Mostrando entradas con la etiqueta El Aprendiz Masón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El Aprendiz Masón. Mostrar todas las entradas

domingo, 28 de octubre de 2018

DESBASTAR LA PIEDRA BRUTA


Durante la ceremonia de Iniciación, inmediatamente finalizada la instrucción que el aprendiz recibe del Hermano Experto, el Ven.·. Maestro le ordena realizar su primer trabajo sobre la Piedra bruta. Es conducido entonces al pie de las gradas del Oriente y el Experto le hace poner la rodilla derecha sobre la primera grada, le da un martillo y un cincel y le enseña cómo golpear la Piedra Bruta por tres veces.
 
Todo el trabajo del primer grado está condensado en este pasaje de la ceremonia de Iniciación, que, como cualquier otro momento del ritual, contiene en sí mismo la instrucción de qué hay que hacer y cómo hay que hacerlo y nos da material suficiente para la reflexión y modelo para la acción.
 


 
Además del simbolismo que contiene, es claro y rotundo el mensaje:
 
Hay que hincarse sobre la rodilla derecha, es decir, hay que doblegar nuestro orgullo, como primer paso en el ascenso por las gradas del conocimiento.
 
Hay que replegarse sobre uno mismo, casi en postura fetal, comenzando por el principio.
 
Hay que aislarse de lo que constituye el mundo exterior, de espaldas a Occidente. Nuestro trabajo ha de estar orientado hacia nuestro firme propósito, mirando a Oriente.
 
Hay que concentrar toda nuestra atención en la Piedra, dándole a este trabajo una prioridad absoluta.
 
Hay que usar el Mazo y el Cincel, la fuerza y la sutileza, la voluntad y la inteligencia, nuestra mano izquierda y nuestra mano derecha.
 
Y hay que golpear por tres veces, hay que visitar los extremos, la polaridad, antes de encontrar el punto de equilibrio.
 
Este es el trabajo básico del masón, el acto primordial sin cuya ejecución ninguna otra promesa de realización puede hacerse efectiva. No puede ser sustituido por ningún otro trabajo físico o intelectual y es la puesta en gesto y en escena de la máxima CONÓCETE A TI MISMO.
 


 
CONÓCETE A TI MISMO se leía en la puerta del templo de Apolo en Delfos. Apolo es el dios del Sol y de la Luz, la fuente de vida para la tierra en lo material y también en lo espiritual, pues de él brotan el Conocimiento, la salud y la inspiración para las ciencias y las artes. Así, Delfos fue considerado un centro espiritual universal y en el interior del templo había una piedra llamada omphalos que simbolizaba el ombligo, el centro del mundo.

Esta máxima puede ser interpretada a diferentes niveles:
 
A nivel psicológico nos invita a perforar la superficie de nuestra imagen, buscando nuestra propia naturaleza debajo del personaje elaborado como fruto de la adaptación social, cultural y familiar. En el crecimiento, durante nuestra primera infancia, hemos aprendido a ocultar algunos de nuestros rasgos de carácter, hemos adoptado otros que eran mejor recibidos en nuestro entorno, y hemos construido un personaje con el cual nos hemos identificado, creyendo ser todo y sólo lo contenido dentro de ese personaje.
 
Desbastar la Piedra bruta significa entonces eliminar la identificación con todo lo que ese personaje representa, para descubrir debajo cualidades, aptitudes, tendencias, sentimientos, que no tenían cabida anteriormente en lo que creíamos ser. Esto tiene una resonancia ética o moral, por la cual tendemos a superarnos, a perfeccionarnos, asumiendo lo negado anteriormente y ejerciendo un control sobre nuestra mente y emociones fruto del poder y de la libertad que da el autoconocimiento.
 
Pero el lema CONÓCETE A TI MISMO tiene un sentido todavía más profundo:
 
Decorando el frontispicio del templo al Conocimiento, estaba significando que este último no puede obtenerse más que en el interior de uno mismo. Platón dijo que todo lo que el hombre aprende, estaba ya en él, siendo el aprendizaje más bien un recuerdo y todas las cosas que lo rodean un reflejo que le ayuda a conocer lo que hay en su interior. A este nivel, al aprendiz se le está diciendo que debe comprenderse primero a sí mismo para poder comprender después todas las cosas, pues verdaderamente todo puede encontrarlo en su interior.
 
La iniciación nos capacita para este conocimiento, dando lugar al nacimiento de un hombre nuevo capaz de conocerse y comprenderse, siendo los diferentes grados, otros tantos niveles de posibilidad de autoconocimiento en la medida en que vamos profundizando hacia nuestro centro, nuestro ombligo espiritual, a través del cual estamos conectados con el único Ser, el único Espíritu.
 
El Masón es siempre y sobre todo, un aprendiz, que no debe perder jamás de vista este trabajo de desbastado de la Piedra. Es un trabajo duro y de precisión. Nunca está finalizado y constituye más bien una manera de vivir: desapegados de nuestro hombre viejo, atentos a nuestro interior, desdoblados en piedra y a la vez cantero, somos la materia prima, las herramientas, la acción y la obra lograda, encarnando así al Ser Humano con mayúsculas, que recrea en sí mismo conscientemente, porque lo ha comprendido, el Orden puesto en la Creación por el G.·. A.·. D.·. U.·.
 
Y para ir realizando en sí mismo este trabajo de autoconocimiento cuenta con la energía que le procura estar conectado a una cadena iniciática y fraternal que traba a todos los masones que han trabajado, trabajan y trabajarán por el mismo fin, en una red que distribuye la Luz del Conocimiento a todos sus eslabones.
 
 

viernes, 27 de julio de 2018

PRELIMINARES A LA INICIACION


El conocimiento de si mismo resulta inútil, a menos que pueda ser usado.

CLIFFORD D. SIMAK

En su libro Manual del aprendiz, Aldo Lavagnini nos cuenta que «iniciación» es una palabra que deriva del latin, initiare, que tiene la misma etimologia que initium, «inicio o comienzo», derivando ambos términos de intere, «ir dentro» o «ingresar». Así, encontramos en ella un doble sentido del "ingreso en" y del "comienzo o principio de" una nueva cosa.
 
Diríamos, pues, que iniciación es la puerta de ingreso a una nueva realidad que representa un inicio de una manera diferente de vivir y de relacionarse.

 
En épocas pasadas, los candidatos a penetrar en los misterios de la masonería se preparaban antes de la ceremonia. Los días previos a la iniciación se esperaba que el candidato guardara una perfecta castidad para evitar que se produjeran interferencias en su campo energético y para que sus depósitos de energía creativa estuvieran llenos.
 
Se le sugería que se mantuviera dentro de una dieta ligera, de la cual todo alimento animal quedaba excluido, ya que se entendía que la carne era portadora de los restos pasionales del animal y que al ingerirla transmitía una parte de su carga. Se le pedía también al candidato que se purificara por medio de ceremonias, quemando incienso, llevando a cabo acciones y meditaciones o realizando plegarias.

Cuando llegaba la hora, era conducido, a medianoche, a la boca de una galería de poca altura (cuando alguien penetra en una nueva realidad, en un edificio, lo hace por los bajos), por donde tenia que arrastrarse ayudándose con sus manos y rodillas (estar agachado es un símbolo de humildad).
 
Se acercaba a la boca de un pozo por el que el guía le indicaba que debía descender (el proceso de involución siempre precede al de evolución).
 
Si el candidato mostraba la mas pequeña duda, era conducido de regreso al mundo externo y tardaría muchos años en volver a ser admitido como candidato a la iniciación (en el proceso inicial, cuando se pone a prueba la voluntad, la duda es un poderoso enemigo).
 
Si a pesar de todo intentaba descender, el conductor le señalaba una escalera escondida que le permitiría bajar con seguridad (cuando alguien pone en marcha su voluntad, en seguida aparecen las circunstancias propicias para poder desarrollarla).
 
Después penetraban en una angosta y serpenteante galería en cuya entrada podía leerse esta inscripción:
 
«El mortal que viajare por este camino sin vacilar ni volver la cara será purificado por el Fuego, el Agua y el Aire; puede sobreponerse al temor a la muerte; emergerá de las entrañas de la Tierra; volverá a la luz, y reclamará su derecho de preparar su alma para la recepción de los misterios de la masonería».
 
Antes de entrar se le vendaban los ojos. Con el tiempo los métodos se han ido modificando. Ahora los templos se encuentran en medio de grandes ciudades y los rituales deben adaptarse a ellas. Al candidato a la iniciación a los misterios de la masonería, al presentarse en la puerta del templo, se le vendaran los ojos y de esta forma será conducido por su introductor al Gabinete de Reflexión.
 
Con este acto ritual se pretende imprimir en la conciencia del candidato el hecho de que penetra en un mundo hasta ahora invisible para el, que escapa a la visión de sus ojos y a su comprensión en aquel momento.
 
Realmente, quien se inicia en nuestros misterios los desconoce y se acerca a la orden para que le sean revelados. Se encuentra, pues, como un ciego y la venda en los ojos representa esa oscura realidad.
 
Lo mismo sucede cuando iniciamos cualquier actividad en el mundo profano, todo nos resulta nuevo y, por tanto, desconocido; llevamos una venda virtual en los ojos hasta que somos iniciados en aquella realidad.
 
El Gabinete de Reflexión es una cámara oscura, iluminada tan solo por la luz de una vela, amueblada con una mesa cubierta con un manto negro y con una silla. Esta adornado con elementos simbólicos. Está situado en un sótano (real o simbólico), sus paredes están pintadas de color terroso, como en roca viva, para que se asemeje lo mas posible a una gruta.
 
Este Gabinete de Reflexión simboliza el interior del ser humano, el fuero interno, donde mora la conciencia, en la que esta inscrita la ley y la senda que debemos seguir para alcanzarla.
 
Para iniciar el camino que lo conducirá al mundo espiritual, es preciso que la persona descienda a sus «sótanos» y tome conciencia de sus poderes internos, ya que en su fondo humano se encuentra todo lo que ha de permitirle acceder al conocimiento.
 
El candidato toma asiento en la silla, se le quita la venda de los ojos, dejándolo solo y pidiéndole que observe los símbolos que se encuentran allí y que reflexione sobre su significado.
 
En la pared situada frente a la puerta, aparecerá la imagen de un gallo cantando, que corresponderá al signo de Aries. En la pared donde se encuentra la puerta de entrada, una espiga de trigo, correspondiente al signo de Libra. Estas dos paredes simbolizan respectivamente el Este y el Oeste. En la pared Norte figurara la palabra «Vitriol», relacionada con el signo de Cáncer, y en la pared Sur un esqueleto, una hoz y un reloj de arena, en representación del signo de Capricornio. Encima de la mesa encontrará tres recipientes, conteniendo azufre, mercurio y sal, dispuestos en forma de triangulo; el azufre en la cúspide, el mercurio a la derecha del candidato y la sal a la izquierda. En la pared un espejo en el que el candidato podrá contemplarse.
 
Antes de dejarlo solo, el hermano Experto (que permanecerá a su lado durante toda la iniciación), en cuyas manos lo habrá dejado su presentador, le entregara una hoja de papel y un bolígrafo y le pedirá que escriba su testamento filosófico.
 
Estos trabajos tendrán lugar mientras en el templo todos sus miembros han abierto el ritual. Al final de los trabajos de apertura, el Experto ira a buscar el testamento y, cuando el Venerable Maestro se lo pida, volverá al Gabinete de Reflexión para preparar al candidato en vistas a su introducción en el templo.
 
En la antigüedad se despojaba al candidato de su vestido y se le endosaba una túnica harapienta, que se le prestaba para la ceremonia. Se le quitaban los zapatos y calcetines o medias y en su lugar se le daban unas sandalias abiertas por detrás. El vestido es el emblema de la personalidad profana y, al pasar a vivir en la personalidad sagrada, deberá elaborarse un nuevo vestido, de modo que, en un estricto simbolismo, el candidato debería presentarse en el templo desnudo.

La túnica harapienta representaba el impulso primordial hacia la vida sagrada, un impulso que esta aún en su fase inicial. Por ello ese vestido estaba deshilachado, descosido, aguantándose por hilos embastados que aparecían visiblemente por todas partes. El cambio de zapatos por sandalias indicaba que el candidato iba a pisar una nueva tierra. Se trataba aquí de abandonar su realidad, de dejar de pisar esa tierra profana, de modo que los zapatos habían dejado de ser útiles para andar por un mundo distinto al material. Los pies, regidos por el signo de Piscis, representan el alma humana que se esta «elaborando» en nosotros, y las sandalias simbolizan el cambio que se ha operado en el alma.
 
También aquí se han modificado los rituales, y ahora esta preparación consistirá en despojarlo de todos sus objetos de valor: reloj, joyas, dinero, llaves...
 
Después, al candidato se le descubre el pie izquierdo, la rodilla derecha y la parte izquierda del pecho y se le vendan los ojos.
 
Al salir del Gabinete de Reflexión el Experto coloca una cuerda alrededor del cuello del candidato. Esa cuerda simboliza su atadura a los condicionamientos del mundo material. El cuello está, regido por Tauro, que representa el estadio de máximo encadenamiento a la materia.
 
Al llegar a la puerta del templo, el Experto guiará la mano del candidato para que llame con fuerza una sola vez. Cuando le abran se vera obligado a agacharse para entrar en el templo en cuclillas, expresando con ello que la puerta a esa nueva realidad en la que esta a punto de penetrar es estrecha y difícil de franquear y que la humildad será una de las claves imprescindibles para conseguirlo.

Desde la iniciación se nos moviliza para ser portadores de Luz. Ojalá que todo lo que veamos en el taller podamos interiorizarlo y, en su momento, proyectarlo al exterior. Ojalá que los viajes rituales realizados trasciendan y nos transporten a una tierra humana, a esa mítica tierra prometida en la cual vivir será el orden divino.

 

lunes, 25 de junio de 2018

ATRIBUCIONES Y OBLIGACIONES DEL APRENDIZ MASÓN


La iniciación da a los Aprendices los derechos y privilegios de los Masones a excepción de los que están reservados a los Compañeros y Maestros porque a estos grados pertenecen prerrogativas y conocimientos mas extensos.

Los Aprendices tienen derecho de asistir a todas las asambleas de su grado, y de dar su sufragio cada vez que el escrutinio circule para la iniciación de un profano a los misterios del orden, o para la filiación de un Hermano.

Cada vez que vayan a la Logia tienen el derecho de repasar los borradores de los asientos de su grado, y de leer el catecismo y el código de las leyes, que el H.·. secretario está obligado a confiarles, y que le devolverán antes de salir del local. Por su deseo de instruirse con el conocimiento de las leyes y en todo lo que sea concerniente a su grado, señalarán su celo y su amor por la Masonería.

El grado de Aprendiz es un estado de prueba en el que el nuevo iniciado debe hallar en las Logias de este grado poderosos motivos para inclinarlo a la practica de las obligaciones impuestas al Masón, tanto en la Logia como entre los profanos.
 
Debe también reflexionar maduramente sobre la Masonería en general, y particularmente sobre el intento moral de su grado; resumiendo entonces sus reflexiones sobre el papel se las comunicará a su padrino o al Orador de la Logia. En dicho resumen evitará emplear una vana ostentación de ciencia, y se contentará con explicar sus ideas con claridad y precisión, para probar con ella que estaba bien penetrado del asunto que trataba.

Los Aprendices están obligados a asistir a todas las sesiones de su grado, y particularmente a las Logias de instrucción, a menos que obligaciones importantes no se lo impidan y en este caso dará sus justificaciones a la logia.

El Aprendiz está privado del derecho de proponer por si mismo profanos a la iniciación aunque los considere muy dignos de ser admitidos en la sociedad posiblemente no lo están para darlos a conocer al Masón, por lo que ha de hacerlo ante el Maestro, el que considerando y atendiendo a las buenas cualidades del sujeto propuesto se encargará de la proposición y de la responsabilidad.

Si ha cumplido exactamente con sus deberes en el tiempo fijado por los reglamentos generales para todo Aprendiz puede estar bien persuadido que conseguirá sin dificultad el segundo grado Simbólico.

Aunque los Aprendices están privados del de hablar en la Logia no obstante se les permite hacer proposiciones, por medio de segunda persona, que será un Maestro en que tenga confianza.

AL APRENDIZ MASÓN:

La moral de los Masones es la escuela de las mas bellas virtudes; todo Masón que haya recogido toda la pureza que encierran las máximas esenciales del orden deseando hacer de ellas la regla constante de sus acciones y de su conducta, podrá sin fanatismo asegurar que si todos los hombres fueran Masones, renacería de nuevo el decantado siglo de oro, en la belleza y amenidad de las costumbres y en las obras de beneficencia que el amor fraternal construiría.
 
En una palabra: la institución Masonería no es otra cosa que una sociedad de hombres que procuran hacer felices a los que les rodean haciéndolos mejores de lo que son.

No basta el ser introducido en una Logia ni el conocer las palabras, el signo y el tocamiento de un grado para llamarse propiamente Masón. Lo que constituye sobre todo al Masón es el convencimiento y conocimiento de sí mismo, y solo por un trabajo constante podrá llegar a concebir con el desarrollo de sus ideas lo que es un verdadero Masón, por esto en nuestros talleres nos hablan continuamente de trabajar, y todos nuestros emblemas no son sino instrumentos u obras maestras que no pudieron ejecutarse sin los mismos instrumentos que han servido para trazar sus justas proporciones.

La ociosidad se debe tener en horror entre los Masones, pero el trabajo es nada si no le precede el estudio y la meditación. El nuevo Masón se debe penetrar de la obligación que contrajo cuando se recibió como tal acordándose a todas horas que la sociedad no busca miembros inútiles porque corromperían todo lo bueno de ella.
 
Semejante á la abeja industriosa, cada uno debe llevar a su Taller que es el panal o centro común, el fruto de su labor. Trabajando para todos trabaja también para sí, pues participa al mismo tiempo del producto recogido por todos sus Hermanos si su poca experiencia no le permite elevarse a lo mas alto del edificio del corte R.·.
 
Le basta al principio estudiar y meditar sobre los misterios que se le han hecho vislumbrar, examinando con cuidado todo lo que le han hecho hacer, leyendo, estudiando con asiduidad y meditando el catecismo de su grado. Cada palabra, cada articulo, cada número, contiene un sentido oculto que son otros tantos eslabones que se deben unir para formar una sola cadena; poco a poco con el estudio y la meditación levantará el velo que cubre nuestros misteriosos emblemas y los principios de moral que descubrirá en ellos, le servirán de base para las virtudes que debe practicar, para poder un día tener el justo y verdadero título de Masón.
 
 
 

sábado, 23 de junio de 2018

DISCURSO PARA LA RECEPCIÓN DE UN APRENDIZ MASÓN


Hermano Mío:

Cuando abriste tus ojos a la luz, una infinidad de objetos nuevos para el entendimiento humano se presentaron delante de tus ojos: las diversas circunstancias de tu recepción, las pruebas a que te has sometido, los viajes que has hecho, y los adornos del Templo en que te hallas, son emblemas que necesariamente deben haber excitado tu curiosidad. Voy, Hermano mío, a hacer lo posible para satisfacerte haciéndote ver una parte de nuestros misterios.
 
Entregado a manos desconocidas y puesto en un lugar donde la imagen de nuestra disolución está por todas partes repetida, debes haberte penetrado de la nada de las grandezas humanas; el orgullo y la ambición, esos fantasmas tras los cuales corren todos ciegamente, deben haber perdido en tu corazón todo su aliciente, descorriendo de tu razón el velo con que cubren sus defectos, y dejando en cambio sus esqueletos descarnados por los vicios, para darte a mostrar el escollo que debes evitar cuidadosamente por ser adonde vienen a estrellarse todas nuestras pasiones y deseos desordenados.


¿En aquella obscura y silenciosa morada, has reflexionado profundamente Hermano mío? ¿Has concentrado tu espíritu en ti mismo? ¿Has pensado en tu existencia desde el momento en que has comenzado a figurar sobre la tierra, y en el que tendrás que desaparecer de su superficie?

¿La reflexión y la meditación te ha inclinado a creer, que cuando dejes tu mortal despojo, tendrás que abandonar para siempre tus parientes, tus amigos y todo lo que mas amas en el mundo? ¿No vino la dulce, la halagüeña idea de la inmortalidad del alma a derramar en tus sentidos un bálsamo salutífero y consolatorio? ¿No te ha penetrado el Gran Arquitecto del Universo con un rayo de su benéfica luz?

Si, Hermano mío, queremos creerlo, tus virtudes, la regularidad de tus costumbres en tu conducta pasada, tu firme resolución de ver la Lux, nos es un garante seguro que el Supremo Hacedor te ha mirado con benevolencia.

Debes haber sentido que existía en ti una pequeña partícula del principio generativo, que pronto o tarde se debe unir al gran todo, del cual es una parte. Sobre esta profunda verdad Hermano mío, debes dirigir todas tus reflexiones para que meditando sobre ella te procures la luz que ha de acabar de ilustrarte.

La Masonería, cuyo origen se pierde en los siglos mas remotos tiene por intento el reunir a todos los hombres, que penetrados de la necesidad de ocuparse en la virtud y en los medios de propagar la dulce y sana moral que nos enseña, quieran trabajar en esta obra meritoria, con toda la tranquilidad, calma y recogimiento que merece; para apartar los profanos cuya ceguedad, ignorancia y vicios hubieran necesariamente embarazado nuestros augustos trabajos, hemos tenido que envolvernos en misterios, símbolos y signos, que ningún sentido presentará a los que no están admitidos en ellos, pero que pueden traer siempre a la memoria de los verdaderos Masones, su conducta y su deber.

Recorriendo los objetos representados en cuadro que tienes bajo la vista, voy a descubrirte parte de nuestros emblemas; con perseverancia, celo y exactitud, podrás un día conocer lo que no puedo revelarte en este momento.

El conjunto de este cuadro, representa el Templo de Salomón. Bien sabes que aquella obra maestra de las artes, aquella maravilla del mundo, ha sido considerada como un monumento perfecto; sobre semejante modelo debemos elevar el Templo de la virtud. Para hacernos dignos de ella, no debemos solamente valernos de cuidados y precauciones, sino trabajar asiduamente con celo y ardor, esforzándonos en hacernos perfectos, que es el único medio de lograr nuestro intento.

La copa amarga con que has sido refrigerado, te anuncia que no llegarás sin obstáculos; pero como la amargura no te ha impedido bebería hasta la hez, lograrás también con la fuerza y perseverancia vencer los obstáculos que puedan detenerte un momento.

El Ven.·. M.·. confiriéndote el grado de Apren.·. M.·. que has merecido por la constancia con que has soportado las pruebas necesarias a tu recepción, te ha dado ya a conocer la Columna J.·. que debes percibir al Sept.·. ya que este es el punto de reunión de los Aprendices.

Las granadas que coronan el capitel y cuyas numerosas pepitas ves, te designan claramente la fecundidad de la naturaleza. Todavía no te es permitido subir las cinco gradas que preceden el enlosado mosaico, pero presumiendo bastante de tu celo por el trabajo, para creer que con tu inteligencia llegarás a él un día, debes ahora detenerte en la tercera grada para los tres pasos de Apren.·. que te han sido enseñados.

El número ternario debe presentar a tu imaginación diversos objetos que han de ocupar siempre el espíritu del verdadero Masón, los tres signos de la naturaleza, las tres Columnas, inmóviles que sostienen el edificio Masón, la Sabiduría, la Fortaleza, y la Hermosura; las tres Luces del Templo, las tres palabras del Evangelio, tocad, buscad, y pedid. En fin Hermano mío, la Divinidad, la Naturaleza, y el Hombre.

Observa ahí pues, una parte de la mina fecunda que este número simbólico te da a examinar y profundizar. Este trabajo, se te ha indicado solamente, semejante a la piedra bruta que estás viendo, no sacarás de él ningún fruto, si por el trabajo y el bruñido no le das la forma que debe tener.


Debes fácilmente divisar en lo alto del cuadro, los dos astros que se presentan uno en pos de otro para iluminar el planeta que habitamos: el uno con su luz propia, y el otro por reflexión. De este modo verás que el Masón nunca está en las tinieblas: siempre tiene fijos los ojos sobre el Gran Arquitecto del Universo, le mira como su guía, y se dirige por él.

Esos globos resplandecientes nos presentan el mas bello ejemplo que debemos seguir; si la verdad de sus luces benéficas nos penetra con sus rayos, hagamos de modo que nuestras almas a imitación del astro de la noche, reflecten sobre los HH.·. que están en las tinieblas, una porción de aquellas luces que ha prodigado con nosotros.

Para esto H.·. mío es menester que la dulce amistad nos una; que la igualdad representada por el nivel, sea una de las verdades que sientas fuertemente. Aquí todos somos iguales, hijos de la misma madre, es decir de la naturaleza fecunda, no se reconocen ninguna de aquellas distinciones profanas que solo ensoberbecen a los fatuos y a los que no saben o no pueden decorarse con sus propias virtudes; en una palabra, si tratas de encontrar entre nosotros al mas grande, busca al mas virtuoso.

El compás, emblema de la precisión y de la exactitud, prescribe a los verdaderos Masones (por el circulo que traza) el no emprender nada que no sea justo, sino después de haber reflexionado maduramente su proyecto, y haberlo examinado desde la superficie hasta el centro, a fin de estar casi seguro de lograr el intento propuesto.

El fleco dantelado que decora el remate del cuadro, es el emblema de los vínculos que deben unir y estrechar alertamente todos los Masones esparcidos sobre la tierra, para dirigirles hacia el mismo intento; examina la perpendicular, que ella te indicará claramente por el punto adonde va dirigida que todo viene de arriba.

Mira aquí Hermano mío la base y fundamento de la Masonería, queremos erigir templos a la virtud, pero nuestros trabajos se perderán quedando sin efecto, si no tenemos mucha indulgencia para con nuestro prójimo. El Masón que construye edificios materiales, se sirve de la llana para igualar y encubrir los defectos de su obra. Así nosotros elevando el Templo dedicado a la virtud debemos hacer uso de la llana para ocultar los defectos de los HH.·. que puedan deslucir este lugar sagrado; por este medio purificaremos nuestros corazones para que cuando llegue el día de la disolución del hombre mortal, pueda el hombre inmortal deshacerse sin trabajo de su despojo terrestre, para unirse puro y sin tacha al primer principio de donde dimana.

Entre tanto elevemos nuestros corazones con tranquilidad y fervor hacia la Divinidad y repitamos por tres veces:

¡Gloria al Gran Arquitecto del Universo!



domingo, 3 de junio de 2018

DEBERES PARA CON DIOS EN LA MASONERÍA

 
A vos que acabáis de ser iniciado en las lecciones de la Sabiduría:
 
Hijo de la Virtud y de la Amistad escúchanos con atención, y que vuestra alma se abra a los fuertes preceptos de la verdad. Os dirigiremos por el camino que ha de conduciros a la vida feliz y dichosa; os enseñaremos a agradar a vuestro Creador, y a desenvolver con energía y suceso, todos los medios que la providencia os ha confiado para haceros útil a los hombres, y gozar de los placeres de la beneficencia.

Deberes para con Dios y la Religión.

Vuestro primer homenaje pertenece a la Divinidad; adorad la Majestad que creó el Universo por un acto de su voluntad, que lo conserva por el efecto de su acción continua, que llena vuestro corazón, pero que vuestro espíritu limitado, ni puede concebir ni definir.


 
Compadeced el triste delirio del que cierra los ojos a la luz y camina en las densas tinieblas del error.
 
Que vuestro corazón, enternecido y agradecido de los beneficios de vuestro Dios, desdeñe con desprecio esos vanos sofismas que prueban la degradación del espíritu humano, cuando se aleja de su origen.
 
Levantad vuestra alma frecuentemente mas allá de las cosas materiales que la rodean, y mirad con ansia, hacia las regiones superiores, que son vuestra herencia y vuestra verdadera patria.
 
Sacrificadle a Dios vuestra voluntad y vuestros deseos; haced lo posible para ser digno de sus influencias vivificantes, cumpliendo con las leyes que os ordenó observar en el curso de vuestra vida. Dando gusto a Dios, serás feliz: uniros a él debe ser toda vuestra ambición, y el norte de vuestras acciones.

¿Pero como osaríais sostener su presencia, ser frágil que desobedeces sus leyes a cada instante y ofendes su santidad?

¿Si una bondad paternal no os hubiese concedido un reparador infinito, abandonado a los deseos de vuestra razón, que consuelo hallarías en lo porvenir?

¿Entregado a la justicia de vuestro Dios, donde estaría vuestro refugio? Dad gracias a vuestro Creador, el Gran Arquitecto del Universo, bendecid la providencia y nunca os avergoncéis de pertenecerle.

En todas vuestras acciones anunciad una piedad esclarecida y activa sin hipocresía ni fanatismo; el cristianismo no se limita a verdades de especulación; practicad los deberes morales que enseña, y serás dichoso, vuestros contemporáneos os bendecirán, y pareceréis sin temor delante del trono del Todo Poderoso.

Penetrados profundamente de estos principios, la caridad y el amor nos unirán estrechamente haciendo desaparecer de entre nosotros toda preocupación que sea capaz de alterar, nuestra concordia fraternal.



 

lunes, 9 de abril de 2018

AL APRENDIZ MASÓN: ¿QUÉ ES LA MASONERÍA?


Q.·. H.·. recientemente iniciado:

Acabáis de recibir la luz, es decir, de nacer a la vida masónica, y de ser iniciado en nuestros misterios.

 
Apenas podéis imitar nuestros signos de reconocimiento, balbucear la palabra sagrada, y ni tenéis una idea de nuestros dogmas, y ya vuestra imaginación se impacienta, y se lanza en la senda de las hipótesis: vuestro corazón, quisiera sentir, vuestra inteligencia quisiera, comprender lo que nuestra institución promete a aquellos que el amor al bien y el deseo de ser útil a la humanidad conduce hacia nosotros.
 
Ya sois h.·. masón, y me preguntáis todavía lo que es la francmasonería; nuestros símbolos están expuestos a vuestros ojos, y no los comprendéis; en fin, si el objeto que nos proponemos os es desconocido, ignoráis como podremos llegar a alcanzarlo.


 
¿Qué son los francmasones? ¿De dónde vienen? ¿A dónde van? Tales son las preguntas que surcan en este momento por vuestra mente, y de las cuales voy a ocuparme en responder, si queréis prestarme vuestra atención.

No vayáis a creer, sin embargo, que os descubriré enteramente nuestros misterios, pues os engañaríais; en primer lugar, no podemos revelarlos todos en el primer grado porque la instrucción masónica se completa en las gradas que el iniciado debe todavía subir después de éste; en segundo lugar, procedemos generalmente del mismo modo que los filósofos; preparamos, alumbrando tanto como nos es posible los alrededores, y en seguida dejamos a los iniciados seguir libremente su camino, persuadidos de que la prudencia, la circunspección y el discernimiento los guiarán a través de tantos obstáculos y dificultades con que dicha senda está sembrada.
 
La denominación de Francmasón indica a la vez un carácter, el de libertad y verdad, y un deber, el de trabajo e instrucción. Los tres grados que forman la masonería simbólica están muy lejos de ser jerárquicos, como lo creen en el mundo profano puesto que no tienen otro objeto sino el de señalar alegóricamente las tres edades del hermano masón, o sea las tres épocas de su educación, observando de este modo la ley natural a la cual obedecen todos los seres.
 
Por el solo hecho de haberos incorporado a nuestra Sociedad, habéis contraído numerosas obligaciones, porque, entre nosotros, no hay ni un solo derecho adquirido como masón, que no sea el objeto serio de un deber.
 
Nosotros respetamos los derechos del hombre, pero hacemos todavía más caso de los deberes a que ellos se obligan. Esta reciprocidad de derechos y deberes mutuos constituye el lazo indisoluble que une a los francmasones entre sí; lazo que podéis ver figurar emblemáticamente alrededor del frisado de nuestros templos, y que á menudo veréis formarse simbólicamente entre todos los HH.·. presentes al terminar nuestros trabajos, bajo la denominación de la cadena de unión.
 


La masonería, lo mismo que todas las corporaciones, bien constituidas, tiene una organización que le es propia, su administración y sus leyes. Un Francmasón para ser lo que llamamos regular, debe formar partea de una Logia, asistir a sus trabajos, instruirse, y contribuir tanto a sostenerla como a los actos de beneficencia que en ella se practiquen; en el caso contrario, es un masón ocioso e inactivo, que nosotros llamamos sin oriente.

Una Logia para trabajar regularmente debe estar constituida por un poder masónico reconocido, y obedecer sus leyes, y sus decretos. Los hermanos masones, como hombres de orden y de paz, dan por este medio, la prueba del respeto que ellos profesan a la autoridad de los poderes legítimos, así como el ejemplo de obediencia a la ley.

Para daros una idea completa de las comunicaciones establecidas entre las diferentes Logias masónicas del mundo, me será suficiente deciros, que todas en conjunto no forman más sino una sola y misma corporación en asociación universal, de la que, los GG.·. OO.·. Sup.·. Cons.·.  o sea, GG.·. LL.·.  en cada país, son como los centros públicos, alrededor de los cuales ellas se mueven con todas sus fuerzas y libertad, llevadas todas juntas en obediencia, como los cuerpos celestes siguen una sola y misma ley. Admirable organización que un día podrá dotar a la humanidad del sistema uniforme y regenerador de todos los filósofos y legisladores que han soñado por la dicha de los pueblos.
 
¿Qué es la masonería?, me preguntaréis Q.·. H.·. como si una simple definición pudiera satisfacer la ansiedad de vuestros deseos.

Yo os responderé con una sola frase a esa pregunta, con la frase de Platón, diciéndoos que la masonería es el amor, si no hubieran hecho un abuso, que no nos permite emplear el sentido pura que el divino filósofo le dio; pero para fijar mejor vuestras ideas sobre este asunto, yo me limitaré a exponeros en pocas palabras los tres aspectos principales que ella presenta, sin afectar el carácter especial de cada uno de ellos separadamente, así pues: la masonería no es una religión, y ella requiere sin embargo los sentimientos religiosos o de veneración; la masonería no es una escuela filosófica, en el sentido absoluto de la expresión, y sin embargo sus adeptos buscan las lecciones mas admirables de moral y de filosofía; la masonería no es tampoco una sociedad de socorros mutuos, puesto que nadie puede pretender ni exigir vivir de ella o a su costa; sin embargo la beneficencia es uno de los objetos que llama más nuestra atención, y cuya práctica merece toda nuestra preferencia.

No tenemos solamente por objeto aliviar a los desgraciados, sino que también tenemos el de instruir y despejar a los hombres, para que profesen una moral simple y pura, libre de toda preocupación, libre de todo fanatismo, y proclamando la unión de los pueblos y la fraternidad de los hombres.
 
La masonería no es agresiva, ni exclusiva, ni implacable: es la verdadera Caridad; el objeto que ella tiene en mira no es jamás estrechado ni limitado a un solo hombre, a una familia, o a una clase privilegiada de la sociedad, ni aún tampoco a una nación, puesto que ella se dirige a la humanidad entera; su dogma es la fraternidad universal, y sus medios son la tolerancia, la beneficencia, la propagación de la instrucción, la enseñanza de la verdad y la práctica de las virtudes.
 
Los antiguos también, en sus misterios, tenían un objeto moral y humanitario; sus iniciaciones, tan injustamente calumniadas más tarde, han contribuido poderosamente a la organización de las sociedades y a la civilización de los pueblos: los primeros preceptos de higiene, de moral, de religión y de legislación, así como los primeros elementos de la agricultura, de las ciencias y de las artes fueron enseñados en los templos, y de allí se esparcieron en la sociedad; los iniciados han sido pues por este medio los primeros artesanos de la civilización del mundo.
 
Para completar vuestra instrucción masónica, voy a explicaros algunos de nuestros símbolos, lo que os hará comprender el espíritu de nuestra institución mejor que todo nuestro discurso.
 
Durante vuestra recepción, el Venerable os ha dicho que las pruebas y los viajes a que habéis sido sometido figuran las vicisitudes de la vida del hombre. Para los antiguos, el primer grado de la iniciación era el emblema de la primavera, o sea de todo lo que nace; en el orden moral este emblema simboliza a la niñez, época en donde la vida empieza a desarrollarse, todas las facultades del entendimiento principian a germinar y las fuerzas a ejercer. Esta explicación será suficiente para haceros comprender por qué habéis sido introducidos en la logia con los ojos vendados, medio desnudo, y acompañado de algunos H.·. H.·. experimentados, encargados de dirigir vuestros primeros pasos, y el porque revistiéndoos del mandil, el Venerable os ha dicho que era el primer vestido del masón, y que tenías tres años, edad de la niñez.
 
Siguiendo esta interpretación, la encontrareis todavía indicada por la primera educación que como aprendiz habéis recibido del maestro que os ha enseñado el medio de haceros comprender por signos, primera manifestación del entendimiento humano, y  enseguida el mecanismo del lenguaje con el medio de los elementos de la lectura, primer grado de nuestra inteligencia, y primer paso hacia el estudio y la instrucción.
 
No os sorprenderá cuando, leyendo nuestros reglamentos, veáis que los aprendices no pueden tomar la palabra en logia, pues vuestra edad no lo permite; no sabiendo todavía nada debéis esperar haber visto, observado y estudiado antes de poder tomar la iniciativa, y antes de aconsejar y dirigir.
 
En el momento de vuestra iniciación, vuestros ojos han sido heridos por los rayos de una luz brillante, y es porque desde ese instante el hombre ve la luz que existe verdaderamente; esta alegoría figura el paso de una vida a otra, y completa el símbolo de nuestra llegada al primer paso de la escala misteriosa.
 
Los antiguos dedicaban sus templos, bajo diferentes nombres, a la naturaleza, lo mismo que nuestras salas de reunión, que llamamos templos, presentan en su distribución y en sus ornamentos, la representación elocuente del universo, como indica todo cuanto en este recinto puede llamar vuestra atención: al Occidente se encuentra la puerta de entrada de la logia, al Oriente la representación del sol o sea la luz; a los dos lados laterales el Norte y el Sur, el cielo raso que sirve de techo está pintado de azul salpicado de estrellas como el cielo, y si las logias tienen la forma, de un cuadrilongo, así como los templos griegos y egipcios, es porque los antiguos daban o suponían esta misma forma a la tierra.

El circulo luminoso que veis brillar sobre el altar es el emblema venerado del Dios eterno, cuyo principio vivificante era representado entre los antiguos por un número de rayos iguales a los de los signos del zodiaco, o sea aquel de las esferas conocidas en esos tiempos, o bien solamente al de los planetas; es decir de 12, 9 0 7; ved ahí el porque habernos conservado esta sublime representación alegórica del Creador de los mundos.
 
Después de lo que ya os he dicho de nuestro origen, no os extrañareis al encontrar en nuestros templos las alegorías celestes, y sobre todo solares: el sistema religioso de los Asirios y Caldeos estaba basado sobre el curso y el paso de los astros; el de los egipcios, bajo los cálculos astronómicos; el de los fenicios y griegos, sobre los grandes secretos y las leyes de la naturaleza; y no solamente las divisiones del cielo, sino que también todas las constelaciones tuvieron su representación espléndida en los diferentes templos de la antigüedad; en fin, las bóvedas sagradas de las iglesias de los cristianos se veían todavía hace poco tiempo pintadas de azul y tachonadas de estrellas de oro. Imitando esos ejemplos, los Francmasones colocan también en sus templos las representaciones, los objetos más espléndidos de la creación, no para adorarlos como a los dioses, pero sí para tener presente en el espíritu las obras más admirables del Ser Supremo, llamado por Platón, como por los masones, el Obrero o el Arquitecto del mundo.
 
Esas manifestaciones de las más bellas obras de Dios y los fenómenos de la naturaleza se presentarán a vuestros ojos a cada paso en el recinto de nuestros templos. Por ejemplo, las tres luces principales que alumbran la logia son colocadas como ya lo habéis visto: al Oriente, al Occidente y al Sur, porque esos tres puntos del espacio son los que el sol parece seguir en su curso anual. Esos tres candeleros llevando cada uno tres luces, representan las nueve esferas de los antiguos, es decir, los siete planetas, el sol y el cielo de los fijos.

Bajo otro punto de vista, esos tres candeleros, representan también las tres columnas misteriosas que sostienen nuestro, templo, que llevan los nombres de Sabiduría, Fuerza y Hermosura, lo que significa que para ejecutar una obra perfecta es preciso: la sabiduría, ciencia para crear, la fuerza o la firmeza para dirigir, y la hermosura o el arte para adornar. Esas distinciones en todo clásicas del arte masónico recuerdan a la memoria los nombres de tres diosas que el poeta Hesiodo dio por mujeres al dios Júpiter: Metis, porque ella era la más Sabia, Temis, porque ella era la más Justa, y Eurínome, porque ella era la más Bella.
 
Las dos columnas que veis colocadas a la entrada del templo, representan aquellas que según la Biblia, formaban el pórtico del templo de Salomón; ellas recuerdan también a las columnas de Hércules, que figuraban, como ya sabéis, los últimos límites o el Non plus ultra y la marcha aparente del sol, con el cual ese héroe fue muchas veces comparado.
 
Los misterios de los antiguos comprenden también los cuatro elementos, y las pruebas físicas a que nosotros sometemos a los profanos, se relacionan igualmente. Los viajes simbólicos tenían y tienen todavía por objeto el establecer alegóricamente la identidad de las comunicaciones que existen entre el orden moral y el orden físico, según las leyes de la naturaleza.
 
Después de lo que antecede, debéis fácilmente concebir H.·. míos que la Francmasonería abraza a la vez diversos objetos importantes, tales como el origen de las fábulas, la historia de todas las religiones, la más pura filosofía, la relación de los fenómenos astronómicos y físicos de todas las épocas de la humanidad, la práctica de las ciencias exactas, la interpretación del gran libro de la naturaleza, y que su código se ha formado de todo aquello, en donde la moral era enseñada por los preceptos y máximas aceptadas de todos los pueblos civilizados. La masonería es, pues, una ciencia que para ser bien comprendida, exige muchos estudios de experiencia y de discernimiento.

La educación masónica presenta además tres fases distintas o sea progresivas, por las cuales, es verdad, todos los masones no pueden pasar, pero de las que todos pueden aprovechar, y que son : la iniciación o la revelación de los misterios, la práctica o el trabajo, la enseñanza o el sacerdocio. Los diferentes grados de los antiguos misterios se establecerán sobre esas mismas bases ó divisiones.
 
Me queda poca cosa que añadir para terminar la interpretación de los símbolos que debemos llevar a vuestro conocimiento.
 
Habéis bebido la copa de la amargura, es una práctica que nos viene de los misterios de Eulisis; en el momento en que el neófito la bebía, el Hierofanto le dirigía estas propias palabras:

"Que esta agua sirva  de Lethé (quiere decir, de olvido) a las falsas máximas que hayáis podido oír de la boca de los profanos, y del brebaje de Mnemosyne (quiere decir, de memoria) para las lecciones de sabiduría que os serán enseñadas."
 
Tres alhajas figuran en el grado de Aprendiz y sirven de adorno a los tres H.·. H.·. que están encargados de la dirección de la logia, esas alhajas son la escuadra, el nivel y la perpendicular. El objeto característico de esas tres alhajas indican suficientemente cual es el espíritu que debe presidir a nuestros trabajos, sin que por el momento sea necesario explicar más extensamente su sentido.
 
En fin, tres hermanos dirigen una logia, tres golpes designan el mando, tres cuestiones forman toda la doctrina moral del masón, tres pasos componen su marcha, tres años su edad, y tres grados comprende toda la masonería simbólica. Esta observación del número tres, tan célebre en la antigüedad y que ha caracterizado particularmente vuestro grado, forma uno de los tipos misteriosos cuyas numerosas combinaciones os serán comunicadas más tarde.
 
Habéis prestado un juramento que os liga para siempre a la francmasonería; es muy sagrado, y antiguamente las penas más terribles se imponían a los adeptos perjuros. Las fábulas de Prometeo y de Tántalo no tienen otra significación.  Edipo perdió la vista por haber divulgado el enigma del Fénix. Y Alcíbiades fue desterrado y entregado a las furias por haber revelado los misterios de Ceres.
 
Entre los discípulos de Pitágoras, si algunos de ellos perjuraban o se separaban de la sociedad olvidando sus preceptos y sus leyes, se limitaban a hacerles los funerales como si estuviesen muertos, y prohibían el nunca jamás pronunciar entre ellos el nombre del perjuro. Los hermanos masones guardan igualmente el más grande secreto sobre todo lo que pase en sus reuniones, y deben ser fieles a su juramento.
 
Y a veis, por lo que acabo de exponeros, que todo en la masonería tiene su explicación, y que nuestros símbolos y nuestras prácticas no son misterios más que para aquellos que no trabajan por conocerlos y profundizarlos. No me es permitido levantar enteramente el velo que cubre todavía para vos una parte de nuestros emblemas, pero trabajando y estudiando alcanzareis muy pronto merecer que los maestros os comuniquen todos sus conocimientos así como los secretos del arte que ellos profesan. Acordaos que Pitágoras sometía a sus discípulos a cinco años de silencio y de estudio, y que las pruebas éntrelos antiguos eran tan terribles, que varios iniciados, como el mismo Orfeo, no pudieron soportarlas hasta el fin. Fue probablemente por este motivo el que Virgilio dijera en el canto séptimo de la Eneida "que es muy fácil descender al abismo del Averno, pero que para llegar a salir de ese lugar formidable, y poder subir después hasta las regiones de la luz, era preciso un esfuerzo supremo de parte de un mortal".
 
Hoy en día es bien diferente, porque las pruebas de la iniciación son puramente filosóficas, morales y simbólicas, en vista de que la instrucción está más esparcida y los hombres son más inteligentes; pero tenemos sin embargo, ciertas reglas, a las que los nuevos iniciados deben someterse, y antes de pasar a un grado superior el aprendiz está entregado a cinco meses de estudio, de observación y de trabajo.
 
En resumen, creo haberos demostrado que nuestra dogma es la fraternidad universal vivificada por la caridad, esto sólo os hará comprender porque las discusiones políticas y religiosas están prohibidas entre nosotros; no vayáis a creer sin embargo que esta prohibición sea debida a una longanimidad pueril, o al temor, o a una indiferencia razonada, esto sería un error, puesto que ella es solamente debida a la sabiduría y buen sentido de nuestros maestros que, privando nuestras reuniones y nuestras relaciones de esos dos grandes motivos de discordia y de división entre, los hombres, nos han abierto y preparado de este modo el camino de la paz y de la verdad.

En efecto la masonería, como institución filosófica, y universal, es de todos los países, pues ella tiene buenos y fieles adeptos en todas partes, como en todas las religiones y en todos los partidos políticos; también la masonería rechaza todas las ideas que tiendan a minorar o a  limitar su influencia, localizándola en las barreras estrechas de cualquier nacionalidad, o bien reduciéndola, en un círculo circunscripto de una secta o de un partido.

Resulta que los preceptos de moral y de filosofía adoptados por los hermanos masones, procedente de todo lo que es bueno, justo y santo en todas las religiones, sin preguntarse de donde vienen: sea ya de Moisés, Jesucristo, San Juan, San Pablo, San Jerónimo, o San Agustín, o ya sean, de Buda, Zoroastro, Confucio, Platón, Aristóteles o Cicerón, de modo que sin adoptar ni rechazar a ninguna de las religiones existentes, los hermanos masones, las respetan y las admiten todas, limitándose a reconocer, como doctrina  dogmática la inmortalidad del alma, la existencia de un Dios único y eterno, a quien todos veneramos bajo la denominación más filosófica, y es la del G.·. A.·. D.·., es decir autor y creador de todas las cosas.
 
En fin, los verdaderos masones se guían por la luz de las antorchas que alumbran, pero no por aquellas que incendian, por más que nuestros detractores nos calumnien con lo contrario, olvidándose, sin duda, de los crímenes cometidos por esa Inquisición en nombre de un Dios de paz, de bondad y de caridad; los masones fabrican, pero no destruyen.
 
En consecuencia, hermano mío, lo que distingue a un Francmasón es la tolerancia, tanto en religión como en política, así como un verdadero espíritu de conciliación en todas las relaciones de la vida social.
 
Ya os he hablado de la caridad, y sabéis muy bien que la tolerancia, la paciencia y el espíritu de conciliación son las cualidades esenciales de esta virtud.
 
En fin, como el gran orador romano puedo deciros que trabajamos con un ardor incomparable para propagar la religión conforme a las leyes de la naturaleza, y hasta arrancar las últimas raíces de la superstición, de esa superstición que nos amenaza, nos atormenta y nos mortifica, en cualquier parte que nos encontremos. Pero yo deseo en esto que me comprendáis bien; destruir la superstición, no es destruir la religión.
 
Añadiré todavía con el mismo autor que era iniciado: "el carácter propio de la masonería es no cortar las cuestiones, probar lo que les parezca verosímil, comparar los sistemas, exponer lo que se puede decir en favor de cada opinión, y sin interponer su autoridad, dejar a los auditores una entera libertad de juzgar, siendo fieles a este uso que Sócrates nos ha trasmitido, y con el cual buscaremos siempre la mayor conformidad."
 
Los signos y palabras que os han sido comunicados son suficientes para haceros reconocer como hermano por todos los masones de la tierra. En las capitales más populosas, como en los desiertos y mares, en las iglesias como en las sinagogas, y en los templos de Brahama, en las repúblicas más liberales, como en los imperios más despóticos, en las cosas más pobres como en los palacios de los reyes, por todas partes esos simples signos os preparan una recepción cordial, y os ponen en relación con un amigo, un defensor y un protector; a cada instante ellos os procuran una nueva familia y otra patria, porque no hay extranjeros para los H.·.
 
He concluido mi muy Q.·. H.·. y si he podido lograr en este corto bosquejo, haceros conocer y apreciar nuestra institución, mis deseos están satisfechos y llena mi misión. Estudiad, trabajad, y vos la conoceréis y la apreciaréis mejor todavía; pero recordad siempre que nuestra divisa es Igualdad, libertad y fraternidad, y sabed que nuestro principal secreto consiste en la práctica de esta antigua máxima de los sabios:
 
AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS.


 

martes, 6 de marzo de 2018

SIMBOLISMO DEL PAN Y EL AGUA DEL GABINETE DE REFLEXIÓN


La rebanada de pan que aparece en el Gabinete de Reflexión viene a ser el símbolo del trabajo humano.
 
El arquetipo de toda construcción, que es el esqueleto, debe llenarse de carne y músculo para que puedan circular las corrientes nerviosas y sanguíneas. El neófito deberá seguir el proceso de la elaboración del pan: plantar la semilla, aguardar el largo proceso de germinación inherente al ciclo del trigo, proceder a la recolección del grano, separándolo de la paja, molerlo, trabajar poniendo sus manos en la pasta, darle una forma y ponerlo a cocer en el horno.
 
El aspirante debe desentrañar las analogías que cada proceso descrito tiene con la actividad social. Primero, debe ponerse en el lugar del campesino que planta sus semillas de trigo. Mientras espera que las estaciones pasen y que el trigo llegue a madurar, ¿qué hace?
 
Es evidente que resultaría absurdo esperar con los brazos cruzados a que las espigas se hayan desarrollado. Mientras se dedica a diferentes tareas, planta semillas de otro circuito, de manera que su tierra este produciendo permanentemente y pueda subsistir.
 
Del mismo modo el candidato, mientras planta los gérmenes de lo que ha de ser su gran obra, aquella que ha de expresar lo mis elevado de las virtudes que lleva dentro, debe permanecer activo, dedicarse a otros trabajos menos importantes, pero que le ayudarán a adquirir maestría en las funciones de su actividad principal.
 
En el momento de la recolección, el grano debe ser separado de la paja. Ahora las maquinas realizan esta labor muy rápidamente, pero la lección que el candidato debe asimilar de este proceso es que en la gran obra en que esta empeñado (la transformación de su personalidad), los primeros resultados, los naturales, nunca serán puros: lo útil (el grano) y lo superfluo (la paja) se encontraran íntimamente unidos y lo superfluo tendrá incluso un volumen superior a lo útil.
 
La labor de depuración puede ser larga si tiene que trabajar «a mano». La máquina que ahora emplea el agricultor es producto de una larga labor imaginativa, de un enorme trabajo de observación que ha permitido inventar dicha máquina. Si al candidato todavía le falta realizar ese trabajo, lo cual es natural puesto que es solo un aspirante, deberá trabajar a mano y su labor de depuración será lenta.
 
Circunstancias y personas lo parasitarán, simbolizadas por la paja que recubre el grano, pero deberá hacer las cosas con calma ya que ese elemento aparentemente parasitario es el que encierra lo esencial. Si expresamos esta verdad en términos mas dramáticos podemos decir que en el mal (en el error) y en las personas que lo escenifican en nuestra vida es donde se encuentra el bien (lo correcto). Es importante sacar ese grano de experiencia que encierra una situación antes de eliminar el error.
 
Cuando disponga ya de la materia prima, resultado de un largo proceso natural, el grano deberá ser molido. Antes se utilizaban los molinos de viento para ese menester y el candidato deberá usar el viento, es decir, en términos psíquicos, la fuerza del pensamiento, de las ideas, de la lógica, para transformar lo que ha nacido dentro de él de una manera natural, debido a la química de las energías cósmicas.
 
Y cuando ya con las ideas haya transmutado el producto, deberá mezclar la harina con agua para obtener la pasta destinada a la cocción. El agua son los sentimientos, las emociones, la sensibilidad. En ese momento de la obra, el agua será necesaria y con esa agua que figura en el Gabinete de Reflexión volvemos a encontrarnos la imagen de Abel, representando las fuerzas que activan a través del elemento Agua, fuerzas pasivas que permiten dar a la obra una forma: la forma del pan.
 
Finalmente, el proceso de cocción indica al candidato que la obra deberá ser sublimada con un ardor y un empeño que solo encontrará estableciendo contactos con la fuente primigenia de toda vida, con la divinidad, simbolizada por el fuego. Entonces obtendrá el pan, símbolo del alimento espiritual, que ha de permitirle, gracias al sustento que le procura, la continuidad en el trabajo.

De esta manera, vemos como el proceso de elaboración del pan pasa por los cuatro viajes rituales, la recolección (Tierra), los molinos (Aire), la mezcla con el agua (Agua) y la cocción (Fuego).




LOS ALTOS GRADOS EN LA MASONERÍA

LOS ALTOS GRADOS EN LA MASONERÍA

Comienzos de la Masonería en los distintos países del mundo

ÉTICA Y CÓDIGO MORAL MASÓNICO

DICCIONARIO DE CONCEPTOS MASÓNICOS

MÚSICA MASÓNICA

ORACIONES PARA MASONES

TEXTOS, PLANCHAS, LITERATURA MASÓNICA

TEXTOS, PLANCHAS, LITERATURA MASÓNICA

INSTRUCCIONES, LITURGIAS, CATECISMOS, MANUALES...

INSTRUCCIONES, LITURGIAS, CATECISMOS, MANUALES...

VISITA MI CANAL EN YOUTUBE

VISITA MI CANAL EN YOUTUBE
ORACIONES DEL MUNDO EN VIDEO

SIGUE MIS PUBLICACIONES EN FACEBOOK