viernes, 19 de octubre de 2018

EL 9, SIGNIFICADO Y SIMBOLISMO


El 9 es el número de la iniciación y de la reflexión antes de dar un paso nuevo.

Como último número de una sola cifra, el Nueve representa el umbral en la transición a un nuevo nivel, a un ámbito más elevado, a una conciencia más alta.
 
Al igual que la inspiración previa a la expiración, que el coger impulso antes de dar el salto, que el tensado del arco antes de lanzar la flecha, el Nueve simboliza la preparación, la reflexión antes de dar un nuevo paso.


 

Aunque la mayoría de las personas realicen el trazo del 9 en sentido contrario, este trazo se puede considerar también el camino desde fuera hacia dentro, mientras que su imagen especular, el 6, representa a un número fértil que surge de sí mismo. En varios idiomas los vocablos nueve y nuevo son muy parecidos, si no incluso idénticos, o al menos comparten la misma raíz lingüística:

Alemán - Neu - Neun
Latín -  Novo - Novem
Italiano -  Nuovo - Nove
Francés -   Neuf, Neuve -  Neuf
Español  - Nuevo - Nueve
Portugués -  Novo - Nove

Como número de la meditación y la preparación, el Nueve juega un papel decisivo en ritos de consagración de todo el mundo.
 
Son nueve las horas, los días, las noches, las semanas, los meses o años previos a una iniciación. Quizá sean los nueve meses de gestación que permanecemos en el vientre de nuestra madre, madurando hasta que estamos preparados para venir a este mundo, un ejemplo en el que se han basado estos ritos.
 
Pitágoras, el padre de la simbología de los números de Occidente, permanecía en la gruta de Zeus, envuelto en lana negra, tres por nueve días para consagrarse a los misterios. También son famosos los nueve días y las nueve noches que pasó el dios nórdico Odín colgado del fresno de los mundos Yggdrasil hasta que descubrió las runas y adquirió una gran sabiduría.
 
El fresno de los mundos es por sí solo un símbolo del cosmos. Consta de nueve ramas que se extienden por los nueve mundos, de los que, según la creencia germánica, está formado el universo. No sorprende, por lo tanto, que el Nueve juegue un papel importante en los ritos de los chamanes.
 
Según C. G. Jung, en los mitos y los cuentos cualquier tesoro tarda nueve años, nueve meses o nueve noches en salir a la superficie. Si en la última noche no es descubierto, vuelve a enterrarse de nuevo y el juego vuelve a empezar.
 
En los escasos ritos de iniciación que todavía hoy se llevan a cabo en Occidente, el Nueve se sigue conservando como número simbólico. En las órdenes de Hermes, como, por ejemplo, en los Rosacruces, existen nueve grados de consagración, y en las órdenes religiosas católicas, el Nueve simboliza el tiempo de meditación que es necesario para dar el paso definitivo.
 
La novicia de la orden de los franciscanos, al igual que la de la orden de los benedictinos hace primero un voto que dura un periodo de tiempo determinado. Pero al cumplirse los nueve años es cuando su unión y compromiso con la orden se considera definitiva.
 
Como potenciador del tres divino (3 x 3), el Nueve encierra un significado religioso muy importante. En las culturas matriarcales este número aparece en las diferentes caras de la Gran Diosa, las cuales dan origen a las nueve musas que viven en Parnaso. También Hydra, la diosa de las nueve cabezas, pertenece a la simbología del nueve.
Los cristianos se imaginan que hay nueve coros de ángeles en el cielo, y que además este consta de nueve peldaños, tal y como lo describió Dante: sobre las ocho esferas de los siete planetas y del cielo de las estrellas permanentes se eleva una novena esfera, representada por un cielo cristalino que carece de estrellas. Este cielo forma el umbral hacia Empíreo, el lugar de los Santos. El Nueve hace su aparición también en el sermón de la montaña, pues son nueve las bienaventuranzas con las que Jesús nos muestra este camino.


 

En el Nuevo Testamento, el Nueve aparece como símbolo de la transición. Jesús muere en la novena hora del día y es crucificado mediante (tres por tres) golpes en la cruz, a lo que aún hoy en día nos pretenden sin duda recordar las nueve campanadas que suenan en muchas iglesias.

Las nueve bienaventuranzas del sermón de la montaña (Mateo 5, 3-11):

Bienaventurados los pobres de espíritu, pues de ellos será el Reino de los Cielos.
 
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
 
Bienaventurados los mansos y humildes, porque ellos poseerán la tierra.
 
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
 
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
 
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
 
Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
 
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos.

Las nueve musas
 
Erato (la musa de la poesía de amor).
Euterpe (música de flauta, lírica).
Caliope (epopeya, filosofía, retórica).
Clío (historiografía).
Melpómene (tragedia).
Polimnia (baile y canto).
Terpsícore (tocar la cítara).
Talla (comedia).
Urania (astronomía).

Los nueve coros de ángeles celestiales y su correspondencia con las esferas

Ángeles - La Luna
Arcángeles - Mercurio
Principados - Venus
Poderes - El Sol
Virtudes - Marte
Gobiernos - Júpiter
Tronos - Saturno
Querubines - Estrellas permanentes
Serafines - Empíreo

La verdadera meta que se persigue con la meditación interior antes de dar el paso hacia lo nuevo es hacer una reinspección para conocerse mejor a uno mismo. Así es como el hombre tiene la sensación de que está haciendo lo correcto y actúa de forma inequívoca e inteligente, en contraposición a cómo actuaría una persona intransigente y prepotente. Por esta razón, no es de extrañar que la carta número Nueve del Tarot sea la perteneciente al ERMITAÑO.
 
Este arquetipo del viejo sabio simboliza el recogimiento y la discreción. Sin embargo, no debemos interpretarla como la carta del solitario inexperto y antisocial. Por supuesto que su discreción le permite también al ermitaño mezclarse en la gente, aunque siempre conserva la fidelidad en sí mismo.
 
Esta es la idea que nos brinda el significado del número Nueve.
 
Este número puede mezclarse con cualquier otro, pero seguirá siendo «fiel» a sí mismo: es decir, podemos multiplicar por nueve (= mezclar), pero el resultado de la suma horizontal será siempre nueve.
 
Por el contrario, el Nueve puede desaparecer de cualquier grupo o conjunto de números sin dejar rastro. Todo aquello que dividimos por nueve nos da un resto, cuya suma horizontal se corresponde con el número inicial.
 
El viejo sabio simboliza igualmente una fuerza que ayuda a otros a superar un umbral, es decir, a iniciar algo nuevo, pero conservando la autenticidad. Algo parecido «hace» el número nueve. Ayuda a otros números a alcanzar la siguiente frontera decimal, sin manipularlos o transformarlos. Pues a cualquier número que le sumemos nueve, la suma horizontal del resultado se corresponde con la suma horizontal del número inicial.
 
En la figura del eneagrama se refleja de nuevo la simbología del Nueve como indicador del camino correcto que hay que seguir antes de dar el siguiente paso, como el número de la meditación y reflexión. Este concepto del eneagrama nos lo transmitió originariamente Gurdjieff y describe un proceso de transformación que consta de nueve peldaños. Más tarde se desarrollaría a partir de este modelo la famosa ciencia de los caracteres. Ambos modelos son típicos del número Nueve.
 
La idea del recogimiento y de la concentración en una posición central antes de dar el paso que nos llevará a un nuevo proyecto está representada en el Nueve que aparece en el centro de la rosa de los vientos. Esta nos indica cuatro direcciones principales y cuatro direcciones intermedias. Sin embargo, la orientación nos la da el centro, sede del número Nueve. Esta misma idea está presente en la tradición celta y nórdica que cree en la existencia de nueve mundos y también en el Bagua del Feng Shui.

Al peregrino de la ruta jacobea es una concha de Santiago la que le indica el camino hacia la meta (hacia su interior). En la mayoría de los casos viene representada por una concha con nueve curvaturas que aparece también en el blasón del papa Benedicto XVI. En el islam, el ramadán tiene lugar en el noveno mes del año, y según el Corán, Alá tiene 99 nombres.
 
En la tradición cristiana se suele decir «amén» (así sea) al final de una bendición o de una oración. Si sumamos los valores numéricos de cada una de las letras de esta palabra en la lengua griega, obtenemos el siguiente resultado: a =1, m= 40, h= 8 yn= 50, 1 + 40 + 8 + 50 99, es decir, de nuevo aparece el símbolo del Nueve, y además dos veces.


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