lunes, 5 de febrero de 2018

SIGNIFICADO ESOTÉRICO DE LA ÓPERA EL HOLANDÉS ERRANTE (O EL BUQUE FANTASMA)

 
1.- Existe una tendencia general en esta época de extremo materialismo, a negar la realidad de las Fraternidades esotéricas llamadas de Magia Blanca y de Magia Negra. La mayor parte de la sociedad cree que se trata sólo de supersticiones y, entre los que creen en su existencia, sólo unos pocos tiene la suficiente capacidad para distinguir las operaciones de una y de otra. Pero la mayor parte de la gente está sujeta a sus influencias, aunque no lo sepa ni lo comprenda, como estamos sometidos a las influencias solares o atmosféricas.
 
2.- Las Escuelas de las que hablo son instituciones pertenecientes a los planos internos o espirituales y no organizaciones exotéricas en el mundo físico. El gran problema para casi todos consiste en comprender la relación entre los mundos material y espiritual. Ambos, sin embargo, no están separados, sino que el superior compenetra al inferior y se extiende aún más allá de él. Continuamente están reaccionando el uno sobre el otro, ya que la Rueda del Renacimiento gira sin descanso, llevando a los vivos a los niveles espirituales y trayendo a los llamados muertos, de nuevo al mundo de la materia. Y hay grandes Fraternidades Esotéricas Blancas, dedicadas a dar a conocer a los hombres encarnados las verdades de los mundos espirituales. Y su trabajo no cesa cuando morimos. Si nos hemos unido a sus filas, continuaremos a su cuidado aunque hayamos pasado al más allá.

3.- En la línea fronteriza entre la conciencia física y la psíquica, las Fraternidades Esotéricas han construido templos etéricos, como los representados en Lohengrin y en Parsifal. Son templos “casi” físicos. Las personas sensibles, cuando se aproximan a ellos, sienten que se encuentran en una atmósfera extraña y magnética.

El Templo etérico de la Fraternidad Rosacruz interpenetra la vivienda de los Hermanos Mayores y, en su componente físico, es una vivienda corriente. A la visión psíquica, sin embargo, aparece como un edificio magnífico, como un Templo del Arte, y las ceremonias que en él se celebran son formas de arte que encarnan ideas vivientes.

A la cabeza de la Orden, en esos Templos Esotéricos, nunca lo ven los Iniciados que asisten al servicio y toman parte en las ceremonias, pero sí sienten su presencia en el momento en que entra y ésa es la señal para comenzar el acto.

Ésa es la razón por la que los maniqueos, en su festival anual, dejaban un lugar preferente vacío para su Maestro Mani, presente para todos, pero sólo visible para los Perfectos. Del mismo modo, en el castillo del Grial, Titurel, su augusto fundador, permanece invisible en el fondo de la escena mientras su voz, desencarnada, se escucha por todos los presentes.

4.- Hay dos clases de seres humanos: los místicos y los intelectuales. El místico aprende a ir más allá de la razón. Lucha por alcanzar a Dios por medio del Amor, sin pensar en nada más y logra una sabiduría superior a todo conocimiento terrenal. Por su lado, el intelectual, que domina el escenario mundial actual, busca la Verdad. Necesita conocer y no sólo sentir y por eso se ha preparado para él, por los Hierofantes de los Misterios, una vía científica de evolución.

La pretensión de todas las enseñanzas de los Templos es reunir la ciencia, la religión y el arte, de modo que la Verdad, la Bondad y la Belleza trabajen juntas para la salvación de la Humanidad. Muchos artistas creativos de todas las artes han elegido servir a la Humanidad mediante la Belleza, porque saben que ésta es, en verdad, Immanuel, o sea, “Dios con nosotros”. En los Maestros Cantores de Nuremberg, Wagner nos presenta una Hermandad Artística organizada en base a esa idea, ya que él mismo era un emisario del Templo de la Belleza.

5.- Desgraciadamente, existen Hermandades de magos Blancos y Hermandades de magos Negros, ya que el poder espiritual se puede usar para hacer el bien o para obrar el mal. En los países de cultura cristiana a las Fraternidades Blancas se las denomina “del Grial Blanco”, y a las que se dedican al culto del mal, “del Grial Negro”. Es una verdad oculta que nadie puede alcanzar el Castillo del Blanco Grial sin atravesar antes el del Grial Negro con sus muchas tentaciones. Recordemos cómo el Castillo de Montsalvat, en Parsifal, estaba rodeado por el Jardín de las doncellas-flores, de Klingsor.

El Grial Blanco se alimenta, sostiene y robustece con los pensamientos correctos y los sentimientos verdaderos de la Humanidad, junto con su voluntad hacia lo bueno y su servicio al prójimo. El Grial Negro se nutre con las pasiones negativas y destructivas que afligen a la Humanidad caída, y se precipita sobre los que salen de este mundo inmersos en el odio, la crueldad y la sensualidad. Mientras esos desencarnados permanecen en el plano inferior del astral o Mundo del Deseo, -el Purgatorio en términos rosacruces- incrementan enormemente el poder de la Fraternidad Negra. Hoy día incluso vemos esas fuerzas, fuera de sus escondrijos tradicionales, luchando abiertamente contra las fuerzas de la Luz con el fin de conquistar el mundo para sus siniestros fines. A eso obedecen las luchas étnicas y religiosas, la sensualidad, la violencia como distracción o diversión, las drogas de todo tipo, el materialismo de los medios de comunicación, la pérdida de valores, el ateísmo, la desintegración social, etc.

6.- El hábito de pensar sólo en los intereses materiales contribuye muy poderosamente a fortalecer al Grial Negro, debido al efecto de tales pensamientos sobre el doble etérico o cuerpo vital, que interpenetra y vitaliza el cuerpo físico. Este cuerpo etérico es una estructura compuesta de cuatro clases de éteres. Los más tenues se llaman el Éter de Luz y el Éter Reflector y son los canales para las fuerzas espirituales y mentales, aumentando su poder de transmisión en la medida en que se ejercita la mente superior o pensamiento abstracto, y se practican la devoción y las ideas nobles. Como el materialista utiliza principalmente la mente concreta y se preocupa sólo por las cosas que contribuyen a las sensaciones físicas, no absorbe casi nada de tales éteres, raros y bellísimos. Por eso resulta casi imposible que, a su través, le llegue ninguna inspiración proveniente de los mundos espirituales, por lo que es más susceptible a las influencias del Grial Negro. Además, ocurre con frecuencia que la visión etérica, que es una facultad sensorial, puede ser desarrollada hasta convertirse en poder suprafísico, y colocada al servicio del Grial Negro. Entonces los dos éteres inferiores, denominados Éter Químico y Éter de Vida, y que son los que alimentan el cuerpo y se encargan de la reproducción, respectivamente, crecen anormalmente y consiguen una fijación especial con la vida física y con el cuerpo de carne. Este proceso, repetido durante muchas vidas al servicio del Grial Negro, da lugar a una especie de inmortalidad. Como se carece de cualidades anímicas, no existe tendencia hacia los mundos espirituales, en los que los poderes anímicos se amalgaman con el espíritu, y el resultado es un “Ego pegado a la Tierra”, incapacitado para abandonar su entorno inmediato, ni siquiera con la muerte. Este es el fundamento oculto de leyendas como la que Wagner expone en El Holandés Errante y que, en otro aspecto, trata también en el personaje de Kundry, en Parsifal. La vieja leyenda del Judío Errante es del mismo tipo: Un judío, que insultó a Cristo en su subida hasta el Gólgota y fue condenado por ello a la inmortalidad física sobre la tierra, hasta el fin de los tiempos. Los israelitas contaban una historia similar sobre el faraón que oprimió a sus ancestros. Y los cristianos parece ser que contaron lo mismo con relación al emperador Nerón.

7.- Hay también, por otra parte, hombres ejemplares como el héroe bíblico Enoch y el profeta Elías, que fueron “arrebatados a la muerte” gracias al poder del Grial Blanco. Estos servidores suyos, quedan tan imbuidos de los poderes del Espíritu Universal -simbolizado en Parsifal por la blanca paloma que desciende sobre el cáliz- que son plenamente conscientes de su unión con la vida en todos los planos. En ellos la conciencia es ininterrumpida, experimentando la vida aquí y allá en una no quebrantada continuidad. No pueden “morir” porque han demostrado la Vida Eterna y el Amor Inmortal. El doble etérico de un ser así está compuesto, casi exclusivamente, de los radiantes azul y dorado éteres superiores, y su cuerpo físico es un “cuerpo de transfiguración” y emana rayos de luz y amor, y sana a quien a él se aproxima.

Teresa Neumann, la célebre monja estigmatizada, es un ejemplo de persona mística sostenida por al Grial Blanco, ya que se ha alimentado, durante más de treinta años, tan sólo con la comunión diaria. Su estómago y su aparato digestivo se han atrofiado. Pero ella ha podido vivir de un modo normal con sólo la Hostia Consagrada de la misa diaria.

8.- Los antiguos Maestros de los Misterios de la cristiandad primitiva ya habían recibido, antes de la venida de Cristo, una técnica perfecta para inducir la conciencia “estigmatizada”. Y uno de los sacramentos gnósticos fue, precisamente, el de la Estigmatización. Esos estigmatizados de las escuelas esotéricas, sin embargo, desarrollaban los estigmas de modo invisible. Todo el dolor y el sufrimiento de las primeras etapas de su desenvolvimiento era soportado estoicamente, en silencio y sin que los más próximos tuviesen conocimiento de lo que estaba ocurriendo. La iglesia, que no conoce esa clase de estigmatización, se negó a reconocer los estigmas de Santa Catalina de Siena porque eran invisibles cuando, en su caso precisamente, y según la Memoria de la Naturaleza, tras un período inicial, esos estigmas invisibles dejaron de ser dolorosos para convertirse en fuente de fortaleza y fuerza espiritual. La estigmatización obedece a la apertura y despegue, en determinados chakras, de los dos éteres superiores de los dos inferiores, paso previo y necesario para los vuelos astrales voluntarios y conscientes.

9.- En el desarrollo esotérico, el Iniciado del Grial se convierte él mismo en el Grial, la “piedra de la tintura” de los alquimistas, cuyo contacto o cuya presencia proporcionan la salud e imparte fortaleza para luchar la batalla de la vida. La Eucaristía de los maniqueos plasmaba ese principio, que se aparta radicalmente de la doctrina ortodoxa de la Transubstanciación.

Durante el siglo doce, cuando se escribieron la mayor parte de las leyendas épicas sobre el Grial, este problema de la Eucaristía ocupó la atención de la iglesia ortodoxa, pero hasta 1.215 no decretó la doctrina de la Transubstanciación como una enseñanza propia. Enseñanza que culminó en el siglo XVI y XVII con los Autos Sacramentales.

El Parsifal de Wolfram von Eschenbach pertenece a ese período, demostrando cuán profundamente interesaban en Europa los problemas Eucarísticos. La materialización posterior del concepto de la Eucaristía en aquel siglo y los inmediatamente posteriores, revelaba cuánto se había alejado ya la iglesia ortodoxa de su fuente esotérica original, y anticipaba la sombra del materialismo que comenzaba a descender sobre el mundo, ya que todo el esfuerzo redentor se dejaba en manos de la Eucaristía que, además, no exigía prácticamente ninguna actuación especial por parte del hombre, salvo la fe, una fe ciega, irracional, fanática, en algo que no se entendía ni estaba claro.

10- Las Fraternidades de la Luz y de las Sombras están empeñadas hoy día en una batalla por el dominio del mundo, tan terrible como sólo muy pocas veces había tenido lugar en toda la evolución del hombre. El propósito de las Fuerzas Negras es, como lo ha sido siempre, el de crear la desconfianza, el egoísmo, la envidia, la disfunción, el conflicto, el pesimismo, etc., y la destrucción del mundo por su medio. La finalidad de la Fraternidad Blanca, por su parte, es la de generar buena voluntad, relaciones correctas y paz sobre la tierra. La nota clave de la bendita Presencia, que es el Supremo Líder de la Fuerzas de la Luz es: “Que os améis los unos a los otros como yo os he amado”.

11.- Las óperas de Wagner, la primera de las cuales con contenido esotérico fue El Holandés Errante, exponen las varias etapas del desarrollo espiritual, tanto del individuo como de la raza en su conjunto.

Al principio, Wagner no fue claramente consciente de su plan de vida. Pero le guiaba una sabiduría superior. Ahora podemos ver, retrospectivamente, el sendero por el que llegó a la culminación de su misión con relación a nuestra época. El Holandés Errante nos muestra que la fórmula mágica para dominar todo mal se basa en la práctica del amor desinteresado.
 
12.- El conocido proverbio esotérico de que “los acontecimientos proyectan su sombra hacia delante”, se ve claro en El Holandés Errante en cuanto a la creación musical de Wagner se refiere.

Esta ópera nos avanza el intimismo de su futura obra. Por primera vez encontramos esos fascinantes motivos musicales, esos tratamientos dramáticos y sinfónicos que son la característica principal de sus obras operísticas. En el fantástico y amenazador motivo del solitario vagabundo de los mares, en el melancólico misticismo de la amable Senta, en el drama de su embelesador encuentro y el de la tragedia de su separación, en la autoinmolación de Senta y en la promesa de la reunión más allá de la muerte, adivinamos la tremenda capacidad dramática del genio en ciernes que, más tarde se manifestará resplandeciente en el épico Anillo del Nibelungo y, sobre todo, en el Parsifal

13.- La utilización por Wagner de los motivos musicales descriptivos iniciaron una fase nueva de la psicología musical. Él vio, con una clarividencia especial, las posibilidades dramáticas de la utilización de los esquemas o motivos musicales para expresar los distintos caracteres y las diversas situaciones que encarnan. Los recientes estudios sobre el sonido y el color y sus efectos sobre el cuerpo y sobre la mente han comprobado la precisión y la exactitud de la clarividencia de Wagner.

14.- Escribiendo a un amigo, muchos años después de su obra de juventud, El Holandés Errante, comentaba:

“He compuesto un nuevo final para la obertura del Holandés Errante, que me gusta mucho más. Curiosamente, fue tras haber compuesto la última transfiguración de Isolda cuando pude dar con el fin apropiado para la obertura del Holandés”.

Continuaba exponiendo su deseo de reescribir sus primeras óperas, empezando por el Holandés, Tannhäuser y Lohengrin. ¡Qué preciosa herencia se ha perdido el mundo! Porque esas primeras obras, inestimables ya en su forma actual, retocadas por la magia del gran maestro vidente de Tristán, de El Anillo y de Parsifal, hubieran supuesto un regalo más allá de toda medida.

15.- El Holandés Errante se lo inspiró a Wagner una experiencia propia vivida en el Mar del Norte. Durante tres semanas, el pequeño navío en el que había tomado pasaje, fue agitado por una tempestad que les obligó, finalmente, a protegerse en un desolado puerto de Noruega, un pueblecito llamado Sandvike. Wagner escribió sobre el particular: “El paso a través de los estrechos me impresionó vivamente. La leyenda del Holandés Errante me fue confirmada por los marinos y las circunstancias le dieron en mi mente un color y unas características distintas”.

La atmósfera del lejano país norteño, envuelto en místico silencio y en una sensación de inminente amenaza, campea a lo largo de toda la obra.

En 1.841 Wagner alquiló una pequeña casita en París y, en siete semanas reescribió el libreto y compuso toda la ópera, excepto la obertura. En su autobiografía dice: ”Con el fin de aclarar mis ideas sobre la composición, alquilé un pianoforte, pues, tras un alejamiento de nueve meses de toda producción musical, necesitaba comprobar si había dejado de ser músico. Empecé con el Coro de los Marineros y el Canto de la Hilandería. Algo revoloteó sobre mí y yo grité de alegría: Había sentido en mi interior que aún era músico”. Y sigue: “Con el Holandés Errante comenzó mi carrera como poeta. Ya no era un escritor de libretos de ópera, era, sobre todo, un poeta y sólo cuando hube terminado el poema, volví a ser un músico. Pero, como poeta, había adivinado la fuerza que la música tenía para reforzar mis palabras”.

Con demasiada frecuencia la historia de la Humanidad se ha escrito con sangre. En El Holandés Errante hay una silenciosa e incruenta revolución, aunque no falta de dolor.

La plasmación, en su obra, de la tempestad en el salvaje Mar del Norte, fue la objetivización de su propia tormenta interior. Relatando la historia del Holandés Errante, Wagner alcanzó las profundidades de su ser y encontró allí una perla de gran valor.

16.- La leyenda del Holandés Errante, reelaboración de otra anterior, de tiempos inmemoriales, contiene elementos ilustrativos de las leyes cósmicas de la vida y el ser.

Narra que un capitán de barco holandés, al ver entorpecido por los vientos adversos el paso de su barco por el Cabo de Buena Esperanza, puso su propia voluntad por encima de la voluntad divina y juró terminar su viaje aunque todas las potencias del infierno intentasen detenerlo. Este atrevimiento se inscribió en los registros cósmicos y el Demonio, personificación de todas las fuerzas adversas de la naturaleza, aceptó el desafío. Como el bíblico adversario de Job, actuó como agente de la ley cósmica y descargó el castigo sobre el presuntuoso marino, condenándolo a navegar eternamente a través de los mares. Todos los puertos permanecerían cerrados e inaccesibles para él, salvo uno cada siete años, en el que podría desembarcar, durante un solo día, en busca de una mujer que lo amase, confiase en él y fuese tan constante en su amor como inconstantes eran los océanos. Sólo así alcanzaría su redención.

17.- Wagner que, como Goethe antes que él, se había interesado en los estudios ocultos y místicos, transformó esta fascinante historia en una alegoría mística del alma: El incesante ir y venir del Holandés, representa el viajar constante del Ego en ciclos de vida y muerte, que sólo terminarán cuando haya aprendido todas las lecciones. El mar representa las pulsantes y rítmicas corrientes de vida que, a veces, se convierten en tempestuosas y producen dolor y sufrimiento. El sonido del inquieto océano de la vida, hacia el que el alma es empujada de aquí para allá, en busca del puerto del Amor Eterno, constituye el tema dominante de la obra toda.

18.- Al terminar cada séptima encarnación, la Ley Cósmica garantiza una vida de tranquilidad y descanso. Es siempre una vida de relativo reposo y bienestar, en la que el alma puede contemplar pasadas pérdidas y ganancias y prepararse para el próximo ciclo. Es una encarnación en que el Ego está libre de pagar deudas kármicas, y no se ve compelido a aprender nuevas lecciones. Es sólo una vida de retrospección, recapitulación y asimilación por el espíritu, en forma de poder anímico, de las experiencias del pasado. Es un período sabático y libre, por tanto, de pruebas y de dolor.

Esto representa la manera normal de evolución. Sin embargo, la insistencia en perseguir el mal durante varias vidas, puede torcer el destino normal y colocar al Ego bajo el poder de los Hermanos de las Sombras, representados en esta leyenda por el demonio. En esa lamentable situación, como antes hemos dicho, el Ego se aleja cada vez más de las normas generales de la reencarnación. Y, si no es rescatado por la poderosa fuerza del amor, pierde gradualmente el contacto con su propia oleada de vida y es dirigido al Caos, donde esperará un nuevo impulso evolutivo al cual pueda incorporarse, e iniciar de nuevo otro ciclo de peregrinaciones entre la vida y la muerte.

Afortunadamente, no es corriente que todo esto suceda. La posibilidad de su existencia, sin embargo, la ratifica una serie de leyendas como Los Viajes de Ulises, El Judío y El Holandés Errantes, etc.

Pero “Dios es Amor… y Dios es Ley”. De acuerdo con el plan divino, para cada emergencia humana existe una vía de salvación, que reside en la Luz del verdadero Amor.

19.- Es curioso que Wagner no adopte nunca para sus obras leyendas en base sólo a su belleza o fantasía. Ello se debe a que la verdadera belleza siempre tiene sentido, mientras que la belleza externa, la que pertenece sólo a la vida física, pero está vacía, si no sintoniza con Dios, no vale la pena. Sólo la belleza que se exterioriza, proveniente del interior del alma, es verdadera porque es la encarnación, la revelación de la Inteligencia Divina. Y sólo podemos percibir la belleza de cada una de sus manifestaciones por medio de esa comprensión interna.

Wagner escogió, pues, como base de sus obras, temas que ilustran profundas verdades. Tocan todas las fases del progreso evolutivo y del desarrollo de la Humanidad. Tomadas en conjunto, las óperas de Wagner constituyen el más completo bosquejo de la evolución mediante la música, jamás revelado a nuestra raza.

20.- Sin duda, este método de desarrollo hubiera sido introducido en la Escuela de Música modelo que intentó establecer en Munich, y hubiera sido una adición posterior al trabajo ya realizado en Bayreuth. Con frecuencia dijo que Bayreuth estaba destinado a convertirse en el centro mundial del arte. Su muerte, casi tras el estreno de Parsifal, dio al traste con la esperanza de llevar a cabo su sueño de un Templo del Arte.

Su cumplimiento, sin embargo, sólo fue aplazado, no desechado. Una generación futura apreciará el verdadero valor de este vidente musical y su obra, y un mundo futuro verá el establecimiento de una escuela como Wagner la soñó y en la que, utilizando su música, se desarrollarán procesos definidos de desarrollo espiritual. Esto se hará paso a paso, como él hizo con sus sobras, con la música de cada situación, que contenía la nota clave del aspecto particular del alma a que se refería cada historia.

21.- La obertura del Holandés Errante es un sumario musical de toda la obra. Sombría en el tono, expresa tempestuosas emociones y anuncia una extraña y siniestra influencia. Dos principales motivos musicales subyacen a toda la partitura: La ansiosa y temeraria búsqueda del Holandés -tema del Océano- y el trascendentalmente hermoso de la Redención, que ilumina toda la obra. Al primero, interpretado por los cuernos, le sigue, generalmente, el tema de la Maldición, que persigue al marino, y expresa una curiosa disonancia con los instrumentos de madera. A medida que el barco avanza, se manifiestan las tormentas que lo combaten. De repente, los tonos menores cambian en mayores. El desgraciado marino ha percibido la visión de la mujer. Y esa visión indica el punto de giro de su vida y marca el principio de su ascenso, introduciendo el tema de la Redención. Cuando la obertura termina, el motivo del Holandés, hasta entonces cansado y lleno de tristeza, adopta el aspecto de alegre triunfo.

22.- La ópera está dividida en tres actos. En el primero, llamado La llegada del Buque Fantasma, y cuya música está dominada por la furia del mar, la acción es la siguiente: En una pequeña ensenada, próxima al pueblo noruego de Sandvike, atraca en espera de viento favorable el velero del capitán Daland, nativo de dicho pueblecito, en el cual le espera su hija Senta, a la que desea ardientemente reencontrar. A poco de descender Daland de su barco para observar su pueblo y su casa con el catalejo, se refugia en la misma ensenada un barco de mástiles negros y velas color rojo sangre, que es, precisamente, el buque fantasma, el del Holandés Errante, que desciende también y entabla conversación con Daland. El Holandés, vestido a la española, completamente de negro, tras maldecir su destino, recordar que ha buscado la muerte en todos los martes pero la maldición que le persigue le impide morir, y clamar por la destrucción de la Tierra, le ruega a Daland que lo acoja por una noche en su casa y, a cambio, lo llenará de tesoros, de los que le muestra una parte. Le pregunta, además, si tiene una hija soltera, pues desea casarse y necesita una mujer que lo quiera y le sea fiel hasta la muerte, único medio de librarse de la maldición de que es víctima, a lo que Daland contesta que sí, que su hija es hermosa y honesta y obediente y fiel, y le promete que la casará con él.

Esa destrucción de la Tierra por la que el Holandés clama es lógica, sabiendo que se trata de un espíritu “pegado a la Tierra” y, por tanto, inmortal en su permanencia en ella y que sólo morirá cuando la Tierra misma muera. No se trata de la muerte del espíritu, que es inmortal, sino del alma, del extracto de las experiencias terrenas, que son las que le dan al espíritu la conciencia de su identidad.

El encuentro entre Daland y el Holandés era inevitable. Las riquezas de éste, que no disfruta y desprecia, el afán de dinero de aquél, la necesidad de redención de éste y la existencia de un alma, llena de amor, de verdadero amor, dispuesta a ofrecerse, son elementos que, necesariamente tenían que interactuar.

En su aplicación a la vida humana, pues, este acto trata sobre los trabajos de la Ley de Retribución, tal como opera en alguien que ha puesto su voluntad por encima del al Voluntad Divina.

23.- El segundo acto, denominado del Reconocimiento, presenta la casa de Daland, donde su hija Senta y unas compañeras hilan y cantan. Senta, sin embargo, está absorta contemplando un cuadro colgado en la pared y que representa al Holandés Errante, historia conocida de la gente de mar. Siente por el pobre condenado una compasión que nada puede mitigar y se promete a sí mismas y a sus compañeras que, si tuviera ocasión, ella lo redimiría de su condena eterna. Existe, sin embargo, un enamorado de Senta, el cazador Erik, al que su padre rechaza porque es pobre, pero que la quiere y al que ella no se ha mostrado indiferente, aunque su obsesión por el Holandés ha sobrenadado siempre en sus sentimientos -caso típico de la proyección hacia delante de la sombra de un acontecimiento futuro- y continúa obsesionándola, con una seguridad extraña en que ella es la predestinada para esa misión redentora.

Erik llega de un viaje, va a casa de Senta a verla y le narra que ha tenido un sueño según el cual ella le abandonaba. Ella insiste, una vez más en su obsesión y él se va con la casi certeza de haberla perdido.

Los momentos mágicos de la obra se encuentran, precisamente, en este segundo acto y son: el canto de las doncellas hilando, que simboliza la trama de la vida, que nos une con personas y cosas inesperadas, y el éxtasis de Senta, cuando siente que ella será la elegida para redimir al Holandés. El propio Wagner escribió sobre este pasaje:

“Contiene el principal valor psicológico de la obra. Fue como la expresión de todo el drama, tal y como yo lo sentía en mi alma”.
 
En la última escena de este acto, entran en la habitación Daland y el Holandés, quedando, tanto éste como Senta, en silencio, observándose. Daland expone a su hija la promesa de matrimonio que ha hecho al primero y ella acepta. Cantan un dúo que significa que ha comenzado la transmutación de la naturaleza inferior en espíritu y, tomados de la mano, se juran eterna fidelidad.
 
En su aplicación a la vida humana, este segundo acto revela cómo, mediante sufrimientos y remordimientos, la naturaleza superior -la mujer- es descubierta y reconocida a primera vista.

24.- El tercer acto describe la probación de Senta, la joven doncella, fiel a su promesa hasta la muerte y más allá. Esta parte de la obra se llama El Pacto Inmortal. En su aspecto humano, este tercer acto muestra la indisoluble unión entre la vida humana y la vida divina. Y que la consecución de esa unión es el objetivo de todas las encarnaciones terrestres. Una vez conseguida, resiste el tiempo, el espacio y cualesquiera circunstancias. Y la muerte no tiene poder sobre ella, porque pertenece a lo eterno.

 La acción se desarrolla a la orilla del muelle en el que están los dos barcos. La tripulación de Daland festeja la llegada y la próxima boda, mientras que el barco y la tripulación del Holandés permanecen con las luces apagadas y en completo silencio.

Erik intenta recuperar a Senta y, durante esa conversación, Senta le dice: “No puedo seguir pensando en ti, pues siento una llamada superior”, e insiste en que ella será fiel hasta la muerte a su prometido. Éste aparece y, al verla con Erik, se cree burlado y, subiendo a su barco, zarpa rápidamente. Senta intenta impedirlo, retenida por Daland y Erik, pero ella se libra de sus brazos y, dirigiéndose al acantilado, se arroja al mar en busca de su amor exclamando: “La vida no tiene sentido para mí si tú no eres redimido”. El barco fantasma se hunde lentamente y, en el cielo del fondo, aparece el Holandés abrazando a Senta, ambos rodeados de un halo de luz


EL ALFABETO SAGRADO

 
1. Generalidades.

El hebreo se clasifica entre las lenguas semíticas. Para la lingüística corriente, el hebreo constituye la rama cananea de las lenguas semíticas del Noroeste, junto con el moabita, el fenicio y el ugarítico. La palabra «semítico» designa lo perteneciente a los semitas, o sea a los pueblos descendientes de Sem, uno de los tres hijos de Noé.

Sin embargo, desde el punto de vista de una lingüística más rigurosa, no debería darse al hebreo el calificativo de «semítico», pues ello no es acorde a los datos de los textos bíblicos. En efecto, según éstos, el hebreo es denominado sefath Canaán, «la lengua de Canaán». Y Canaán, como Kush, el ancestro de los etíopes cuya lengua también se denomina «semítica», figura en la Biblia entre los descendientes de Cam, otro de los hijos de Noé, y  no de Sem. Así, de acuerdo con el relato bíblico, el hebreo es considerado como una lengua «camítica» y no «semítica» (Cf. Génesis, 9, 18: We’Ham hou avî Kenâ’an (Cam era el padre de Canaán), y también en Génesis, IX: 22: ‘Ham avî Kenâ’an)

El alfabeto hebreo está integrado por veintidós letras consonantes, repartidas en la forma siguiente:

— Tres letras «madres»: Aleph, Mem, Sin.

— Siete letras «redobladas»: Beth, Guimel, Dalet, Kaf, Pe, Res, Tav.

— Doce letras «simples»: He, Vav, Zayin, Jet, Tet, Yod, Lamed, Nun, Samek, Ain, Sade, Qôf.
 
Dos letras mudas pueden ser vocalizadas si así se indica por medio de puntos, la primera, Aleph, y la decimosexta, Ain.

La ausencia de vocales se compensa por la adición de puntos (o trazos) colocados arriba, abajo o en el mismo cuerpo de las letras.

Las letras hebraicas poseen un valor numérico propio, independiente de su rango de sucesión. Así, por ejemplo, si bien la primera, Aleph, vale uno, la última, Tav, vale cuatrocientos.

Los puntos que indican vocales no modifican en ningún caso el valor numérico de la letra. Por el contrario, la posición terminal de algunas consonantes (Kaf, Mem, Nun, Pe y Sade) implica un cambio de forma en dichas letras, y puede modificar su valor numérico.
 
Se admite por lo general, y el gramático Yahudah ben David Chayug no deja de confirmarlo, que las palabras hebraicas están compuestas por raíces de tres letras. Sin embargo, el diccionario hebreo Makhbéret, redactado hacia el año 960 por Menahem ben Saruk, admite la existencia de raíces de una o dos consonantes.
 
Dada la estructura y la articulación ontonumeral del alfabeto hebraico, se hace posible que el orden de las consonantes varíe en dos palabras diferentes, pero éstas sigan conservando un significado idéntico.

Así, por ejemplo, en las palabras Michpat (juicio, justicia) y Chôfetîm (jueces), se observa, a pesar de su evidente diferencia fonética, un radical común. Por otra parte, las palabras de distintas consonantes, pero de valores correspondientes, poseen también un radical ontológico idéntico. Si vemos, por ejemplo, que la letra Guimel tiene por valor numérico 3, Lamed 30 y Sin 300, las palabras Guéchem (lluvia), Chalom (paz) y Chémech (sol), observan las tres un mismo significado ontológico. En efecto, las tres palabras tienen en común las letras Sin y Mem; en cuanto a la letra Guimel en Guéchem, Lamed en Chalom y la última Sin de Chémech, tienen igualmente un mismo significado. Así pues, estas tres palabras poseen en hebreo un mismo radical ontológico y tienen un mismo significado común: fecundación (por Mem). La lluvia es así fecundante, como también el sol y la paz. Dice Rachi en su comentario sobre el Pentateuco (Éxodo, XXII: 2), que «El sol es por sí mismo paz para el mundo».
 
2. Simbolismo del Lenguaje.

El Maestro del Todo ha creado el mundo de acuerdo a la Ley de Sabiduría y sus setenta y tres puertas. Luego Él ha grabado mediante tres Sefarim, con los diez Sephiroth belimah y las veintidós letras del alfabeto sagrado.

Las veintidós letras fundamentales han sido combinadas de acuerdo a su peso y dispuestas en una rueda que tiene doscientas treinta y una puertas. El Maestro del Todo hace girar la rueda hacia adelante y hacia atrás. Tal es el simbolismo del lenguaje.

Es a partir de las veintidós letras fundamentales que el Maestro del Todo, El Schaddaï, ha hecho todo cuanto ha sido hecho.

3. El Alfabeto Sagrado según el Tratado de la Formación.

Tres letras «madres»: Aleph, Mem, Sim, fundamentadas sobre plataformas de clemencia y de rigor, y en el lenguaje, que obra como ley decisiva entre ambos.

Veintidós letras grabadas, talladas, pesadas y entrecruzadas.

Veintidós letras fundamentales grabadas por la voz, talladas por el aliento fijadas por la boca en cinco regiones.

— Sobre la garganta: Aleph, He, Jet, Ain

— Sobre los labios: Beth, Vav, Mem, Pe;

— Sobre el paladar: Guimel, Yod, Kaf, Qôf;

— Sobre la lengua: Dalet, Tet, Lamed, Nun, Tav;

— Sobre los dientes: Zayin, Samek, Sin, Res, Sade.
 
Veintidós letras fundamentales fijadas en un círculo.

Así han sido pesadas y entrecruzadas. Aleph con todas y todas con Aleph, Beth con todas y todas con Beth, formando una circunferencia donde se encuentra todo cuanto ha sido hecho y hablado por obra del Nombre, que es Uno.

Él ha formado lo real a partir del caos primordial y ha hecho de su No-Ser su anterior estado. Ha esculpido enormes e inaccesibles columnas de aire. Y éste es el signo del vidente; por conversión ha hecho todo lo que tiene forma y todas las palabras. El Nombre que es Uno y la señal de la palabra: veintidós elementos en un solo cuerpo.
 
Tres letras madres: Aleph, Mem, Sin. Grande y extraordinario secreto, guardado y sellado por seis sellos, de donde han salido fuego y agua, repartidos en masculino y femenino.

Tres letras madres fundamentales, de donde han nacido los padres por los cuales fue creado el todo.

Tres letras madres, Aleph, Mem, Sin, aire, agua y fuego en el universo. Los cielos fueron creados a partir del fuego y la tierra a partir del agua. El aire constituyó el principio decisivo entre el fuego y el agua.

Tres letras madres, en un ciclo de fuego, agua y aliento primordial. Calor creado a partir del fuego, frío a partir del agua, y saturación a partir del aliento decisivo entre los dos principios.

Tres letras madres, Aleph, Mem, Sin, diseñadas, grabadas, esculpidas y selladas con: tres madres en el universo, tres madres en el ciclo y tres madres en el ser vivo masculino y femenino.

Él hizo que reinara la letra Aleph por medio de su soplo, y le dio una corona. Luego combinó las letras entre sí y selló por medio de ellas: en el aire en el universo, la saturación en el ciclo y el cuerpo en los seres vivos, en sus dos modalidades: masculino con Aleph, Mem, Sin, y femenino con Aleph, Sin, Mem. (Las letras Aleph, Sin, Mem, en ese orden, forman la palabra âshâm, que significa falta, pecado, culpabilidad.)

Él hizo que reinara la letra Mem por el agua, y le dio otra corona, combinando luego una y otra, y por medio de ellas selló: la tierra en el universo, el frío en el ciclo y el vientre en los seres vivos de ambos sexos, en el masculino con Mem, Aleph, Sin, y en el femenino con Mem, Sin, Aleph. (Mem, Sin, Aleph forman la palabra massâ, o sea, fardo.)

Él hizo reinar la letra Sin por el fuego, y le dio su corona para sellar por la combinación de ambas: los cielos en el universo, el calor en el ciclo y la cabeza en los seres vivos de ambos sexos.
 
Siete letras redobladas: Beth, Guimel, Dalet, Kaf, Pe, Res y Tav, cada una con doble pronunciación, fundamentadas sobre la vida y la paz, la sabiduría y la riqueza, que son también semilla y poder. En cada letra se puede dar una doble pronunciación: Beth-Vet, Guimel-G’uimel, Dalet-D’alet, Kaf-Haf, Pe-Phé, Res-R’ech, Tav-Thav; siete letras construidas para ser duras o delicadas, fuertes o débiles, redobladas mediante permutaciones; permutación vida-muerte, paz-mal, sabiduría-locura, riqueza-miseria, gracia-fealdad, siembra-desolación, dominio-esclavitud.

Siete letras redobladas, siete y no seis, siete y no ocho. Por su conducto se llega a la verificación, por su búsqueda al cálculo y a la firmeza de la roca, a la palabra cercana a su creador y al restablecimiento del principio informante en lo formado.

Siete letras redobladas: Beth, Guimel, Dalet, Kaf, Pe, Res y Tav, de cara a siete extremos o lados, de los cuales seis constituyen lo alto y lo bajo, el Oriente y el Occidente, el Norte y el Sur, y el palacio sagrado orienta al centro y constituye todo.

Siete letras redobladas, que han sido grabadas, talladas y combinadas entre sí para formar las estrellas del universo, los días en el año y las puertas en el alma. Por ellas se han grabado siete firmamentos y siete tierras, lo mismo que siete sábados. Por ello el septenario ha sido amado bajo todos los cielos.

Mediante la vida, Él hizo reinar la letra Beth, y le dio una corona, con la cual formó a Saturno en el universo, el día primero del año, y el ojo derecho en todos los seres vivientes.

Él hizo reinar la letra Guimel y le dio su corona para formar: a Júpiter en el universo, el segundo día en el año, y el ojo izquierdo en todo ser viviente.

Él hizo reinar la palabra Dalet, y le dio una corona con la cual formó a Marte en el universo, el tercer día en el año, y la oreja derecha en todo ser vivo.

Él hizo reinar la letra Kaf, y le dio una corona para formar el sol en el universo, el cuarto día en el año, y la oreja izquierda en todo ser viviente.

Él hizo reinar la letra Pe, y le dio una corona para formar a Venus en el universo, el quinto día en el año, y la ventanilla nasal derecha en todo ser viviente.

Él hizo reinar la letra Res, y le dio una corona para formar a Mercurio en el universo, el sexto día en el año, y la ventanilla nasal izquierda en todo ser viviente.

Él hizo reinar la letra Tav, y le dio una corona para formar la luna en el universo, el día séptimo en el año, y la boca en los seres vivientes.

Siete letras redobladas, que al entrar en combinación semejan a dos piedras que levantan dos casas, tres que levantan seis, cuatro que levantan veinticuatro, cinco que levantan ciento veinte, seis que levantan setecientas veinte, y siete que levantan cinco mil cuarenta casas.

En adelante, la cuestión importante es: ¿Por qué la boca no puede hablar y la oreja no puede oír?

He aquí siete planetas en el universo: Sol, Venus, Mercurio, Luna, Saturno, Júpiter, Marte. He aquí los siete días del año, los siete días del ciclo primordial, y he aquí las siete puertas del ser viviente, dos ojos, dos oídos, dos ventanillas nasales y la boca. Por ellas fueron grabados siete firmamentos, siete tierras y siete tiempos. Por ello el septenario ha sido amado por todo lo que se halla bajo los cielos.
 
Doce letras simples: He-Vav, Zayin-Jet, Tet-Yod, Lamed-Nun, Samek-Ain, Sade-Qôf. Fundamentos de vista, oído, habla, gusto, cohabitación, acción, movimiento, cólera, risa, meditación, sueño; medidas de doce límites en diagonal: límite oriental-norte, oriental-sur, oriental-bajo, oriental-alto; norte-alto, norte-bajo; occidental-sur, occidental-norte, occidental-alto, occidental-bajo; sur-alto, sur-bajo. Estas medidas están trazadas y extendidas de eternidad a eternidad y constituyen los brazos del mundo.

Doce letras simples, grabadas, pesadas, talladas, combinadas y entrelazadas. Por ellas se han formado doce constelaciones en el mundo. Signo: Tet-Sin-Tav, Samek-Aleph-Beth, Mem-Ain-Qôf, Guimel-Dalet-Dalet.

(Estas letras son iniciales en hebreo de los nombres de las doce constelaciones del Zodíaco:

          Tet               — Táleth               Aries

          Sin               — Schôr                Tauro

          Tav              — Th’ômim          Géminis

          Sámek         — Sartân              Cáncer

          Aleph           — Arieh                Leo

          Beth             Betulah            Virgo

          Mem            Móznaïm          Libra

          Ain               Aqrâv               Escorpión

          Qôf              Quécheth          Sagitario

          Guimel        Guedî               Capricornio

          Dalet           Delî                  Acuario

          Dalet            — Dâguîm            Piscis

También se han formado por ellas los doce meses del año, Nissâm, Iyâr, Sîvân, Tamuz, Av, Eloul, Tishri, Mar’heschuân, Kîslev, Tevet, Sevât, Kadâr, y doce dirigentes dentro del ser vivo: dos manos y dos pies, dos riñones, bazo, hígado, bilis, estómago, dos intestinos. (Dos extraños y dos alegres, dos consejeros y dos consultas, dos carnívoros y dos cazadores) (Juegos de palabras cabalísticos entre loazîm y alîzîm, entre yoetzîm y yiutsim, entre torfim y tsayadim)

Tres letras madres, de las cuales han salido tres padres y se han formado el fuego, el agua y el aliento. Tres madres, siete redobladas y doce simples.

Tales son las veintidós letras, que tienen en yh, yhvh, Tsevaot, Elohîm, Vida, Dios de Israel, elevado y exaltado, morada de eternidad, su fundamento secreto. Santo es su alto Nombre y Él es Santo.
 
Tres padres y sus generaciones, siete estrellas y sus ejércitos y doce límites en diagonal, y la prueba en la palabra. Testigos fieles: mundo, ciclo anual, ser viviente, Ley, doce, siete y tres, en combinación funcional con el Dragón (Thalî), la rueda y el corazón.

Tres: Fuego, agua y aliento. Fuego en lo alto, agua en lo bajo y el aliento obrando como ley decisiva entre los dos. Signo de la palabra: el fuego lleva el agua. Mem silenciosa, Sin silbada, y Aleph, ley decisiva entre ambas.

El Dragón (Thalî) se encuentra en el mundo como rey en su trono. La rueda en el ciclo anual como un gobernante en sus estados. El corazón en los seres vivos, como rey en la guerra. Todo se mueve, esto al frente de aquello, y es obra de Elohîm. El bien frente al mal, el bien del bien y el mal del mal, el bien prueba el mal y el mal prueba el bien, bien guardián de los males y mal guardián de los bienes.

Tres. Cada uno se mantiene solo. Siete divide, tres frente a tres y la ley decisiva entre ambos. Doce se encuentran en guerra: tres amigos, tres enemigos, tres entre los vivos, tres entre los muertos.

Tres amigos: el corazón, la oreja y la boca. Tres enemigos: el hígado, la bilis y la lengua. Y Él, Rey fiel, rige sobre el todo. Uno por encima de tres, tres por encima de siete, siete por encima de doce, todas ellas íntimamente vinculadas entre sí.

Y al venir Abraham el Hebreo —que descanse ahora en paz—, el Maestro de Todo —sea bendito su Nombre— estableció con él su Alianza, y le entregó las veintidós letras sobre su lengua y le reveló su fundamento. Él las lavó con el agua, las quemó con el fuego, las agitó con el soplo, las consumió por el septenario y las gobernó por las doce constelaciones.

 

domingo, 4 de febrero de 2018

LA CÁBALA Y LA TORAH


La luz reveladora, creativa y redentora del Ser divino es, por decirlo así, "refractada" a través del "prisma" causal de sus aspectos, los Sefiroth dentro de la indefinida multitud y variedad de la manifestación universal.
 
La inmensa jerarquía de grados ontocosmológicos que todos ellos contienen, está establecida por esta "refracción de la luz divina, estos grados están recapitulados en los cuatro "mundos" (olamin), que son: olam ha'atsiluth, el trascendente "mundo de la emanación", que es el de los Sefiroth; olam ha'beriyah, el ideal o espiritual "mundo de la creación", lleno de la propia divina inmanencia (shekhirah), olam ha'yetsirah, el sutil "mundo de la formación" habitado por ángeles, genios y almas: y olam ha'asiyah: el sensóreo y corporal "mundo de los hechos concretos".
 
La emanación trascendente una y única de los Sefiroth desciende, como inmanencia puramente espiritual y supraformal, hacia los dos mundos inferior. (el sutil y el corporal) donde es "recibida" y expresada en diferentes formas por la naturaleza múltiple de la existencia cósmica.
 
La unidad Sefirótica aparece allí como una década de arquetipos, generando miríadas de efectos existenciales, cada uno de los cuales está ligado, a través de la jerarquía universal, con su propia causa o Sefirah que lo une a la entidad indivisible de los aspectos divinos: el Uno.
 
Aquel que es la unidad o infinitud de los Sefiroth, está reflejado en todos los niveles cósmicos y en todas las formas posibles, formas que se cruzan entre sí, se oponen unas a otras, se interconectan, se armonizan y se unen una vez más en él, que es el origen común. Una creación lo expresa bajo el aspecto de un Sefírah, otra bajo algún otro aspecto; pero en realidad todas las cosas manifiestan todos los Sefiroth simultáneamente, cada una de ellas bajo la luz de su propio arquetipo.
 
Lo que es más: una emanación o manifestación divina que un ser creado experimenta como misericordia, puede ser experimentada por otro como rigor, lo que depende de la "relación" existente entre uno u otro ser y la causa divina. Dios es gracia en un sentido, severidad en otro, y lo mismo ocurre en cuanto a todas sus cualidad. causales; son manifestadas en todos los niveles y en todos los estados de existencia en una indefinida variedad de formas, aunque él, en sí mismo, es eterna e infinitamente el Uno, el Inmutable.

"...Cuando él demuestra su poder de reinar sobre la totalidad de su creación, apareciendo, por lo tanto, a cada una de sus criaturas según la capacidad que cada una de ellas tiene de comprenderlo... a fin de que pueda ser conocido por sus atributos, y percibido separadamente en cada atributo... para que pueda ponerse de manifiesto que el mundo (diferenciado) está sustentado en la piedad y la justicia (las dos cualidades del 'señorío' que incluyen todas las demás) de acuerdo con las iras (y las buenas o malas actitudes) de los hombres... Pero Ay! del hombre que pretenda comparar al Señor (Su esencia absoluta) con cualquier atributo (especifico) (existente sólo desde el punto de vista de la dualista 'ilusión' cósmica), aún con cualquiera que le sea propio, y mucho menos con cualquier forma humana creada, 'cuanto más los que habitan morada de barro' (Job, 4:19)" ...
 
La única concepción del Señor, bendito sea él, que el hombre puede atreverse a componer es la de su soberanía sobre cualquier atributo en particular, o sobre la creación como un todo. Y si no lo percibimos bajo aquellas manifestaciones, no nos queda en él atributo, ni similitud, ni forma (en su pura e ilimitada mismidad); así como el mar, cuyas aguas no tienen forma ni tangibilidad en sí mismas, sino sólo cuando se vuelcan en una cierta vasija que es la tierra" (Zohar, Bo. 42b).

Dios, en su realidad pura, es absolutamente no-dual y la multitud de sus aspectos o emanaciones, cualquiera sea su cualidad respectiva, existe sólo a la vista de lo emanado, que está en un estado de "separación" relativa e ilusoria. Esto es de aplicación al ser humano colectiva e individualmente, que experimenta su propia esencia increada e infinita sólo por intermedio de los Sefiroth más bajos, cuya inmanencia divina o "gloria" cuida de los seres creados "como la madre cuida de sus hijos".
 
De este modo el Zohar (loe. cit.) dice:

"Si la brillantez de la gloria del Señor, bendito sea su nombre, no hubiera sido derramada sobre la totalidad de su creación, ¿cómo podría él haber sido percibido siquiera por los sabios? Hubiera seguido siendo (totalmente) inaprehensible, y las palabras "La Tierra entera está llena de su gloria" (Isaías, 6:3) jamás podrían haber sido pronunciadas con verdad".
 
Pero mientras más se acerca el hombre a su pura y divina esencia, más experimenta la unidad intrínseca en todas las emanaciones de los Sefiroth; pues esta unidad no es otra que la esencia del hombre, el "yo" supremo. "Todas las gradaciones (Sefiróticas) y todos los miembros (existenciales) (de la única realidad) fueron juntados allí, y se convirtieron en él en uno, sin ninguna separación" (Zolier. Bereshit, 18a).

La realidad objetiva de los Sefiroth, su infinitud indivisible, su unidad ilimitada, denotan que cada aspecto divino está identificado con la totalidad de Dios, y por lo tanto, con todos en un mismo tiempo, determinación y unidad de realidad; mientras que, en la existencia dual y creada, las mismas realidades se reflejan distintas e interrelacionadas.

Sólo dentro de la creación existe una efectiva separación y una secuencia de posibilidades, es decir, una jerarquía determinada en la cual toda realidad incluye, en forma determinante o activa, aquellas que proceden de ella y, en forma receptiva o pasiva, aquellas de las que emanó. No obstante eso, desde que lo visible no es más que el reflejo de lo invisible", el "orden inferior" necesariamente corresponde al "orden superior", en el que la filiación de posibilidades, como se he señalado anteriormente, está establecida en forma meramente ideal y en principio únicamente en "pensamiento divino", el cual trasciende todos los conceptos racionales y dualistas. En otras palabras, la diferenciación y relaciones que caracterizan la secuencia causal de la jerarquía cósmica son potenciales en el mundo de los Sefiroth, como determinación pura y unidad ontológica de todas las cosas.
 
La separatividad existencial de las cosas se actualiza únicamente en una forma limitada y transitoria, y gracias a la concatenación universal, regresa a la unidad primigenia, el "punto supremo" del que provino."

Desde este punto (causal) (hasta el estado más inferior de existencia), hay extensión tras extensión, formando cada una de ellas una vestidura (manifestación, efecto o 'envoltura') para la otra, relacionados como la de la membrana y el cerebro (simbolizando la causa, el centro o el arquetipo) entre sí. Aún cuando es una vestidura (en relación con la expansión precedente que es su causa inmediata), cada etapa (emanación o manifestación) se convierte en cerebro (principio) para la próxima etapa, (que es su efecto); todas las cosas son por lo tanto 'cerebro' o principio para lo que les es inferior, y 'envoltura' o manifestación para lo que les es superior" (Zohar, Bereshith Ice).

De este modo los Sefiroth mismos parecen estar envueltos uno dentro del otro, en su orden jerárquico, y tan estrechamente relacionados entre sí que no puede percibirse nada que no sea un principio único total. En realidad su unidad es indivisible, son la totalidad de los poderes divinos, que solo se expresan en sus aspectos específicos cuando se ponen de manifiesto dentro de la separatividad cósmica.


Todas las manifestaciones diferenciadas, todas las variedades de las cosas, son sólo los efectos y las "envolturas.' simbólicas de los Sefiroth, están ordenadas y ligadas entre sí por los Sefiroth y son reabsorbidas en ellos, en su unidad, que es la causa una y universal, el Dios único.
 
 


 

LOS MISTERIOS DE LA LETRA NÛN

 
La letra nûn, en el alfabeto árabe como en el hebreo, tiene por número de orden 14 y por valor numérico 50; pero además, en el árabe, ocupa un lugar más particularmente notable, el central del alfabeto, pues el número total de letras del alfabeto árabe es de 28, en lugar de 22 como en el hebreo.
 
En cuanto a sus correspondencias simbólicas, esta letra es considerada sobre todo, en la tradición islámica, como representación de el-Hût, la ballena, lo que está además de acuerdo con el sentido original de la palabra nûn que la designa, y que significa también ‘pez’; y en razón de este significado, Seyyîdnâ Yûnus (el profeta Jonás) es denominado Dhû-n-Nûn [‘Señor del Pez’].
 
Esto está, naturalmente, en relación con el simbolismo general del pez; especialmente, como veremos, con el del “pez-salvador”, ya sea éste el Matsya-avatâra de la tradición hindú o el Ikhthys de los primeros cristianos. La ballena, a este respecto, desempeña también el mismo papel que en otras partes desempeña el delfín, y, como éste, corresponde al signo zodiacal de Capricornio en cuanto puerta solsticial que da acceso a la “vía ascendente”; pero quizá con el Matsya-avatâra es más notable la similitud, como lo muestran las consideraciones derivadas de la forma de la letra nûn, sobre todo si se las relaciona con la historia bíblica del profeta Jonás.

Para comprender bien de qué se trata, es menester ante todo recordar que Vishnu, manifestándose en la forma de pez (Matsya), ordena a Satyávrata, el futuro Manu Vaivásvata, construir el arca en la que deberán encerrarse los gérmenes del mundo futuro, y que, con esa misma forma, guía luego el arca sobre las aguas durante el cataclismo que marca la separación de los dos Manvántara sucesivos. El papel de Satyávrata es aquí semejante al de Seyyîdná Nû (Noé), cuya arca contiene igualmente todos los elementos que servirán para la restauración del mundo después del diluvio; poco importa, por lo demás, que la aplicación efectuada sea diferente, en el sentido de que el diluvio bíblico, en su significación más inmediata, parece señalar el comienzo de un ciclo más restringido que el Manvántara: si no es el mismo suceso, se trata al menos de dos sucesos análogos, en que el estado anterior del mundo se destruye para dejar lugar a un nuevo estado.
 
Si ahora comparamos la historia de Jonás con lo que acabamos de recordar, vemos que la ballena, en vez de desempeñar únicamente el papel de pez conductor del arca, se identifica en realidad con el arca misma; en efecto, Jonás permanece encerrado en el cuerpo de la ballena, como Satyávrata y Noé en el arca, durante un período que es también para él, si no para el mundo exterior, un período de “oscurecimiento”, correspondiente al intervalo entre dos estados o dos modalidades de existencia; también aquí, la diferencia es secundaria, pues las mismas figuras simbólicas son siempre de hecho susceptibles de una doble aplicación: “macrocósmica” y “microcósmica”. Sabido es, además, que la salida de Jonás del seno de la ballena se ha considerado siempre como símbolo de resurrección, y por ende de paso a un estado nuevo; y esto debe ponerse en relación, por otra parte, con el sentido de “nacimiento” que, en la Cábala hebrea especialmente, se vincula con la letra nûn y debe entenderse en sentido espiritual, como un “nuevo nacimiento”, es decir, como una regeneración del ser individual o cósmico.

Es lo que indica muy netamente la forma de la letra árabe nûn: esta letra está constituida por la mitad inferior de una circunferencia y por un punto que es el centro de ella. Ahora bien; la semicircunferencia inferior es también la figura del arca que flota sobre las aguas, y el punto que se encuentra en su interior representa el germen contenido o encerrado allí; la posición central del punto muestra, por lo demás, que se trata en realidad del “germen de inmortalidad” del “núcleo” indestructible que escapa a todas las disoluciones exteriores.
 
Cabe notar también que la semicircunferencia, con su convexidad vuelta hacia abajo, es uno de los equivalentes esquemáticos de la copa; como ésta, tiene, pues, en cierto modo, el sentido de una “matriz” en la cual se encierra ese germen aún no desarrollado, y que, como veremos en seguida, se identifica con la mitad inferior o “terrestre” del “Huevo del Mundo”. Según este aspecto de elemento “pasivo” de la transmutación espiritual, el-Hût es también, en cierta manera, la figura de toda individualidad, en tanto que ésta porta el “germen de inmortalidad” en su centro, representado simbólicamente como el corazón; y podemos recordar a este respecto las relaciones estrechas, que ya hemos expuesto en otras ocasiones, existentes entre el simbolismo del corazón, el de la copa y el del “Huevo del Mundo”.
 
El desarrollo del germen espiritual implica que el ser sale de su estado individual y del medio cósmico que es el dominio propio de ese estado, así como al salir del cuerpo de la ballena Jonás “resucita”; y, si se recuerda lo que hemos escrito antes, se comprenderá sin esfuerzo que esta salida es también la misma cosa que la salida de la caverna iniciática, cuya concavidad está igualmente representada por la de la semicircunferencia del nûn. El “nuevo nacimiento” supone necesariamente la muerte al estado anterior, ya se trate de un individuo o de un mundo; muerte y nacimiento o resurrección, son dos aspectos mutuamente inseparables, pues no constituyen en realidad sino las dos faces opuestas de un mismo cambio de estado.
 
El nûn en el alfabeto árabe, sigue inmediatamente al mîm, que entre sus principales significaciones tiene la de muerte (el-mawt), y cuya forma representa al ser completamente replegado sobre sí mismo, reducido en cierto modo a una pura virtualidad, a lo cual corresponde ritualmente la actitud de la prosternación; pero esta virtualidad, que puede parecer una aniquilación transitoria, se hace en seguida, por la concentración de todas las posibilidades esenciales del ser en un punto único e indestructible, el germen mismo de donde saldrán todos sus desarrollos en los estados superiores.

Conviene señalar que el simbolismo de la ballena no tiene solamente un aspecto “benéfico”, sino uno “maléfico” también, lo cual, aparte de las consideraciones de orden general sobre el doble sentido de los símbolos, se justifica más particularmente por su conexión con las dos formas: muerte y resurrección, bajo las cuales aparece todo cambio de estado según que se lo encare de un lado o del otro, es decir, con relación al estado antecedente o al estado consecuente. La caverna es a la vez un lugar de sepultura y un lugar de “resurrección”, y, en la historia de Jonás, la ballena desempeña precisamente este doble papel; por otra parte, ¿no podría decirse que el Matsya-avatâra mismo se presenta primero con la apariencia nefasta de anunciador de un cataclismo, antes de convertirse en el “salvador” de él?
 
Por otra parte, el aspecto “maléfico” de la ballena se halla manifiestamente emparentado con el Leviatan hebreo; pero está representado sobre todo, en la tradición árabe, por los “hijos de la ballena” (benât el-Hût), que, desde el punto de vista astrológico, equivalen a Râhu y Ketu (Nombre de dos Ásura (“demonios”) relacionados con los eclipses) en la tradición hindú, especialmente en lo referente a los eclipses, y de quienes se dice “que se beberán el mar” el último día del ciclo, ese día en que “los astros se levantarán por Occidente y se pondrán por Oriente”. No podemos insistir más sobre este punto sin salirnos enteramente de nuestro tema; pero debemos al menos llamar la atención sobre el hecho de que aquí se encuentra otra relación inmediata más con el fin del ciclo y el cambio de estado consiguiente, pues ello es muy significativo y aporta una nueva confirmación de las precedentes consideraciones.

Volvamos ahora a la forma de la letra nûn, que da lugar a una observación importante desde el punto de vista de las relaciones existentes entre los alfabetos de las diversas lenguas tradicionales: en el alfabeto sánscrito, la letra correspondiente, na, reducida a sus elementos geométricos fundamentales, se compone igualmente de una semicircunferencia y de un punto; pero aquí, estando la convexidad vuelta hacia lo alto, es la mitad superior de la circunferencia, y no ya su mitad inferior, como en el nûn árabe. Es, pues, la misma figura colocada en sentido inverso, o, para hablar con más exactitud, son dos figuras rigurosamente complementarias entre sí; en efecto, si se las reúne, los dos puntos centrales se confunden, naturalmente, y se tiene el círculo con el punto en el centro, figura del ciclo completo, que es a la vez el símbolo del Sol en el orden astrológico y el del oro en el orden alquímico.
 
Así como la semicircunferencia inferior es la figura del arca, la superior es la del arco iris, el cual es el análogo de aquélla en la acepción más estricta de la palabra, o sea con la aplicación del “sentido inverso”; son también las dos mitades del “Huevo del Mundo”, una “terrestre”, en las “aguas inferiores”, y otra “celeste”, en las “aguas superiores”; y la figura circular, que estaba completa al comienzo del ciclo, antes de la separación de esas dos mitades, debe reconstituirse al fin de él.
 
Podría decirse, pues, que la reunión de las dos figuras de que se trata representa el cumplimiento del ciclo, por la unión de su comienzo y de su fin, tanto más cuanto que, si se las refiere más particularmente al simbolismo “solar”, la figura del na sánscrito corresponde al sol levante y la del nûn árabe al sol poniente. Por otra parte, la figura circular completa es habitualmente el símbolo del número 10, siendo 1 el centro y 9 la circunferencia; pero aquí, al obtenérsela por la unión de dos nûn, vale 2 X 50=100=102, lo que indica que dicha unión debe operarse en el “mundo intermedio”; ella, en efecto, es imposible en el mundo inferior, que es el dominio de la división y la “separatividad”, y, al contrario, es siempre existente en el mundo superior, donde está realizada de modo principial, permanente e inmutable, en el “eterno presente”.

A estas ya largas observaciones, agregaremos solo unas palabras para señalar la relación con un asunto al cual hace poco se ha hecho alusión aquí mismo: lo que acabamos de decir en último lugar permite entrever que el cumplimiento del ciclo, tal como lo hemos encarado, debe guardar cierta correlación, en el orden histórico, con el encuentro de las dos formas tradicionales que corresponden a su comienzo y su fin, y que tienen respectivamente por lenguas sagradas el sánscrito y el árabe: la tradición hindú, en cuanto representa la herencia más directa de la Tradición primordial, y la tradición islámica, en cuanto “sello de la Profecía” y, por consiguiente, forma última de la ortodoxia tradicional en el actual ciclo.

Autor: Réne Guénon
 
 

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