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viernes, 6 de abril de 2018

CON RELACIÓN AL NÚMERO SEIS


Seis es el número de la perfección, de la belleza: la sexta Sephira de la cabala, Tiphereth, significa belleza y ornamento (representada por el planeta Venus); los seis colores (tres primarios: azul, amarillo, rojo; y los tres derivados: verde, naranja y violeta). El sexto arcano mayor del tarot. Los Enamorados, está asociado a Venus-Ishtar, estrella de la mañana guerrera, y enamorada, como astro del ocaso.

El número seis, en la geometría plana, nace del tres, cuando el triángulo equilátero de los tres principios (con su vértice hacia arriba) se refleja a si mismo, haciendo nacer otro triángulo invertido que se entrelaza con el primero en un centro común.

Para la Cábala, la creación es el reflejo ilusorio y transitorio del mundo inmanifestado representado por la tríada. En la Estrella de David o Sello Salomónico (símbolo del macrocosmos, el ser universal) el triángulo superior representa a la trinidad de los principios, inmanifestada y misteriosa; increada, permanente y real. el inferior a su reflejo ilusorio y transitorio: la creación, con sus miradas de seres y formas cambiantes y finitas. En esa figura esto, mundos simultáneos se encuentran en un equilibrio perfecto. Aquí, los estados espirituales del ser están unidos indisolublemente con los materiales. Los cuatro elementos están fundidos.

Las energías ascendentes, volátiles y sutiles, que atraen hacia el espíritu, copulan con las descendentes, promotoras de la creación material y de la ilusión de la manifestación. Esta unión entre lo primario y lo secundario queda claramente manifestada con el símbolo natural del arco iris (escala y puente que une la tierra con el cielo), en el que los tres colores fundamentales (azul, amarillo y rojo) se combinan en armonía con los tres complementarios (verde, naranja y violeta).

Por otro lado, podemos observar al hexágono en el interior de la estrella, otro símbolo senario al que los geómetras concedieron importan especial, por la perfección que implica el hecho de ser el único polígono regular cuyo lado mide exactamente igual que el radio del círculo que lo circunda.

Y aun podemos ver en el interior del hexágono al cubo, otro símbolo fundamental de la Masonería relacionado con el senario por el hecho de tener seis caras.

El cubo nace también del cuadrado, el que llevado a la tridimensionalidad, o a la geometría espacial, adquiere forma cúbica. La primera potencia es la unidad; la segunda, el cuadrado; la tercera, el cubo. Del cubo son visibles a la vez únicamente tres de sus seis caras; las otras tres se mantienen ocultas. He ahí otro símbolo del equilibrio entre lo inmanifestado y la manifestación, lo invisible y lo visible. Mientras al paraíso terrestre se lo figura en forma circular o esférica, a la Jerusalén Celeste se la representa como un cubo, pues son "iguales su longitud, su latitud y su altura" (Apocalipsis, XXI, 16).

Desde una perspectiva, la esfera es símbolo del cielo y del espíritu y el cubo lo es de la tierra y la materia. La forma esférica de la bóveda celeste y de cada uno de los astros que la pueblan contrasta con la forma cúbica de la solidificación y la materialización. Pero desde otra perspectiva, la esfera es más bien símbolo del movimiento y la manifestación, en contraste con el cubo que lo es de la inmovilidad de lo trascendente y abstracto.

En la Masonería se nos enseña que debernos tallar la piedra bruta, dándole la forma cúbica de la perfección. Ahora bien, si tomáramos un cubo y lo desdobláramos llevándolo a las dos dimensiones del plano, obtendríamos una figura compuesta de seis cuadrados (cada uno de ellos una de las caras del cubo), que es en el simbolismo constructivo la forma que toma la cruz cristiana, relacionada por esto con el número a que nos estamos refiriendo.
 
Y en el Islam, el centro está representado por una construcción cúbica, la Ka'bah, en uno de cuyos ángulos se encuentra la "piedra negra" de la Meca.
 
Podemos ver cómo las tradiciones judía, cristiana e islámica, se identifican todas ellas con figuras geométricas que se relacionan con este número, símbolos de apariencias formales diferentes, pero análogos en sus significados.
 
El seis también nace de la cruz, cuando ésta es atravesada en su centro por una línea que le da tridimensionalidad. A las cuatro direcciones del espacio (norte, sur, este y oeste; o adelante, atrás, derecha e izquierda), agregamos aquí otras dos (el zenit y el nadir; arriba y abajo).
 
Es la cruz tridimensional compuesta por tres líneas rectas, o tres ejes (dos horizontales y uno vertical) y seis brazos. Los indios de las praderas de los Estados Unidos acostumbran invocar, en todos sus ritos, a los poderes de los cuatro puntos cardinales, más los poderes del cielo y de la tierra (ver Alce Negro, La Pipa Sagrada). Desde esta perspectiva son seis las direcciones del espacio.

La creación, según el Génesis, fue realizada en seis días, y al sexto día fue creado el hombre. A estas seis fases del tiempo se las hace corresponder a las seis direcciones del espacio.

 
Recordemos que también en la astrología corresponden seis signos zodiacales a cada una de las fases, ascendente y descendente, del año. En la Cábala, la sexta sefirah, Tifereth, la belleza divina, es la central. En ella «los colores están entrelazados». Es el corazón del árbol de la vida, que une en armonía lo de arriba y lo de abajo, lo de la izquierda y lo de la derecha, lo de adelante y lo de atrás.
 
En el tantrismo hindú un triángulo rojo invertido representa a Shakti, la energía cósmica femenina y un triángulo blanco con el vértice hacia arriba simboliza a Shiva, el hombre absoluto. En el ritual tántrico, mediante la unión sexual estos dos principios cósmicos se funden en un punto central común, el bindu.
 
Y en la tradición extremo oriental 64 hexagramas (conjuntos de seis líneas) componen el oráculo chino denominado I Ching. «Los santos sabios de tiempos antiguos hicieron el Libro de las Mutaciones de este modo: ellos quisieron escrutar los órdenes de la ley interior y del destino. Establecieron por lo tanto el Tao (sentido) del Cielo y lo denominaron: lo oscuro y lo luminoso. Establecieron el Tao (sentido) de la Tierra y lo denominaron: lo blando y lo firme. Establecieron el Tao (sentido) del hombre y lo denominaron: el amor y la justicia. Juntaron estas tres energías fundamentales y las duplicaron. Por esta causa son siempre seis trazos los que en el Libro de las Mutaciones forman un signo». (I Ching, Libro II, cap. I).


jueves, 8 de marzo de 2018

6 - SIGNIFICADO Y SIMBOLISMO DEL NÚMERO 6


El Seis es el número perfecto y la unificación de los contrastes.

Ya en el siglo VI a. de C. Pitágoras afirmó que el número Seis era un número perfecto, pues se obtenía como resultado de sumar los tres primeros números, ya que 1 + 2 + 3 = 6, así como de multiplicarlos 1 x 2 x 3 = 6.

 
El círculo también es considerado perfecto, pues su radio se deja trazar sobre seis puntos equidistantes que, al ser unidos mediante líneas, dan lugar a dos figuras relacionadas con este símbolo que son el hexágono y la estrella de seis puntas. En el hexágono, la longitud de los lados coincide exactamente con el radio del círculo y es considerado como pieza ideal de construcción que aparece, por ejemplo, en la naturaleza en un panal de miel o en el anillo bencénico.

Esta perfección viene también reflejada en la creación, que, según relata la Biblia, duró seis días. La estrella hexagonal simboliza la penetración mutua y la unificación acertada de los contrastes. Está compuesta por dos triángulos, que simbolizan fuego  y agua , son aquellas fuerzas que dentro de los cuatro elementos clásicos presentan las mayores diferencias entre sí.


El fuego es ligero, caliente y clan, mientras que el agua es pesada, fría y oscura. El fuego tiende a extenderse como ningún otro elemento hacia arriba, mientras que el agua presiona hacia abajo y se mantiene tranquila únicamente cuando ha tocado fondo.

Si no solo superponemos ambos triángulos uno sobre el otro, sino que además los deslizamos entre sí, queda demostrado de forma muy clara que la estrella hexagonal simboliza la penetración mutua y la unión acertada de los contrastes. Grandes parejas de contrastes como fuego-agua, hombre-mujer, luz-oscuridad y abajo-arriba representan la realidad polar y también las alternativas en las que nosotros podemos elegir y las que en muchas ocasiones nos arrastran de un lado a otro. La cosa se complica especialmente cuando se trata de contrastes que queremos congraciar, pero que son irreconciliables.

Cada vez que desembocamos en un conflicto de interés y nos vemos obligados a elegir en el trabajo y la familia, la independencia o la dependencia, el riesgo o la seguridad, la tradición o la excitante novedad, nos encontramos ante tal dilema, pues parece que decidirnos por ambas cosas resulta imposible. Pero si dedicamos el tiempo suficiente a intentar resolver esta situación de imposibilidad, puede que se nos encienda una bombilla que nos permita hallar la solución correcta. Entonces experimentaremos una agradable y profunda sensación de felicidad.
 
En el I Ching, antiguo oráculo y libro de la sabiduría china, el número Seis es considerado un símbolo central. Las líneas discontinuas del Yin y las líneas continuas del Yang simbolizan la polaridad primitiva del Sol y la Luna, del cielo y la tierra, de lo masculino y lo femenino. En total se pueden formar ocho grupos diferentes, cada uno compuesto por tres lineas (trigramas), los cuales a su vez pueden combinarse de múltiples formas dando lugar a los hexagramas del I Ching.

En total se conocen 64 combinaciones de cómo pueden intercalarse el cielo y la tierra. Como símbolo de la convergencia entre el cielo y la tierra, entre lo visible e invisible, el mundo divino y el mundo terrenal, los cristianos occidentales apuntan a la estrella hexagonal. Así lo refleja el monograma de Cristo, que resulta de la superposición de las letras griegas χ = Chi, y ρ = Rho, las dos primeras letras de la palabra Cristo, que representan la unión de Dios y el hombre.

La estrella hexagonal aparece en los rosetones de muchas catedrales, como es el caso de la catedral La Seu en Palma de Mallorca.

El Seis es también el número que designa las direcciones naturales que nos rodean: delante, detrás, izquierda, derecha, arriba y abajo. Seis lados tiene un cubo, que analógicamente a lo que ocurre con la simbología del número Cuatro, representa nuestro mundo actual, la realidad, y que si lo «desplegarnos» se convierte en una cruz que nos recuerda mucho al típico plano horizontal de gran cantidad de iglesias.

En la magia se le llama al hexágono Escudo de David o Sello de Salomón y se lo considera un símbolo especialmente poderoso. La leyenda dice que hace tres mil años vivía el sabio rey Salomón, el cual había conjurado a los demonios y llamado a los ángeles a través de este sello. Este poder no se debe, si lo analizarnos desde un punto de vista simbólico, únicamente a la fuerza y habilidad de unificar contrastes, sino a la capacidad de relacionar entre sí a la totalidad de la creación de un forma perfecta, lo que viene representado en la figura de la estrella hexagonal. También puede ser considerado un símbolo de unión, de hermanamiento, de los cuatro elementos y permite así resaltar aún más su carácter de perfección.
 
El hexagrama se convirtió en el famoso símbolo de los judíos en el siglo XIX a partir de una comunidad judía que residía en Praga. En el Tarot la carta número seis (VI) es naturalmente la carta de LOS AMANTES, que simboliza la unificación acertada de los contrastes.
 
La similitud entre la ortografía y entre el sonido de los vocablos seis y sexo, tanto en el español como en idiomas como el inglés o alemán, no es del todo casual, sino que está más bien relacionado con la simbología. La fricción o el roce entre los contrastes no produce solo calor, chispas, brasas y pasión, sino que también permite la creación o el resurgir de algo nuevo. Por esta razón, el Seis es considerado también el número de la fertilidad y su trazo expresa un movimiento que surge de sí mismo y que genera algo a partir de él mismo. Quizá encontremos en este pensamiento la razón por la que este número ha sido proscrito y se le ha llamado también el número carnal.
 
Al encontrarse por debajo del Siete perfecto, se le ha considerado igualmente el número de la insuficiencia y el símbolo de la caída del mundo y del tiempo. Este menosprecio tiene una larga tradición, que quizá se deba a una vieja enemistad. Los sumerios y los habitantes de Babilonia, que hoy en día viven en el actual Iraq, consideraban sagrado al número Seis.
 
Esto lo refleja nuestro actual cálculo del tiempo, que tiene su origen en los sacerdotes astrales de Babilonia, considerados los padres de la astrología. Ellos fueron los que dividieron el año en doce meses, el día en dos veces 12 horas y las horas en 60 minutos, cada uno de los cuales consta a su vez de 60 segundos. Estos poderosos vecinos no eran muy queridos, sobre todo porque aún permanecían en la memoria los años de esclavitud de los babilónicos, y esta era la razón por la que el pueblo de Israel no tenía en muy buena consideración aquello que era sagrado pan ellos. Esta enemistad trascendió a los cristianos y se mantiene en nuestros días en el significado negativo de la torre de Babel o en la prostitución de Babilonia y también en el aspecto diabólico del número Seis, sobre todo del número 666.

¿Es quizá esta la razón por la que la palabra Babilonia aparece en total seis veces en el Apocalipsis, el último libro del Nuevo Testamento?


 

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