jueves, 28 de diciembre de 2017

INICIACIÓN DEL CANDIDATO A APRENDIZ: EL PIE, LA RODILLA, EL PECHO Y LA SOGA

 
El pie izquierdo al desnudo. Los pies son nuestro instrumento para hacer camino, mientras el derecho marca la senda que debe ser recorrida, nos orienta hacia el futuro, el izquierdo es como un cuentakilómetros que marca lo que queda detrás de nosotros. El izquierdo es el que «sabe» cuál es la senda por la que debemos adentramos. Ese pie «conoce» el objetivo de nuestra alma y cuando vamos hacia algo que está en contra de nuestra realidad profunda el pie izquierdo tropieza, se tuerce, se quiebra en los desniveles de la calzada. Es su forma de advertimos que nuestra andadura se está desviando de su línea de flotación real.
 
Al ponerlo al descubierto, el rito pretende decirle al neófito: has encontrado tu camino, aquel que es la continuación lógica de los pasos que tu alma ha andado anteriormente y ahora tu pie izquierdo, que contiene la memoria de un itinerario pasado, te conducirá al templo.
 
El pie que retiene la información, que ejerce de «disco duro», debe estar descalzo para empaparse de la nueva realidad que está viviendo la persona a través de la iniciación.
 
La rodilla derecha al descubierto. Las rodillas están regidas por el signo de Capricornio. Los dioses del Olimpo, cuando querían conseguir un favor de Zeus, su jefe supremo, le acariciaban las rodillas, porque son la plaza fuerte de la voluntad realizadora y con la caricia pretendían captarla. Capricornio es el signo que rige la arquitectura, la construcción, y, en el cuerpo humano, las rodillas nos permiten elevarnos y situar en la cima lo que está en el suelo.
 
Este movimiento de elevación se emplea diariamente en los ritos de la iglesia exotérica, a menudo sin comprender su exacto significado. Los comentaristas del ritual católico han tomado la genuflexión únicamente como un gesto de humildad, cuando uno de los aspectos más importantes que quiere poner de relieve ese movimiento es la facultad del hombre de elevarse cuando se encuentra arrodillado y hundido.
 
Al realzar esta parte, el ritual masónico pretende llamar la atención del candidato. Primero sobre el hecho de que su misión, al recibir la luz, es la de construir, la de recoger constantemente los materiales que la naturaleza ha esparcido por la costra de la tierra y elevarlos mediante el juego de rodillas. Segundo, que su principal tarea, en el ámbito personal, será la de elevarse sin cesar por encima de los niveles en que se encuentra. En las horas sombrías, cuando todo parezca perdido, cuando el gran empeño humano se desmorone, el candidato recordará que las rodillas le han sido dadas para levantarse.
 
Del mismo modo, el signo de Capricornio se encuentra en el lugar más elevado del zodiaco, en señal de que la naturaleza negra, la piedra bruta de la obra alquímica, acabará siendo un día más resplandeciente que la luz del Sol. Las rodillas capricornianas hacen que el hombre permanezca poco tiempo postrado, y si sobre la rodilla izquierda reposan todos los esfuerzos de elevación realizados en el pasado, la rodilla derecha, la que se descubre, encierra la potencialidad de los esfuerzos de elevación contenidos en el porvenir.
 
La rodilla constituye, además, uno de los puntos más fuertes y relevantes del cuerpo, puesto que permite el movimiento. Ponerla al descubierto también significa que se descubre el punto de mayor fuerza porque a partir de la iniciación la fuerza dejará de estar en el exterior y pasará a ser una potencia interna.
 
Por último, al descubrir el pecho izquierdo, lugar donde está situado el corazón, el ritual quiere llamar una vez más la atención del candidato sobre el ineludible deber de poner el corazón a la obra. La vía masónica, ya lo hemos comentado, es la que pasa por la mente, la órbita de Caín, pero para avanzar en la obra es imprescindible la colaboración de Abel, que opera a través del corazón. Cuando una excesiva intelectualización amenaza con helar la obra, es preciso despertar a Abel de su letargo para incorporarlo al trabajo.
 
Reconocimiento del sendero, sentido de la acción y armonía entre el corazón y la mente son enseñanzas que el ritual dispensa al candidato en el momento de su iniciación. Esta colaboración entre el corazón y la mente se subraya cuando al candidato, al llamar a la puerta del templo, se le recibe con una espada apuntando sobre su pecho descubierto. Las espadas, uno de los símbolos de los arcanos menores del tarot, son el emblema del elemento Aire, que corresponde al mundo del pensamiento, de donde proceden las ideas.

Las ideas, en su estado natural, son hostiles a los sentimientos, son sus enemigas irreconciliables y de ahí ese gesto de hostilidad con que es recibido el candidato al apuntarle con la espada al corazón. Su trabajo consistirá en armonizar esas dos fuerzas, llamándolas a colaborar en la realización de la obra. En nuestra vida cotidiana tenemos que poner corazón en cada actividad que desarrollemos, es preciso conciliar nuestra parte razonable, las necesidades, con los deseos; debemos intentar que nos guste y nos motive la actividad que estamos desarrollando, sobre todo si se trata de nuestro trabajo habitual.

En cuanto a la cuerda al cuello, que se le quita al llegar al templo, es símbolo de los condicionamientos que atan al candidato al mundo. El cuello está regido por el signo de Tauro, que representa los goces terrenales, esos placeres que constituyen para nosotros una atadura. Las enseñanzas que el neófito recibirá en el templo lo liberarán de esas ataduras, de las pasiones.
 
 
 

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