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jueves, 14 de diciembre de 2017

RITO DE LA INVESTIDURA


El rito de la investidura es un simbolismo ritualista que tiene mayor importancia todavía que el anterior. Este rito nos induce a tratar del conocidísimo símbolo de la Francmasonería: el mandil de piel de cordero.
 
El rito de la investidura, o sea, el de poner al aspirante algún ropaje con objeto de indicar que está suficientemente preparado para asistir a las ceremonias que han de celebrarse más tarde, existió en toda las iniciaciones antiguas. Vamos a citar unas cuantas:
 
Así por ejemplo, en la economía levítica de los israelitas los sacerdotes llevaban siempre puesto el abnet, o delantal blanco, el cual formaba parte de las vestiduras sacerdotales. Este y otros ropajes se usaban, según dice el texto, "para gloria y belleza", o como opina un sabio comentarista "como emblema de la santidad y pureza siempre caracterizada en la divina naturaleza y en el culto digno de Dios".
 
En los misterios persas de Mitra se investía el candidato con un cíngulo, una corona o mitra, una túnica de púrpura y, por último, un mandil blanco, en cuanto había recibido la luz.
 
En las ceremonias iniciáticas practicadas en la India, se investía a los candidatos con el sash o zenaar sagrado, compuesto de nueve hilos que terminaban en un nudo, y que pendía desde el hombro izquierdo a la cadera derecha.
 
Este es quizás el tipo o modelo de la banda masónica que se lleva o debe llevarse en la misma forma.
 
La secta judía de los esenios, que por su organización es la institución secreta de la antigüedad más inmediata a la Francmasonería, investía siempre a sus candidatos con un ropaje blanco.
 
Por último, en los ritos escandinavos, en que el genio militar de este pueblo creó una iniciación guerrera, se entregaba al candidato un escudo blanco en vez del mandil, cuya ceremonia iba acompañada de ciertas enseñanzas, no muy diferentes de las que se dan al entregar el mandil masónico.
 
En todas estas clases de investiduras e independientemente del material y de su forma, se trataba de expresar la idea de pureza.
 
De ahí que en Francmasonería se aplique el mismo símbolo al mandil que, por ser el primer don que se hace al aspirante (el primer símbolo en que se le instruye) se conoce con el nombre de "distintivo del masón". Y no cabe mayor acierto, porque, sea cual fuere el progreso que consiga el candidato en el "Arte Real" y los arcanos a que le atraigan su sed de conocimiento y su devoción a la mística institución, nunca partirá sin el mandil, su primera investidura. Quizás cambie de forma, de decoración, teniendo en cada etapa una bella alusión distinta, pero siempre es el mismo; siempre proclama el honroso título que se le dio a conocer en la primera noche iniciática.
 
El significado del mandil, como símbolo de pureza, procede de dos fuentes: de su color y de su material. Por lo cual deben estudiarse estos dos puntos de vista antes de poder apreciarlo debidamente.
 
El mandil debe ser de color blanco inmaculado, color que en todos los tiempos ha representado la inocencia y la pureza. Gran parte de las vestiduras sacerdotales de los judíos eran blancos para representar este simbolismo. Por eso, se ordenó a Aarón que, cuando entrara en el Santo de los Santos a expiar los pecados del pueblo, se vistiera con ropa blanca y llevase un albo mandil o cinturón alrededor de los lomos.
 
Es cosa digna de tener en cuenta que la palabra hebrea Laban, que significa emblanquecer, denote también purificar; por eso se encuentran en las Sagradas Escrituras numerosas alusiones a este color como emblema de pureza. "Aunque tus pecados sean rojos, deben hacerse blancos como la nieve", dice Isaías; y jeremías exclama cuando describe la condición inocente de la antigua Sión:

"Sus nazaritas eran más puros que la nieve; más blancos que la leche."
 
En el Apocalipsis el Espíritu promete recompensar a los vencedores con una piedra blanca; y en el mismo libro místico, se ordena al apóstol que diga que la justicia de los santos es una hermosa ropa limpia y blanca.
 
En los primeros tiempos del cristianismo se vestía a los catecúmenos con vestiduras blancas, significando con ello que se habían limpiado de los pecados pasados y que, desde entonces, debían llevar vida de inocencia y pureza.
 
Por eso se les hacía la siguiente recomendación: "Recibe la vestidura blanca y limpia, y consérvala inmaculada ante el tribunal de nuestro Señor Jesucristo, para que puedas tener vida eterna."
 
El alba blanca se emplea todavía en la Iglesia romana. Según el obispo England, su color "excita la piedad, enseñándonos la pureza de corazón y de cuerpo que debemos poseer para presenciar los santos misterios".
 
Los gentiles rendían el mismo culto a la significación simbólica de este color. Los egipcios, por ejemplo, decoraban la cabeza de su divinidad principal, Osiris, con una blanca tiara, y sus sacerdotes usaban ropas del más blanco lino.
 
Los discípulos de Pitágoras cantaban los himnos sagrados cubiertos de ropajes blancos.
 
Los druidas daban vestiduras blancas a los iniciados que habían alcanzado el último grado, o sea el de perfección, para enseñar al aspirante que únicamente se concedía semejante honor a quienes se habían limpiado de todas las impurezas del cuerpo y del alma.

En todos los Misterios y ritos religiosos de las demás naciones antiguas se observa la misma costumbre de llevar vestidos blancos.
 
Portal, dice en su Tratado sobre los Colores simbólicos que el "blanco” símbolo de la divinidad y del sacerdocio, representa la sabiduría divina; aplicado a -una joven virgen, denota Virginidad; a una persona acusada, inocencia, y a un juez, justicia", y añade que, "como signo característico de pureza, es una promesa de esperanza después de la muerte", lo cual es apropiadísimo al empleo que de él se hace en la Francmasonería. Por todo cuánto hemos dicho se verá cuán acertadamente se adoptó este color en el sistema masónico para simbolizar la pureza, simbolismo que se encuentra en todos los grados del ritual, siempre que se empleen vestiduras o insignias blancas.
 
En cuanto al material con que se hace el mandil es preciso que sea de piel de cordero, pues no puede sustituirse por ninguna otra sustancia, como por ejemplo la seda, el lino o el satén, sin destruir por completo el simbolismo de la investidura. Sabido es que el cordero "se ha considerado en todas las épocas como emblema de inocencia", como dice el ritual, particularmente en las iglesias cristianas y judías. No sería difícil dar numerosas citas sobre el particular, pues las hay abundantísimas en el Antiguo Testamento, en donde se dice que los israelitas elegían corderos para sus ofrendas de pecado y de fuego, y en el Nuevo, donde la palabra cordero se emplea continuamente para simbolizar inocencia.
 
"El cordero pascual", dice Didron "que comieron los israelitas la víspera de su partida; es el tipo de ese otro Cordero divino, de quien participan en Pascua de Resurrección los cristianos para librarse de las cadenas que les aferran al vicio". Los cristianos pintaron siempre al cordero pascual, con una cruz, para simbolizar a Cristo crucificado, "ese inmaculado Cordero de Dios, que fue muerto desde la creación del mundo".
 
Por eso se une el material del mandil a su color para dar a la vestidura francmasónica la significación simbólica de pureza. Esto, añadido al hecho que ya hemos expuesto, de que la ceremonia de investidura era común a todos los ritos religiosos de la antigüedad, es otra prueba más de la identidad de origen de estos ritos con la institución masónica.
 
También indica este simbolismo el carácter religioso y sagrado que trataron de imprimir a la Francmasonería sus fundadores relacionado con las cualidades morales y físicas exigidas a nuestros candidatos, puesto que en las Logias masónicas ocurre lo propio que en la Iglesia Judía, que no permitía que "ningún hombre imperfecto se acercara al altar".
 
Lo mismo ocurría en el sacerdocio pagano, el que consideraba deshonroso que sirvieran a los dioses los lisiados, cojos e imperfectos.
 
El sacerdocio judío y el pagano no permitían que se aproximasen a las cosas sagradas los impuros y pervertidos.
 
El mandil puro e inmaculado de piel de cordero, simboliza, pues, en Francmasonería esa perfección de cuerpo y pureza de alma que son cualidades esenciales de quien desea participar en sus sagrados misterios.
 
 

miércoles, 13 de diciembre de 2017

EL RITO DE LA CIRCUNVALACIÓN


El rito de la circunvalación es otro símbolo ritualista que viene en apoyo de la identidad del origen de la Francmasonería con las ceremonias religiosas y místicas de los antiguos.

"Circunvalación" es el nombre con que designan los estudiantes de la Arqueología sagrada el rito religioso practicado en las antiguas iniciaciones, el cual consistía en hacer una procesión alrededor de un altar u otro objeto consagrado y santo.
 
Este rito parece haber sido universalmente practicado por los antiguos, y al principio aludía al curso aparente del sol en el firmamento, que va de oriente a occidente por el sur.
 
En la antigua Grecia los sacerdotes y el pueblo daban tres vueltas al altar cantando himnos u odas sagradas mientras verificaban los ritos de sacrificio. A veces y cuando el pueblo rodeaba el altar, únicamente el sacerdote era quien daba las tres vueltas en torno al mismo, girando hacia la derecha y rociándolo con agua santa y alimentos.
 
Al hacer esta circunvalación era condición precisa que el costado derecho diera a la parte del altar, y, por consiguiente, que la procesión se moviera de oriente a sur, y de sur a occidente y norte hasta volver de nuevo al este. De esta manera se representaba el curso aparente del sol.
 
Los griegos decían que esta ceremonia se dirigía desde la derecha a la derecha, que era la dirección del movimiento, y los romanos la aplicaban la voz dextrovorsum o dextrorsum, que significa la misma cosa. Por ejemplo Plauto hace decir a Palinuro, personaje de su comedia Curculio: "Si quieres reverenciar a los dioses, da vueltas hacia la derecha." Gronovio dice, comentando este pasaje de Plauto: "Cuando rendían culto a los dioses y cuando rezaban tenían la costumbre de girar hacia la mano derecha."
 
Se conserva un himno de Calímaco que cantaban según se dice los sacerdotes de Apolo en Delos, mientras realizaban la ceremonia de circunvalación, y que dice en síntesis: "Nosotros imitamos el ejemplo del sol, y seguimos su curso bienhechor."
 
Obsérvese que esta circunvalación se verificaba cantando una oda sagrada. Cada una de las tres partes de la oda, la estrofa. la antistrofa y el epodo, se cantaban en una parte determinada de la procesión. La analogía entre el cántico de la oda por los antiguos y el recitado de un pasaje de las Escrituras en la circunvalación masónica, es evidente.
 
Los romanos empleaban la ceremonia circunvalatoria en los ritos de sacrificio, expiación o purificación. Por ejemplo, Virgilio describe a Corineo purificando a sus compañeros en el funeral de Miceno y pasando tres veces alrededor de ellos, mientras les rociaba con aguas lustrales.
 
Para que tal cosa estuviera bien hecha, era preciso que girara en torno suyo dando hacia ellos su mano derecha.
 
"Tres veces rodeó a la multitud con agua pura, rociándola con una rama de olivo el líquido divino."  (Eneida VI, 229)
 
En síntesis, era cosa tan corriente el que la ceremonia de circunvalación fuese unida a la de expiación o purificación, o, mejor dicho, hacer una procesión circular mientras se realizaba este último rito, que la palabra lustrare, cuyo significado primitivo es "purificar", llegó al fin a ser sinónima de circuire, circuir. De este modo la purificación y la circunvalación se expresaban a menudo con una sola palabra.
 
Los indos han practicado también el rito de la circunvalación; como ejemplo podemos citar las ceremonias que hacen los brahmanes al levantarse de la cama por la mañana, descritas por Colebrooke acertadamente en las Asiatic Researches. El sacerdote adora primeramente al sol colocándose de cara a oriente; después, camina hacía occidente por el sur diciendo al mismo tiempo "Yo sigo el curso del sol", que explica diciendo que "Así como el sol gira alrededor del mundo, siguiendo el camino del sur, yo también ¡mito a esta luminaria, para obtener el beneficio que produce el dar la vuelta a la tierra por el camino del sur".

Y, por último, también los druidas conservaban este rito, cuya "danza mística" en torno de los cairnos o piedras sagradas, no es sino el rito de la circunvalación. En estas ocasiones el sacerdote hace tres rodeos, desde oriente a occidente, dando la derecha hacia el altar o cairno, acompañado de todos los prosélitos.
 
Tan sagrado era este rito, que, según Toland en las islas escocesas, antaño sede principal de la religión druídica, "no llegaba nunca el pueblo hasta los cairnos de sacrificio en que ardía el fuego, sino que daban tres vueltas en torno suyo, siguiendo el curso del sol". Esta vuelta sagrada por el sur se llamaba Deiseal; mientras que la contraria o impía, es decir, la del norte, recibía el nombre de Tuapholl. Además, este autor opina que la palabra Deiseal, se deriva "de Deas, la derecha (sobreentendiéndose mano) y soil, uno de los antiguos nombres del sol. La mano derecha era la que se encontraba más próxima al montón de piedras, mientras se daban las vueltas".

Podríamos continuar estas investigaciones y encontrar el rito de la circunvalación en las demás naciones de la antigüedad; pero creemos haber dicho bastante ya para demostrar su universalidad, como asimismo la persistencia con que se conservó el número místico de vueltas y el giro constante a la derecha, desde oriente a occidente, yendo por el sur. Creemos que esta singular analogía con el mismo rito de la Francmasonería debe llevarnos a la conclusión de que la fuente común de todos estos ritos ha de hallarse en el origen idéntico de la Francmasonería espúrea o misterios paganos y de la Francmasonería pura y primitiva, de la cual se separaron los primeros únicamente para corromperse.
 
Revisando todo cuando hemos dicho sobre este tema, se observa que la esencia de este rito antiguo consistía en hacer la circunvalación del altar desde oriente a sur, de sur a occidente, y de este punto al norte, para volver de nuevo al oriente.
 
El rito masónico de circunvalación está de acuerdo con este hecho del rito antiguo. Pero hemos admitido que este rodeo hecho a la derecha simbolizaba el curso aparente del sol alrededor de la tierra.
 
Vuélvese a ver en esto la repetidísima alusión francmasónica al culto solar, que ya hemos estudiado en el tema de los oficiales de la Logia y en el del punto dentro del circulo. Y como la circunvalación se realiza alrededor de la Logia, del mismo modo que el sol gira al parecer en torno de la tierra, volvemos nuevamente al simbolismo original con que hemos comenzado: que la Logia es un símbolo del mundo.
 
 

lunes, 11 de diciembre de 2017

SIMBOLISMO RITUALISTA


Hasta ahora nos hemos dedicado solamente a estudiar los sencillos símbolos que expresan una idea independiente y simple, los cuales han recibido, a veces, el nombre de "alfabeto de la Francmasonería” cosa impropia, puesto que las letras del alfabeto no tienen aisladas significación alguna, lo que no ocurre con los símbolos masónicos. Las letras son únicamente las partes de que se componen las palabras, las cuales representan ideas.

Estos símbolos masónicos pueden compararse mejor a los caracteres elementales del lenguaje chino, cada uno de los cuales representa una idea; o, mejor todavía, a los jeroglíficos de los antiguos, en los que un objeto se representaba plenamente por otro que tenía alguna relación subjetiva con él; por ejemplo, el viento se simbolizaba por las alas de un ave, y el valor por la cabeza y la espalda de un león.

Es el mismo sistema empleado en Francmasonería, en la que se representa la rectitud por la plomada; la igualdad humana por el nivel, y la concordia o armonía por la llana.

Cada símbolo es independiente de por sí y expresa una sola idea elemental.

Pero hemos llegado ya a una división superior del simbolismo masónico, que, traspasando estos símbolos tangibles, nos sitúa ante otros de más abstrusa naturaleza y, que, por desarrollarse en forma ceremonial y estar dirigidos e intervenidos por el ritual de la Orden, pueden designarse con el nombre de simbolismo ritualista de la Francmasonería.

Nuestro deseo es que se ponga especial atención en esta división superior. Con objeto de poner algunos ejemplos de la definición que hemos dado, elegiremos unas cuantas de las más notables e interesantes ceremonias del ritual.

Nuestras primeras investigaciones se enfocaron hacia el simbolismo de los objetos; las próximas, tratarán del simbolismo de las ceremonias.

En las explicaciones que nos aventuraremos a dar sobre el simbolismo ritualista, o simbolismo de las ceremonias, habremos de aludir continuamente a lo que ya hemos mencionado, es decir, a la analogía existente entre el sistema de la Francmasonería y los antiguos ritos y Misterios. Por lo tanto, vamos a estudiar una vez más la identidad de su origen.

Todos los grados del Arte Antiguo de la Francmasonería contienen algunos de estos símbolos ritualistas.

Las lecciones de la Orden, se velan siempre bajo la vestidura de las alegorías. Pero nosotros no hemos de tratar más que de las más importantes. Por ejemplo, de los ritos de descalzamiento, de investidura, de circunvalación y de revelación.


 

EL RITO DE DESCALZARSE


El rito de descalzarse o desnudar los pies al aproximarse a un lugar sagrado, se deriva de la palabra latina discalceare, quitarse el calzado. Esta costumbre tiene en favor suyo el prestigio de su antigüedad y su universalidad.
 
Según el párrafo del Éxodo, en que el Ángel del Señor dice al patriarca desde la zarza ardiente: "No te llegues acá: quita tus zapatos de tus pies, porque el lugar en que estás tierra santa es" (Éxodo III-5), no sólo se ve que este rito estaba muy extendido, en tiempos de Moisés, sino que también se comprendía bien su significación simbólica.

Clarke opina en sus Commentaries que las naciones orientales derivaron de este mandato la costumbre de realizar su culto religioso con los pies descalzos; pero lo más probable es que esta ceremonia se emplease mucho tiempo antes del episodio de la zarza, y que el legislador judío la conociese ya como signo de reverencia.
 
Tal es lo que opina el Obispo Patrick, quien cree que la costumbre se derivó de los antiguos patriarcas, transmitiéndola la tradición de generación en generación.
 
Existen abundantes pruebas en los autores antiguos de la existencia de esta costumbre entre las naciones gentiles y judía. Vamos a citar unas cuantas, coleccionadas por el Dr. Mede.
 
Pitágoras ordenaba a sus discípulos que: "Ofrece tu sacrificio y rinde culto con los pies descalzos".

Justino Mártir dice que los sacerdotes ordenaban a quienes asistían a los templos gentiles que se quitasen los zapatos.
 
Drusio dice en las Notas al libro de Joshuá que en las naciones de Oriente era deber piadoso el hollar el pavimento del templo con los pies desnudos.
 
El gran expositor de la ley judía Maimónides, afirma que "no se permitía a los hombres entrar en la montaña de la casa de Dios con los zapatos puestos, ni con su cayado y vestiduras de trabajo o con los pies cubiertos de polvo".
 
Rabí Salomón hace la misma observación al, comentar el mandamiento del Levítico XIX, 30: "Mi santuario tendréis en reverencia."
 
El Doctor Oliver dice que "el acto de ir con los pies descalzos se consideró siempre como señal de humildad y de reverencia; los sacerdotes oficiaban siempre con los pies descalzos en sus templos, aunque a menudo esto perjudicaba a su salud".
 
Mede cita la siguiente frase de Zago Zaba, obispo etíope que envió como embajador el rey David de Abisinia a Juan III de Portugal: "No se nos consiente entrar en la iglesia más que con los pies descalzos".
 
Los mahometanos se dejan las babuchas a las puertas de las mezquitas. Los druidas practicaban la misma costumbre siempre que celebraban sus ritos, y dícese que los antiguos peruanos dejaban su calzado en el pórtico cuando entraban en el magnífico templo consagrado al culto del sol.
 
Adam Clarke cree que la costumbre de rendir culto a Dios con los pies descalzos estaba tan extendida en todas las naciones de la antigüedad, que puede considerarse como una de las trece pruebas de que la raza humana entera procede de un tronco común.
 
Este rito se puede explicar con la siguiente teoría: Los zapatos, sandalias o babuchas se llevaban para proteger los pies contra la suciedad de la tierra. Continuar llevándolos en un lugar consagrado sería aceptar tácitamente que éste también estaba manchado y podía contaminar. Pero, como el carácter del lugar sagrado excluye la idea de impureza, era preciso manifestarlo descalzándose y limpiándose los pies siempre que se entraba en él.
 
Actualmente nos descubrimos la cabeza para expresar el sentimiento de estimación y respeto. Pues bien, antiguamente, el casco o yelmo protegía la cabeza contra los ataques de insospechados enemigos; pero no se podía temer a quien se estimaba y respetaba. Por eso el destocarse la cabeza significaba ilimitada confianza en la persona a quien se saludaba así.
 
El rito de descalzarse, es, por lo tanto, un símbolo de reverencia y significa, según el lenguaje del simbolismo, que el lugar a que uno se aproxima tan humilde y reverentemente está consagrado a un santo propósito.
 
El francmasón inteligente aplicará sin duda este rito al tercer grado, que es el más importante y sublime de los de la Francmasonería. Las solemnes lecciones que enseña la sagrada escena que representa las impresionantes ceremonias que a él conducen, están calculadas de tal modo que inspiran respeto y reverencia.
 
Sólo una vez al año se permitía al gran sacerdote entrar con los pies descalzos después de escrupulosa purificación en el Santo de los Santos del templo, cuando el arca de la alianza se había depositado en un lugar adecuado y el Shekinah se cernía sobre ella. Entonces pronunciaba, con respetuosa veneración, el tetragrámaton, o palabra omnífica.
 
Antes de entrar en la Logia del Maestro Masón ese Santo de los Santos, donde se inculcan las solemnes verdades de la muerte y de la inmortalidad -debe el aspirante purificar su corazón de toda mancha y recordar, con su verdadero significado, estas palabras que una vez oyera el antiguo patriarca con verdadero pasmo:
 
"Quita tus zapatos de tus pies, porque el lugar en que tú estás tierra santa es."



 
 
 

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