viernes, 23 de marzo de 2018

EL 5, EL NÚMERO DEL COMPAÑERO

 
En el simbolismo alquímico, los cinco puntos significan la interconexión de los cuatro elementos (Aire, Fuego, Agua y Tierra) unidos por el quinto elemento o "quintaesencia" que algunas veces se denomina Éter y más a menudo el Espíritu.

Si el tiempo, señala cuatro estaciones distintas en las dimensiones en que se manifiesta, el quinto punto central representa a la inmóvil y siempre presente eternidad en la que todo es simultáneo, no sujeto al devenir.

Y si el espacio se proyecta en cuatro puntos cardinales, el quinto es el inmutable centro, el punto de referencia (el yo, u observador) a partir del cual esa proyección es posible.

El número cinco simboliza el estado del ser en el que todo es aquí y ahora, aquella región en la que el tiempo y el espacio se hallan fundidos. Es la unidad, o espíritu puro, oculta en el cuaternario. El centro mismo del cuadrado y la cruz, sin el cual estas figuras no podrían existir.

Si el cuadrado y la cruz nos sirven para simbolizar al mundo de la creación y a la manifestación universal, el punto central que les da razón de ser es la representación de lo oculto e interno, de lo esotérico, de la esencia única que es el origen y el destino común de todo ser manifestado.

En el caso de la construcción piramidal, de base cuadrada, este quinto punto es el centro de la base que se eleva verticalmente hacia el vértice de la pirámide, o sumidad del templo.

El cinco es en la Masonería el número con que se identifica el compañero. Y en nuestro simbolismo constructivo, en el que observamos cuatro piedras de esquina (corner stones), la quinta es la piedra angular, o piedra de toque, la que da sentido a toda la construcción, y que según el Evangelio cristiano ha sido rechazada por los constructores.

En la carta XXI del Tarot, en cada una de las esquinas se simboliza a un elemento, y el ombligo de la mujer, en el centro de la lámina, representa la quintaesencia, simbolismo equiparable al cristiano que, colocando en cada esquina a uno de los cuatro evangelistas, asigna el quinto punto central al mismo Cristo.

La tradición agrega a los cuatro elementos (tierra, agua, aire y fuego), un quinto, llamado éter, que simboliza el vacío espacio celeste, la realidad espiritual que todo penetra, y que une dentro de sí a todos los seres. El éter es anterior a los otros cuatro elementos, pues es el primero de ellos, pero al mismo tiempo es el último, ya que él absorbe dentro de sí a todos los seres en la unidad primordial. En el ser humano el éter se aloja en la cavidad central del corazón (en la caverna interior en medio de dos aurículas y dos ventrículos), morada de la divinidad, y es en él donde se une el alma individual con la realidad universal, y lo humano con lo divino.

En la Cábala, la quinta sefirah llamada Gueburah, el rigor, cumple la función de negar todo aquello que niegue a la unidad, y por lo tanto destruye todo lo que no es ella absorbiendo a todos los seres en ese principio único y metafísico. También desde otra perspectiva se considera al número cinco como central. En efecto, el cinco es el del medio en los nueve números naturales. Es un perfecto intermediario entre el punto y la circunferencia, la unidad y la manifestación, entre el cielo y la tierra, el espíritu y la materia. Los pitagóricos lo consideraban número «nupcial», pues siendo el resultado de la suma del primer número impar con el primer par (3 + 2), representa la unión de lo masculino (el cielo, 3) con lo femenino (la tierra, 2).

El cinco es el número del microcosmos, el hombre, y muy diversas tradiciones han relacionado a este número con el ser humano, por el hecho de que éste percibe la realidad sensible con cinco sentidos, tiene cinco dedos en sus manos y en sus pies, y su propia figura es pentagonal, pues posee cinco extremidades: los dos brazos, las dos piernas y la cabeza.

Al hombre se le inscribe en una estrella de cinco puntas representando así al ser humano en cuanto emanado de Dios y creado a su imagen y semejanza. En el templo masónico destaca esa Estrella Flameante, dentro de la cual se coloca la letra G, simbolizando también la perfección humana, y el arquetipo divino del hombre.

Los chinos nos hablan de cinco elementos (fuego, agua, metal, madera y tierra) y también los hacen corresponder con los puntos cardinales del espacio y el tiempo, siendo el quinto elemento (la tierra) el central. También consideran al cinco como número de centro, y dividiéndose la ciudad en cuatro partes, al Emperador le corresponde habitar en el quinto punto del medio. Y los indios americanos le dieron a esta cifra un carácter sagrado y especialmente significativo, haciendo al número cinco símbolo del dios del maíz, de Quetzalcóatl, del sacrificio y la resurrección.

 

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