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lunes, 28 de mayo de 2018

LA BENEFICIENCIA EN LA MASONERÍA


Creado a la imagen de Dios que tubo a bien comunicarse a los hombres, y derramar sobre ellos la felicidad, acércate a este modelo infinito; por una voluntad constante de hacer participar a los demás, de toda la dicha que gozas: todo lo que puede concebir de bien el espíritu, es el patrimonio del Masón.

Mira la miseria sin amparo en la infancia, ella reclama tu apoyo; considera la falta de experiencia en la juventud, ella solicita tus consejos, pon tu felicidad en preservarla de los errores que la amenazan, excita en ellos el amor al trabajo de las artes y de la humanidad, conduciéndolos a la verdadera luz, para el bien del genero humano.

Toda criatura que sufre o gime, tiene derechos sagrados sobre ti; guárdate de desconocerlos, no esperes que el grito de la miseria venga a solicitarte; prevén y asegura al desgraciado y tímido; no envenenes con la ostentación de tus dones, las fuentes de agua viva donde se han de refrigerar los sedientos; no busques los vanos aplausos de la multitud por la recompensa de tus beneficios, el Masón, la halla en el sufragio tranquilo de su conciencia, y en la sonrisa alagüeña de la Divinidad, bajo cuyos ojos siempre está presente.

Si la providencia liberal, te ha dado mas bienes de los que necesitas, no uses de ellos con frivolidad criminal; quiso esta providencia que por un movimiento libre y espontaneo de tu alma generosa, hicieses menos sensible la desigual distribución de ellos que entraba en sus planes. ¡ Goza de esta bella prerrogativa!
 
Que jamás la sórdida avaricia ni las pasiones envilezcan tu carácter, y que tu corazón se niegue a los cálculos interesados que ella sugiere. Si alguna vez llegaran a marchitar en tu corazón los deseos de ser útil con generosidad a tus semejantes, de huir de nuestros talleres de caridad, todo estaría sin atractivos para ti, y no podríamos reconocerte como la verdadera imagen de la Divinidad.
 
Que tu beneficencia sea ayudada por la religión, la sabiduría y la prudencia; tu corazón querrá abrazar las necesidades de toda la humanidad pero tu penetración debe escoger las mas perentorias e importantes.

Instruye, da consejos, protege, da, alivia sucesivamente; nunca creas haber hecho bastante, y no dejes tus obras, sino para hacer ver una nueva energía.

Librándote de las ansias grandes de esta pasión sublime, un gozo sin «fin se te prepara; tendrás sobre esta tierra, el gusto anticipado de la felicidad celeste, se engrandecerá tu alma, y todos los instantes de ella estarán bien empleados.

En fin, cuando sientas desfallecer tus fuerzas físicas y morales, o que no pudiendo por ti mismo ser suficiente a lo que deseas hacer, te agobie el pesar, ven a nuestros templos a ver  el simulacro sagrado y bienhechor que nos une, y concurriendo eficazmente según tus facultades a los placeres y establecimientos útiles que la asociación Masónica te presenta, y hace efectivos, felicítate de ser ciudadano de este mejor mundo, gusta de los dulces frutos de nuestras fuerzas combinadas y concentradas a un mismo objeto y entonces verás multiplicarse tus recursos: ayudarás a hacer mil dichosos, en vez de uno, y verás tus votos coronados con el suceso.
 
 
 

jueves, 26 de abril de 2018

DE LA CARIDAD EN LA MASONERÍA


Siendo la caridad la primera virtud social, y la que mas acerca el hombre a la divinidad, es la que debe distinguir en todas las circunstancias de la vida humana el carácter del Francmasón; tan satisfactoria es esta virtud para el que la practica, como útil para el que de ella se aprovecha; lleva con sigo su recompensa por los puros y dulces placeres que goza el hombre que la ejerce. 
 
La caridad, contiene tiernas emociones para el sabio admirador e imitador de las bondades del Creador y Señor del Universo. Imprime en los corazones, caracteres sagrados, con los cuales se manifiesta a todas las criaturas; se presenta siempre a nuestros ojos, bajo las formas mas agradables, y sentimos por medio de sus divinas emanaciones, los efectos deliciosos de aquellos sentimientos que llenan las almas de una verdadera e inalterable satisfacción que no podemos comprender, y que solo Dios puede explicar.
 


¡Quien pudiera expresar la felicidad de que goza el que, teniendo solo a Dios y a su corazón por testigos de sus tiernas afecciones, puede acordarse de sus acciones benéficas, oír las bendiciones de los desdichados, a quien ha socorrido en sus infortunios, y recibir las muestras sinceras del agradecimiento, renovadas cada día con las consolaciones que verterá en las almas oprimidas de desdicha, de miseria, y de dolor!
 
La caridad es la piedra angular de nuestras obras místicas, esta amable virtud, más llena de gloria que el primer rayo de luz que viene a aclarar un hermoso día, es el principio vital de nuestra sociedad; ella forma la base de todas nuestras acciones por lo que toca a nuestros HH.·.; ella es el guía que arregla nuestro celo y afán por el bien del genero humano, porque aunque las necesidades de nuestros HH.·. nos interesan particularmente, el mérito y la virtud en la indigencia, en cualquiera clase que se halle, merece nuestros beneficios y atenciones.
 
La caridad M.·. tiene placeres que no son conocidos del profano, solo el verdadero M.·. puede conocer y practicar este tierno sentimiento con la delicadeza y consideración que realza el mérito y el precio de una buena obra.
 
Cuantas ocasiones halla el Masón de cumplir con lo que debe a su prójimo, procurando a los infelices, todo genero de consolaciones, escuchando con paciencia y sensibilidad, la relación de las penas del afligido: cuidando de enjugar sus lágrimas, de aliviar sus necesidades, de animar y sostener su valor, y de mostrarle la esperanza.
 
En una palabra, la ocupación continua de un M.·. debe de ser la de apropiarse las dificultades de su prójimo. El alma verdaderamente benéfica, siente un gusto divino en anticipar sus auxilios a los que los necesitan.

La caridad fraternal, es también una virtud que procura al que la practica, el agradecimiento, la estimación, la amistad, y aún, la admiración de los hombres.

¿Podremos pues negar estos sentimientos a el que se ha hecho una obligación y un hábito de perdonar las debilidades y errores de sus hermanos, de cubrir sus faltas, de ensenarles a vencer sus pasiones, a conocer la paz del corazón y del alma, de conservar la amistad, de fortalecerles con ejemplos y buenos consejos, en los principios sagrados de la sana moral, de instruirlos de sus yerros y a perdonar sus injurias?
 
Tales son los movimientos deliciosos y sublimes de un corazón tierno, que practica esta preciosa virtud en todas sus ramificaciones; en silencio, sin orgullos ni ostentación; hace el bien solo por gusto, y se esfuerza siempre por llegar a la pureza y perfección adquiriendo nuevas virtudes.

 

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