sábado, 23 de diciembre de 2017

EXAMEN PARA APRENDICES MASONES


- Hermano mío, ¿qué es la vida?
 
La vida es la facultad de ejercer las funciones que resisten a la muerte en los seres organizados. Esas funciones, como el entendimiento, las sensaciones, la locomoción, ponen al hombre y a los animales en relación con los objetos exteriores.
 
La libertad que preside a sus acciones, le es común; pero el carácter distintivo que hace del hombre un ser aparte, es la actividad de su inteligencia, que se eleva sobre los sentidos para lanzarse al infinito, comprender las maravillas que le rodean y profundizar el porvenir. Es el único ser que sabe que debe morir. Dotado de percepciones intelectuales y de ideas morales, conoce sus derechos y sus deberes, y sabe que depende de él conformarse a ellos o separarse. Por oposición a la vida natural, se dice la vida futura o venidera.

La vida en el hombre y en los animales, no es más que una serie de expansiones y contradicciones de la sangre, como el movimiento en una máquina de vapor no es otra cosa que una serie de dilaciones y condensaciones del agua. En la máquina el principio activo es el fuego que transforma en vapor el agua contenida en la caldera. Obligada a buscar una salida, empuja un pistón y se escapa por un orificio para ir a condensarse al frío del aire y volverse de nuevo agua en un depósito, de donde una bomba alimenticia la introduce de nuevo en la caldera. Es el movimiento perpetuo mientras haya fuego, aire y agua.

En la máquina humana el principio activo es la electricidad; sus conductores son los nervios, su batería el cerebro, y los pulmones son el hornillo donde el calorío, desarrollado por la electricidad, obliga a la sangre a circular. El oxígeno que respiramos es el elemento del fuego, el carbono espirado es el humo, el corazón la bomba de alimentación que suministra la sangre, a los pulmones después de recibirla negra de las venas, adonde la envió el estómago; es el cilindro en que la sangre ya roja pasa por las arterias. La piel, con sus poros y extremidades, en el conductor cuyo frío equilibra la dilación producida por el calórico de los pulmones.

Una sola función contamos más que la máquina; la generación de la sangre por los alimentos, mientras que la caldera recibe el agua ya hecha. La circulación continua nos hace vivir, mientras tenemos sangre, aire, electricidad y buenos órganos. Cuanto más carbón se añade al fuego, más fuerza adquiere una máquina bien provista de agua. El aire contiene nuestro combustible, el oxígeno que arde nuestra electricidad; cuanto más aire se respire, pues, estando el estómago bien alimentado, más fuerza se da al cuerpo.

¿Qué es la inteligencia?

La inteligencia forma parte de la actividad del alma como la sensibilidad y la voluntad es la facultad de conocer y pensar, de donde nacen las ideas, la memoria y el juicio.

La inteligencia tiene su asiento en el sistema nervioso espinocerebral, que es el órgano exclusivo de las facultades intelectuales y de la sensibilidad externa. Da acción a los nervios de los cinco sentidos; pone al hombre en relación con los objetos del mundo exterior, y por medio de las sensaciones que el cerebro percibe, el hombre, ilustrado por la ciencia y por el conocimiento de lo que le causa placer o dolor, y conducido por su libre albedrío acepta o rechaza.

¿Qué es el instinto y en qué se distingue de la inteligencia?

El instinto precede a la forma de la organización y la elabora; dirige los resortes de las acciones vitales; hace mover el corazón; conduce e impulsa la sangre reparadora a todas las partes del organismo, y vigila sin cesar por la conservación de los individuos. El instinto es más activo en la infancia y en los animales; al acercarse a la pubertad, él es quien revela secretamente un porvenir de misterio y de amor. Sin nuestra voluntad, y hasta a pesar de ella, obliga a nuestra pupila a contraerse a la luz, a dilatarse en la oscuridad. Es una especie de inteligencia totalmente separada de la del cerebro. Tiene su asiento exclusivo en el sistema nervioso gangliónico, destinado a concurrir perpetuamente a las funciones nutritivas y reproductivas. De él parten los impulsos espontáneos, esos movimientos prontos de equilibrio que preservan de las caídas o amortiguan su efecto; producen las afecciones súbitas del corazón, y las pasiones que arrastran al hombre y a los animales a actos irreflexivos.

Se puede vivir sin inteligencia, pero el hombre más inteligente no viviría sin instinto. El hombre tiene el instinto de su inteligencia: ésta llega cuando el instinto está ya completamente ilustrado. El instinto sintetiza, la inteligencia analiza. Así el instinto, luz orgánica, forma primera del sentimiento y del pensamiento cuando está bien ejercitado, se convierte en inteligencia. La inteligencia se cansa y reposa, el instinto no descansa jamás.

En cada especie de animales, el instinto, o sea su inteligencia, es constantemente la misma, conforme a su constitución y necesidades, y el designio de la naturaleza; pero varía de una especie a otra y gradualmente del cordero al tigre, del ánade al águila. Sobre esta observación basaron la elección de los animales simbólicos, expuestos en Egipto a la veneración pública. Aquellos animales eran menos brutos que sus estúpidos adoradores.

¿Qué es la perfectibilidad?

La perfectibilidad o el engrandecimiento del alma por el pensamiento es el arte de comparar las ideas y sacar de ellas deducciones útiles al bienestar y perfeccionamiento de la humanidad. Esta bella facultad, que es el orgullo del hombre, y le hace tan superior a los animales por la extensión de sus concepciones, es generalmente más negativa que provechosa en sus resultados, porque el hombre se sirve de ella menos para el bienestar general y propio que para ejercer cierta supremacía sobre los demás porque el hombre con frecuencia hace todo, menos lo que le conviene. El bruto no aprende ni inventa; pero en cambio su especie no degenera.

¿Qué es el Universo?

El Universo es un nombre colectivo que significa el mundo en-tero; es decir, nuestro globo, nuestro sistema planetario, los astros visibles e invisibles, los mundos telescópicos y ultratelescópicos hasta el infinito, y cuanto estas cosas encierran; en fin, todo cuanto existe.

Comparado con el universo, nuestro globo es un átomo. "Si un solo cuerpo es un enigma para nosotros, dice Condillac, ¿qué enigma no ha de ser el universo?"


- Buffon ha dicho: "Todo es bueno, porque el universo físico el mal concurre al bien, y nada perjudica realmente al orden de la naturaleza."

Tómase también el universo en sentido particular, por la tierra, y a veces hasta por una parte de ésta. Así se dice: ir al fin del universo; Roma redujo al universo a su obediencia. Se aplica igualmente a los habitantes de la tierra, como en las locuciones: El Universo estaba a sus pies: el Universo temblaba delante de él: El señor del Universo, Dios Júpiter, Jehová, Braham, Allah, según las creencias.

Por último, el universo era el dios de los platónicos, a quien llamaban el Todo, el GRAN TODO, o sea la imagen, la estatua de Dios.

¿Qué es la filosofía?

Es el estudio de la razón, de la sabiduría y de los misterios de la naturaleza. No el joven ni el anciano deben desconocer este estudio. Nunca es el hombre bastante viejo para que le canse la ciencia de la dicha, ni bastante joven para vacilar en iniciarse en la práctica de esta ciencia; al contrario sería decir que todavía es tiempo o que ya es demasiado tarde para ser feliz.


La filosofía desembarazada al espíritu de todo vano temor, preocupación o superstición: estudiarla es querer ser libre. Por ella llega el hombre a dominarse, y el que está iluminado por la filosofía puede estar seguro de hacerse superior a las pasiones, porque esa ciencia le enseña que las pasiones deben ser siervas y no señoras de la razón. En fin, por ella adquiere el conocimiento de las causas y de los efectos, que le revela el camino por el cual puede llegar al fin y objeto de la vida, a la dicha.

¿Cuáles son H.·. mío, vuestras ideas sobre la electricidad?

La palabra electricidad trae a la imaginación una serie de fenómenos que presentan ciertas sustancias, como el ámbar y el succino, llamado en griego eléctrum, y que tienen la propiedad de atraer los cuerpos ligeros, propiedad que fue descubierta en el succino por un iniciado antiguo Thales de Mileto.


Esos fenómenos se deben al parecer a un agente fluídico, la electricidad, extendiendo en todas partes, y que tiene grandes relaciones con el calórico, con la luz y con el magnetismo. Este agente que parece desprovisto de pesantez no puede encerrarse en un vaso, porque el vaso ésta penetrado de él; no es perceptible a la vista, ni posee ninguna de las propiedades por las cuales se reconocen los cuerpos propiamente tales, sólidos, líquidos o gaseosos, y no es posible apreciarle sino por sus efectos físicos, químicos y fisiológicos.

Inmenso es el papel que la electricidad desempeña en la naturaleza. Es la única causa de la atracción y de la gravitación; opera las combinaciones, descomposiciones químicas: se eleva con el vapor a la atmósfera, y forma el relámpago, el trueno, el rayo, la lluvia, el granizo y la nieve, pone en movimiento la savia en los árboles, destruye torres y edificios y mata animales.

Su celeridad no es menos prodigiosa que su fuerza; es más veloz que la luz, pues recorre ciento quince mil leguas por segundo. Su luz es comparable con la del Sol tanto por el resplandor de sus rayos como por el calor que derrama. Es el calor más considerable que puede el hombre producir; nada le resiste, y a su influencia devoradora, los metales se volatilizan en un instante, y derrítense las piedras como la nieve en medio de un horno encendido. Ella sola con sus acciones positiva y negativa es capaz de sostener a los mundos a distancias dadas y fijas entre sí, alejándoles o acercándoles en ordenada armonía, y distribuyéndoles la atracción y la expansión. Ella con esa doble propiedad ha producido los mundos bajo el soplo de Dios, y puede producir otros nuevos: determina las evoluciones de la luz y del fuego, la vida y la muerte de vegetales y animales; la formación y movimiento de todos los cuerpos, su conflagración y descomposición, ya sea por medio de la fusión, ya por la volatización: ella, en una palabra, es quien anima y conduce todo el universo bajo las órdenes del Sup .·. A.·. como todos nuestros miembros están sujetos a nuestra voluntad.

El cerebro transmite estas órdenes, ya impulsando la electricidad a los extremos, ya retirándola con igualdad y celeridad. Todas las funciones de nuestro sistema nervioso son químicas, y todas tienen la electricidad por causa.

Terminaremos este interesante asunto con la explicación de un fenómeno tan frecuente como desastroso, de que tal vez nunca nos habréis dado cuenta. Sabéis que un litro de agua por el contacto de una pila eléctrica se convierte en dos mil litros de vapor; que otra chispa eléctrica se convierte instantáneamente en un litro de agua. Ese experimento os da una idea exacta de lo que pasa en la atmósfera en las grandes tempestades, en las lluvias torrenciales y devastadoras cuando el relámpago hiere a las nubes cargadas de vapor.

Recuerda H.·. mío:

El número cinco reemplaza ahora al número tres, lo cual indica que adelantáis en el camino que debéis recorrer. El cinco estaba considerado como un número misterioso porque se compone el binario, símbolo de lo que es falso y doble, y del ternario, tan interesante en sus resultados. Expresa el estado de imperfección, de orden y desorden, de dicha e infortunio, de vida y muerte que vemos en la tierra. Ofrecía a los antiguos la imagen del mal principio turbando el mundo o sea el binario obrando en el ternario.

Recuerda los cinco años de estudio que procedían a la manifestación del iniciado. El Gr.·. exige que hagáis cinco viajes y cada uno de ellos suministra asunto para una instrucción moral y variada. Sin embargo, sólo se os hará una reseña rápida que bastará para convenceros de que necesitáis un doble trabajo para llegar a la instrucción y al saber, recomendadas en este Gr.·.  a fin de alcanzar el objeto de extender vuestros conocimientos y los de la sociedad.

¿Qué reflexión os ha sugerido el último viaje?


La significación del último viaje es en extremo importante. Le acabáis de verificar, H.·. mío, en libertad y sin útiles, porque llegando al término de vuestros trabajos y por consiguiente la sabiduría.

Esas armas son la regla, el compás y la escuadra, símbolos de las virtudes y de las ciencias; el mallete y el cincel, que completan los cinco instrumentos del segundo grado, y que se resumen en las cinco puntas de la Estrella Flamígera; ese faro divino que debe guiar y alumbrar al iniciado. En el primer grado conoce el Delta, en el cual el iod representa la unidad, principio y fin de todo, que por sí misma no tiene principio ni fin: en el segundo grado, las cinco puntas de la estrella le representan la variedad, el conjunto de las cosas y la letra G, brilla en el centro, la Generación universal.

La legión de honor tomó las cinco puntas de nuestra estrella cuando Napoleón I pensó en condecorar a los compañeros de su gloria. Los cinco viajes recuerdan filosóficamente los cinco sentidos que son los fieles compañeros del hombre, y los mejores consejeros en los juicios que debe hacer. Un sentido puede engañarse; todos nunca, y toda sensación es una percepción que lleva consigo la rectitud.

El tacto es el sentido de tocar. El que reúne a la experiencia el tacto de las conveniencias, es tan raro como útil. El gusto, sentido que distingue los sabores figurado, sutileza de juicio. El abuso de las cosas aniquila el gusto. La vista, sentido por el cual se perciben los objetos. El fin de las cosas está siempre oculto a nuestra vista. El oído, sentido perceptivo de los sonidos. Sobre la naturaleza del oído se apoyan todas las leyes de la música y de la armonía. El olfato, sentido que percibe los olores, considerado como un sentido del sentimiento universal.

Los útiles (del latín utilis, útil,) llevados por el aspirante en sus viajes, recuerdan los instrumentos de las ciencias, del estudio y de la enseñanza de que hacían los antiguos iniciados durante sus cinco años de trabajo.

Llamamos trabajos al tiempo de fraternidad pasado en nuestras sesiones, porque el verdadero Mas.·. sabe que nada obtiene sin un trabajo razonado y constante. Con esa denominación ha querido la Mas.·. honrar el trabajo a que la naturaleza destina todos los hombres: en él descansa la vida social, y es por consiguiente la base de la sociedades, la condición indispensable de su existencia y la prenda segura de orden, de inocencia y de paz.

En los pueblos laboriosos es donde se encuentran más existencias felices, modestas, exentas de miserias y libres de las tentaciones de la necesidad y de las seducciones de la opulencia. El trabajo produce las buenas costumbres, la satisfacción del espíritu y del corazón de donde resulta el bienestar que constituye la dicha. Hasta la riqueza, adquirida; por eso nuestros templos están decorados con los instrumentos y emblemas del trabajo manual e intelectual.

Practica la virtud, nos dice la Mas.·. Si un H.·. es indigente, sé liberal; si está en peligro, socórrele; si está en el error, dile la verdad; si sufre, cúrale; si tiene penas, disípaselas; si ignora lo que es mejor o peor, instrúyele. Si haces todo esto, serás virtuoso y habrás trabajado bien.


El salario Mas.·. es simbólico. Significa que el iniciado como hombre de bien, no espera su recompensa en el porvenir, sino que la virtud, objeto de sus trabajos, le procura la paz del espíritu, la satisfacción y la dicha.

El Comp.·. se encuentra entre dos edades de la vida, a fin de recibir de los ancianos consejos y ejemplos, y transmitirlos a la juventud y a la infancia. Después de trabajar en su perfeccionamiento y en servir a la humanidad, puede aspirar a un honroso ascenso y a penetrar en el santuario.

Si resumís, H.·. mío las interpretaciones que oísteis en vuestra primera iniciación y en ésta, comprenderéis que el aprendizaje de la introducción en la Mas.·. el compañerismo, el estudio, y que aún os queda que conocer el coronamiento.

Se os ha demostrado que representabais en vuestra marcha un símbolo solar, y ese papel que aún continuaréis en la estación que os falta que recorrer, deberá de antemano haceros sentir algún presentimiento.


 

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