jueves, 8 de marzo de 2018

6 - SIGNIFICADO Y SIMBOLISMO DEL NÚMERO 6


El Seis es el número perfecto y la unificación de los contrastes.

Ya en el siglo VI a. de C. Pitágoras afirmó que el número Seis era un número perfecto, pues se obtenía como resultado de sumar los tres primeros números, ya que 1 + 2 + 3 = 6, así como de multiplicarlos 1 x 2 x 3 = 6.

 
El círculo también es considerado perfecto, pues su radio se deja trazar sobre seis puntos equidistantes que, al ser unidos mediante líneas, dan lugar a dos figuras relacionadas con este símbolo que son el hexágono y la estrella de seis puntas. En el hexágono, la longitud de los lados coincide exactamente con el radio del círculo y es considerado como pieza ideal de construcción que aparece, por ejemplo, en la naturaleza en un panal de miel o en el anillo bencénico.

Esta perfección viene también reflejada en la creación, que, según relata la Biblia, duró seis días. La estrella hexagonal simboliza la penetración mutua y la unificación acertada de los contrastes. Está compuesta por dos triángulos, que simbolizan fuego  y agua , son aquellas fuerzas que dentro de los cuatro elementos clásicos presentan las mayores diferencias entre sí.


El fuego es ligero, caliente y clan, mientras que el agua es pesada, fría y oscura. El fuego tiende a extenderse como ningún otro elemento hacia arriba, mientras que el agua presiona hacia abajo y se mantiene tranquila únicamente cuando ha tocado fondo.

Si no solo superponemos ambos triángulos uno sobre el otro, sino que además los deslizamos entre sí, queda demostrado de forma muy clara que la estrella hexagonal simboliza la penetración mutua y la unión acertada de los contrastes. Grandes parejas de contrastes como fuego-agua, hombre-mujer, luz-oscuridad y abajo-arriba representan la realidad polar y también las alternativas en las que nosotros podemos elegir y las que en muchas ocasiones nos arrastran de un lado a otro. La cosa se complica especialmente cuando se trata de contrastes que queremos congraciar, pero que son irreconciliables.

Cada vez que desembocamos en un conflicto de interés y nos vemos obligados a elegir en el trabajo y la familia, la independencia o la dependencia, el riesgo o la seguridad, la tradición o la excitante novedad, nos encontramos ante tal dilema, pues parece que decidirnos por ambas cosas resulta imposible. Pero si dedicamos el tiempo suficiente a intentar resolver esta situación de imposibilidad, puede que se nos encienda una bombilla que nos permita hallar la solución correcta. Entonces experimentaremos una agradable y profunda sensación de felicidad.
 
En el I Ching, antiguo oráculo y libro de la sabiduría china, el número Seis es considerado un símbolo central. Las líneas discontinuas del Yin y las líneas continuas del Yang simbolizan la polaridad primitiva del Sol y la Luna, del cielo y la tierra, de lo masculino y lo femenino. En total se pueden formar ocho grupos diferentes, cada uno compuesto por tres lineas (trigramas), los cuales a su vez pueden combinarse de múltiples formas dando lugar a los hexagramas del I Ching.

En total se conocen 64 combinaciones de cómo pueden intercalarse el cielo y la tierra. Como símbolo de la convergencia entre el cielo y la tierra, entre lo visible e invisible, el mundo divino y el mundo terrenal, los cristianos occidentales apuntan a la estrella hexagonal. Así lo refleja el monograma de Cristo, que resulta de la superposición de las letras griegas χ = Chi, y ρ = Rho, las dos primeras letras de la palabra Cristo, que representan la unión de Dios y el hombre.

La estrella hexagonal aparece en los rosetones de muchas catedrales, como es el caso de la catedral La Seu en Palma de Mallorca.

El Seis es también el número que designa las direcciones naturales que nos rodean: delante, detrás, izquierda, derecha, arriba y abajo. Seis lados tiene un cubo, que analógicamente a lo que ocurre con la simbología del número Cuatro, representa nuestro mundo actual, la realidad, y que si lo «desplegarnos» se convierte en una cruz que nos recuerda mucho al típico plano horizontal de gran cantidad de iglesias.

En la magia se le llama al hexágono Escudo de David o Sello de Salomón y se lo considera un símbolo especialmente poderoso. La leyenda dice que hace tres mil años vivía el sabio rey Salomón, el cual había conjurado a los demonios y llamado a los ángeles a través de este sello. Este poder no se debe, si lo analizarnos desde un punto de vista simbólico, únicamente a la fuerza y habilidad de unificar contrastes, sino a la capacidad de relacionar entre sí a la totalidad de la creación de un forma perfecta, lo que viene representado en la figura de la estrella hexagonal. También puede ser considerado un símbolo de unión, de hermanamiento, de los cuatro elementos y permite así resaltar aún más su carácter de perfección.
 
El hexagrama se convirtió en el famoso símbolo de los judíos en el siglo XIX a partir de una comunidad judía que residía en Praga. En el Tarot la carta número seis (VI) es naturalmente la carta de LOS AMANTES, que simboliza la unificación acertada de los contrastes.
 
La similitud entre la ortografía y entre el sonido de los vocablos seis y sexo, tanto en el español como en idiomas como el inglés o alemán, no es del todo casual, sino que está más bien relacionado con la simbología. La fricción o el roce entre los contrastes no produce solo calor, chispas, brasas y pasión, sino que también permite la creación o el resurgir de algo nuevo. Por esta razón, el Seis es considerado también el número de la fertilidad y su trazo expresa un movimiento que surge de sí mismo y que genera algo a partir de él mismo. Quizá encontremos en este pensamiento la razón por la que este número ha sido proscrito y se le ha llamado también el número carnal.
 
Al encontrarse por debajo del Siete perfecto, se le ha considerado igualmente el número de la insuficiencia y el símbolo de la caída del mundo y del tiempo. Este menosprecio tiene una larga tradición, que quizá se deba a una vieja enemistad. Los sumerios y los habitantes de Babilonia, que hoy en día viven en el actual Iraq, consideraban sagrado al número Seis.
 
Esto lo refleja nuestro actual cálculo del tiempo, que tiene su origen en los sacerdotes astrales de Babilonia, considerados los padres de la astrología. Ellos fueron los que dividieron el año en doce meses, el día en dos veces 12 horas y las horas en 60 minutos, cada uno de los cuales consta a su vez de 60 segundos. Estos poderosos vecinos no eran muy queridos, sobre todo porque aún permanecían en la memoria los años de esclavitud de los babilónicos, y esta era la razón por la que el pueblo de Israel no tenía en muy buena consideración aquello que era sagrado pan ellos. Esta enemistad trascendió a los cristianos y se mantiene en nuestros días en el significado negativo de la torre de Babel o en la prostitución de Babilonia y también en el aspecto diabólico del número Seis, sobre todo del número 666.

¿Es quizá esta la razón por la que la palabra Babilonia aparece en total seis veces en el Apocalipsis, el último libro del Nuevo Testamento?


 

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