lunes, 5 de febrero de 2018

EL ALFABETO SAGRADO

 
1. Generalidades.

El hebreo se clasifica entre las lenguas semíticas. Para la lingüística corriente, el hebreo constituye la rama cananea de las lenguas semíticas del Noroeste, junto con el moabita, el fenicio y el ugarítico. La palabra «semítico» designa lo perteneciente a los semitas, o sea a los pueblos descendientes de Sem, uno de los tres hijos de Noé.

Sin embargo, desde el punto de vista de una lingüística más rigurosa, no debería darse al hebreo el calificativo de «semítico», pues ello no es acorde a los datos de los textos bíblicos. En efecto, según éstos, el hebreo es denominado sefath Canaán, «la lengua de Canaán». Y Canaán, como Kush, el ancestro de los etíopes cuya lengua también se denomina «semítica», figura en la Biblia entre los descendientes de Cam, otro de los hijos de Noé, y  no de Sem. Así, de acuerdo con el relato bíblico, el hebreo es considerado como una lengua «camítica» y no «semítica» (Cf. Génesis, 9, 18: We’Ham hou avî Kenâ’an (Cam era el padre de Canaán), y también en Génesis, IX: 22: ‘Ham avî Kenâ’an)

El alfabeto hebreo está integrado por veintidós letras consonantes, repartidas en la forma siguiente:

— Tres letras «madres»: Aleph, Mem, Sin.

— Siete letras «redobladas»: Beth, Guimel, Dalet, Kaf, Pe, Res, Tav.

— Doce letras «simples»: He, Vav, Zayin, Jet, Tet, Yod, Lamed, Nun, Samek, Ain, Sade, Qôf.
 
Dos letras mudas pueden ser vocalizadas si así se indica por medio de puntos, la primera, Aleph, y la decimosexta, Ain.

La ausencia de vocales se compensa por la adición de puntos (o trazos) colocados arriba, abajo o en el mismo cuerpo de las letras.

Las letras hebraicas poseen un valor numérico propio, independiente de su rango de sucesión. Así, por ejemplo, si bien la primera, Aleph, vale uno, la última, Tav, vale cuatrocientos.

Los puntos que indican vocales no modifican en ningún caso el valor numérico de la letra. Por el contrario, la posición terminal de algunas consonantes (Kaf, Mem, Nun, Pe y Sade) implica un cambio de forma en dichas letras, y puede modificar su valor numérico.
 
Se admite por lo general, y el gramático Yahudah ben David Chayug no deja de confirmarlo, que las palabras hebraicas están compuestas por raíces de tres letras. Sin embargo, el diccionario hebreo Makhbéret, redactado hacia el año 960 por Menahem ben Saruk, admite la existencia de raíces de una o dos consonantes.
 
Dada la estructura y la articulación ontonumeral del alfabeto hebraico, se hace posible que el orden de las consonantes varíe en dos palabras diferentes, pero éstas sigan conservando un significado idéntico.

Así, por ejemplo, en las palabras Michpat (juicio, justicia) y Chôfetîm (jueces), se observa, a pesar de su evidente diferencia fonética, un radical común. Por otra parte, las palabras de distintas consonantes, pero de valores correspondientes, poseen también un radical ontológico idéntico. Si vemos, por ejemplo, que la letra Guimel tiene por valor numérico 3, Lamed 30 y Sin 300, las palabras Guéchem (lluvia), Chalom (paz) y Chémech (sol), observan las tres un mismo significado ontológico. En efecto, las tres palabras tienen en común las letras Sin y Mem; en cuanto a la letra Guimel en Guéchem, Lamed en Chalom y la última Sin de Chémech, tienen igualmente un mismo significado. Así pues, estas tres palabras poseen en hebreo un mismo radical ontológico y tienen un mismo significado común: fecundación (por Mem). La lluvia es así fecundante, como también el sol y la paz. Dice Rachi en su comentario sobre el Pentateuco (Éxodo, XXII: 2), que «El sol es por sí mismo paz para el mundo».
 
2. Simbolismo del Lenguaje.

El Maestro del Todo ha creado el mundo de acuerdo a la Ley de Sabiduría y sus setenta y tres puertas. Luego Él ha grabado mediante tres Sefarim, con los diez Sephiroth belimah y las veintidós letras del alfabeto sagrado.

Las veintidós letras fundamentales han sido combinadas de acuerdo a su peso y dispuestas en una rueda que tiene doscientas treinta y una puertas. El Maestro del Todo hace girar la rueda hacia adelante y hacia atrás. Tal es el simbolismo del lenguaje.

Es a partir de las veintidós letras fundamentales que el Maestro del Todo, El Schaddaï, ha hecho todo cuanto ha sido hecho.

3. El Alfabeto Sagrado según el Tratado de la Formación.

Tres letras «madres»: Aleph, Mem, Sim, fundamentadas sobre plataformas de clemencia y de rigor, y en el lenguaje, que obra como ley decisiva entre ambos.

Veintidós letras grabadas, talladas, pesadas y entrecruzadas.

Veintidós letras fundamentales grabadas por la voz, talladas por el aliento fijadas por la boca en cinco regiones.

— Sobre la garganta: Aleph, He, Jet, Ain

— Sobre los labios: Beth, Vav, Mem, Pe;

— Sobre el paladar: Guimel, Yod, Kaf, Qôf;

— Sobre la lengua: Dalet, Tet, Lamed, Nun, Tav;

— Sobre los dientes: Zayin, Samek, Sin, Res, Sade.
 
Veintidós letras fundamentales fijadas en un círculo.

Así han sido pesadas y entrecruzadas. Aleph con todas y todas con Aleph, Beth con todas y todas con Beth, formando una circunferencia donde se encuentra todo cuanto ha sido hecho y hablado por obra del Nombre, que es Uno.

Él ha formado lo real a partir del caos primordial y ha hecho de su No-Ser su anterior estado. Ha esculpido enormes e inaccesibles columnas de aire. Y éste es el signo del vidente; por conversión ha hecho todo lo que tiene forma y todas las palabras. El Nombre que es Uno y la señal de la palabra: veintidós elementos en un solo cuerpo.
 
Tres letras madres: Aleph, Mem, Sin. Grande y extraordinario secreto, guardado y sellado por seis sellos, de donde han salido fuego y agua, repartidos en masculino y femenino.

Tres letras madres fundamentales, de donde han nacido los padres por los cuales fue creado el todo.

Tres letras madres, Aleph, Mem, Sin, aire, agua y fuego en el universo. Los cielos fueron creados a partir del fuego y la tierra a partir del agua. El aire constituyó el principio decisivo entre el fuego y el agua.

Tres letras madres, en un ciclo de fuego, agua y aliento primordial. Calor creado a partir del fuego, frío a partir del agua, y saturación a partir del aliento decisivo entre los dos principios.

Tres letras madres, Aleph, Mem, Sin, diseñadas, grabadas, esculpidas y selladas con: tres madres en el universo, tres madres en el ciclo y tres madres en el ser vivo masculino y femenino.

Él hizo que reinara la letra Aleph por medio de su soplo, y le dio una corona. Luego combinó las letras entre sí y selló por medio de ellas: en el aire en el universo, la saturación en el ciclo y el cuerpo en los seres vivos, en sus dos modalidades: masculino con Aleph, Mem, Sin, y femenino con Aleph, Sin, Mem. (Las letras Aleph, Sin, Mem, en ese orden, forman la palabra âshâm, que significa falta, pecado, culpabilidad.)

Él hizo que reinara la letra Mem por el agua, y le dio otra corona, combinando luego una y otra, y por medio de ellas selló: la tierra en el universo, el frío en el ciclo y el vientre en los seres vivos de ambos sexos, en el masculino con Mem, Aleph, Sin, y en el femenino con Mem, Sin, Aleph. (Mem, Sin, Aleph forman la palabra massâ, o sea, fardo.)

Él hizo reinar la letra Sin por el fuego, y le dio su corona para sellar por la combinación de ambas: los cielos en el universo, el calor en el ciclo y la cabeza en los seres vivos de ambos sexos.
 
Siete letras redobladas: Beth, Guimel, Dalet, Kaf, Pe, Res y Tav, cada una con doble pronunciación, fundamentadas sobre la vida y la paz, la sabiduría y la riqueza, que son también semilla y poder. En cada letra se puede dar una doble pronunciación: Beth-Vet, Guimel-G’uimel, Dalet-D’alet, Kaf-Haf, Pe-Phé, Res-R’ech, Tav-Thav; siete letras construidas para ser duras o delicadas, fuertes o débiles, redobladas mediante permutaciones; permutación vida-muerte, paz-mal, sabiduría-locura, riqueza-miseria, gracia-fealdad, siembra-desolación, dominio-esclavitud.

Siete letras redobladas, siete y no seis, siete y no ocho. Por su conducto se llega a la verificación, por su búsqueda al cálculo y a la firmeza de la roca, a la palabra cercana a su creador y al restablecimiento del principio informante en lo formado.

Siete letras redobladas: Beth, Guimel, Dalet, Kaf, Pe, Res y Tav, de cara a siete extremos o lados, de los cuales seis constituyen lo alto y lo bajo, el Oriente y el Occidente, el Norte y el Sur, y el palacio sagrado orienta al centro y constituye todo.

Siete letras redobladas, que han sido grabadas, talladas y combinadas entre sí para formar las estrellas del universo, los días en el año y las puertas en el alma. Por ellas se han grabado siete firmamentos y siete tierras, lo mismo que siete sábados. Por ello el septenario ha sido amado bajo todos los cielos.

Mediante la vida, Él hizo reinar la letra Beth, y le dio una corona, con la cual formó a Saturno en el universo, el día primero del año, y el ojo derecho en todos los seres vivientes.

Él hizo reinar la letra Guimel y le dio su corona para formar: a Júpiter en el universo, el segundo día en el año, y el ojo izquierdo en todo ser viviente.

Él hizo reinar la palabra Dalet, y le dio una corona con la cual formó a Marte en el universo, el tercer día en el año, y la oreja derecha en todo ser vivo.

Él hizo reinar la letra Kaf, y le dio una corona para formar el sol en el universo, el cuarto día en el año, y la oreja izquierda en todo ser viviente.

Él hizo reinar la letra Pe, y le dio una corona para formar a Venus en el universo, el quinto día en el año, y la ventanilla nasal derecha en todo ser viviente.

Él hizo reinar la letra Res, y le dio una corona para formar a Mercurio en el universo, el sexto día en el año, y la ventanilla nasal izquierda en todo ser viviente.

Él hizo reinar la letra Tav, y le dio una corona para formar la luna en el universo, el día séptimo en el año, y la boca en los seres vivientes.

Siete letras redobladas, que al entrar en combinación semejan a dos piedras que levantan dos casas, tres que levantan seis, cuatro que levantan veinticuatro, cinco que levantan ciento veinte, seis que levantan setecientas veinte, y siete que levantan cinco mil cuarenta casas.

En adelante, la cuestión importante es: ¿Por qué la boca no puede hablar y la oreja no puede oír?

He aquí siete planetas en el universo: Sol, Venus, Mercurio, Luna, Saturno, Júpiter, Marte. He aquí los siete días del año, los siete días del ciclo primordial, y he aquí las siete puertas del ser viviente, dos ojos, dos oídos, dos ventanillas nasales y la boca. Por ellas fueron grabados siete firmamentos, siete tierras y siete tiempos. Por ello el septenario ha sido amado por todo lo que se halla bajo los cielos.
 
Doce letras simples: He-Vav, Zayin-Jet, Tet-Yod, Lamed-Nun, Samek-Ain, Sade-Qôf. Fundamentos de vista, oído, habla, gusto, cohabitación, acción, movimiento, cólera, risa, meditación, sueño; medidas de doce límites en diagonal: límite oriental-norte, oriental-sur, oriental-bajo, oriental-alto; norte-alto, norte-bajo; occidental-sur, occidental-norte, occidental-alto, occidental-bajo; sur-alto, sur-bajo. Estas medidas están trazadas y extendidas de eternidad a eternidad y constituyen los brazos del mundo.

Doce letras simples, grabadas, pesadas, talladas, combinadas y entrelazadas. Por ellas se han formado doce constelaciones en el mundo. Signo: Tet-Sin-Tav, Samek-Aleph-Beth, Mem-Ain-Qôf, Guimel-Dalet-Dalet.

(Estas letras son iniciales en hebreo de los nombres de las doce constelaciones del Zodíaco:

          Tet               — Táleth               Aries

          Sin               — Schôr                Tauro

          Tav              — Th’ômim          Géminis

          Sámek         — Sartân              Cáncer

          Aleph           — Arieh                Leo

          Beth             Betulah            Virgo

          Mem            Móznaïm          Libra

          Ain               Aqrâv               Escorpión

          Qôf              Quécheth          Sagitario

          Guimel        Guedî               Capricornio

          Dalet           Delî                  Acuario

          Dalet            — Dâguîm            Piscis

También se han formado por ellas los doce meses del año, Nissâm, Iyâr, Sîvân, Tamuz, Av, Eloul, Tishri, Mar’heschuân, Kîslev, Tevet, Sevât, Kadâr, y doce dirigentes dentro del ser vivo: dos manos y dos pies, dos riñones, bazo, hígado, bilis, estómago, dos intestinos. (Dos extraños y dos alegres, dos consejeros y dos consultas, dos carnívoros y dos cazadores) (Juegos de palabras cabalísticos entre loazîm y alîzîm, entre yoetzîm y yiutsim, entre torfim y tsayadim)

Tres letras madres, de las cuales han salido tres padres y se han formado el fuego, el agua y el aliento. Tres madres, siete redobladas y doce simples.

Tales son las veintidós letras, que tienen en yh, yhvh, Tsevaot, Elohîm, Vida, Dios de Israel, elevado y exaltado, morada de eternidad, su fundamento secreto. Santo es su alto Nombre y Él es Santo.
 
Tres padres y sus generaciones, siete estrellas y sus ejércitos y doce límites en diagonal, y la prueba en la palabra. Testigos fieles: mundo, ciclo anual, ser viviente, Ley, doce, siete y tres, en combinación funcional con el Dragón (Thalî), la rueda y el corazón.

Tres: Fuego, agua y aliento. Fuego en lo alto, agua en lo bajo y el aliento obrando como ley decisiva entre los dos. Signo de la palabra: el fuego lleva el agua. Mem silenciosa, Sin silbada, y Aleph, ley decisiva entre ambas.

El Dragón (Thalî) se encuentra en el mundo como rey en su trono. La rueda en el ciclo anual como un gobernante en sus estados. El corazón en los seres vivos, como rey en la guerra. Todo se mueve, esto al frente de aquello, y es obra de Elohîm. El bien frente al mal, el bien del bien y el mal del mal, el bien prueba el mal y el mal prueba el bien, bien guardián de los males y mal guardián de los bienes.

Tres. Cada uno se mantiene solo. Siete divide, tres frente a tres y la ley decisiva entre ambos. Doce se encuentran en guerra: tres amigos, tres enemigos, tres entre los vivos, tres entre los muertos.

Tres amigos: el corazón, la oreja y la boca. Tres enemigos: el hígado, la bilis y la lengua. Y Él, Rey fiel, rige sobre el todo. Uno por encima de tres, tres por encima de siete, siete por encima de doce, todas ellas íntimamente vinculadas entre sí.

Y al venir Abraham el Hebreo —que descanse ahora en paz—, el Maestro de Todo —sea bendito su Nombre— estableció con él su Alianza, y le entregó las veintidós letras sobre su lengua y le reveló su fundamento. Él las lavó con el agua, las quemó con el fuego, las agitó con el soplo, las consumió por el septenario y las gobernó por las doce constelaciones.

 

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