sábado, 14 de abril de 2018

LOS 5 PRIMEROS NÚMEROS SAGRADOS


Queridos Hermanos: habéis podido notar en el primer grado que los números forman uno de los tipos misteriosos de la iniciación masónica por la aplicación múltiple que hacen del número 3, y como los compañeros destinados al trabajo tienen a menudo, ocasión de añadir la práctica al estudio, es muy útil que conozcáis la teoría.

Los números se hicieron sagrados por el empleo metafísico que desempeñaron en los misterios; los Pitagóricos y los Platonianos aplicaron las propiedades aritméticas de los números a las ciencias abstractas; San Agustín demuestra que las combinaciones misteriosas de los números pueden servir para inteligencia de las santas escrituras; y encontramos hasta en el Breviario Romano, alguna de esas alegorías dada en forma de lección; no hay pues que extrañarse de ver que la superstición de los pueblos se sirviera de ellos de un modo inconsiderado y ridículo, puesto que los hombres abusan de todo.



Sin atribuir a los números la importancia que los antiguos les tributaron, probablemente en medio del entusiasmo que les causaron las múltiples combinaciones a que ellos se prestan, los francmasones los han conservado por la tradición como signos de la ciencia más exacta y más útil que ha sido enseñada a los hombres.

Siguiendo esta teoría, que sería superfluo explicar más extensamente aquí, la unidad, como generadora y principio de todos los números, era el símbolo de la armonía general y el atributo esencial, el carácter sublime, el sello mismo de la divinidad; llamaban dios al uno, como siendo él solo, título que le conviene y lo distingue de todos los otros seres que cambian y se renuevan sin cesar: de ahí las denominaciones en latín de sol (sol) y solas (solo), denominación que la lengua española ha conservado casi intacta.

El número dos significaba todo lo que es doble, falso y opuesto a la única realidad, y expresaba también las mezclas o contrariedades en que se encuentra la naturaleza. Y en consecuencia de esas interpretaciones los Romanos dedicaron a Plutón Dios de los infiernos, el segundo mes del año; y el segundo día del mismo mes ellos rescataban las almas de los difuntos con fiestas y ceremonias.


Entre los católicos, la conmemoración de los difuntos es igualmente colocada en el segundo día del mes de Noviembre, segundo mes con que termina el año. Qué analogía tan singular! Si habrá sido copia! Nada extraño es que para ensanchar el círculo de sus ganancias nos hayan introducido ese infierno y purgatorio de otras religiones anatematizadas como paganas, y haciéndonos ver que la voluntad de ese Dios, de quien se llaman ministros, se ablanda y varía por la intercesión de sus preces. Oh! y que demencia, juzgar a Dios tan voluble, y tan esclavo a las súplicas de hombres que sólo les domina el egoísmo.

Y que contradicciones teológicas... diciéndonos por una parte que los juicios de Dios son eternos y rectos, al tomar cuenta a las almas que pasan de esta vida a su presencia, y por otra parte dándonoslo a conocer lleno de conmiseración sólo por las oraciones que ellos elevan por un estipendio metálico.

El número tres era entre los filósofos el número por excelencia y predilección, pues todas las cosas triples emanan de Dios y se reducen a la unidad, como en su principio y en su fin; refiriéndonos a los tres lados del triángulo, ese número representa la armonía perfecta; era en una palabra, el regenerador secundario de la naturaleza, representado por la causa, el medio y el resultado de la vida universal.

El tres se demuestra por todas partes en la naturaleza: vemos tres reinos, el mineral, el vegetal y el animal; tres medidas de las cosas, el principio, el medio y el fin; tres medidas del tiempo, el pasado, el presente y el porvenir; tres signos en el espacio, el punto, la línea y la superficie; tres dimensiones en todo cuerpo, la longitud, la latitud y el espesor; tres figuras geométricas radicales, el triángulo, el cuadrado y la circunferencia.


En fin, los antiguos misterios y todas las religiones han consagrado ese número, del cual la más alta expresión se encuentra representada por diversas Trinidades, veneradas en todos los pueblos desde los tiempos más remotos hasta nuestros días.

El número cuatro, que contiene toda la religión del juramento misterioso, lleva el nombre de mundo.

El número cinco, era la imagen del principio del mal arrojando la turbación en el orden inferior, porque él se compone de los números 2 y 3, y que ya hemos explicado. Es más, señala la edad del compañero, del cual es uno de los tipos misteriosos; mas tarde sabréis el por qué.


Bajo otro sentido, ese número era también emblema del casamiento, porque se compone del primer número par 2, y del primer impar 3; servía por consiguiente de emblema jeroglífico a Juno.

Los iniciados de la India veían en ese número la vida universal, como el resultado del juego de sus cinco elementos: la tierra, el agua, el aire, el fuego y lo que llamaban éter, ese fluido que ellos creían esparcido en los espacios de los cielos.

A medida que vayáis adelantando en grados aprenderéis a conocer el sentido misterioso de los otros números.


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