el redentor demostró la verdad de la doctrina con su propia muerte y resurrección, sugirió a los antiguos francmasones cristianos la idea de cristianizar el viejo símbolo.
 
Examinemos ahora cómo fue tomando cuerpo esta idea. En primer lugar es necesario identificar el lugar en donde se descubrió la "tumba recién hecha" con el Monte Calvario, donde se encontraba el sepulcro del Cristo. Esto se puede hacer fácilmente valiéndose de unas cuantas analogías convincentes.

1ª. El Monte Calvario es una pequeña eminencia, situada al poniente del Monte Moria, donde se construyó el templo de Jerusalén. Antiguamente era un montecillo de regular altura que se ha reducido bastante al hacer las excavaciones para construir la iglesia del santo sepulcro. "La actual roca llamada Calvario e incluida en la iglesia del santo sepulcro, tiene señales de haber sido un redondo nódulo de roca situado sobre el nivel común de la superficie".
 
2ª. Estaba situado en dirección oeste desde el templo y cerca del Monte Moria.

3ª. Se encontraba en el camino directo a Jerusalem a Joppa, y era el lugar donde un fatigado hermano se sentó para reposar de sus fatigas. El Dr. Beard razona de un modo parecido sobre el lugar de la crucifixión, y, suponiendo que los soldados debieron obligar a Jesús a que marchara rápidamente hacia el lugar de la ejecución por temor a un tumulto, dice: "El camino de Joppa a Damasco era el que más les convenía, y no había lugar vecino más a propósito que la pequeña elevación llamada Monte Calvario".
 
4ª. Estaba fuera de las puertas del templo.
 
5ª. En la roca había por lo menos una abertura o cueva, que fue más tarde el sepulcro de nuestro Señor; pero no hace falta insistir sobre esta coincidencia porque en la vecindad hay abundantes hendiduras en la roca, que están de acuerdo con las condiciones de la leyenda masónica.
 
Pero para que este razonamiento analógico se pueda comprender de modo más expresivo, baste saber que, sí un grupo de personas sale del templo de Jerusalén y se dirige hacia poniente para buscar el puerto de Joppa, la primera colina contraria sería el Monte Calvario; como es posible que éste se utilizara como lugar de sepultura, como parece deducirse de su nombre de Gólgota, es de suponer que sea el mismo lugar a que se alude en el tercer grado, en donde encontraron la acacia los obreros que fueron por el camino a Joppa.

Habiendo ya descrito la analogía, estudiemos su simbolismo.

El Monte Calvario ha ocupado siempre un lugar importante en la historia legendaria de la francmasonería, pues existen muchas historias relacionadas con él que tienen una importancia altamente interesante.

Una de las tradiciones dice que es el lugar donde se enterró a Adán, según refiere la antigua leyenda, para que el sitio donde yacía el que fue causante de la perdición de la humanidad, fuera también el mismo en que el Salvador padeciera martirio, muriera y fuese sepultado.
 
Sir Torkington, que publicó una peregrinación a Jerusalén en 1517, dice que "bajo el Monte del Calvario se en-uentra otra capilla de nuestra Señora y de San Juan Evangelista, denominada Gólgotha; y allí, precisamente bajo la mortaja de la cruz, se encontró la cabeza de nuestro antepasado Adán".
 
Recuérdese que Golgotha significa en hebreo "el lugar de una calavera"; según ello hay cierta concomitancia entre la tradición y el nombre de Golgotha, con que se conocía el Monte Calvario en tiempos de Cristo. Calvario o Calvaria tiene la misma significación en latín.
 
Según otra tradición, Enoch erigió en las entrañas del Monte Calvario su bóveda de nueve arcos, grabando en la piedra fundamental ese nombre inefable, cuya investigación como símbolo de la verdad divina, constituye el objeto principal de la francmasonería especulativa.
 
Una tercera tradición refiere que el rey Salomón descubrió, mientras se hacían excavaciones en el Monte Calvario para la construcción del templo, la piedra que depositara Enoch.
 
En este lugar fue muerto y enterrado el Redentor. Allí fue donde demostró él con actos la resurrección del cuerpo y la inmortalidad del alma, levantándose del sepulcro en el tercer día de su sepultura. Y a este lugar se refiere la gran verdad de la Francmasonería. (la misma sublime) cuyo desarrollo constituye el objeto principal del tercer grado, o sea del grado de maestro masón.
 
La sublime belleza de estas analogías, así como la maravillosa coincidencia existente entre los dos sistemas de la Fancmasonería y del cristianismo, debieron atraer la atención de los francmasones cristianos de los primeros tiempos.

El Monte Calvario se ha consagrado en el cristianismo por ser el lugar donde su Señor dio la última gran prueba de la segunda vida, y fundó la doctrina de la resurrección que él había venido a enseñar.

Es el sepulcro de El que, cautivo, triunfó del cautiverio, de quien arrebató a la tumba su victoria, y arrancó a la muerte su aguijón. También es un lugar sagrado para los francmasones como escena de la euresis, lugar del descubrimiento, donde se expresan las mismas consoladoras doctrinas de la resurrección del cuerpo y de la inmortalidad del alma con formas profundamente simbólicas.
 
Estas grandes verdades constituyen la esencia misma del cristianismo, que en esto supera y se diferencia de los demás sistemas religiosos. También constituyen ellas el objeto de la Francmasonería y, especialmente, del tercer grado, cuya leyenda particular, simbólicamente considerada, nos enseña ni más ni menos que la existencia en nosotros de una parte inmortal, que, por ser emanación del espíritu divino que llena toda la naturaleza, no pude morir jamás.
 
La identidad del lugar a que se refieren las enseñanzas de esta verdad divina en los dos sistemas (el cristianismo y el masónico) es un ejemplo admirable de la prontitud con que el espíritu religioso del primero logró infiltrarse en el simbolismo del último. Por esta razón, el escritor Hutchinson, imbuido de los puntos de vista cristianos sobre la francmasonería, opina que la ceremonia del maestro masón es un grado cristiano, cristianizando de este modo todo el simbolismo de su historia mítica.
 
"El Gran Padre de todos, compadecido de las miserias del mundo, envió a Su único hijo, que era la inocencia personificada, a que enseñara la doctrina de la salvación. Por El logró el hombre levantarse de la muerte del pecado a la vida de la rectitud; de la tumba de la corrupción a la cámara de la esperanza, y de las tinieblas del desespero a la luz celestial de la fe; y no sólo nos redimió, sino que prometió resucitarnos; de donde nos hemos convertido en hijos de Dios y en herederos de los reinos del cielo":
 
Los francmasones hablamos figuradamente cuando describimos el deplorable estado en que se encontraba la religión, sometida a la ley judía: Su tumba se hallaba entre los escombros e inmundicias sobrantes del templo, y la acacia tendía sus ramas sobre los monumentos.
 
Como la palabra griega akakia significa inocencia, o estar libre de pecado, queremos dar a entender con estas palabras que las corrupciones y pecados de la ley antigua y de los devotos del altar judío, habían ocultado la religión a quienes la buscaban, y que sólo podría encontrarse en donde sobreviviera la inocencia, a la sombra del divino cordero.
 
En cuanto a nosotros, profesamos la idea de que se nos debe distinguir por nuestra acacia, y por nuestros actos y doctrinas religiosas de verdaderos acacianos. La obtención de la doctrina de la redención se expresa por la palabra típica Eureka (lo he encontrado).
 
Cuando aplicamos este nombre a la francmasonería, queremos dar a entender que hemos descubierto el conocimiento de Dios y su salvación, y que se nos ha redimido de la muerte del pecado y del sepulcro de la injusticia y de la corrupción. "De modo que el maestro masón representa al hombre que se ha salvado de la iniquidad y ha renacido a la fe de la salvación, siguiendo la doctrina cristiana."
 
De esta manera es como escritores tan célebres como Hutchinson, Oliver, Harris, Scott, Salem Toyne y otros muchos más han cristianizado la francmasonería, por un inevitable proceso (dado el sentimiento religioso de sus intérpretes).
 
Nosotros no tenemos nada que objetar al sistema, cuando la interpretación no se fuerza y es plausible, consistente y produce los mismos resultados que en el caso del Monte Calvario: pero lo que sí afirmamos rotundamente es que semejantes interpretaciones son modernas y no pertenecen al sistema antiguo, aunque, a veces, se hayan deducido de él. Pero la verdadera interpretación de la leyenda (y la universal en masonería), en todos los países y épocas, es que el destino del constructor del templo simboliza la peregrinación del hombre sobre la Tierra, a través de pruebas y tentaciones, de pecados y tristezas, hasta que cae herido por la muerte, y su resurrección final y gloriosa a otra vida eterna.

Fuente:
Manual del Maestro Masón - José Díaz Carballo.



LOS ALTOS GRADOS EN LA MASONERÍA

LOS ALTOS GRADOS EN LA MASONERÍA

Comienzos de la Masonería en los distintos países del mundo

ÉTICA Y CÓDIGO MORAL MASÓNICO

DICCIONARIO DE CONCEPTOS MASÓNICOS

MÚSICA MASÓNICA

ORACIONES PARA MASONES

TEXTOS, PLANCHAS, LITERATURA MASÓNICA

TEXTOS, PLANCHAS, LITERATURA MASÓNICA

INSTRUCCIONES, LITURGIAS, CATECISMOS, MANUALES...

INSTRUCCIONES, LITURGIAS, CATECISMOS, MANUALES...

VISITA MI CANAL EN YOUTUBE

VISITA MI CANAL EN YOUTUBE
ORACIONES DEL MUNDO EN VIDEO

SIGUE MIS PUBLICACIONES EN FACEBOOK