domingo, 25 de noviembre de 2018

LOS ANIMALES BÍBLICOS Y SU SIMBOLOGÍA


En este artículo del investigador bíblico Sergio Fuster, se explora la problemática relación entre el Dios bíblico y su posible representación mediante el simbolismo animal. En esta exploración, con sólido basamento documental, se atraviesa la cuestión particular de si Yahvé pudo haber tenido un tótem propio, y el simbolismo bíblico de animales como el león, el toro, el águila, el dragón, la oveja y el pez.
 
Sin embargo, luego de estas precisiones sobre posibles representaciones animales de la divinidad, el autor de esta investigación subraya el ineludible principio de que, el contexto bíblico-judaico "Yahvé en el culto profético era irrepresentable. Su naturaleza era totalmente ajena a cualquier elemento mágico o natural".

 
Desde tiempos pretéritos, el hombre ha tratado de reducir el espacio intermedio entre lo sagrado y lo profano mediante el concepto del parentesco. En el sexto día creativo del génesis, Dios hizo al hombre a "su imagen" y "según su semejanza". Se le presenta aquí como "hijo" de Dios. Es decir, separado moralmente del resto de las otras obras vivas, pero allegado a Dios, porque tiene la capacidad de reflejar sus cuatro atributos divinos cardinales, a saber: amor, justicia, sabiduría y poder.
 
La diferencia con las bestias es que fueron creadas con una constitución valorativa diferente. Esto acontece en el quinto y sexto día respectivamente. Las escrituras los clasifican como: los animales terrestres (domésticos y salvajes), las criaturas voladoras y los monstruos marinos (Hab.Tamin, del caldeo Tiamat). Su función, entre otras, era ser subyugados, domesticados para servir a los propósitos humanos.

Por lo tanto, el relato bíblico de los orígenes plantea una brecha abismal entre la bestia y el hombre ideal; ni que hablar de Dios mismo. Vale decir, que el simbolismo del producto humano como parte integrante de la imagen divina, no animal, en el caso de la configuración monoteísta, es patente.

Sin embargo, para la estructura simbólica de la mayoría de los pueblos antiguos, el hombre en el mundo comparte una solidaridad entre el cielo y la tierra como parte plena y totalizadora del cosmos; lugar al que accede después de su vida terrena, como reintegro a su origen (No debemos olvidar que en la mayoría de los mitologemas, el hombre está compuesto por un principio divino: espíritu; aliento; parte de otra divinidad. Y otro terrestre: barro; tierra; humus; humanidad). Como cité en un trabajo anterior, según las creencias del pasado, en el instante de la muerte, el hombre vuelve a formar parte de un emblema sideral del que procede su estirpe; pero aquí en el espacio telúrico se desdobla en su esencia originaria, y pervive en una polaridad opuesta, en el símbolo animal o vegetal, del cual también procede el eterno retorno (Eclesiastés 12: 7).

Ahora, ¿es posible encontrar estas relaciones entre los israelitas? ¿Permite el sistema monoteísta representar a Yahvé bajo emblemas animales?

¿EXISTIÓ UN TOTEM DE YAHVÉ?

El sistema del tótem:

1. 1- Las tribus que basan su sociedad en el sistema totémico, reconocen su parentesco con el animal representado en el tótem, como emblema terrestre que une a la casta. Dicho animal es hierofánico, sagrado por naturaleza, es el progenitor mítico del clan al que sólo es posible matar o cazar en la instancia ritual ( Wunt "Elementos de psicología de los pueblos" 1912, Pág 116).

1. 2- Se puede rastrear el culto animal hasta las culturas nómadas, sociedades en que la caza y la domesticación era esencial para su subsistencia. En el Génesis, Abel era pastor. Ante Yahvé presentó un carnero (arquetipo de Israel). Para estas sociedades itinerantes todo está en movimiento, como sus animales. Por lo tanto, su espacio es simbólicamente circular, como sus tiendas. Caín, en cambio, era cultivador, ofrece el fruto de la tierra, representa el sedentarismo (culto cananeo), la permanencia, la estática, la construcción con piedra. De hecho él funda la primera ciudad antediluviana, Enoc. Un detalle interesante es que en la época del nieto de Adán, Enos, se "da comienzo a invocar el nombre de Yahvé" (Gen4: 26). Los comentaristas judíos entendían este pasaje como la instauración de un culto profano. Quizá representando a Yahvé elohim en su símbolo animal, como un torillo alado. Entre los fenicios conocido como el dios toro El ( El- eloha, singular de elohim).

Tanto los cultos de pueblos pastores (Israel), como en los ritos de pueblos agrarios (cananeos), tenían una adhesión a las practicas cruentas, y diríamos de estos últimos lascivas y sanguinarias; son "bestiales", instintivos.

Ciertas divinidades con aspecto animal pueden provenir de una imagen totémica primitiva y politeísta, como los dioses egipcios que se enmascaraban con aspectos de diferentes animales. O como la diosa Hindú Genesa o el Dionisos Zagreus, transformado en toro, que fue muerto y devorado por los titanes. Lo que llevó a muchos a establecer la hipótesis que con Yahvé pudo haber ocurrido el mismo proceso evolutivo.

Sin embargo, existen profundas diferencias entre el culto hebreo y el cananeo. Al sur de Jerusalén, en el valle de Hinón, durante el siglo VIII a. C., se llevaba a cabo una horrenda inmolación de infantes al Molek (Malcan, otro aspecto de la divinidad de Baal el hijo del toro El, adorado en Amón), en el culto a la fertilidad y el inicio de las cosechas. Dichos ritos terminaron con la campaña iconoclasta del reformista rey Josias (II Reyes 23: 1-25; II Crónicas 25-34).

El ídolo tenía un busto con cabeza de toro y su cuerpo era un horno llameante de hierro. La relación es clara, el Dios de la fertilidad y la capa telúrica compartía una correspondencia con lo profundo de la tierra donde se obtenían los metales y el emblema animal. La víctima era devuelta al seno materno, a lo abismal, al origen, siendo otra instancia de la disolución, hasta lograr fundirse con lo divino.


Gran parte de los que practicaban dicho culto eran israelitas. En el Antiguo Testamento encontramos innumerables referencias a la inclinación casi natural del pueblo hebreo a adorar estatuarios de becerros ( Exodo 32 1-6, 24, 35; I Reyes12: 11). El sincretismo entre Yahvé-El (dios toro) parece ser la respuesta más viable.

1. 3-Excavaciones arqueológicas han desenterrado, tanto en Eridú como en Jericó, numerosos objetos votivos de animales cultuales en tierras bíblicas que datan del período natufiense reciente. Esto nos recuerda los ídolos familiares que se mencionan en la época patriarcal, conocidos como terafin (Génesis 31), cuyo testimonio se encuentra documentado en las tablillas de Nuzi. ¿Es posible que hayan sido tótems de Yahvé? Mientras la religión de los patriarcas siga siendo un misterio la pregunta quedara sin una respuesta definitiva.

En el sitio Timna, en la península del Sinaí, donde los egipcios explotaban las minas de cobre durante la dinastía XVIII, se ha desenterrado un santuario dedicado originalmente a la diosa Hator, representada a menudo como un becerro. El emplazamiento sostenía una estructura tipo tienda, que luego fue reutilizada por los madianitas emparentados con Moisés. En el interior del santuario, se halló una serpiente totémica de cobre con la cabeza dorada. Lo que nos recuerda al ídolo-serpiente de cobre que los israelitas levantaron durante su travesía en el desierto. Por las referencias del libro de los Reyes, este emblema totémico fue conservado como reliquia en el santuario del templo de Yahvé como objeto de devoción. Si bien, por un lado no podemos hacer ninguna apreciación con respecto al relato del Pentateuco o a las crónicas reales, por el otro, es imposible no establecer relaciones.

LOS ANIMALES SIMBÓLICOS EN LA BIBLIA

2.1-En la Biblia la palabra "bestia" (Heb. Be-hema) tiene una connotación arábiga y se usa en la mayoría de los casos con relación a lo terreno, a lo profano. Algunos animales se han usado figurativamente en este sentido. Cuando Adán y Eva fueron expulsados del Edén y entraron al ámbito de lo humano, Dios los cubrió con pieles; ya no reflejaban las cualidades divinas. En Génesis 4: 7, en sentido alegórico, se relaciona la actitud asesina de Caín con la de un animal (agazapado) que él debía dominar.

En el salmo 80 contrapone la figura de su "escogido" con la de un jabalí. En el libro apócrifo del "Apocalipsis de Moisés" se relata la leyenda judía donde Eva increpa a una bestia que ataca a su hijo Set, y ésta le responde "¡El poder de los animales ha comenzado por tu culpa!", y hace una dicotomía cualitativa entre los seres hechos a imagen de Dios y las bestias salvajes del campo. Estos textos forman un substrato contextual en la que muestran en sentido teológico la condición humana alejada de Dios y que se hallan más cerca del mundo profano, el reino animal, pero en el fondo con un toque divino, dormido, que deben despertar.

Lo cierto es que los animales en los registros testamentarios han sido usados con una diversidad de valencias, esto se debe a la polisemia del símbolo. Nosotros en el presente trabajo repasaremos tres: con relación a lo divino, a lo político y a lo cultual.

CONNOTACIONES DIVINAS:

3. 1- El simbolismo bíblico animal, en ocasiones fue utilizado para representar cualidades divinas. En la Biblia es aplicado frecuentemente como parte integrante de las visiones místicas proféticas. La creencia antigua era que los animales que se aparecen en sueños revelan significados para despertar el alma. Por ejemplo, en la visión del carro del profeta Ezequiel, éste ve la figura de cuatro querubines con cuatro caras cada uno: de águila; de toro; de hombre y de león. La imagen del "carro" alude a la movilidad de todo el drama místico, y las ruedas circulares al mensaje dinámico que caracteriza al pensamiento de las sociedades nómadas. Por lo tanto, el simbolismo animal no podía estar ausente. Además el estar en presencia del trono de Dios tiene que interpretarse a estos símbolos animales como cualidades divinas. El mismo núcleo simbólico aparece en Apocalipsis Cap. 4, con una lectura similar. En este último esquema, si bien el trono está estático, las criaturas querúbicas aladas están en movimiento.

El águila dorada de Palestina, por su mirada penetrante ha sido símbolo de la sabiduría de Yahvé. En la antigüedad se la relacionaba con las hierofanía, o las apariciones visibles de poderes misteriosos, usada frecuentemente como signo supersticiosos de mensajes divinos. En el medioevo, el águila con las alas extendidas representaba las tres personas de la combinación trinitaria cristiana. De esta ave sublime se creía que al envejecer volaba hacia el sol para quemar sus alas reintegrándose al fuego y al oro, y luego se bañaba en las aguas bautismales recuperando su vigor, símbolo cristiano de la muerte y resurrección de Cristo.

El león crinado fue todo un emblema de realeza y justicia. En la escalinata que llevaba al trono del rey Salomón había doce leones de oro en cada lado ya que a la dinastía davídica se la llama "el león que es de la tribu de Judá"; y en la visión de Ezequiel simboliza la equidad de Dios, el juez supremo.

El toro era ilustración del poder de Yahvé y de las fuentes fecundantes de la vida. En su sangre residía la redención y era el tipo profético de una simiente mesiánica salvadora. Por ello se entiende que se hallaran representaciones de él en el altar de cobre de sacrificios del patio del templo.

La cara del hombre, es un símbolo patente del amor, cualidad superlativa de Dios como principio neutro que sólo Yahvé puede manifestar y que sólo el humano puede refractar. Se notara que aún en esta interpretación simbólica no se deja de mostrar el distanciamiento que pone el pensamiento hebreo entre el hombre y la bestia.

CONNOTACIONES POLÍTICAS:

4. 1-Otra asociación que ha hecho el hombre del simbolismo animal es con relación a su identidad territorial y sus escudos correspondientes. En épocas donde los límites geográficos eran imprecisos, el estandarte animal suplía esa función ya que el signo sideral no ofrecía ninguna solución al ser demasiado vago. Con el tiempo, el signo animal que identificaba al pueblo o en su defecto el emblema del dios o ancestro, empezó a dibujarse en los broqueles "circulares". En este caso podemos ver una solidaridad entre el simbolismo animal y los estandartes. Filón de Alejandría nos narra que en tiempos de Tiberio, Poncio Pilato gravó su imagen en escudos ceremoniales, lo que provocó el levantamiento del pueblo judío.

4. 2-Las hordas de cazadores, se identificaban con el león al igual que los persas. Las sociedades patriarcales ostentaban el toro salvaje y su cornamenta. En Egipto se tenía por signo faraónico la serpiente áspid, y los escitas se representaban con los caballos. También encontramos el signo en Roma, donde aparece el águila como emblema imperial.

4. 3- En él capitulo 7 de Daniel, se presentan las imágenes de cuatro bestias que salían del mar, del caos primordial. Significan reinos y naciones agresivas, integradas por hombres de iguales características, buscando el dominio de unas sobre otras. Es una lucha de supremacías de reinos en constante movimiento. "En cuanto a las bestias, porque son cuatro, hay cuatro reyes que se pondrán de pie en la tierra" (Dan 7: 17). Estos representaban a Babilonia, bajo la figura dinámica de un león con alas, que luego le fueron arrancadas. Se interpreta como que los sucesores de Nabucodonosor II ya no conquistaron territorios con la misma rapidez. Media y Persia, aparece como un oso terrible que tenía tres costillas en su boca, símbolo de las tres direcciones por donde se extendieron sus dominios: Mesopotamia, Tracia (Asia menor) y Egipto. Grecia como un leopardo joven (Alejandro hijo de Filipo II) con cuatro alas y cuatro cabezas (sus cuatro generales que le sucedieron) y a Roma con una bestia polimorfa temible, que todo a su paso lo trituraba.

4. 4-En el Apocalipsis de Juan, aparece una única bestia que reúne simbólicamente los significados de las visiones de Daniel. Se presenta a las potencias mundiales protagonistas de la historia bíblica como distintas cabezas, siete en total, que procede de un mismo cuerpo, es de color escarlata (en un trabajo futuro trataremos el tema del símbolo de los colores) y posee diez diademas. Los cuernos son símbolos bíblicos de naciones o reyes. Esta también sale del mar, del caos primitivo y lleva el número 666. El 6 no alcanza el número perfecto, el 7, el hecho que el 6 se repita tres veces es símbolo de imperfección.

4. 5- En el Apocalipsis cristiano, aparece un dragón (gr. Drakon) con siete cabezas. La serpiente en esta valencia es Satanás mismo, aquel viejo reptil que tentó sinuosamente a Eva. El hecho que tenga el mismo número de cabezas que la bestia escarlata nos quiere decir que el diablo domina a las potencias mundiales. Además lidera a los ángeles caídos, representados en el drama como la tercera parte de las estrellas que el maligno ofídio arrastra con su cola.

La estructura de sentido de estos oráculos, corresponden con el estilo de la literatura "apocaliptica" bastante usada para el siglo II a. C; y de ella tenemos numerosos ejemplos en los textos de Qumrám. Por otro lado, es una clara correspondencia de la solidaridad animal, como símbolos de lo divino y terrestre alternativamente.

Como última observación cave llamar la atención sobre el final de estos oráculos. En todos los casos terminan como el triunfo sobre ellos (las tinieblas) del reino de Dios (la luz).

CONNOTACIONES CULTURALES:

5. 1- El chivo o la oveja ha sido usado con frecuencia con relación al culto levítico. La sangre del animal es sustitutiva de la vida humana. Aquella que paga el precio de redención pero a la vez se lleva los pecados. En el día de la expiación, el sumo sacerdote debía tomar un animal de este tipo y debía pronunciar sobre su cabeza los pecados de comunidad del pueblo, luego soltaban al animal para que el desierto lo absorba, a Azazel, posiblemente una divinidad negativa.

5. 2- Otro animal usado en el culto pero ya para períodos cristianos, era el pez. Jesús había dicho en Mateo 13: 47- 50, que los herederos del Reino de Dios serían como peces atraídos a las redes de su prédica. Durante el siglo II d. J. C., los cristianos utilizaron este símbolo para identificarse. Según Tertuliano, decía que los cristianos relacionaban al pez con el bautismo cristiano. La palabra IKTHUS, era un signo acróstico que traducido se lee así: Iesous Kristos Theou Urios Sotér (Jesucristo hijo de Dios salvador).

La paloma era otro de los símbolos cristianos más conocidos. Emblema de la paz entre Dios y el hombre cuando este hizo la alianza con Noé después del Diluvio, es el fin de un ciclo y de un nuevo comienzo. También simboliza la tercera persona de la trinidad, el Espíritu Santo. En los gravados medievales se la representaba sobre las mazmorras de una torre, entre rejas. El simbolismo de la torre tiene relación con la ascensión iniciática y con alcanzar el máximo grado de conciencia. Es de notar que en la arquitectura sagrada de las catedrales góticas aparecían peces y palomas terribles en los mosaicos, rosetones y en los capiteles de las columnas.

Un interesante motivo que presentan las obras de arte de la época es el símbolo de Ireneo, conocido como el de los cuatro evangelistas. Dentro del vitral dividido en cuatro partes con el diagrama de una cruz, y el dibujo de Cristo como un cordero en el centro, aparecen los cuatro querubines con cuerpos de león. Cada uno representa a un evangelista. Mateo, con el rostro de hombre; Marcos, el león; Lucas el toro; Juan, el águila. Para Dante, la combinación del cuerpo del león con la cabeza de águila era el emblema mismo de Cristo, en cuya fusión encuentra lo humano (león, animal terrestre) y lo divino (águila, animal que surca los cielos); es decir, dios hecho carne.

Como vimos los animales en la mentalidad arcaica no sólo representa lo humano, lo bestial, reflejado en las cualidades humanas sino también simbolizan la nobleza y los atributos de Dios, pero siempre en movimiento.

El problema con la simbología bíblica y la relación Dios-animal como representación telúrica, presenta serios inconvenientes que no podemos dejar de aclarar si queremos hacer un abordaje temático serio. Yahvé en el culto profético era irrepresentable. Su naturaleza era totalmente ajena a cualquier elemento mágico o natural. En las visiones aparece como la figura de un hombre cuyo rostro no puede ser distinguido, y por lo tanto, representado. La figura animal es refractada a sus criaturas angélicas, como aquellas que espejan sus atributos superiores. Claro que esta concepción se dio en un marco de una especulación teológica hermética, de donde procede el único documento sagrado que disponemos. Sin embargo, creo que este estudio abre la cuestión de sí se puede hablar de que los israelitas hayan tenido en el ámbito de lo popular, de lo subterráneo, de lo proscrito, algún sistema totémico del culto al toro o a la serpiente de cobre. Las limitaciones que nos presentan la arqueología y el silencio de sus fuentes escritas al respecto hacen que existan serias dudas acerca de encontrar algún día una respuesta satisfactoria.




2º- LOS OFICIOS TRADICIONALES EN LA MASONERÍA


Prosigue el Hermano Guénon:

"Se  puede comprender además, mediante estas últimas consideraciones, cómo la iniciación, tomando el oficio como "soporte", tendrá al mismo tiempo, e inversamente en cierta manera una repercusión en el ejercicio de este oficio. El ser, en efecto, habiendo realizado plenamente las posibilidades de las que su actividad profesional no es mas que una expresión exterior, y poseyendo así el conocimiento efectivo de lo que es el principio mismo de esta actividad, realizará desde ese momento conscientemente lo que no era al comienzo más que una consecuencia del todo "instintiva" de su naturaleza; y así, si el conocimiento iniciático ha nacido, para él, del oficio éste, a su vez, vendrá a ser el campo de aplicación de este conocimiento, del que no podrá ser separado. Existirá entonces correspondencia perfecta entre el interior y el exterior; y la obra producida podrá ser, no solamente la expresión en cierto grado y de una manera más o menos superficial, sino la expresión realmente adecuada de aquel que la habrá concebido y ejecutado, lo que constituirá la "obra maestra" en el verdadero sentido de esta palabra".


También estas ideas tienen su equivalente en la Masonería. El Masón, poseyendo el conocimiento efectivo del Principio mismo de su actividad, realizará desde ese momento sus trabajos A L.·. G.·. D.·. G.·. A.·. D.·. U.·., participando así conscientemente en la Gran Obra de la Construcción universal; y sus trabajos constituirán en adelante el campo de aplicación de su conocimiento. Existirá entonces aquí correspondencia perfecta entre interior y exterior, ya que la obra producida, es decir la realización de la Piedra cúbica y la realización de la Piedra cúbica en punta, será la expresión verdadera, la "obra maestra", del que la ha concebido y ejecutado, la propia Piedra bruta trabajándose a sí misma para recuperar la bella forma que contiene y de la cual es susceptible.

.".. ¿en qué se han convertido, en lo que se refiere a todo esto, [dice el hermano al final de su artículo], el arte y la ciencia tradicionales de los antiguos constructores, y las reglas rituales que presidían el establecimiento de las ciudades y de los edificios en las civilizaciones normales? Sería inútil insistir más, ya que habría que estar ciego para no darse cuenta del abismo que separa de éstas a la civilización moderna, y todo el mundo estará de acuerdo sin duda en reconocer cuán grande es la diferencia; solamente que, lo que la inmensa mayoría de los hombres actuales celebran como un "progreso", es precisamente lo que nos parece por el contrario como una profunda decadencia, ya que no son manifiestamente mas que los efectos del movimiento de caída, acelerado sin cesar, los que arrastran a la humanidad moderna hacia los "bajos fondos" donde reina la cantidad pura."

Si, como escribe René Guénon en este texto que acabamos de leer, la concepción que del oficio tenían los antiguos constructores está separada por un abismo de la que se desprende de la industria de la civilización moderna en la cual está incluido por supuesto el actual oficio de constructor, la iniciación masónica, que tomaba ese oficio como soporte, ¿en qué se sustenta ahora?; el conocimiento iniciático que nacía del ejercicio del oficio y que tenía luego su aplicación en éste, ¿de qué nace y a qué se aplica actualmente?, ¿en dónde reside esa correspondencia perfecta entre el exterior y el interior a la que alude más arriba René Guénon?

Uno no sabría responder con exactitud a estas preguntas, ya que no se puede pensar que sean las diferentes actividades de los que acceden hoy a la iniciación masónica las que puedan representar ese soporte, pues, por las razones que se acaban de exponer, éstas no son hoy capaces de desarrollar las posibilidades que en otras épocas desarrollaba el hombre a través de ellas, incapaces de vincularlo con ningún principio al no estar ellas mismas vinculadas a principio alguno; pero quizá, mirando otras, se pueda aún recordar toda una serie de acontecimientos de la vida que, pudiera ser, desempeñaron de alguna manera dicha función jugando el papel de esa actividad que uno debía realizar, su verdadero oficio, aquel que respondía verdaderamente a los aspectos cualitativos de la naturaleza misma de uno. Quizá fuera eso lo que constituyó verdaderamente, el "soporte" que le condujo a la iniciación; uno no sabría explicarlo de otra manera.

Si esto es así, se podría decir que aquel oficio antiguo que en la sociedad tradicional conducía naturalmente a la iniciación masónica ha sido sustituido en la época moderna por otro "oficio" al cual no sabríamos denominar sino bajo el término genérico de "búsqueda", una búsqueda intelectual, o lo que es lo mismo una búsqueda espiritual, de la naturaleza verdadera de uno, cuyo comienzo no sería también, como en el caso de los oficios tradicionales, más que una consecuencia instintiva de la naturaleza del buscador. Y en cuanto a la aplicación que esta iniciación masónica tenía lugar antes en el oficio de los antiguos constructores, se diría que no tiene lugar hoy en día específicamente en ninguna de las diferentes actividades que ejercen actualmente los masones, sino en una común a todas ellas, que las contiene de alguna manera, la Masonería vivida como un oficio tradicional.
 

Es por medio de este oficio que las diferentes actividades que desarrollan los masones son integradas, a modo de síntesis, en este, y devienen para ellos no ya en algo extremo y sin ligazón a principio alguno, sino en algo interno vinculado a los principios, y por consiguiente en algo ritual y sagrado ya que participan del orden. Quizá pues, no sea aventurado contemplar este oficio como conteniendo en sus comienzos, en una primera etapa que forma ya parte de alguna manera del mismo, esa "búsqueda" de la que se hablaba más arriba; y de ser esto así, la iniciación masónica no sólo tendría actualmente su aplicación en dicho oficio, sino que éste serviría también de "soporte" a aquella.

En suma, la Masonería habría devenido, además de conservar lo que siempre ha sido —la transmisión regular de una iniciación de oficio, es decir la transmisión de la influencia espiritual y del conocimiento tradicional, a través de la aplicación del simbolismo constructivo—, un oficio tradicional, al cual pertenecerían ya, de alguna manera, aún antes de ser iniciados, aquellos que buscan la verdad.

Quizá este doble papel sea el que la Masonería juega desde la desaparición de los oficios tradicionales, o mejor dicho desde la desaparición de la sociedad tradicional, en el mundo occidental moderno. Si esto es así, el arte y la ciencia tradicionales de los antiguos constructores, y las reglas rituales que presidían el establecimiento de las ciudades y de los edificios, o al menos lo que no se ha perdido de éstas, habría que buscarlos en los símbolos que permanecen todavía recogidos en la Masonería, pues en virtud de su carácter cualitativo, se han adaptado, a tenor de las circunstancias del momento cíclico, a este nuevo oficio tradicional que, como se acaba de decir, ha devenido la Masonería, de manera que todos ellos, por su aspecto interno y universal, es decir por su aspecto cualitativo, continúan teniendo hoy día su aplicación en dicho oficio, en el cual, aquellos que toman conciencia de la posibilidad de la realización metafísica del ser pueden todavía trabajar en ello.

Lo que se acaba de decir puede quizá ayudar a comprender también, en el plano histórico, el paso de la Masonería operativa a la, desgraciadamente llamada, Masonería especulativa. Al desaparecer la sociedad tradicional del mundo actual, y con ella los oficios tradicionales, el conocimiento que estaba depositado en el oficio de los antiguos constructores, así como el que lo estaba en otros medios tradicionales relacionados con éste que desaparecieron también, o se ocultaron, fue recogido allí donde ya estaba guardado en parte, en la Masonería: la cual mantuvo sus señas de identidad, como cualquier ser mantiene las suyas en los cambios que pueda sufrir en el transcurso de su existencia, pues una cosa no quita la otra. Y así, aunque la Masonería no estuviera ya, en adelante, vinculada a ningún gremio corporativo en particular, devino ella misma un oficio tradicional.

Continúa en las partes 3º y 4º...
 

1º- LOS OFICIOS TRADICIONALES EN LA MASONERÍA


La palabra oficio deriva etimológicamente del latín officium, contracción de opificium, de opus, obra, trabajo, labor, y facio, hacer, realizar algo tanto en el orden material y físico como en el orden intelectual y moral; significa ocupación habitual profesión, servicio, función, misión, cargo, ministerio. En francés, la palabra oficio es métier, que deriva del latín ministerium, función, y función significa capacidad de acción, tanto de los seres como de los cargos y oficios.
 
Así pues, el oficio lleva consigo una capacidad de realizar, ya sea en el orden material ya sea en el orden intelectual, tanto del ser como del oficio mismo; es decir esta capacidad de realización forma parte de la naturaleza del oficio, y, desde el punto de vista de la tradición, como veremos seguidamente es esencialmente de carácter cualitativo, lo cual hace posible que el obrero pueda acceder a la realización iniciática, mediante el ejercicio de su oficio.


"La oposición que existe entre lo que eran los oficios antiguos y lo que es la industria moderna, (ha escrito el hermano René Guénon), es aún, en el fondo, un caso particular y como una aplicación de la oposición de dos puntos de vista, cualitativo y cuantitativo, que predominan respectivamente en unos y en la otra... En toda civilización Tradicional, como lo hemos dicho ya muy a menudo, toda actividad del hombre, cualquiera que sea, está siempre considerada como derivando esencialmente de los principios; esto, que es especialmente verdad para las ciencias, lo es también para las artes y los oficios... Mediante esta ligazón a los principios, la actividad humana es como si fuera "transformada", se podría decir, y, en lugar de ser reducida a lo que es en tanto que simple manifestación exterior (lo cual es en suma el punto de vista profano), es integrada en la tradición y constituye, para el que la realiza, un medio de participar efectivamente en esta, lo que viene a decir que reviste un carácter propiamente "sagrado" y ritual....


Para darse cuenta de este carácter "sagrado" de la actividad humana toda ella, incluso desde el simple punto de vista exterior o, si se quiere, exotérico, si se contempla, por ejemplo, una civilización como la civilización islámica, o la civilización cristiana de la Edad Media, nada es mas fácil que constatar que... la religión... penetra toda la existencia del ser humano, o, mejor dicho, todo lo que constituye esta existencia... Por otra parte, allí donde el nombre de "religión" no puede aplicarse propiamente a la forma de la civilización considerada, no por ello existe menos una legislación tradicional y "sagrada" que, aun teniendo caracteres diferentes, desempeña exactamente el mismo papel... Pero hay todavía algo más: si pasamos del exoterismo al esoterismo (empleamos aquí estas palabras para más comodidad, aunque no convengan con igual rigor en todos los casos), constatamos, de manera muy general, la existencia de una iniciación ligada a los oficios y que toma a estos como base o como "soporte"; es necesario pues que estos oficios sean todavía susceptibles de un significado superior y más profundo, para poder efectivamente suministrar una vía de acceso al dominio iniciático, y es evidentemente en razón de su carácter esencialmente cualitativo que tal cosa es posible."

En el caso de la Masonería, su iniciación estaba ligada al oficio de los antiguos constructores, el cual era de carácter cualitativo en virtud de su vinculación a los principios. Principios que pertenecen al dominio de orden universal, y a los que se conoce bajo diferentes nombres: arquetipos presentes en el Intelecto, números, según Pitágoras, ideas, según Platón, sefiroth, según la Cábala, por medio de los cuales el Intelecto genera todas las cosas ligándolas entre sí al Principio supremo, es decir por medio de los cuales establece la manifestación universal. Esto es lo que hacía posible que el antiguo constructor expresara, mediante el ejercicio de su oficio, lo propio de su verdadera naturaleza, sus facultades de orden cualitativo, aquello que pertenece al dominio de orden universal, y por lo cual participa él mismo en el orden universal.
 
Se puede pensar que, por no ser la sociedad moderna actual una sociedad que se rige por una concepción profana, la noción de lo que la doctrina hindú llama swadharma deje de tener aplicación en los seres actuales, ya que si, como dice René Guénon, es la realización para cada ser de una actividad conforme a su esencia o a su naturaleza propia, esto es algo que el ser mantiene como posibilidad en cuanto cambie su concepción profana a una concepción sagrada. Aunque las circunstancias del momento cíclico que le toca vivir le sean todo lo adversas que son las actuales, siempre le quedará esta posibilidad de manifestar, mediante su actividad, ese orden interior que rige su naturaleza, pues, como el resto de los seres, para eso ha sido creado.


"Si el oficio es algo del hombre mismo, y como una manifestación o una expansión de su propia naturaleza, es fácil comprender que pueda servir de base a una iniciación, y que sea incluso, en la mayoría de los casos, lo que hay mejor adaptado a este fin. En efecto, si la iniciación tiene esencialmente por objeto ir más allá de las posibilidades del individuo humano, no es menos cierto que no puede tomar como punto de partida mas que a este individuo tal cual es, pero, bien entendido, tomándolo en cierta manera por su lado superior, es decir apoyándose en lo que hay en él de más propiamente cualitativo; de aquí la diversidad de vías iniciáticas, es decir de medios puestos en acción a título de "soportes", de acuerdo con la diferencia de las naturalezas individuales...
 
Los medios empleados así no pueden tener eficacia más que si corresponden realmente a la naturaleza misma de los seres a los cuales se aplican; y, como es necesario proceder de lo más accesible a lo menos accesible, del exterior al interior, es normal tomarlos en la actividad mediante la cual esta naturaleza se manifiesta afuera. Pero va de suyo que esta actividad no puede desempeñar tal papel más que en tanto que traduce efectivamente la naturaleza interior... Esto corresponde al mismo tiempo a la diferencia fundamental que separa la enseñanza iniciática, y más en general toda enseñanza tradicional, de la enseñanza profana: lo que es "aprendido" simplemente del exterior no tiene aquí ningún valor, sea cual sea por otra parte la cantidad de nociones así acumuladas (ya que, en esto también, el carácter cuantitativo aparece netamente en el "saber" profano); de lo que se trata, es de "despertar" las posibilidades latentes que el ser lleva en sí mismo (y esto es, en el fondo, el verdadero significado de la "reminiscencia" platónica).
 
Estas últimas palabras de René Guénon tienen su equivalente exacto en estas otras de la Masonería:

"...de lo que se trata, (se dice en algunos rituales del grado de aprendiz, en uso actualmente), es de recuperar la bella forma que la Piedra bruta contiene en si misma y de la cual es susceptible."

(Continúa en las partes 2º, 3º y 4º)...

 

sábado, 24 de noviembre de 2018

LA RAMA DE ACACIA Y OTRAS PLANTAS SAGRADAS INICIATICAS


La historia mítica de la Rama de Acacia está íntimamente relacionada con la leyenda del tercer grado. No existe símbolo de mayor interés para el estudiante masón que el de la rama de acacia; no sólo por su significación peculiar, sino porque nos abre un campo extenso y bello de investigaciones de las plantas sagradas.
 
En todos los antiguos sistemas iniciáticos y religiosos, hubo siempre una planta sagrada que tuvo su simbolismo especial y fue venerada por los devotos como sagrado emblema. Así; por ejemplo, en los misterios de Dionisios se empleaba la Hiedra; en los de Ceres, el Mirto; en los de Osiris, la Erica y en los de Adonis, la Lechuga; pero ya tendremos ocasión de tratar de este tema en otra parte de esta disertación.

Antes de examinar el simbolismo de la acacia, será conveniente, quizás, identificar la planta que ocupa un lugar tan importante en el ritual francmasónico.

Hemos de decir, aunque sea de paso, que se incurre en gran error cuando se designa la simbólica planta de la francmasonería con el nombre de "Casia", error que se explica por la costumbre que tiene la gente inculta de eludir la letra "A", en las palabras de que constituye sílaba inicial. La opinión de Oliver de que la palabra casia se corrompió desde 1730, transformándose en acasia, es contraria a toda experiencia etimológica. Las palabras al corromperse, no se alargan, sino que se reducen. La gente inculta y descuidada tiene tendencia a suprimir sílabas, pero no a añadirlas.

Por desgracia, esta corrupción de la palabra acacia no se ha limitado al círculo de los iletrados, sino que también algunos escritores la han empleado. Hasta el venerable Oliver, tan conocedor del simbolismo de la acacia, sobre el cual ha escrito bellas páginas, se permite emplear este barbarismo, influido quizá por la excesiva frecuencia con que se usaba en las logias inglesas.
 
En América son pocos los francmasones que caen en semejante error; pero quedé extrañado de haber visto que una o dos logias habían adoptado el nombre de "Casia".
 
La Casia de los antiguos era una planta innoble, sin significación, ni carácter sagrado, cuya misión más elevada estriba en formar guirnaldas con otras olorosas plantas; según dice Virgilio:
 
"...pálidas violetas, sonrojadas amapolas, eneldos que perfuman el viento, casias, jacintos y narcisos con amarillos clavelones la guirnalda llenan."
 
Alston dice que la "Casia lignea de los antiguos eran las ramas más largas del cinamomo, que se cortaban con su corteza, y se enviaban a los fabricantes de drogas; la Casia fístula, o Syrinx, era el mismo Cinamomo con la corteza únicamente"; pero Ruaeus dice que, a veces, también denotaba el espliego o el romero.
 
En las escrituras no se menciona la casia más que tres veces: dos para traducir la palabra hebrea kiddal, y una para verter la voz ketzioth; pero siempre se hace para referirse a una planta que forma parte de un perfume determinado. Tenemos suficientes razones para creer que la casia no es más que el nombre con que se conoce una preparación rudimentaria del cinamomo.
 
También es un dato digno de tenerse en cuenta que no crecía en Palestina, sino que se importaba de oriente. Por el contrario, la acacia se estimaba como árbol sagrado. Es la acacia vera de Tournefort, y la mimosa milotica de linneo. Crecía abundantemente en las inmediaciones de Jerusalén, donde todavía se puede encontrar, y todos sabemos que de ella se extrae la goma arábiga.
 
Es cierto que Oliver dice que "no existe el menor vestigio de que este árbol creciera tan al norte cómo en Jerusalén"; pero esta afirmación la refuta el teniente Lynch, que vio las plantas de este género en Jericó y aún más al norte.

El Rabí José Schwarz, que es una gran autoridad, dice: "Del árbol llamado Acacia (Sittim), Al Sunt, existen diferentes variedades en Palestina; se parece al moral, alcanza gran altura, y tiene una madera recia. La goma que de él se obtiene se conoce con el nombre de goma arábiga. Schwarz residió durante dieciséis años en Palestina, y sus observaciones son directas. Por tanto, los testimonios de Lynch y Schwarz acaban de un modo terminante con la discusión sobre la existencia de la acacia en Palestina.
 
La acacia, que recibe en las Escrituras el nombre de shittah y en el plural Shlttim, era tenida por sagrada entre los hebreos. Moisés recibió orden de hacer el tabernáculo, el arca de la alianza, la mesa para colocar los panes de proposición y el resto del mobiliario sagrado con esta clase de madera.
 
Isaías dice, cuando enumera las gracias que había de otorgar a los israelitas al volver del cautiverio, que, entre otras cosas, él plantaría en el desierto para su descanso y disfrute, el cedro, la acacia (o, como decimos en nuestra versión común, el shittah), el abeto y otros árboles.
 
Así, pues, la primera cosa que se observa cuando se estudia el símbolo de la acacia es que este árbol es el elegido entre los del bosque para fines sagrados. El árbol con que se habían construido tabernáculo y el arca de la alianza, tuvo que ser considerado por los judíos como más sagrado que los demás. Por tanto los francmasones primitivos estuvieron acertados cuando eligieron esta planta consagrada, como símbolo que enseñara una importante verdad divina a los siglos futuros.
 
Hemos terminado ya la historia de esta planta, y ahora podemos proceder al examen de sus relaciones simbólicas:
 
- Primera. En el sistema mítico de la francmasonería, la acacia es en grado superlativo el símbolo de la Inmortalidad del Alma, importante doctrina, cuya enseñanza constituye el objeto fundamental de la institución. Así como la naturaleza evanescente de lás flores que "florecen y se marchitan" nos recuerda la transitoriedad de la vida humana: en cambio, la renovación perpetua de la planta perenne, que parece siempre joven y vigorosa, puede compararse a la vida espiritual, en la cual el alma goza de juventud inmortal y eterna primavera, una vez emancipada de la compañía corruptible del cuerpo.
 
En el solemne e impresionante servicio funerario de nuestra orden decimos: "Esta planta perenne es el símbolo de nuestra creencia en la inmortalidad del alma. Ella nos recuerda que en nuestro interior existe una parte inmortal que ha de sobrevivir a la tumba y que nunca jamás ha de perecer".
 
Y, asimismo, en las sentencias con que se cierran las lecturas del manual del tercer grado, se repite el mismo sentimiento diciendo que "con la rama perenne y siempre viva" el francmasón "tiene mayor confianza en la inmortalidad del alma".

Esta interpretación del símbolo es tan sencilla y natural que es la que se le ocurre a todo hombre pensador, por cuya razón se le encuentra en las naciones de todos los tiempos.
 
Era costumbre antigua, que todavía no ha caído en completo desuso, el que, quienes asistían a los funerales, llevaran ramas de alguna planta perenne, en general del cedro o del ciprés y la depositaran en la tumba de la persona muerta. Según dice Dalcho, los hebreos plantaban siempre una rama de acacia en la cabecera de la tumba dedicada al amigo muerto.

"Esta costumbre se estableció debido a que los hebreos no enterraban a sus muertos en el recinto de la ciudad, por obedecer a sus leyes, y como se prohibía que los Cohens, o sacerdotes, cruzaran por encima de las tumbas, era necesario poner o plantar señales para que pudieran evitarlas. La acacia se empleaba con este objeto".
 
De mi parte no estoy de acuerdo con las razones dadas por Dalcho, pero no puede dudarse de la exisencia de la costumbre a pesar de las objeciones del doctor Oliver. Blount dice hablando de las costumbres judías en los enterramientos que "quienes colocan una losa de mármol sobre las tumbas dejan un agujero de una vara de largo y un pie de anchura en el cual plantan una siempreviva, que parece crecer del cuerpo y que se cuida esmeradamente". Hasselquist confirma sus palabras. Según Potter, los griegos "tenían por costumbre adornar las tumbas con hierbas y flores".

Toda suerte de plantas de los colores rojo y blanco eran gratas a los muertos, principalmente el amaranto y el mirto. El mismo nombre de la primera de estas plantas, que significa "jamás marchita", parece indicar la verdadera significación simbólica de la costumbre, aunque los arqueólogos han supuesto en general que con él se expresa simplemente el amor de los supervivientes por la persona fallecida.
 
Ragón dice que los antiguos sustituyeron todas las plantas por la acacia, porque creían que era incorruptible e inatacable por los insectos y otros animales, simbolizando con ello la naturaleza incorruptible del alma.
 
De cuanto hemos dicho se verá cuán acertada es la colocación de la acacia entre los símbolos de este grado, cuyas ceremonias tienen por objeto la enseñanza de la gran verdad de que "la vida del hombre, regulada por la moral, la fe y la justicia, será recompensada a la hora de la muerte con la perspectiva de la bienaventuranza eterna". De modo que cuando el maestro masón exclama: "Mi nombre es Acacia", es como si dijera: me he levantado de entre los muertos, y, como me he regenerado, tengo derecho a la vida eterna".

La significación vulgar de la rama de acacia presenta al maestro masón un símbolo de la inmortalidad del alma, y su naturaleza inmutable y perenne, tiene por objeto recordarle esa parte espiritual existente en nosotros que nunca puede morir, por ser emanación del Gran Arquitecto del Universo. Y esta significación, que es la más general y ordinariamente aceptada, es también la más importante; la acacia, por ser el símbolo peculiar de la inmortalidad, se ha convertido en el más apropiado de una orden, que trata de enseñar en todas sus enseñanzas la sublime lección de la "vida que se levanta de la tumba".
 
Pero existen dos interpretaciones incidentales de importancia que son también dignas de investigarse.
 
Según. La acacia es símbolo de Inocencia. Este simbolismo es de un carácter insólito, pues no depende de la analogía de la forma o empleo del símbolo con la idea simbolizada, sino de la doble significación de la palabra. Porque la voz griega akakta significa al mismo tiempo que la planta en cuestión, la cualidad moral de inocencia o pureza de vida. En este sentido el símbolo se refiere a aquel hombre sobre cuya tumba se plantó la acacia y que por su conducta virtuosa, se ha convertido en modelo de masones, y, en consecuencia, alude también a todo maestro masón, que ha de emular su ejemplo.
 
Hutchinson, prolonga la interpretación de este símbolo de la manera siguiente, incurriendo de nuevo en su teoría favorita de la francmasonería cristianizada: "Cuando los francmasones describimos el deplorable estado en que se encontraba la religión bajo la ley judía, hablamos siempre de modo figurado: Su tumba eran los escombros y desechos del templo, y la acacia tejía sus ramas sobre su monumento; la palabra griega akakta significa inocencia, o estar libre de pecado. Con estas palabras queremos dar a entender que los pecados y depravación de la antigua ley y de los devotos del altar judío habían ocultado la religión a quienes la buscaban, la cual sólo se podía encontrar en donde se sobrevivía la inocencia, bajo el pabellón del divino cordero. Nosotros creemos que se nos debe distinguir por nuestra Acacia, y como verdaderos acacianos en nuestra religión y doctrina".
 
Los antiguos acostumbraban a simbolizar las virtudes y otras cualidades del alma con diversas plantas de conformidad con su naturaleza..

Estos simbolismos se han perdido actualmente en muchos casos, pero todavía se conservan bastantes, a los cuales damos hoy día interpretación acertada.
 
Por ejemplo, el olivo era el símbolo de la paz, porque, como dice Lee, "su aceite es utilísimo en todas las artes manuales que florecen, principalmente en tiempo de paz".
 
El membrillo era entre los griegos el símbolo de la felicidad y del amor, y por esta razón ordenaban las leyes de Salón que los novios comieran juntos un membrillo, en los matrimonios atenienses.
 
Es probable que el simbolismo del membrillo se derivara de su nombre, como en el caso de la acacia; porque parece existir cierto parecido entre la voz griega que quiere decir un membrillo, y el participio que significa, regocijo, alborozo, pero esta interpretación debió de ser tardía, puesto que el nombre se deriva de Cpclon en Creta, de cuya isla procede el membrillo.

Desprez dice al tratar de la palma, como emblema de victoria:
 
"Palma veré signum victoriae passim apud omnes statuitur, ex Plutarcho, prospterea quod ea est ejus natura ligad ut urgentibus opprimentibusque mininté cedata Linde est hilad Alciati epigramma: Nititur in pondus palma, et consurgit in altum: Quoque magis premitur, hoc magé tollit onus".
 
En el libro octavo de su Symposia habla Plutarco de la cualidad especial que tiene la palma de resistir cualquier peso y levantarse y erguirse a pesar de ello, por lo cual se adoptó el símbolo de victoria. También Cowley alude a ello en su obra llamada Davidesis, cuando dice:

Sabía que las palmas se enderezan cuando las oprimen, y que era el galardón de victoria.
 
La palma era el símbolo de victoria; por eso se encuentra constantemente en las catacumbas de Roma, como emblema del triunfo cristiano sobre el pecado y la muerte.
 
El romero simbolizaba la memoria y el recuerdo, y por esa razón se empleaba en los matrimonios y funerales.
 
"Antiguamente se creía que el romero fortalecía la memoria, y no sólo se llevaba en los funerales, sino también en las bodas".

Douce cita la siguiente canción antigua:
 
"Entre nosotros dos tenemos el romero noche y día para que no me olvide de que quisiera poder contemplarte siempre. "
 
El perejil se consagraba al duelo, y por eso los griegos adornaban las tumbas con esta planta. También se usaba como corona de los vencedores en los juegos Nemeos, que eran de carácter funerario. Según dice Ste. Croix, estaba prohibido en los Misterios de Samotracia poner perejil en la mesa, porque, según los misterios, esta planta había nacido de la sangre de Camilo, asesinado por sus hermanos.

Cuando la francmasonería adoptó la acacia como símbolo de inocencia, no hizo sino extender la antigua costumbre universal de consagrar determinadas plantas a ciertas virtudes particulares.

Y, por último, la acacia debe estudiarse también como símbolo de Iniciación, que es la interpretación más interesante y, a nuestro parecer, la primaria y original, siendo las demás incidentales. Esto nos induce a investigar el hecho significativo a que ya aludimos antes, de que en todas las antiguas religiones y misterios existía una planta, consagrada por su significación esotérica, que jugaba un papel tan importante en la representación de los ritos; que terminaba por convertirse en símbolo de iniciación a fuerza de haberse empleado constantemente en ceremonias de este género.
 
En los misterios de Adonis oriundos de Fenicia, más tarde transferidos a Grecia, se representaba la muerte y resurrección de Adonis. En cierto pasaje de la leyenda de estos misterios se refería que, cuando Adonis fue muerto por el jabalí, Venus depositó su cadáver en un lecho de lechuga. Y para conmemorar este supuesto acontecimiento, los iniciados llevaban lechugas recién plantadas en macetas de tierra el primer día de la celebración, en el que se verificaban los ritos funerarios. Por eso la lechuga llegó a ser la planta sagrada de los Misterios Adonisiacos o Adonia.
 
El loto es la planta sagrada de los ritos brahamánicos de la India y simboliza la trinidad elemental —tierra, agua y aire— porque, como planta acuática se nutre de todos estos elementos combinados, pues clava las raíces en tierra, el tallo está sumergido en agua y las hojas se encuentran expuestas al aire.
 
"Los hindúes representan el loto del mundo con cuatro hojas grandes y cuatro pequeñas colocadas alternativamente, mientras que del centro de la flor surge una protuberancia. Para ellos el cáliz circular formado por las ocho hojas simboliza la tierra, que flota en la superficie del océano y consta de cuatro grandes continentes y cuatro islas intermedias más pequeñas. La protuberancia central representa el sagrado Monte Merú".
 
Los egipcios que copiaron gran parte de sus ritos religiosos de oriente, adoptaron el loto, también indígena en su país, como planta mística, para simbolizar la iniciación y el nacimiento en la luz celestial. Por eso, solían representar en sus monumentos al Dios Phere, el sol, naciendo en el cáliz abierto de un loto, como observa Champollion.
 
La flor del loto es parecida a la amapola. Sus grandes hojas, en forma de lechuga, flotan en la superficie del agua. Los egipcios observaron que esta planta se abre cuando sale el sol y se cierra cuando llega el ocaso, y por esta razón la adoptaron para simbolizar al astro-rey. Como esta estrella era el objeto principal del culto popular, el loto llegó a ser una planta mística y sagrada en todos los ritos.
 
También los egipcios tenían por sagrada a la Erica. En el origen de la consagración de esta planta hay una coincidencia singular interesante para los estudiantes masónicos.
 
Dice la leyenda osírica que Isis descubrió el cadáver de su esposo muerto, cerca de una erica, situada en la ceja de una colina, mientras la Diosa vagaba en busca del Dios: de ahí que ella adoptara la erica como sagrada, cuándo instituyó los misterios, para conmemorar que esta planta señalaba el lugar en donde estaba oculto, el cuerpo desgarrado de Osiris.

También es cosa significativa que la palabra eriko, del griego de la que probablemente se deriva erica, quiera decir despedazar. Ragon describe de la manera siguiente este místico acontecimiento:
 
"Isis encontró el cuerpo de Osiris en las cercanías de Biblos, junto a una alta planta llamada erica. Llena de dolor, sentóse al margen de una fuente, cuyas aguas brotaban de una roca. Esta roca es la pequeña colina de que habla el ritual; la erica se ha reemplazado por la acacia, y el dolor de Isis por el de los compañeros masones".

La planta sagrada de druidismo es el muérdago. Su carácter sagrado procede de una leyenda de la mitología escandinava que relatan así los Eddas, o libros sagrados:
 
Habiendo soñado el Dios Balder, hijo de Odín, que se encontraba en gran peligro su vida, su madre, Friga, obligó a que todos los seres pertenecientes a los reinos vegetal, animal y mineral le jurasen no hacer daño a su hijo. Sólo se olvidó el múerdago, débil planta de pequeño tamaño.
 
Enterado de ello Lok, el genio del mal o Dios de las tinieblas, entregó una flecha hecha de muérdago a Holder, el hermano ciego de Balder, cierto día en que los Dioses se entrentenían en arrojarle armas, maravillándose de que no pudiera hacerle daño con nada. Pero Holder disparó la flecha de muérdago y Balder cayó herido de muerte. Desde entonces se reverenció el muérdago como planta sagrada, consagrándola a los poderes de las tinieblas.
 
Todos los años salían los druidas en procesión por el bosque en la busca del muérdago, que, al ser encontrado, cortaba el Archidruida y distribuía entre el pueblo, después de celebrar un solemne sacrificio.
 
Clavel observa con verdadero ingenio que es evidente que como Balder simboliza el Dios-sol y Loki, las tinieblas, la busca del muérdago se verificaba con objeto de privar al Dios de las tinieblas del poder de destruir al Dios de la luz.
 
La distribución de los fragmentos del muérdago entre los piadosos adoradores, se hacía para cerciorarles de que, desde entonces, Loki no podría repetir su hazaña, por no tener medios para ello.
 
Según Toland el festival de la busca, corte y consagración del muérdago, se celebraba el día 10 de marzo, o el Año Nuevo.
 
"Esta es la ceremonia a que alude Virgilio con las palabras rama de oro en el Sexto Libro de Eneida".
 
Y tiene razón, porque todas estas plantas sagradas tuvieron un origen común en alguna idea simbólica general y antigua.
 
El mirto representaba el mismo papel en el simbolismo de los misterios griegos que el Loto en los egipcios y el muérdago en los druídicos. En estas iniciaciones se coronaba al candidato con mirto, porque, según la teología popular, esta planta se consagraba a Proserpina, la Diosa de la vida futura.
 
Todo el que haya estudiado los clásicos recordará la dorada rama que la sibila entregó a Enea, antes de que éste continuara su viaje a las regiones infernales, viaje que según la opinión que priva actualmente, era la representación mítica de las ceremonias de iniciación.
 
Mientras que la planta sagrada era en todos los misterios antiguos, un símbolo iniciático, la iniciación simbolizaba, a su vez, la resurrección a una vida futura y a la inmortalidad del alma.
 
La francmasonería representante hoy día de las iniciaciones antiguas, ha substituido el loto, la hiedra, la erica, el muérdago y el mirto, por la acacia. La lección de sabiduría es idéntica; solo ha cambiado la forma de la inmortalidad, de la inocencia y de la iniciación; pero estas tres interpretaciones van íntimamente unidas, lo cual puede observarse cuando se encuentra la verdadera interpretación del símbolo.
 
Este símbolo nos enseña que, en la iniciación de la vida, cuyo emblema es la iniciación en el tercer grado, la inocencia ha de yacer durante cierto tiempo en la tumba, hasta que, por fin, la palabra del Gran Maestro del Universo le llame a la inmortalidad bienaventurada.
 
Unase a esto el recuerdo del lugar en donde se plantó la acacia, o sea el Monte Calvario, donde fue sepultado "quien trajo la vida y la inmortalidad", cuyo personaje se conoce en la masonería cristiana con el nombre de "león de la tribu de Judá", y recuérdase, además, que la cruz de madera sustituye a la acacia tan insignificante, pero que, en realidad, es el más importante y significativo de la ciencia masónica, hállase una bella sugestión de todos los misterios de vida y muerte, de tiempo y eternidad, del presente y del futuro.

Leída de esta forma (y nuestros símbolos deberían leerse también así) la francmasonería demuestra a sus discípulos que es algo más que una entidad social o una asociación de caridad. Viene a ser a manera de "una lámpara colocada a nuestros pies", cuya luz espiritual brillan en la oscuridad del lecho mortuorio y disipa las tenebrosas sombras de la tumba.
 
 
 

INTERPRETACION MORAL DE LA LEYENDA DE HIRAM


Entre todas las instituciones humanas, la Francmasonería es la sola que ha previsto su propia decadencia y la manera de remediarla. No se forja ilusiones acerca del peligro interior que amengua a todos los seres vivientes, en razón de los gérmenes mortales y de la disolución inherentes a todo organismo. Los enemigos exteriores pueden obstruccionar y aun paralizar nuestra actividad; pero no nos matan. Son las enfermedades, como consecuencia de nuestros trastornos interiores, las que más a menudo nos conducen a la tumba.

Toda higiene previsora, dará pues, buena cuenta de esos elementos disolventes que nos van minando sordamente, por lo que debemos vigilar nuestro buen funcionamiento vital. Para resistir a la muerte, debemos conocer sus agentes, a fin de neutralizar constantemente su obra nefasta.


En masonería, la solidez del edificio nada tiene que temer de la lluvia, del viento, ni de los clamores furiosos del exterior; pero los obreros que trabajan mal, con su mal espíritu, comprometen la corporación y podrían hasta matarla, si la orden no poseyera un poder suficiente de resistencia a la disolución.

Una institución indispensable al desarrollo de la humanidad, no podría fácilmente desaparecer, porque beneficia con un espíritu de vida, y como el fénix, perfectamente la hace renacer de sus cenizas. Al instrumento usado o corrompido que se disloca, este arquero imperecedero, fuego constructor substituye incesantemente nuevos organismos, más y más adaptados a su misión.

Cada vez, el Hijo de la Putrefacción sucede más resplandeciente a su padre asesinado; como Horus, el Sol matinal, diariamente vuelve a emprender la carrera de Osiris, que declina a partir del mediodía, para hundirse por la noche en las tinieblas del occidente.
 
Pero para resucitar más fuerte y más gloriosa, la masonería, debe precaverse contra el mal que determina su pérdida. Se trata de un triple azote representada por la Ignorancia, la Hipocresía y la Ambición. Tales son los indignos compañeros que constantemente atacan al Respetable Maestro Hiram, es decir, a la tradición masónica personificada.

Puesto que los criminales de la leyenda son obreros que cooperan con nosotros en la construcción del templo, es Adentro, y no afuera, donde debemos buscar los más temibles enemigos de la masonería.

Seguramente que los referidos tres vicios, extienden sus estragos por toda la humanidad, a la que es menester curar gradualmente de la ignorancia, del fanatismo y de la superstición. Pero antes de proponernos orgullosamente ser los médicos de los demás, seamos modestos y procuremos, antes que todo, nuestra propia salud.


La masonería en su obra de saneamiento y regeneración, debe, pues, empezar por sí misma; esforzándose por extirpar de su seno los vicios disolventes. No estará verdaderamente a la altura de su misión, sino hasta el día en que el personaje de nuestra fraternidad sepa mostrarse INSTRUIDO, TOLERANTE y DESINTERESADO. Entonces, y solamente entonces, su influencia intelectual y moral se afirmará irresistiblemente.


Por consiguiente, desenmascaremos a los asesinos de Hiram. Desgraciadamente son muy numerosos, pues muchos son los malos hermanos; pero muy a menudo no saben lo que hacen, puesto que están sumergidos en la ignorancia masónica más deplorable. Precisamente, porque todo lo ignoran en masonería, todo lo censuran con una intransigencia que rebasa los limites de su impotente comprensión. En nombre de un racionalismo a machamartillo, reclaman la supresión de fórmulas y usos de los que no disciernen su razón de ser. Su vandalismo se inspira en una lógica rígida y en un dogmatismo estrecho, cuya imagen es la regla que se abate contra la garganta. Privado de sus signos materiales de manifestación, el espíritu masónico se encuentra, en efecto, reducido a la impotencia, por las mutilaciones y alteraciones que el simbolismo tradicional ha sufrido. Ninguna enseñanza iniciática es posible si los símbolos, sobre los que se basa, no existen.


Racionalizada al gusto de los antisimbolistas, la Francmasonería no sería sino una escuela en la que, los alumnos, que aún no saben leer, hubieran decretado la supresión del alfabeto.

Pero la estrechez del corazón es peor aún que la de la inteligencia. La masonería, enseña a los hombres a amarse, a pesar de sus divisiones. Debemos elevarnos sobre nuestras diferencias, para comunicarnos, por efecto de esta mutua tolerancia fuera de la cual no hay Francmasonería.

¿Qué pensaremos de esos presuntuosos masones que, creyéndose los solos poseedores de la verdad masónica, ven con ira y rencor a los que no piensan según sus propias ideas?

Como se proclaman infalibles en sus opiniones estos pontífices las erigen en dogmas, y fulminan incesantes excomuniones contra los heréticos opuestos a su manera de ser. Tienden a desorganizar la masonería, a reducirla a las dimensiones de una estrecha iglesia, olvidando que la logia se extiende "de oriente a occidente y de sur a norte", para expresar hasta qué punto se impone la universalidad a nuestra institución, esencialmente antisectaria.

Así, infiltrándose entre nosotros, bajo diversos disfraces, el espíritu del sectarismo, reduce a polvo los cimientos de nuestra fraternidad universal, y disocia las piedras del edificio, pretendiendo volverlas a tallar con más exactitud. Es así como con la escuadra de su concepto, muy particular sobre lo justo, los intolerantes, los sectarios y los fanáticos, hieren el corazón del maestro Hiram.

"Como todos los vicios, el fanatismo siempre resulta de la exageración de una cualidad; porque es preciso formarse una convicción para obrar. Eminentemente activo, el compañero no se puede sostener en un escepticismo flotante; forzosamente necesita una base de certidumbre, relativa cuando menos, para edificar. Pero habiéndose determinado libremente, respetará la libertad de los demás, dándose cuenta de las divergencias de opinión que resulta de la compejidad del aspecto de las cosas, de tal manera que, ciertos HH.·. , y con mayor razón los profanos, pueden llegar con toda sinceridad a conclusiones contradictorias".

Cuando la ininteligencia y el sectarismo han hecho su obra, no les resta a Hiram más que recibir el golpe de gracia. Aletargado, se desploma bajo el mallete de los ambiciosos. Estos no piensan sino en sacar partido, en su provecho, de una institución falseada, en vía de dislocación.


Separándole de su elevado, aunque lejano fin, le asignan un objetivo práctico inmediato para servir sus egoístas propósitos.

La Francmasonería, se vuelve así, el Instrumento de una pandilla política, acaparadora del poder, o de una conspiración dirigida contra el bien general; ésta es la muerte del masonismo, en adelante indiferente a su propio cadáver.

 

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