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miércoles, 10 de enero de 2018

EL BLANCO Y EL NEGRO DEL PISO DE MOSAICO


 
El símbolo masónico del “piso de mosaico” (tessellated pavement) es de aquellos que a menudo se comprenden insuficientemente o se interpretan mal; ese pavimento está formado por cuadrados alternativamente blancos y negros, dispuestos exactamente de la misma manera que las casillas del tablero de ajedrez o de damas.
 
Agregaremos ya que el simbolismo es evidentemente igual en ambos casos, pues, los juegos han sido, originariamente, muy otra cosa que las simples distracciones profanas en que se han convertido en la actualidad, y, por otra parte, el ajedrez es ciertamente uno de aquellos en que los vestigios del carácter “sagrado” originario han permanecido más manifiestos, pese a tal degradación.

En el sentido más inmediato, la yuxtaposición del blanco y del negro representa, naturalmente, la luz y las tinieblas, el día y la noche, y, por consiguiente, todos los pares de opuestos o de complementarios (apenas es menester recordar que lo que es oposición en cierto nivel se hace complementario en otro, de modo que el mismo simbolismo es igualmente aplicable a uno y otro); a este respecto, pues, se tiene el exacto equivalente del símbolo extremo-oriental del yin-yang.

Inclusive puede observarse que la interpenetración e inseparabilidad de los dos aspectos, yin y yang, representados en este último caso por el hecho de que ambas mitades de la figura se hallan delimitadas por una línea sinuosa, lo están también por la disposición en damero de los cuadrados de ambos colores, mientras que otra disposición, por ejemplo la de bandas rectilíneas alternativamente blancas y negras, no daría tan netamente la misma idea, y hasta podría hacer pensar en una pura y simple yuxtaposición.

Sería inútil repetir a este respecto todas las consideraciones acerca del yin-yang; recordaremos solo de modo más particular que no hay que ver en ese simbolismo, ni en el reconocimiento de las dualidades cósmicas expresadas por él, la afirmación de ningún “dualismo”, pues si tales dualidades existen real y verdaderamente en su orden, sus términos no dejan por eso de derivarse de la unidad de un mismo principio (el T’ai-Ki de la tradición extremo-oriental).

Es éste, en efecto, uno de los puntos más importantes, porque él sobre todo da lugar a falsas interpretaciones; algunos han creído poder hablar de “dualismo”: con motivo del yin-yang, probablemente por incomprensión, pero quizá también, a veces, con intenciones de carácter más o menos sospechoso; en todo caso, por lo que se refiere al “piso de mosaico”, tal interpretación es propia lo más a menudo de los adversarios de la masonería, que querrían basar en ello una acusación de “maniqueísmo”.

Seguramente, es muy posible que ciertos “dualistas” hayan desviado a ese simbolismo de su verdadero sentido para interpretarlo en conformidad con sus propias doctrinas, así como han podido alterar, por la misma razón, los símbolos que expresan una unidad y una inmutabilidad inconcebibles para ellos; pero no son, en todo caso, sino desviaciones heterodoxas que no afectan en absoluto al simbolismo en sí, y, cuando se adopta el punto de vista propiamente iniciático, no son tales desviaciones lo que cabe considerar.

Ahora bien; aparte de la significación a que nos hemos referido hasta ahora, hay además otra de orden más profundo, y esto resulta inmediatamente del doble sentido del color negro; acabamos de considerar solamente su sentido inferior y cosmológico, pero es menester considerar también su sentido superior y metafísico. Se encuentra un ejemplo particularmente neto en la tradición hindú, donde el iniciando debe sentarse sobre una piel de pelos negros y blancos, que simbolizan respectivamente lo no-manifestado y lo manifestad; el hecho de que se trate aquí de un rito esencialmente iniciático justifica suficientemente la conexión con el caso del “piso de mosaico” y la atribución expresa a éste de la misma significación, aun cuando, en el estado de cosas actual, esa significación haya sido por completo olvidada.

Se encuentra, pues, un simbolismo equivalente al de Árjuna, el ‘blanco’, y Krshna, el ‘negro’, que constituyen, en el ser, lo mortal y lo inmortal, el “yo” y el “Sí-mismo”; y, puesto que estos dos son también los “dos pájaros inseparablemente unidos” de que se habla en las Upánishad, ello evoca además otro símbolo, el del águila bicéfala blanca y negra que figura en ciertos altos grados masónicos, nuevo ejemplo que, con tantos otros, muestra una vez más que el lenguaje simbólico tiene carácter verdaderamente universal.

 

miércoles, 3 de enero de 2018

ORNAMENTOS DE LA LOGIA: EL PAVIMENTO DE MOSAICO


Dice el ritual masónico:

El alhajamiento interior de una Logia comprende los ornamentos, los utensilios y las joyas.
 
Los ornamentos son el pavimento de mosaico, símbolo del espíritu y la materia; la estrella flamígera, que nos recuerda de continuo la presencia de Dios en Su universo; y la festoneada franja o Pared protectora.

PAVIMENTO DE MOSAICO

Los tres ornamentos corresponden al centro de la Logia. El pavimento de mosaico es el hermoso embaldosado de losetas cuadradas, alternativamente blancas y negras, que simbolizan, según dice el ritual de la Orden, la diversidad de seres, tanto animados como inanimados, que decoran y ornamentan la creación.

Sin embargo, las alternadas losetas no sólo simbolizan la entremezcla de los seres animados e inanimados en el mundo, sino todavía más significativamente el entreveramiento por doquiera de espíritu y la materia. Los dos triángulos entrelazados simbolizan también esta gran verdad de la naturaleza.

No hay vida sin materia ni materia sin vida. Hasta hace pocos años, muchos científicos se figuraban que el aspecto vital de la creación no iba más abajo del reino vegetal; pero hoy día se reconoce la imposibilidad de trazar una línea de separación y decir que por encima de ella están los seres vivientes y conscientes, y por debajo la materia muerta.

Las investigaciones efectuadas por el profesor Sir Jagadish Chandra Base, de Calcuta, y expuestas en su obra: Response in the Living and Non-Living. (Sensibilidad de los seres animados e inanimados) que ha conquistado eminente honor y respeto científicos, demuestran que no existe semejante línea de separación, ni siquiera en grado mínimo, ya que la vida alienta en el más menudo grano de arena.

La Doctora Annie Besant, en su conocida obra: Estudios sobre la conciencia, resume muy comprensivamente algunas conclusiones del profesor Base, como sigue:

El profesor Base ha demostrado concluyentemente que la llamada "materia inorgánica" es sensible al estímulo y que a él responden los metales lo mismo que los vegetales, animales y en cuanto alcanzan los experimentos, incluso el hombre.

Dispuso aparatos a propósito para medir la intensidad del estímulo aplicado y demostrar en diagramas trazados sobre un cilindro giratorio, la respuesta del cuerpo que recibía el estímulo. Comparó después los diagramas obtenidos del estaño y otros metales con los obtenidos del músculo, y vio que el diagrama del estaño era idéntico al del músculo, y que los demás metales daban diagramas de análoga índole, pero variados en el período de recuperación de la normalidad.

El tétanos, tanto parcial como total, consecutivo a repetidos choques, se obtuvo con los mismos resultados en el mineral y en el músculo.

Los metales denotaron fatiga, y el estaño menos que los demás, Los reactivos químicos y las drogas produjeron en los metales efectos de excitación, depresión y muerte, análogos a los ya conocidos en los animales.

Un veneno matará a un metal, reduciéndolo a un estado de inmovilidad en que no es posible obtener respuesta alguna; pero administrándole a tiempo un antídoto, se reaviva el metal.

Un estimulante intensificará la respuesta, y las grandes y pequeñas dosis de una droga que respectivamente matan o estimulan a los animales producen el mismo efecto en los metales.

El profesor Base pregunta: "En presencia de estos fenómenos ¿cómo podemos trazar una línea de demarcación y decir que aquí termina el proceso psíquico y comienza el fisiológico? No existe tal barrera.

Los experimentos psíquicos y la adiestrada clarividencia añaden su testimonio a esta conclusión y afirman sin sombra de duda, que la misma vida esencial palpita en el tigre, en el roble y en el mineral.

Dice La Doctrina Secreta:

Cada día resulta más claramente demostrada la identidad entre el animal y el hombre físico, entre la planta y el hombre, y aun entre el reptil y su nido, entre la roca y el hombre.

Idénticos son los constituyentes físicos y químicos de todos los seres. La Química puede muy bien decir que no hay diferencia entre la materia que forma al buey y la que forma al hombre; pero las enseñanzas ocultas son mucho más explícitas y dicen:
 
"No sólo son los mismos los componentes químicos, sino que las mismas vidas infinitesimales e invisibles constituyen los átomos de la montaña y de la margarita, del hombre y de la hormiga, del elefante y del árbol que lo cubre con su sombra. Toda partícula llámese orgánica o inorgánica es una vida".

Así, pues, al observar nuestro ajedrezado pavimento, quienes comprendan su significado recordarán constantemente la idea de la omnipresente vida.

En el antiguo Egipto se respetaba con sumo cuidado la Santidad del pavimento y nadie lo hollaba más que el candidato, los oficiales cuando les era necesario, el I. P. M. en el cumplimiento de sus deberes, el P. D. al encender la luz en el fuego sagrado, y el turiferario cuando incensaba el altar.

La grandísima importancia que se da al acto de escuadrar la Logia es otro aspecto de la misma idea.

Las corrientes de energía fluyen a lo largo y a través del pavimento en líneas semejantes a la trama y urdimbre de una tela, y también rodean los bordes del pavimento por lo que quien ha de atravesado o bordeado ha de moverse en el sentido de la corriente y no contra ella. De aquí la imperiosa necesidad de caminar siempre en la misma dirección y sentido.

Hoy día parece que no se tiene tanto cuidado con el pavimento. Recuerdo el caso de haberse colocado en medio del pavimento la mesa con el libro de asistencia que todos debemos firmar...

Cuando yo viví en Egipto, el pavimento ocupaba casi todo el suelo de la Logia, pero hoy día no es a veces más que un reducido cercado en el centro.

Autor: C. W. Leadbeater.
La Vida Oculta en la Masonería.
 
 

miércoles, 15 de noviembre de 2017

EL PAVIMENTO MOSAICO


A veces vivimos la visión dual del mundo y de nosotros mismos como una prisión. Olvidamos que si hemos catalogado a la oscuridad como tal, es porque una parte de nosotros ha intuido la Luz suprasensible. Nos hemos de repetir de nuevo aquello de que la mente no puede con la mente, que uno no puede salir de la dualidad negando una de sus partes, y que con análisis detallados de los fenómenos parciales sólo vamos a agravar nuestra miopía.
 
La Tradición nos habla de una forma superior de Conocimiento, sintético, no dual, que no se apoya en la multiplicidad y el cambio incesante de las formas, sino que nos ofrece como soporte a sus símbolos. Concretamente la tradición china nos brinda un símbolo que ilustra perfectamente la idea de dualidad y de conjugación de complementarios, el Yin-Yang. Pues bien, la Masonería nos ofrece también un símbolo que viene a ilustrar esta complementación de opuestos, el pavimento mosaico, formado por cuadrados alternativamente blancos y negros, cuya disposición en damero nos habla de la inseparabilidad de los dos aspectos, luz y tinieblas, masculino y femenino. No existen el uno sin el otro, y el uno existe por el otro.

Sabemos que la simbología no es una sistemática. sino que es generadora de imágenes; el símbolo produce en quien lo contempla luces que alumbran distintos aspectos de la realidad, que no se contradicen sino que se potencian y complementan entre ellos. Así, en una primera lectura podemos ver en el blanco y negro el antagonismo entre el dolor y el placer, los honores y las calumnias, el éxito y el fracaso, por entre los cuales, se nos dice, el masón debe caminar sereno, sin dejarse exaltar por las condiciones favorables ni deprimir por las desfavorables. Pero esto no ya como un imperativo moral, una ley de economía psicológica que uno se impone desde fuera, sino como resultado de una comprensión interna, de una certeza análoga a la verdadera «des-ilusión».

Por otra parte, René Guénon nos señala una significación de orden más profundo, que resulta de considerar no ya el sentido inferior y cosmológico del color negro, sino su sentido superior y metafísico. Entonces nos aparece lo blanco y lo negro como lo manifestado y no-manifestado respectivamente, lo mortal y lo in-mortal, el «yo» y el «Si-mismo».
 
Hace ahora un año y a propósito de una lectura del texto de René Guénon «El Demiurgo», escribí unas líneas que se relacionan directamente con el tema que aquí se trata y que me gustaría volver a recordar:
 
«En agradecimiento a los maestros visibles e invisibles, y a los compañeros».
 
«Nos habían hecho creer que teníamos que actuar, almacenar méritos, perseguir satisfacciones; no sabíamos que nada nos pertenece, y cuando reparábamos en ello, lo absurdo de la vida nos asustaba. Pero ahora se nos ha dicho que hay un Trabajo a hacer, y que éste no es estéril, sino muy al contrario multiplica por cien nuestro esfuerzo, y además es irreversible, definitivo, sus resultados no se recogen en este tiempo y este espacio sino en otro inmutable».
 
«No entendíamos el significado del mal, veíamos como una injusticia su existencia, y tras el pretendido bien intuíamos el gesto hipócrita. Reivindicábamos con orgullo pueril el derecho al escándalo, a transgredir lo moral, a quemar furiosos nuestra rabia, reflejo de nuestra ignorancia, y así éramos abatidos, aturdidos por el sin-sentido. Pero ahora sabemos que el Bien y el Mal, lo Interior y lo Exterior, el Espíritu y la Materia, el ser y el No-Ser tienen un Principio común, hacia el cual nos encaminamos y desde el cual toda dualidad aparece como ilusoria. Se nos ha dicho además la única forma de acceder a él, el Conocimiento. Se nos han ofrecido los instrumentos preciosos, el Símbolo y el Rito, auténticos vehículos que nos conducen a lo únicamente ver-dadero, a lo verdaderamente Único».
 
«Y por si fuera poco se nos brinda la posibilidad de compartir este proceso con unos compañeros de viaje, extranjeros también, hermanos, todos ellos imprescindibles, elegidos no al azar sino con escrúpulo matemático, cumpliendo todos una función exacta en nuestro particular ascenso, y cada uno de ellos dotado de la herramienta precisa, del arma blanca especialmente diseñada para atravesarnos por donde más duele, para amputar los lazos que nos atan a la manifestación, para deshacer los nudos que nos retienen en el Imperio del Demiurgo».
 
En un momento de nuestro Ritual se dice:
 
«Hermanos elevemos nuestros corazones fraternalmente y que nuestras miradas se vuelvan hacia la luz».
 
Por encima pues del pavimento mosaico, símbolo también de la multiplicidad que aparece tras la primera polarización, que nuestros corazones se unan en el centro del Templo, en el Altar, donde sobre el Libro de la Ley Sagrada coinciden la Escuadra y el Compás, punto único, Uno sin segundo de donde todo procede.
 
 
 

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