jueves, 1 de febrero de 2018

ARCANO XV - EL DIABLO

 
La noche negra, tremenda envolvía la tierra.
Una siniestra llama roja ardía en la distancia.
Me acerqué a una figura fantástica
que se delineaba ante mí,
así vine a estar más cerca de ella.
 
Alto sobre la tierra apareció:
la repulsiva cara roja del Diablo,
con grandes oídos melenudos,
barba acentuada y cuernos curvados de cabra.
 
Un pentagrama, señalando hacia abajo,
brilló con luz fosfórica entre los cuernos en su frente.
Dos grandes y grises alas como de murciélago,
las alas que se desplegaron detrás de él.
 
Levantaba un brazo,
desplegando su mano abierta y gorda.
En la palma vi el signo de la magia negra.
Sostenía una antorcha ardiente,
 hacia abajo, en su otra mano,
que emitía un humo negro y sofocante.
 
Se sentó en un gran cubo negro,
agarrándolo con las garras de sus piernas,
 bestiales, con pelo encrespado.
Fueron encadenados al cubo un hombre y una mujer,
el mismo Hombre y Mujer que había visto en el jardín,
pero ahora tenían cuernos y colas inclinadas
ardiendo en sus extremos.
 
Y ellos estaban evidentemente
descontentos en el espíritu,
y plenos de protesta y repulsión.
"Este es un cuadro de debilidad",
dijo la voz, "un cuadro de falsedad y maldad.
Son el mismo hombre y mujer que vio en el jardín,
pero su amor dejó de ser un sacrificio,
pasando a ser una ilusión. 
 
Este hombre y mujer olvidaron
que su amor es un vínculo en la cadena
que los une con la eternidad,
que su amor es un símbolo del equilibrio
y un camino al Infinito.
Se olvidaron de que es una llave
de la puerta del mundo mágico,
la antorcha que ilumina el camino más alto.
 
Se olvidaron que es el amor es verdadero e inmortal
y ellos lo subyugaron a lo irreal y temporal.
Y cada uno de ellos hizo del amor
una herramienta para someter al otro.

"Entonces el amor se transforma en disensión
y les ata con cadenas de hierro
al cubo negro de la materia,
sobre la que sienta la ilusión.
Y oí la voz del Diablo:
"Soy malvado", dijo él, al menor tanto,
como el mal pueda existir
en este el mejor de los mundos.
 
En orden a verme, uno debe estar capacitado
para ver poder considerar la injusticia,
lo incorrecto y lo estrecho.
 
Yo cierro el triángulo, de los otros dos lados,
los cuales son la muerte y el tiempo.
Para escapar de este triángulo
es necesario ver que este no existe.

Pero cómo hacer esto no está en mi decirlo.
Porque yo soy el Mal,
el que los hombres dicen
que es la causa de todo mal
y el que ellos inventaron
como excusa para todo el mal que hacen.
 
Me llaman el príncipe de la falsedad,
y verdaderamente soy el príncipe de mentiras,
porque soy la más monstruosa producción
de las mentiras humanas".

 
Arcano XV - El Diablo: Fuerzas del inconsciente, pasión, creatividad.

En el orden numerológico, El Diablo corresponde a El Papa, Arcano V, grado 5 de la serie decimal de los arcanos mayores.
 
Esta carta también representa un puente, un tránsito. Pero, si El Papa indicaba un camino hacia las alturas espirituales, El Diablo aparece como un tentador que muestra la vía hacia las profundidades del ser.
 
Esta carta reposa en la gran mancha negra que hemos visto aparecer en el Arcano XIII.
 
El personaje del Diablo lleva una antorcha y tiene dos alas de murciélago: todos esos elementos indican que habita en la oscuridad, en la noche del inconsciente profundo. Podría decirse que representa el reverso de El Papa, la luz sumida en la materia.
 
Los personajes de la carta son una mezcla de humano y de animal, en referencia a nuestras potencias primarias, a nuestros recuerdos prehistóricos enterrados en lo más profundo de nuestro sistema nervioso. Este rasgo nos recuerda, por diferentes signos esotéricos que adornan a los personajes, que el iniciado, para llegar a su iluminación, no debe rechazar su lado animal, sino aceptarlo, honrarlo y guiarlo hacia la luz angélica.
 
El Diablo, al haber sido un ángel, manifiesta con su antorcha un profundo deseo de ascender de nuevo desde su caverna hacia el cosmos. Asimismo, el alma humana hundida en el cuerpo carnal siente un profundo deseo de remontar hasta su origen, la divinidad creadora.

Lleva un sombrero cuya ala roja sugiere la actividad del deseo, y la masa naranja la inteligencia intuitiva y receptiva que se prolonga sobre su frente como un tercer ojo. Bizquea, mirando fijamente un punto en su nariz, en intensa meditación. Su expresión facial es ambigua: sugiere, por una parte, una profunda concentración y, por otra, una mueca infantil. Podría decirse que, al atravesar la capa de miedo popular que inspira, nos recuerda de este modo que no es sino una creación inocente, un ser cómico. También puede decirse que, al sacar doblemente la lengua, la de su rostro y la lengua azul oscuro de la cara que lleva en el vientre, el Diablo no oculta nada: se muestra totalmente desprovisto de hipocresía.

Si está dotado de varios ojos en el rostro, el vientre y las rodillas, es para ver mejor sus miedos de frente. Es un ser de cuatro caras. A su rostro, máscara que cubre su potente intelecto, se añade la mirada atónita de sus dos pechos, cuyas bases en forma de media luna indican un carácter emocional sin freno.

La cara del vientre, también con la lengua fuera, indica la amplia extensión de sus deseos sexuales y creativos. La mirada de las rodillas sugiere una carne asumida, impregnada de espíritu, que no desdeña nada de su vida material. Su sexo es como una tercera lengua que pende. Pero su cuerpo de color azul cielo señala que, ante todo, es una entidad espiritual, una dimensión del espíritu, bajo su aspecto luciferino.

En su mano lleva una antorcha de mango verde, del color de la eternidad, donde brilla una llama roja que surge de un círculo. Esta antorcha arde con una gran actividad marcada por ese signo de la perfección, del principio creador.

Los tres personajes llevan cuernos, que señalan a ese Arcano ante todo como el de la pasión: pasión amorosa, pasión creadora. Esta carta contiene todas las potencias ocultas del inconsciente humano, tanto las negativas como las positivas.

También es la carta de la tentación: una llamada a la búsqueda del tesoro oculto, de la inmortalidad y de la energía potente que encierra el psiquismo, necesaria para cualquier obra humana.

Naturalmente, este Arcano también puede representar un contrato fraudulento, en la tradición del mito de Fausto, las degeneraciones de la sexualidad, el infantilismo, la trampa, los delirios mentales, la rapacidad económica, la glotonería y todas las ataduras autodestructivas.

El Diablo está en pie sobre una especie de pedestal o de zócalo al cual dos diablillos están atados con una cuerda naranja que pasa por el anillo central azul cielo. Podría decirse que el diablillo de la izquierda es una mujer y el de la derecha un hombre, considerando el semblante de cada uno, si bien no aparece ningún carácter sexual. La mujer lleva una pequeña señal en el pecho, tres puntos dispuestos en forma de triángulo, como para indicar que es sagrada. Estos dos personajes tienen los pies a modo de raíces que se hunden en la negrura del suelo. Los pies de la mujer tienen cinco dedos, mientras que los del diablillo que se encuentra a nuestra derecha sólo tienen cuatro. En esta carta es donde se revela la dimensión activa de lo femenino y la dimensión pasiva de lo masculino, uniéndose ambas energías en el centro para crear el diablo hermafrodita, que posee en su cuerpo dos pechos y un pene.

Su pie y su mano derechos tienen cinco dedos, su mano y su pie izquierdos tienen cuatro. Los dos diablillos tienen cuernos en la cabeza, evocando las leyendas medievales en que ciertos animales se quedan aprisionados por la cornamenta en el bosque de la pasión. Se puede ver en ellos seres atados por sus deseos, pero también arraigados en el origen profundo y convertidos en servidores de la creatividad andrógina del Diablo, libre de prejuicios.

En la mentalidad popular, el Diablo evoca el dinero, tienta a los humanos con un contrato prometedor, una riqueza súbita y fácil. Se le asocia también al anuncio de una gran pasión, de una tentación, de una aventura amorosa. Estos significados populares abarcan la misma realidad espiritual: una parte de nosotros mismos nos tienta con posibilidades desconocidas, al igual que Cristo fue tentado por su diablo interior.

En la tradición esotérica, se dice que cuando Cristo muere desciende a la tumba a buscar a su hermano mayor, el Diablo, para unirse a él y formar un solo ser. En el suelo de la «caverna», por encima de la matriz de tinieblas, encontramos un terreno azul cielo, estriado de líneas regulares. Dentro de la parte negra, las mismas estrías, como prueba de labor espiritual, han formado la acción (el trapecio rojo) que conduce a la perfección del círculo azul por donde pasa la cuerda que une a los dos diablillos. Toda la actividad inconsciente e instintiva se vuelve consciente (amarillo claro) y espiritual (azul claro). El Diablo señala como sexual la raíz de esta actividad. El extremo rojo de su sexo es un símbolo de vida, al igual que el doble cinto que sostiene los pechos, el que rodea su pelvis. Con estos toques de rojo, parece indicar que la libido es ante todo una llama vital, como la de su antorcha, con la cual se puede incendiar el mundo con un fuego creador. A este respecto, El Diablo es el otro rostro. de Dios.

En una lectura

El Diablo puede sugerir una entrada de dinero o todo lo que concierne a transacciones financieras importantes, a veces turbias o secretas. Es el gran tentador que, en el dominio material, remite al deseo de riqueza. También, un contrato prometedor pero que conviene estudiar detenidamente para no ser engañados.

En efecto, El Diablo puede conducir, indiferentemente, a la fortuna o a la ruina. En cambio, es siempre de buen augurio para las cuestiones relacionadas con la creatividad. Sugiere la profundidad del talento, la riqueza de la inspiración, la disposición de un verdadero artista y una intensa energía creativa.

Al igual que el Arcano XIII, El Diablo puede a priori asustar al consultante. Está lastrado con todas las prohibiciones morales y religiosas y remite a la imagen del mal. El tarólogo orientará entonces la lectura para permitir al consultante superar las barreras sexuales o creativas que le han impuesto, y volver a la potencia de las profundidades en las que arraiga nuestro inconsciente.

Es también el lugar en que se gestan las pasiones. El Diablo nos recuerda frecuentemente la dimensión sexual de una relación: una fuerte pasión. También puede evocar el deseo de conocer esta forma de unión.

A veces remite a dependencias fisiológicas o psíquicas cuyas raíces inconscientes conviene identificar. Problemas de drogas o alcoholismo, dependencia sexual, comportamientos de autocastigo, esquemas repetitivos en la vida emocional, etc.; todo esto puede deshacerse si aceptamos emprender el trabajo en las profundidades.

En cualquier caso, esta carta nos orienta hacia nuestra naturaleza profunda, nos incita a no enmascararla. La realización consiste en ser lo que se es. Eso supone reconocerse y conducir nuestros deseos.

Y si El Diablo hablara...

«Soy Lucifer, portador de la antorcha. El excelso regalo que hago a la humanidad es la absoluta ausencia de moral. Nada me limita. He transgredido todas las leyes; quemo las Constituciones y los libros sagrados. Ninguna religión puede abarcarme. Destruyo todas las teorías, hago explotar todos los dogmas.

En el fondo del fondo del fondo, nadie habita más profundo que yo. Soy el origen de todos los abismos. Soy el que da vida a las grutas oscuras, el que conoce el centro en torno al cual giran todas las densidades. Soy la viscosidad de todo cuanto trata en vano de ser formal. La suprema fuerza del magma. La pestilencia que denuncia la hipocresía de los perfumes. La carroña madre de cada flor. El corruptor de los espíritus vanidosos que se revuelcan en la perfección. Soy la consciencia asesina de lo perpetuamente efimero. Yo soy, encerrado en el subterráneo del mundo, quien hace temblar la catedral estúpida de la fe. Yo soy quien, de rodillas, muerde y ensangrienta los pies de los crucificados. Quien presenta al mundo, sin pudor, sus llagas abiertas como vaginas hambrientas.

Yo violo el huevo pútrido de la santidad. Hundo la erección de mi pensamiento en el sueño mórbido de los hierofantes, para escupirles en pleno simulacro el esperma frío de mi desprecio.

Conmigo no hay paz. No hay dulce hogar establecido. Ni Evangelios almibarados. Ni virgen de azúcar para las lenguas húmedas de monjas apáticas. Defeco soberanamente sobre los pájaros leprosos de la moral. No me impido imaginar a un profeta a gatas montado por un asno en celo. Soy el cantor extasiado del incesto, el campeón de todas las depravaciones, y abro con deleite, con la uña de mi meñique, las tripas de un inocente para mojar en ellas mi pan.

Sin embargo, desde lo más hondo de la caverna humana, enciendo la antorcha que organiza las tinieblas. Por una escalera de obsidiana llego al pie del Creador para ofrendarle el poder de la transformación.

Sí: ante la divina impermanencia, lucho para conservar el instinto, para fijarlo como una escultura fluorescente. Lo ilumino con mi consciencia, y retengo hasta que estalle en una nueva obra divina el universo infinito, laberinto inconmensurable que se desliza entre mis garras, presa que se me escapa entre los dientes, huellas que se desvanecen como un perfume sutil...

Y me quedo ahí, intentando unir todos los segundos unos con otros, detener el flujo del tiempo. Eso es el infierno: el amor total hacia la obra divina que se desvanece.

Es Él el artista: invisible, impensable, impalpable, intocable. Yo soy el otro artista: fijo, invariable, oscuro, opaco, denso. Antorcha que arde eternamente con fuego inmóvil. Yo soy quien quiere engullir esta eternidad, esta gloria imponderable, clavarla en el centro de mi vientre y parirla como una ciénaga que se desgarra para eyectar el tallo en cuyo extremo se abrirá el loto donde brilla el diamante. Así, yo, lacerando mis tripas, quiero ser la Virgen suprema que pare a Dios y lo inmoviliza en una cruz para que se quede eternamente aquí, conmigo, siempre, sin cambio, permanente permanencia.»

Entre las interpretaciones tradicionales de esta carta:

Pasión - Atadura - Dependencia - Carácter posesivo - Adoración - Gran creatividad - Lo prohibido - Tentación - Bestialidad - Drogas - Contrato prometedor que hay que estudiar detenidamente - Entrada de dinero - Potencias ocultas del inconsciente humano (negativas u positivas) - Fermentación - Prostitución - Crueldad - Trabajo de las profundidades - Psiquiatría - Lado oscuro del ser - Sexualidad - Lucifer, ángel caído portador de luz - Soberbia - Posesión - Obsesión - Magia negra - Negarse a envejecer - Gran vigor sexual - Fantasías - Tesoro oculto - Energía oculta en el psiquismo - Superación - Tentación

Palabras clave:

Tentación - Deseo - Apego - Encadenamiento - Dinero - Contrato - Profundidad - Oscuridad - Miedo - Prohibición - Inconsciente - Sexualidad - Pulsiones - Creatividad...
 




 

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