sábado, 3 de febrero de 2018

ARCANO XVI - LA TORRE

 
Vi una alta torre
que se extendía de la tierra al cielo;
su cumbre coronada de oro
 llegaba más allá de las nubes.
 
Alrededor reinaba la negra noche
y el trueno retumbaba.
Los cielos se abrieron repentinamente,
un trueno sacudió la tierra entera,
y el relámpago alcanzó la cumbre de la torre
y cayó la corona de oro.
 
Una lengüeta de fuego se disparó del cielo
y la torre entera se llenó de fuego y humo.
Entonces observé a los constructores de la torre
cayendo de cabeza hacia la tierra.
Y la voz dijo:

"La edificación de la torre
fue comenzada por los discípulos del gran Maestro
para tener un recordatorio constante
de las enseñanzas del Maestro
de que la verdadera torre
se debe construir en la propia alma,
que la torre construida por las manos
no puede tener misterios,
que nadie puede ascender al cielo
pisando escalones de piedra.
 
La torre debería haber advertido a la gente
en no creer en ella.
Debería haber servido

como recordatorio del Templo interno
y como protección contra el externo;

debería haber sido como un faro,

en un lugar peligroso en donde los hombres
se han arruinado frecuentemente
y a donde las naves no deben ir.
 
Pero los discípulos
se olvidaron en poco tiempo
del verdadero convenio con el Maestro
y de lo que la torre simbolizaba,
y comenzaron a creer en la torre de piedra,
que habían construido,
y enseñado a otros a creer.
 
Comenzaron a decir
que en esta torre estaba el poder,
el misterio y el espíritu del Maestro,
de que la torre en sí es sagrada
y que está construida
para la venida acordada del Maestro,
según Su convenio y Su voluntad.
 
Y esperaron en la torre por el Maestro.
 
Otros no creyeron esto,
o lo interpretaron diferente.
Entonces comenzaron las disputas
sobre los derechos de la cumbre.
Las peleas comenzaron,
"nuestro Maestro, el Maestro de ustedes," se decía;
"la torre de nosotros, la torre de ustedes".
 
Y los discípulos dejaron de entenderse.
Sus lenguas se habían tornado confusas.
 

¿Usted entiende lo significado aquí?
 
Ellos habían comenzado a pensar
que esta es la torre del Maestro,
la que Él construyó a través de ellos,
y que debe, y de hecho,
puede ser construido hasta el cielo.

"¿Y usted ve cómo respondió el cielo?"
 

Arcano XVI - La Torre: Apertura, emergencia de lo que estaba cerrado.
 
El mensaje de esta carta es el de un gran alivio espiritual. No obstante, hasta la restauración del Tarot de Marsella, se veía generalmente en la carta XVI una referencia a la Torre de Babel.
 
Las interpretaciones más corrientes hablaban de castigo del orgullo, de catástrofe, de divorcio, de castración, de terremoto y de ruina.
 
Oswald Wirth, creador del Tarot de los Imagineros de la Edad Media, imaginó un rey y una reina cayendo de una torre y añadió un ladrillo que quebraba la cabeza de la mujer. Si nos fijamos en la Biblia y leemos con atención el pasaje que habla de la Torre de Babel, nos damos cuenta de que su significado dista mucho de ser el de una catástrofe. Más que un castigo, la destrucción de la Torre es la solución a un problema... el diluvio acaba de terminar, todo el planeta, abundantemente irrigado, se ha vuelto fértil. Quedan muy pocos humanos. En lugar de desperdigarse para cultivar los campos, se reúnen para construir una torre que, elevándose hacia el cielo, llegue hasta Dios.

En principio, esta construcción pretende ser un acto de amor, un deseo de conocer el reino del Creador. Ahora bien, éste, sabiendo que el proyecto es irrealizable, no fulmina la torre, no hace que caiga ninguno de sus habitantes. Sólo crea la diversidad de las lenguas para separarlos. Se trata de una bendición más que de un castigo. Los hombres parten de nuevo a la conquista de la tierra y vuelven a labrarla.
 

En las diferentes versiones del Tarot, la torre no tenía puerta. La labor de restauración ha permitido encontrar no sólo la puerta de la torre, sino también los tres peldaños iniciáticos que hasta ella conducen. En antiguos grabados alquímicos y en documentos masónicos, se ve esta torre con una puerta y unos escalones para ascender a ella, a veces siete, a veces tres.
 
El iniciado debe aceptar primero el nuevo conocimiento, símbolo de la creación divina, luego saber conservarlo y, por último, soltarlo. Es el momento en que la puerta verde, símbolo de eternidad, adornada con una luna que simboliza la receptividad total, se abre, revelando el interior de la torre. Ésta ha sido comparada a veces con el atanor alquímico, el horno en que la materia prima se convierte en piedra filosofal.
 
La Torre (La Maison Dieu, en francés) no es «la casa de Dios» sino «la Casa Dios». El Tarot nos indica muy claramente, con ladrillos de color carne, que esta torre es nuestro cuerpo y que nuestro cuerpo contiene la divinidad. La hoja entreabierta deja atisbar una luz amarilla: el cuerpo está lleno de la luz de la Consciencia.
 
Los personajes no están cayendo, todo lo contrario. Su cabello es amarillo, símbolo de la iluminación, y con la mano tocan las plantas verdes que crecen en el suelo. En realidad, honran la potencia de la Tierra. Tienen la cabeza hacia abajo, como el colgado del Arcano XII, porque ven el mundo de una manera nueva. El intelecto, la mente, mira directamente a la naturaleza.
 
Uno de los personajes tiene los pies orientados hacia el cielo: sus pasos lo conducen hacia el espíritu. Los dos diablillos del Arcano XV se han humanizado y han realizado su ascenso. En el suelo, las manchas amarillas pueden interpretarse como ofrendas al templo, pepitas de oro.

Los personajes han emergido de la caverna del inconsciente para honrar la Tierra con sus ofrendas y ayudar a la naturaleza. Traen la Consciencia al mundo, impregnan de ella el terreno. Por su acción, el paisaje se tiñe de azul cielo, de naranja y de verde oscuro. La entidad fulgurante que surge de la torre o penetra en ella, llamarada, pájaro de fuego o relámpago, está unida a la corona almenada no hay destrucción, sino transformación del poder material en fulguración espiritual.

 
El andrógino diabólico del Arcano XV se ha convertido en una llama que se ha elevado por la columna vertebral y ha abierto el centro nervioso coronario para lanzarse hacia el cosmos. Esta entidad lleva todos los colores de la tierra (amarillo, rojo, verde, carne, azul). Es una asunción. En ella se distingue una forma fetal que simboliza el germen de una nueva consciencia, la aportación de la raza humana al desarrollo del universo. Se anuncia la creación de un nuevo ser que se concretará en La Estrella (XVII).
 
El suelo enriquecido de colores se une a los personajes que salen de la Torre, del mismo modo en que la «llamarada» se une a la corona. La Torre, el Arcano XVI, sugiere el mismo tema que El Enamorado, Arcano VI: la unión. Aquí, si se acepta la homofonía, también sugiere la unión de L'âme el son Dieu [el alma y su Dios]. Esta alianza produce gotas de colores corno concentraciones de energía.
 
En los textos sagrados indios, se dice que el conocimiento es como la leche, que, al batirla, acaba produciendo gotas de grasa en su superficie. Asimismo, estas gotas amarillas, rojas, azules y verdes que flotan en el aire expresan la danza de la alegría cósmica, como para decirnos que las estrellas son nuestras aliadas y que esperan nuestro despertar para aportarnos su energía. Este estallido cósmico representaría quizá los dibujos de las constelaciones existentes.
 
Al igual que la Torre tiene, por su iluminación, un parecido con un faro, estos dibujos de constelaciones la convierten, si se quiere, en instrumento de navegación.
 
En una lectura

La Torre señala que algo que estaba encerrado sale al exterior. Puede ser una mudanza, una separación, un momento de gran expresión, el deseo de irse al campo o a otro país, un secreto revelado... O incluso un flechazo que acaba en «catástrofe».
 
Remite, como se ha visto, a una danza de celebración alegre, incluso a acróbatas que evolucionan por un decorado teatral. Podría ser el nacimiento de algo que lleva tiempo gestándose y que aquí cobra una figura doble, la gemelidad del animus y el anima colaborando en una obra largamente meditada.
 
A veces, cuando una persona sólo ve un aspecto de la cuestión, La Torre revela la existencia de un segundo aspecto, de una segunda posibilidad menos flagrante, representada por el personaje que sobresale a medias. La connotación fálica de la torre también la convierte en símbolo del sexo masculino y de todas las cuestiones ligadas a la eyaculación.
 
Cuando toma un sentido más duro de separación brutal o de expulsión, La Torre puede remitir a una expropiación, a una ruptura, a un parto que ha ido mal, o al hecho de que de los hermanos uno era deseado (el personaje que sale entero) y otro no (el que sale a medias).
 
También se puede leer en esta carta una referencia a un gran movimiento telúrico, un seísmo, una catástrofe natural. El mensaje principal del Arcano XVI podría ser: dejemos de buscar a Dios en el cielo y encontrémoslo en la tierra.
 
Y si La Torre hablara...

«Soy el Templo: el mundo entero es un altar que sacralizo. Mi existencia, como la vuestra, demuestra con cada latido de corazón que el mundo es divino, que la carne es una celebración viva, y la vida una construcción incesante.

Conmigo conocéis la alegría, que es la llave de lo sagrado. Soy la vida misma, la transformación y la reconstrucción, la llama y la energía de lo vivo, de toda la materia y de todo el espíritu. Si queréis entrar en mí, tendréis que alegraros, echar al fuego los caprichos infantiles de la tristeza y el miedo, y preguntaros a cada despertar: "¿Qué fiesta es?".

 
Soy la alegría cataclísmica de lo vivo, el permanente imprevisto, la maravillosa catástrofe.
 
Una corona defensiva me alejaba del mundo. Un tapón de antiguas palabras obstruía mi mente, y nubes de sentimientos cristalizados, momificados, petrificados, impedían que surgiera la luz de mis latidos. Un manto denso de deseos que transformaban mis formidables ganas de vivir en carcelero. Era carne sin Dios, consumiéndose en las llamas de su propia existencia, mi Yo convertido en prisión. Despreciándome, aislándome, creyendo defender un territorio interior que sólo me perteneciera a mí, ¿qué era yo en la oscuridad de esta Torre? ¿Amo de qué? ¿De qué parecer, de qué falsa identidad?
 
Sólo era el aire enrarecido de una oscuridad egoísta. Y, de repente, desde dentro y desde fuera surgió la fuerza innominable, el amor que sostiene la materia. Mi cima se abrió, mis cimientos también. Las energías del cielo y de la materia, uniéndose, me atravesaron como un huracán. Conocí el fuego del centro de la tierra, la luz del centro del universo. Recibí el eje universal, vibrante, dejé de ser Torre: fui canal. Entonces estalló la alegría de la unión. Lo alto era lo bajo, lo bajo era lo alto. Como una hormiga reina, empecé a engendrar seres alegres. Dios estaba en mí, y yo, sin ser Dios, era materia en adoración. Sabía que podía estallar, que cada uno de mis ladrillos cruzaría el infinito como un ave. Sabía que todo lo que había estado encerrado en la materia brotaría a través de mí. Yo era el pilar central de una danza cósmica, era sencillamente el cuerpo humano en plena recepción de su energía original.»
 
Entre las Interpretaciones tradicionales de esta carta:
 
Liberación - Apertura - Destapar - Ruptura - Mudanza - Flechazo - Secreto revelado - Explosión de alegría - Prosperidad - Decorado de teatro - Eyaculación (a veces precoz) - Destrucción - Divorcio - Disputa - Castración - Explosión de energía sexual - Danza - El cuerpo, templo de la divinidad - Gran estallido de energía - Revelación - Asunción - Estallido de los limites - Iluminación

Palabras clave:
 
Templo - Construcción - Alegría - Desbordamiento - Choque - Expresión - Celebración - Danza - Destapar - Apertura - Mudarse - Estallar...



 

 

EL TEMPLO DE SALOMÓN (EL PRIMER TEMPLO)


 
De acuerdo con la tradición masónica recogida por el H.·. Albert G. Mackey:

«El Templo de Salomón, el "Primer Templo" de los judíos, fue llamado Hekal Jehová para indicar su esplendor y magnificencia, y que había sido destinado para ser la perpetua morada del Señor. Fue el Rey David quien primero propuso sustituir el Tabernáculo nómada por un lugar permanente de adoración para su pueblo; pero aunque él había hecho los arreglos necesarios, y hasta reunido muchos de los materiales, no le fue permitido comenzar la empresa, y la ejecución de la tarea fue dejada a su hijo y sucesor Salomón.

En efecto, dicho monarca colocó las fundaciones del edificio en el cuarto año de su reino, 1012 A.C. (480 años después de la salida de los israelitas de Egipto, en el mes de ziv, que es el segundo mes). De acuerdo con los modernos conceptos del tiempo, sería un 21 de abril, y su terminación, un 23 de octubre. Con la asistencia de su amigo y aliado Hiram, Rey de Tyro, lo completó en cerca de siete años y medio, dedicándolo al servicio del altísimo en 1004 A.C. Éste fue el año del mundo 3000, de acuerdo con la cronología hebrea; y aunque ha habido mucha diferencia entre los cronologistas en relación con la fecha precisa, ésta es la que ha sido generalmente aceptada, y ha sido por lo tanto adoptada por los Masones en sus cálculos de diferentes épocas. El Templo estaba colocado sobre el Monte Moriah, una de las alturas de la Cordillera conocida como Monte Sión, y la cual fue originalmente propiedad de Ornán el Jebusita, quien lo usó como terreno de trilladura, y de quien la adquirió por compra el Rey David con el propósito de erigir un altar sobre él (ver I Crónicas 21, 15-25 y Samuel 24, 16-24).

El Templo retuvo su original esplendor por sólo treinta y tres años. En el año del mundo 3033, Shishak, Rey de Egipto, habiendo hecho la guerra contra Rehoboam, Rey de Judea, tomó Jerusalén y se llevó los más escogidos tesoros. Desde ese tiempo hasta el período de su final destrucción, la historia del Templo no es sino la historia de alternos despojos y de restauraciones, de profanaciones a idolatrías y subsecuentes restauraciones de la pureza del culto. "(Y todas las fundaciones de mi obra crujirán y mis huesos se separarán. El Cuerpo del Maestro ha sido humillado y ultrajado…)".

Ciento trece años después de la conquista del Rey Shishak, Joash, Rey de Judea, recaudó plata para las reparaciones del Templo, y lo restauró a su anterior condición, en el año del mundo 3148.

En el año 3264, Ahaz, Rey de Judea, robó las riquezas del Templo, y se las dio a Tiglath-Pileser, Rey de Asiria, quien se había unido con él en una guerra contra los reyes de Israel y Damasco. Ahaz también profanó el Templo en el culto a ídolos. En el año 3276, Hezekiah, el hijo y sucesor de Ahaz, reparó las porciones del Templo que su padre había destruido y restauró el Culto en su pureza. Pero quince años después fue compelido a entregar los Tesoros del Templo como rescate a Sennacherib, Rey de Asiria, quien había invadido la tierra de Judea. Pero Hezekiah se supone que restauró el Templo después que su enemigo se retiró.

Manasseh, el hijo y sucesor de Hezekiah, cayó en el culto del Sabianismo, y profanó el Templo con la erección de altares a las huestes del cielo, en el año 3306. Manasseh fue luego conquistado por el Rey de Babilonia, quien en el año 3328 lo condujo más allá del Eúfrates. Pero subsecuentemente, arrepintiéndose de sus pecados fue puesto en libertad y habiendo regresado a Jerusalén destruyó los ídolos y restauró el altar de las ofrendas. En el año 3398, en el reino de Jehoiakim, el rey de Caldea, Nabucodonosor, se llevó una parte de los Vasos Sagrados a Babilonia. Siete años después, en el reinado de Jechoniah, éste tomó consigo otra porción y, finalmente en el año 3416, onceavo año del reinado de Zedekiah, éste tomó la ciudad de Jerusalén y destruyó el Templo por completo, llevándose a muchos de sus habitantes como cautivos a Babilonia. El Templo fue originalmente construido sobre una roca muy dura, rodeada de espantosos precipicios. Las fundaciones fueron apostadas muy profundamente, con inmenso trabajo y gastos. Fue rodeado de una pared de gran altura, excedente en su parte más baja 150 pies, construido enteramente de mármol blanco. El cuerpo del Templo era en tamaño mucho menor que muchas de las Iglesias Parroquiales modernas, pues su largo era de 90 pies, incluyendo el Porche 105 pies, y su anchura 30 pies. Su patio exterior, sus numerosas terrazas y la magnificencia de sus decoraciones externas e internas, junto con su elevada posición sobre las casas circunvecinas, era lo que producía esa apariencia de esplendor que atrajo la admiración de todos cuantos los contemplaron, y da un calor de probabilidad a la leyenda que nos dice cómo la Reina de Saba exclamó con admiración cuando el Templo apareció ante sus ojos: "un muy excelente maestro debe haber hecho esto".

El Templo en sí, que consistía en el Porche, el Santuario y el Santo de los Santos, no fue sino una pequeña parte del edificio sobre el Monte Moriah. Estaba rodeado de espaciosos patios, y la entera estructura ocupaba por lo menos media milla de circunferencia.

Al pasar la pared externa se llegaba al primer patio, llamado "el Patio de los Gentiles" porque los Gentiles eran admitidos en él, pero se les prohibía pasar más adelante. Estaba rodeado por una hilera de Pórticos o Claustros, encima de los cuales había galerías o apartamentos sostenidos por pilares de mármol blanco. Pasando a través del Patio de los Gentiles se entraba al "Patio de los Hijos de Israel", el cual estaba separado por una baja pared de piedra y una subida de quince escalones en dos divisiones: la externa, ocupada por las mujeres; y la interna, por los hombres. Aquí los judíos tenían la costumbre de acudir diariamente para hacer las plegarias.

Dentro del Patio de los Israelitas, y separado de él por una pared de un cúbito de alto, está "el Patio de los Sacerdotes". En el centro de este patio estaba el Altar de las Ofrendas, al cual las personas traían sus ablaciones y sacrificios, pero a nadie más que a los Sacerdotes les era permitido entre en él. Desde este patio, doce escalones ascendían hacia el templo estrictamente así llamado, el cual, como ya dijimos, estaba dividido en tres partes: el Porche, el Santuario y el Santo de los Santos. El Porche del Templo era de 20 cúbitos de largo y lo mismo de ancho. A su entrada estaba un Pórtico hecho enteramente de bronce corintio, el más preciado metal conocido de los antiguos. Junto a este Pórtico estaban los dos pilares Jakin y Boaz, que habían sido construidos por Hiram Abiff, el Arquitecto que el Rey de Tyro había enviado a Salomón.

Desde el Pórtico se entraba al Santuario por un Portal, el cual, en lugar de puertas plegadizas, estaba equipado con un magnífico Velo de muchos colores que, místicamente, representaba al Universo. El ancho del Santuario era de 20 cúbitos y su largo de 40, justo el doble del porche, y el Santo de los Santos ocupaba por lo tanto la mitad del cuerpo del Templo. En el Santuario estaban colocados los varios utensilios necesarios para el culto diario del Templo, tales como el Altar de los Perfumes, sobre el cual diariamente quemaban incienso los Sacerdotes oficiantes; los Diez Candelabros decorados y las Diez Mesas sobre las cuales eran puestas antes del sacrificio. El Santo de los Santos o Cámara Intima, estaba separado del santuario por puertas de madera de olivo, ricamente esculpida y embutida con oro, cubierta con velos de azul, púrpura, escarlata y el más fino género de lino. El tamaño del Santo de los Santos era el mismo del porche: 20 cúbitos (20 codos de largo, 20 codos de alto y 20 codos de ancho) Contenía el Arca de la Alianza, que había sido transferida desde el Tabernáculo con sus cubrientes Querubines y su Propiciatorio. En el más Sagrado Lugar, el "Debhir" o "Santo de los Santos", el Gran Sacerdote sólo podía entrar (y ello únicamente una vez al año) e día de Expiación.

El Templo así construido debe haber sido una de las más espléndidas estructuras del mundo antiguo. Para su erección David había recaudado lo que hoy día serían aproximadamente cuatro millones de dólares, y ciento ochenta y cuatro mil seiscientos hombres estuvieron ocupados en su construcción por más de siete años. Después de su terminación fue dedicado por Salomón con plegaria solemne y siete días de fiesta, durante los cuales, una ofrenda de paz de veinte mil bueyes y seis veces ese número de ovejas fue hecha; para consumirla, el Fuego Sagrado descendió del Cielo.

En Masonería, el Templo de Salomón ha jugado una parte sumamente importante, de tal manera que hoy casi todo su simbolismo descansa sobre él, o es derivado de "la casa del Señor" de Jerusalén. Debemos recibir los Mitos y Leyendas que conectan a la Masonería con el Templo, no ya como hechos históricos, sino como Símbolos; y debemos aceptar estas Alegorías y estos Símbolos, porque lo que sus inventores quieren dar realmente a entender y lo que ellos realmente son constituye los fundamentos de una Ciencia y de una Moral trascendentes».

 

LOS 12 MANDAMIENTOS DE LOS SABIOS


1º.- Dios, Todopoderoso,
es la sabiduría eterna e inmutable;
es la inteligencia suprema.

2º.- La honrarás con la práctica de las virtudes.
Tu religión será la de hacer el bien
por sólo el placer de hacerlo y no por deber.
Serás amigo del sabio y observarás sus preceptos.
Tu alma es inmortal;
no harás nada que pueda degradarla.
Combatirás el vicio sin descanso.

3º.- No hagas a los otros lo que no quieras
que ellos hicieran contigo.
Conténtate con tu suerte
y conservarás la luz de la sabiduría.

4º.- Honra a tus padres.
Respeta a los ancianos, ilustra a la juventud;
protege a la infancia.

5º.- Ama a tu esposa y a tus hijos.
Ama a tu patria y acata sus leyes.

6º.- Considera a tu amigo
como sí fuera otra hechura de ti mismo.
Que el infortunio no te aleje de él.
Haz por su memoria lo que harías por él si viviera.

7º.- Huye de las falsas amistades.
Evita todo exceso.

8º.- No te dejes dominar por pasión alguna.
Utiliza la de los otros.
Sé indulgente con el error.

9º- Escucha siempre. Habla poco. Obra bien.

10º.- Olvida Ias injurias.
Devuelve bien por mal.
No abuses de tu fuerza y de tu superioridad.

11º.- Aprende a conocer a los hombres,
para aprender a conocerte a ti mismo.

12º.- Busca la Verdad.
Sé justo, huye de la ociosidad.



jueves, 1 de febrero de 2018

EL ACCESO A LOS TRES GRADOS SIMBÓLICOS MASONES


Para acceder a estos grados había y hay que pasar por la "iniciación" correspondiente. Y de la misma manera que fuera de la masonería tiene cada iniciación sus formas particulares, la iniciación masónica, derivada de las iniciaciones gremiales operativas y de las de los Compañeros todavía hoy existentes en Francia, se refiere, por una parte, al arte de la construcción y, por otra, a ciertos misterios o tradiciones antiguas, relacionadas con el mito de Hiram.

La Masonería se propone el "Arte de construir" el Templo ideal. Este Templo es el Hombre en primer lugar, y la Sociedad después. En la iniciación masónica, el profano, al "recibir la luz" se convierte en aprendiz masón; su trabajo esencial consiste en "desbastar la piedra bruta" y para ello le son suficientes dos instrumentos: el cincel y el martillo. Cuando su habilidad se haya desarrollado se transformará en compañero y aprenderá el uso de nuevos instrumentos de trabajo. Más tarde accederá a la maestría que le dará el derecho y el deber de enseñar la ciencia masónica a los aprendices y a los compañeros.

En los dos primeros grados el masón trabaja sobre sí mismo: de "Piedra bruta" debe llegar a "Piedra cúbica", y entonces se puede integrar en su lugar en el edificio, o si se prefiere en el Templo ideal. Este trabajo es más o menos largo de conseguir; algunos tal vez jamás llegan a "desbastar la Piedra bruta", no por falta de capacidad, sino porque no sienten la necesidad.

En la ceremonia de iniciación masónica en el grado de aprendiz el profano es introducido en el templo con los ojos vendados, símbolo de la ignorancia y del no-conocimiento, desprovisto de metales pues la logia es lugar de paz y concordia, y bajo la forma de un mendigo, con el pecho y pie izquierdos descubiertos, en señal de pobreza y humildad; así sufre las pruebas de la tierra, el aire, el agua y el fuego. Solamente entonces, según el rito, se le quita la venda, y simbólicamente, se manifiesta ante sus ojos la luz del conocimiento.

La segunda iniciación masónica, la del compañero, evoca simbólicamente el viaje de la tradición de los compañeros; una larga peregrinación en la que el nuevo obrero se ponía en camino para adquirir aquí y allá nuevos conocimientos. Es el grado de la búsqueda del saber y del descubrimiento del mundo. El texto del ritual exige de los compañeros firmeza para caminar por el sendero de la prudencia, y valor para acercarse a la verdadera luz: "Sólo el hombre audaz podrá llegar a la triple Luz".
 
El simbolismo del 2º grado de la masonería es el viaje y la revelación de la estrella flamígera, el centro de donde parte la verdadera luz. Pues la estrella flamígera representa la luz iluminando el discípulo de los maestros, al obrero capaz de servirlos útilmente; es, pues, el signo de la Inteligencia y de la Ciencia.

El grado de maestro está centrado en la idea de la muerte y de la resurrección. Desarrolla la leyenda de Hiram, personaje del que se ocupa la Biblia.
 
En el libro I de los Reyes [5, 15-32; 9, 10-14 y 22-23] se habla extensamente de Hiram, rey de Tiro, a quien acudió Salomón a fin de que le proporcionara cedros del Líbano para la construcción del Templo de Jerusalén. Pero el Hiram del que se trata en los rituales masones no es, ni mucho menos, el rey de Tiro. Era un obrero cualificado en la manipulación de los metales, en especial el oro, plata y cobre. Su descripción nos la hace también el autor del primer libro de los Reyes [7, 13-48].
 
Hijo de un tirio, obrero del bronce, y de una viuda de la tribu de Nephtalé. "Poseía gran habilidad, destreza y sabiduría para ejecutar toda clase de trabajos del bronce"... Salomón le hizo venir de Tiro para trabajar en la ornamentación del Templo y ejecutó todos sus trabajos.
 
En el primer libro de los Reyes se puede apreciar el detalle de las obras que hizo para el embellecimiento del templo de Jerusalén. Entre otras obras se mencionan en la Sagrada Escritura dos columnas de cobre que tenían cada una diez y ocho codos de altura, rematadas por unos capiteles en forma de flores. Hiram colocó las columnas delante del vestíbulo del santuario y a la de la derecha le puso por nombre Yakin y a la de la izquierda Boaz [1, Reyes, 7, 21-22].
 
Según la leyenda el arquitecto Hiram tenía a sus órdenes numerosos obreros que los distribuyó en tres clases, cada una de las cuales recibía el salario proporcionado el grado de habilidad que le distinguía. Estas tres clases eran las de aprendiz, compañero y maestro, tenían cada una sus misterios especiales, y se reconocían entre sí por medio de palabras, signos y gestos que les eran peculiares.
 
El hecho de su asesinato, obra de tres de sus discípulos a quienes no quiso darles a conocer su secreto de maestro, sirvió a la masonería ritual y simbólica para la ceremonia de iniciación del grado de maestro.

Desesperados de haber cometido un crimen inútil escondieron su cuerpo de noche, lejos de la ciudad, en un pequeño bosque y plantaron sobre su tumba una acacia. Los maestros constructores, después de manifestar su dolor, salieron en número de nueve en su búsqueda, divididos en grupos sucesivos de tres. Habiendo descubierto la acacia recién plantada, la arrancaron, abrieron la tumba y el maestro Hiram entonces resucitó.

El compañero que va a convertirse en maestro debe reproducir simbólicamente en su iniciación la muerte y la resurrección espiritual de Hiram, constructor del templo de Salomón.
 
Condenado a muerte por la ignorancia, el fanatismo y la ambición, es devuelto a la vida por el saber, la tolerancia y la generosidad. Al mismo tiempo, golpeado tres veces, muere para los aspectos "material, psíquico y mental" del "hombre antiguo", y renace a una vida nueva y en cierto sentido espiritualizada. El sentimiento que anima esta iniciación es la voluntad de convertirse en un hombre nuevo para ayudar a construir mejor el Templo, es decir: trabajar para transformar la humanidad y hacerla más fraternal.



EL MAESTRO DE CEREMONIAS, SUS OBLIGACIONES


El Maestro de ceremonias debe ser Maestro Masón y es designado por el Venerable Maestro; se recomienda actúe vestido de traje negro u obscuro, con su equipo de Maestro de Banda y Mandil.
 
Existen diferencias sobre el uso de lo que debe utilizar en su actuación; en algunos Orientes usan una regla de 24 pulgadas; en otros, una Alabarda, en otros, la mayoría, una Vara con su terminal de escuadra y compás; consideramos que ésta es la más usual por lo que dice el ritual:

"Tomad vuestra vara de M.·. de C.·. y haced la proclamación".

OBLIGACIONES

- AI iniciar los trabajos, observar que cada uno de los HH.·. han sido electos, sí no están presentes, cubrirlos con otros HH.·.

- Estar pendientes de las llamadas al Templo, y cerciorarse de ¿Quién Toca? informando al V.·. M.·. si es algún visitante y que grado tiene para recibirle con los honores que le corresponden, en su caso.

- Atenderá el ARA en la Apertura y Clausura de los Trabajos.

- El M.·. de C.·. debe hacer las proclamaciones en las iniciaciones, Aumento de Salario, Exaltaciones, Entrega de Diplomas, Credenciales, y presidir las ceremonias cuando se rinden honores a la enseña patria al estandarte o estandartes de otros Talleres; en todas las Ceremonias debe ir él adelante. Cuando se trata de la enseña patria o del estandarte, éstos serán llevados por los HH.·. Porta Bandera o Porta Estandarte, acompañados y tomando las guías los HH.·. Expertos o los HH.·. Diáconos y el M.·. de C.·. al frente presidiendo la Ceremonia.

En las proclamaciones dirá las siguientes exclamaciones:
 
"Por orden de nuestro V.·. M.·.  proclamo en Oriente, Occidente, Septentrión y Mediodía a ... como ...
Lo reconocéis, aceptáis y admitís como tal ..."
 
Después de que todos contestan:
 
Lo reconozco, acepto y admito como tal, el M.·. de C.·. . dirá: Yo también lo reconozco, acepto y admito, V.·. M.·. vuestras órdenes están cumplidas.

El M.·. de C.·. debe intervenir en la instalación de todos los Funcionarios de la Logia, y si la ceremonia lo requiere, puede caminar en el Templo en cualquiera dirección, circular el Saco de Proposiciones y el ánfora de balotaje, estando siempre pendiente de las órdenes del V.·. M.·.

- En los banquetes masónicos tiene una intervención muy importante, pues debe cuidar de que todo se desarrolle según el ritual, y que los MM.·. ocupen en la mesa el lugar que les corresponde.

- El Maestro de Ceremonias debe ser un hermano que conozca perfectamente los rituales y ceremonias masónicas; de la actuación de él en Logia depende la seriedad e importancia de los trabajos de un Taller; en las Tenidas Blancas o de Adopción de Luvetones, es conveniente nombrar uno o dos auxiliares que, puestos de acuerdo con el Titular, harán su labor de conjunto para darle más brillantez a la tenida.


 

ARCANO XV - EL DIABLO

 
La noche negra, tremenda envolvía la tierra.
Una siniestra llama roja ardía en la distancia.
Me acerqué a una figura fantástica
que se delineaba ante mí,
así vine a estar más cerca de ella.
 
Alto sobre la tierra apareció:
la repulsiva cara roja del Diablo,
con grandes oídos melenudos,
barba acentuada y cuernos curvados de cabra.
 
Un pentagrama, señalando hacia abajo,
brilló con luz fosfórica entre los cuernos en su frente.
Dos grandes y grises alas como de murciélago,
las alas que se desplegaron detrás de él.
 
Levantaba un brazo,
desplegando su mano abierta y gorda.
En la palma vi el signo de la magia negra.
Sostenía una antorcha ardiente,
 hacia abajo, en su otra mano,
que emitía un humo negro y sofocante.
 
Se sentó en un gran cubo negro,
agarrándolo con las garras de sus piernas,
 bestiales, con pelo encrespado.
Fueron encadenados al cubo un hombre y una mujer,
el mismo Hombre y Mujer que había visto en el jardín,
pero ahora tenían cuernos y colas inclinadas
ardiendo en sus extremos.
 
Y ellos estaban evidentemente
descontentos en el espíritu,
y plenos de protesta y repulsión.
"Este es un cuadro de debilidad",
dijo la voz, "un cuadro de falsedad y maldad.
Son el mismo hombre y mujer que vio en el jardín,
pero su amor dejó de ser un sacrificio,
pasando a ser una ilusión. 
 
Este hombre y mujer olvidaron
que su amor es un vínculo en la cadena
que los une con la eternidad,
que su amor es un símbolo del equilibrio
y un camino al Infinito.
Se olvidaron de que es una llave
de la puerta del mundo mágico,
la antorcha que ilumina el camino más alto.
 
Se olvidaron que es el amor es verdadero e inmortal
y ellos lo subyugaron a lo irreal y temporal.
Y cada uno de ellos hizo del amor
una herramienta para someter al otro.

"Entonces el amor se transforma en disensión
y les ata con cadenas de hierro
al cubo negro de la materia,
sobre la que sienta la ilusión.
Y oí la voz del Diablo:
"Soy malvado", dijo él, al menor tanto,
como el mal pueda existir
en este el mejor de los mundos.
 
En orden a verme, uno debe estar capacitado
para ver poder considerar la injusticia,
lo incorrecto y lo estrecho.
 
Yo cierro el triángulo, de los otros dos lados,
los cuales son la muerte y el tiempo.
Para escapar de este triángulo
es necesario ver que este no existe.

Pero cómo hacer esto no está en mi decirlo.
Porque yo soy el Mal,
el que los hombres dicen
que es la causa de todo mal
y el que ellos inventaron
como excusa para todo el mal que hacen.
 
Me llaman el príncipe de la falsedad,
y verdaderamente soy el príncipe de mentiras,
porque soy la más monstruosa producción
de las mentiras humanas".

 
Arcano XV - El Diablo: Fuerzas del inconsciente, pasión, creatividad.

En el orden numerológico, El Diablo corresponde a El Papa, Arcano V, grado 5 de la serie decimal de los arcanos mayores.
 
Esta carta también representa un puente, un tránsito. Pero, si El Papa indicaba un camino hacia las alturas espirituales, El Diablo aparece como un tentador que muestra la vía hacia las profundidades del ser.
 
Esta carta reposa en la gran mancha negra que hemos visto aparecer en el Arcano XIII.
 
El personaje del Diablo lleva una antorcha y tiene dos alas de murciélago: todos esos elementos indican que habita en la oscuridad, en la noche del inconsciente profundo. Podría decirse que representa el reverso de El Papa, la luz sumida en la materia.
 
Los personajes de la carta son una mezcla de humano y de animal, en referencia a nuestras potencias primarias, a nuestros recuerdos prehistóricos enterrados en lo más profundo de nuestro sistema nervioso. Este rasgo nos recuerda, por diferentes signos esotéricos que adornan a los personajes, que el iniciado, para llegar a su iluminación, no debe rechazar su lado animal, sino aceptarlo, honrarlo y guiarlo hacia la luz angélica.
 
El Diablo, al haber sido un ángel, manifiesta con su antorcha un profundo deseo de ascender de nuevo desde su caverna hacia el cosmos. Asimismo, el alma humana hundida en el cuerpo carnal siente un profundo deseo de remontar hasta su origen, la divinidad creadora.

Lleva un sombrero cuya ala roja sugiere la actividad del deseo, y la masa naranja la inteligencia intuitiva y receptiva que se prolonga sobre su frente como un tercer ojo. Bizquea, mirando fijamente un punto en su nariz, en intensa meditación. Su expresión facial es ambigua: sugiere, por una parte, una profunda concentración y, por otra, una mueca infantil. Podría decirse que, al atravesar la capa de miedo popular que inspira, nos recuerda de este modo que no es sino una creación inocente, un ser cómico. También puede decirse que, al sacar doblemente la lengua, la de su rostro y la lengua azul oscuro de la cara que lleva en el vientre, el Diablo no oculta nada: se muestra totalmente desprovisto de hipocresía.

Si está dotado de varios ojos en el rostro, el vientre y las rodillas, es para ver mejor sus miedos de frente. Es un ser de cuatro caras. A su rostro, máscara que cubre su potente intelecto, se añade la mirada atónita de sus dos pechos, cuyas bases en forma de media luna indican un carácter emocional sin freno.

La cara del vientre, también con la lengua fuera, indica la amplia extensión de sus deseos sexuales y creativos. La mirada de las rodillas sugiere una carne asumida, impregnada de espíritu, que no desdeña nada de su vida material. Su sexo es como una tercera lengua que pende. Pero su cuerpo de color azul cielo señala que, ante todo, es una entidad espiritual, una dimensión del espíritu, bajo su aspecto luciferino.

En su mano lleva una antorcha de mango verde, del color de la eternidad, donde brilla una llama roja que surge de un círculo. Esta antorcha arde con una gran actividad marcada por ese signo de la perfección, del principio creador.

Los tres personajes llevan cuernos, que señalan a ese Arcano ante todo como el de la pasión: pasión amorosa, pasión creadora. Esta carta contiene todas las potencias ocultas del inconsciente humano, tanto las negativas como las positivas.

También es la carta de la tentación: una llamada a la búsqueda del tesoro oculto, de la inmortalidad y de la energía potente que encierra el psiquismo, necesaria para cualquier obra humana.

Naturalmente, este Arcano también puede representar un contrato fraudulento, en la tradición del mito de Fausto, las degeneraciones de la sexualidad, el infantilismo, la trampa, los delirios mentales, la rapacidad económica, la glotonería y todas las ataduras autodestructivas.

El Diablo está en pie sobre una especie de pedestal o de zócalo al cual dos diablillos están atados con una cuerda naranja que pasa por el anillo central azul cielo. Podría decirse que el diablillo de la izquierda es una mujer y el de la derecha un hombre, considerando el semblante de cada uno, si bien no aparece ningún carácter sexual. La mujer lleva una pequeña señal en el pecho, tres puntos dispuestos en forma de triángulo, como para indicar que es sagrada. Estos dos personajes tienen los pies a modo de raíces que se hunden en la negrura del suelo. Los pies de la mujer tienen cinco dedos, mientras que los del diablillo que se encuentra a nuestra derecha sólo tienen cuatro. En esta carta es donde se revela la dimensión activa de lo femenino y la dimensión pasiva de lo masculino, uniéndose ambas energías en el centro para crear el diablo hermafrodita, que posee en su cuerpo dos pechos y un pene.

Su pie y su mano derechos tienen cinco dedos, su mano y su pie izquierdos tienen cuatro. Los dos diablillos tienen cuernos en la cabeza, evocando las leyendas medievales en que ciertos animales se quedan aprisionados por la cornamenta en el bosque de la pasión. Se puede ver en ellos seres atados por sus deseos, pero también arraigados en el origen profundo y convertidos en servidores de la creatividad andrógina del Diablo, libre de prejuicios.

En la mentalidad popular, el Diablo evoca el dinero, tienta a los humanos con un contrato prometedor, una riqueza súbita y fácil. Se le asocia también al anuncio de una gran pasión, de una tentación, de una aventura amorosa. Estos significados populares abarcan la misma realidad espiritual: una parte de nosotros mismos nos tienta con posibilidades desconocidas, al igual que Cristo fue tentado por su diablo interior.

En la tradición esotérica, se dice que cuando Cristo muere desciende a la tumba a buscar a su hermano mayor, el Diablo, para unirse a él y formar un solo ser. En el suelo de la «caverna», por encima de la matriz de tinieblas, encontramos un terreno azul cielo, estriado de líneas regulares. Dentro de la parte negra, las mismas estrías, como prueba de labor espiritual, han formado la acción (el trapecio rojo) que conduce a la perfección del círculo azul por donde pasa la cuerda que une a los dos diablillos. Toda la actividad inconsciente e instintiva se vuelve consciente (amarillo claro) y espiritual (azul claro). El Diablo señala como sexual la raíz de esta actividad. El extremo rojo de su sexo es un símbolo de vida, al igual que el doble cinto que sostiene los pechos, el que rodea su pelvis. Con estos toques de rojo, parece indicar que la libido es ante todo una llama vital, como la de su antorcha, con la cual se puede incendiar el mundo con un fuego creador. A este respecto, El Diablo es el otro rostro. de Dios.

En una lectura

El Diablo puede sugerir una entrada de dinero o todo lo que concierne a transacciones financieras importantes, a veces turbias o secretas. Es el gran tentador que, en el dominio material, remite al deseo de riqueza. También, un contrato prometedor pero que conviene estudiar detenidamente para no ser engañados.

En efecto, El Diablo puede conducir, indiferentemente, a la fortuna o a la ruina. En cambio, es siempre de buen augurio para las cuestiones relacionadas con la creatividad. Sugiere la profundidad del talento, la riqueza de la inspiración, la disposición de un verdadero artista y una intensa energía creativa.

Al igual que el Arcano XIII, El Diablo puede a priori asustar al consultante. Está lastrado con todas las prohibiciones morales y religiosas y remite a la imagen del mal. El tarólogo orientará entonces la lectura para permitir al consultante superar las barreras sexuales o creativas que le han impuesto, y volver a la potencia de las profundidades en las que arraiga nuestro inconsciente.

Es también el lugar en que se gestan las pasiones. El Diablo nos recuerda frecuentemente la dimensión sexual de una relación: una fuerte pasión. También puede evocar el deseo de conocer esta forma de unión.

A veces remite a dependencias fisiológicas o psíquicas cuyas raíces inconscientes conviene identificar. Problemas de drogas o alcoholismo, dependencia sexual, comportamientos de autocastigo, esquemas repetitivos en la vida emocional, etc.; todo esto puede deshacerse si aceptamos emprender el trabajo en las profundidades.

En cualquier caso, esta carta nos orienta hacia nuestra naturaleza profunda, nos incita a no enmascararla. La realización consiste en ser lo que se es. Eso supone reconocerse y conducir nuestros deseos.

Y si El Diablo hablara...

«Soy Lucifer, portador de la antorcha. El excelso regalo que hago a la humanidad es la absoluta ausencia de moral. Nada me limita. He transgredido todas las leyes; quemo las Constituciones y los libros sagrados. Ninguna religión puede abarcarme. Destruyo todas las teorías, hago explotar todos los dogmas.

En el fondo del fondo del fondo, nadie habita más profundo que yo. Soy el origen de todos los abismos. Soy el que da vida a las grutas oscuras, el que conoce el centro en torno al cual giran todas las densidades. Soy la viscosidad de todo cuanto trata en vano de ser formal. La suprema fuerza del magma. La pestilencia que denuncia la hipocresía de los perfumes. La carroña madre de cada flor. El corruptor de los espíritus vanidosos que se revuelcan en la perfección. Soy la consciencia asesina de lo perpetuamente efimero. Yo soy, encerrado en el subterráneo del mundo, quien hace temblar la catedral estúpida de la fe. Yo soy quien, de rodillas, muerde y ensangrienta los pies de los crucificados. Quien presenta al mundo, sin pudor, sus llagas abiertas como vaginas hambrientas.

Yo violo el huevo pútrido de la santidad. Hundo la erección de mi pensamiento en el sueño mórbido de los hierofantes, para escupirles en pleno simulacro el esperma frío de mi desprecio.

Conmigo no hay paz. No hay dulce hogar establecido. Ni Evangelios almibarados. Ni virgen de azúcar para las lenguas húmedas de monjas apáticas. Defeco soberanamente sobre los pájaros leprosos de la moral. No me impido imaginar a un profeta a gatas montado por un asno en celo. Soy el cantor extasiado del incesto, el campeón de todas las depravaciones, y abro con deleite, con la uña de mi meñique, las tripas de un inocente para mojar en ellas mi pan.

Sin embargo, desde lo más hondo de la caverna humana, enciendo la antorcha que organiza las tinieblas. Por una escalera de obsidiana llego al pie del Creador para ofrendarle el poder de la transformación.

Sí: ante la divina impermanencia, lucho para conservar el instinto, para fijarlo como una escultura fluorescente. Lo ilumino con mi consciencia, y retengo hasta que estalle en una nueva obra divina el universo infinito, laberinto inconmensurable que se desliza entre mis garras, presa que se me escapa entre los dientes, huellas que se desvanecen como un perfume sutil...

Y me quedo ahí, intentando unir todos los segundos unos con otros, detener el flujo del tiempo. Eso es el infierno: el amor total hacia la obra divina que se desvanece.

Es Él el artista: invisible, impensable, impalpable, intocable. Yo soy el otro artista: fijo, invariable, oscuro, opaco, denso. Antorcha que arde eternamente con fuego inmóvil. Yo soy quien quiere engullir esta eternidad, esta gloria imponderable, clavarla en el centro de mi vientre y parirla como una ciénaga que se desgarra para eyectar el tallo en cuyo extremo se abrirá el loto donde brilla el diamante. Así, yo, lacerando mis tripas, quiero ser la Virgen suprema que pare a Dios y lo inmoviliza en una cruz para que se quede eternamente aquí, conmigo, siempre, sin cambio, permanente permanencia.»

Entre las interpretaciones tradicionales de esta carta:

Pasión - Atadura - Dependencia - Carácter posesivo - Adoración - Gran creatividad - Lo prohibido - Tentación - Bestialidad - Drogas - Contrato prometedor que hay que estudiar detenidamente - Entrada de dinero - Potencias ocultas del inconsciente humano (negativas u positivas) - Fermentación - Prostitución - Crueldad - Trabajo de las profundidades - Psiquiatría - Lado oscuro del ser - Sexualidad - Lucifer, ángel caído portador de luz - Soberbia - Posesión - Obsesión - Magia negra - Negarse a envejecer - Gran vigor sexual - Fantasías - Tesoro oculto - Energía oculta en el psiquismo - Superación - Tentación

Palabras clave:

Tentación - Deseo - Apego - Encadenamiento - Dinero - Contrato - Profundidad - Oscuridad - Miedo - Prohibición - Inconsciente - Sexualidad - Pulsiones - Creatividad...
 




 

EL TEMPLO SIMBÓLICO



Todas las Logias regularmente constituidas deben celebrar sus Trabajos (Asambleas) en un local expresamente arreglado y solemnemente consagrado para este objeto, que se llama Templo.

Siendo el Templo Simbólico una imagen representativa del Universo, afecta la forma de un cubo, por corresponder esta figura al número 4, que simboliza la Naturaleza.

Todo es simbólico en él: los cuatro elementos, los cuatro puntos cardinales, la bóveda celeste con sus numerosas constelaciones, el sol, la luna, los signos zodiacales y cuantos objetos se hallan representados en su interior, todo se refiere simbólicamente al mismo sistema.

La planta de este local es la de un paralelogramo, orientado en dirección del Oeste al Este, cuyos cuatro lados se designan con los nombres de los cuatro puntos cardinales.

En su contorno se hallan repartidas doce columnas representativas de los doce signos del Zodiaco, que sostienen una bóveda azul, tachonada de brillantes estrellas.

Circuyendo el recinto, a lo largo del friso, imagen de la eclíptica, corre un grueso cordón anudado a distancias proporcionales, formando doce lazos cuyos extremos rematados en dos borlas se apoyan sobre las columnas de la Orden.

Al Oriente se levanta un estrado o plataforma de proporciones adecuadas, elevado sobre una gradería de cuatro escalones y cuyo frente o pretil está formado por una balaustrada.

En la parte central de esta plataforma se levanta sobre tres gradas otro estrado do menores dimensiones, pero bastante espacioso para contener el sitial del Venerable Presidente y el ara o el trono que tiene delante, resultando que este se halla elevado á la altura de siete gradas sobre el nivel del suelo.

El Trono está cobijado debajo de un dosel, en cuyo fondo y en la parte alta se destaca un Delta o triángulo resplandeciente que lleva, en caracteres hebraicos, el Gran nombre de Dios (JEHOVAH), tipo simbólico de la perfección divina; emblema de la fuerza generadora de la Naturaleza y de la Armonía que reina entre todos los cuerpos y cuyos lados, entre otras significaciones simbólicas, representan los tres reinos de la naturaleza: el Pasado, el Presente y el Porvenir,(el Nacimiento, la Vida y la Muerte), Dios, Perfección, Transformación.

En el fondo del Oriente, á ambos lados del dosel, en lo alto, se destacan sobre un transparente luminoso, las imágenes de las dos grandes lumbreras del Universo, el Sol y la Luna en su cuarto creciente: éste á la derecha y aquél a la izquierda del Presidente.

Delante del trono, y a conveniente distancia, hay un pedestal o ara llamado altar de los juramentos.

Sobre el primer estrado, junto a la balaustrada, a derecha o izquierda del Ven. Presidente, hay dos bufetes en frente el uno del otro, para los hermanos Orador y Secretario.

A la derecha del Presidente se coloca el estandarte de la Logia, y alrededor del hemiciclo las banquetas o asientos convenientes para los hermanos que tengan derecho a ocuparlos o para aquellos a quienes se quiera, distinguir.

Sobre el altar del Venerable se coloca un candelabro con tres bujías encendidas, una espada, un pequeño mazo vulgarmente llamado mollete, y la carta o patente constitutiva de la Logia.

Sobre el altar de los juramentos, se ponen un libro de la Ley y un compás y una escuadra entrelazadas.

Al Occidente se halla la puerta de entrada, junto a la cual hay un asiento y una espada flamígera para el Guarda templo interno.

A ambos lados de esta puerta, unos tres pasos hacia el oriente, se levantan dos columnas aisladas, de orden corintio, cuyos capiteles se hallan coronadas por tres granadas entreabiertas, distinguiéndose cada una de dichas columnas por un nombre misterioso, cuya inicial J. y B llevan esculpida en el fuste.

Inmediato a estas columnas, al extremo occidental de los lados del Norte y del Sur del Templo, se colocan sobre un pequeño estrado, el bufete y el sitial para los Vigilantes con un pequeño mazo (mallete) de encina.

A sendos lados a lo largo del templo, de Oriente a Occidente, hay una ó más filas de asientos, a las que se da el nombre de Columnas. Los asientos de la izquierda forman Columna del Norte, que está destinada a los Aprendices Compañeros; los asientos de la derecha constituyen la Columna del Sur o del Mediodía y esta es la de los Maestros.

Al extremo oriental de la columna del mediodía se halla el bufete del H.·. Tesorero, y frente a éste, en el lado opuesto, correspondiente a la columna del Norte, tiene el suyo el h.·. Hospitalario.

El altar del Venerable presidente y les bufetes de los Vigilantes y en muchas Logias también, el de los demás oficiales, se hallan cubiertos de ricos y rozagantes tapetes de terciopelo igual al del dosel, galoneado y guarnecido de estrellas y pasamanería de oro o plata, según sea el color del rito. Así en el Rito Francés, cuyos colores distintivos son el blanco y el azul, la tapicería está guarnecida de plata. En el Escocés y otros ritos que la tapicería es carmesí, sus adornos son de oro.

La iluminación de los templos suele ser espléndida por lo general, sin que respecto a este particular pueda decirse que se siga ninguna regla fija. El ritual prescribe, pero, que en todo templo deben destacar tres luces de obligación colocadas, una al Este cerca de las gradas del Oriente; otra al Oeste junto al 1º Vigilante, y la tercera al Sur.

Por lo común, estas luces, montadas en trípodes o candelabros, suelen agruparse, junto al altar de los juramentos.

En el centro de la Logia, sobre el pavimento de mosaico, debe haber un cuadro que contenga el trazado gráfico de la Logia. Este cuadro, pintado en tela, que se extiende en el momento de abrir los trabajos y se retira tan pronto como terminan, debe representar:

1.° Las siete gradas del Templo y el pavimento de mosaico.

2.° Las dos columnas de la Orden con el monograma de su nombre J.·. y B.·. y entre éstas, a la altura de los capiteles, un compás abierto con las puntas hacia arriba.

3.° A la izquierda de la columna J.·. la piedra tosca o en bruto; a la derecha de la columna B.·. la piedra cúbica piramidal o puntiaguda, y entre ambas columnas la puerta del Templo.

4.° Sobre el capitel de la columna J.·. la plomada y sobre el de la columna B.·. el nivel.

5.° Al pie del cuadro, una plancha de trazar (tablero o pizarra), y en la parte superior una escuadra en el centro con la imagen del Sol & la derecha y la de la Luna en cuarto creciente a la izquierda.

6.° Tres ventanas, una al Occidente, otra al Oriente y la tercera al Mediodía.

7.° En el fondo el cielo tachonado de estrellas y todo el conjunto del cuadro circuido por el cordón anudado que prescriben los rituales y que se han descrito.

Se decoran, además, los templos con multitud de adornos simbólicos o emblemáticos que dependen del buen gusto y de los medios de que dispongan las Logias propietarias.

Entre estos accesorios ocupan preferente lugar las estatuas de la Sabiduría, de la Fuerza y de la Belleza y las pinturas o representaciones alegóricas de las ciencias y de las artes, de la industria, la agricultura, la navegación, el comercio, la mitología, etc.

LOS ALTOS GRADOS EN LA MASONERÍA

LOS ALTOS GRADOS EN LA MASONERÍA

Comienzos de la Masonería en los distintos países del mundo

ÉTICA Y CÓDIGO MORAL MASÓNICO

DICCIONARIO DE CONCEPTOS MASÓNICOS

MÚSICA MASÓNICA

ORACIONES PARA MASONES

TEXTOS, PLANCHAS, LITERATURA MASÓNICA

TEXTOS, PLANCHAS, LITERATURA MASÓNICA

INSTRUCCIONES, LITURGIAS, CATECISMOS, MANUALES...

INSTRUCCIONES, LITURGIAS, CATECISMOS, MANUALES...

VISITA MI CANAL EN YOUTUBE

VISITA MI CANAL EN YOUTUBE
ORACIONES DEL MUNDO EN VIDEO

SIGUE MIS PUBLICACIONES EN FACEBOOK