martes, 14 de agosto de 2018

RITUAL DE MASTICACIÓN


Disposición de la Logia de comida o del Ritual de Masticación

La sala del banquete debe estar situada de modo que no se pueda ver ni oír nada de afuera. La mesa, si fuera posible, será con escaques.

El sitio del Venerable será la cabecera, y el de los Vigilantes, las extremidades.

El Hermano orador se coloca al frente de la columna del Mediodía, y el Hermano secretario, al frente de la del Norte; el Oriente le ocupan los Hermanos visitadores, o a falta de estos, las Dignidades de la Logia.

Fuera de las cinco Dignidades que se acaban de designar, nadie tiene asiento señalado, si no es en el caso en que hubiere visitadores condecorados con grados superiores, y que el Or.·. estuviese ocupado por ellos.


En tal caso se colocarían los visitadores al frente de las columnas.

El Pan se llama Piedra tosca.
El Vino, Pólvora fuerte (blanca o roja)
Las Botellas y Garrafas, Barricas.
Los Vasos, cañones.
El Agua, pólvora débil.
Los Licores, Polvos fulminantes.
Las Bugías encendidas, Estrellas.
Las Servilletas, Banderas.
Los Platos de los convidados, Tejas.
Los Platos de la comida, Terraplenes.
Las Cucharas, Trullas.
Los Tenedores, Azadones.
Los Cuchillos, Espadas.
La Sal, Arena.
La Pimienta, Arena amarilla.
Los Alimentos, Materiales.
Las despabiladeras, Tenazas.
Las Sillas, Estaols.

Después de colocados todos, cada cual en su lugar, depende de la voluntad del Venerable de echar un brindis antes de masticar, o aguardar a que se haya masticado la sopa, o escoger cualquier otro momento que juzgare oportuno.

Cuando quiere echar el primer brindis, da un golpe de mazo; al instante, los Hermanos sirvientes salen del interior de los escaques, y se retiran al Occidente. (Esto mismo sucede en todos los brindis.) Todos cesan de masticar. El Hermano Maestro de ceremonias es comúnmente el único que está en el interior de los escaques, frente por frente del Venerable, para estar mas dispuesto a recibir las órdenes y hacerlas ejecutar; algunas veces se coloca en una mesita entre los dos Vigilantes.

El Hermano Maestro de ceremonias se levanta, y el Venerable dice:

«Hermanos primero y segundo Vigilantes, aseguraos de que nuestros trabajos están bien cubiertos».

Cada Vigilante se asegura de la cualidad masónica de todos los individuos que ocupan las dos columnas, echando una mirada sobre ellos y reconociéndolos por Masones.

El segundo Vigilante dice al Hermano primer Vigilante:«Yo respondo de mi columna».

El primer Vigilante dice:

«Muy Venerable, el Hermano segundo Vigilante, y yo, estamos seguros de los Hermanos que ocupan las dos columnas».

El Venerable dice:

«También respondo yo de los que están en el Or.·.» Hermano cubridor, haced vuestro deber».

Entretanto, los Hermanos se decoran con sus insignias. (No es necesario el mandil.)

El Hermano cubridor cierra la puerta, y guarda la llave, y, desde ese instante, nadie ya entra ni sale.


El segundo Vigilante advierte al primero que los trabajos están cubiertos; y este lo dice en alta voz al Venerable, que da un golpe de mazo, y dice:
 
«Hermanos míos, los trabajos que estaban suspendidos recobran vigor».

(Si antes de empezar el banquete, se han cerrado los trabajos, es preciso abrirlos de nuevo ).

Los Hermanos primero y segundo Vigilantes, repiten el anuncio, y después de repetido el Venerable dice:

«Al orden Hermanos míos».

Primer brindis.

El Venerable dice:

«Hermanos primero y segundo Vigilantes, invitad a los Hermanos de una y otra columna a que se preparen a cargar y alinear para el primer brindis de obligación».

Los Hermanos Vigilantes repiten el anuncio, y el Venerable dice:
 
«Carguemos y alineemos, Hermanos míos».

(Solo desde este instante se deben tocar las barricas, sin esta precaución, reinaría en los trabajos la confusión.)

Cada cual debe indispensablemente echarse de beber a sí mismo según le parezca. Si alguien, por régimen o gusto, bebiese agua, no se le debe forzar a que abandone su costumbre.

Al paso que cada uno se ha echado de beber, coloca su cañón (vaso) algo a la derecha de la teja (plato), distante del borde de la mesa, el diámetro poco mas o menos de la teja; de este modo, los cañones se hallan alineados en un instante.

Se alinean también las barricas y las estrellas en segunda línea.

Alineado todo en la columna del Norte, el segundo Vigilante se lo advierte al primero, y este dice al Venerable:

«Todo está alineado en las dos columnas».

El Venerable responde:

«El Oriente lo está igualmente. En píe, al orden, espada en mano».

Se levantan todos, la bandera en el antebrazo, los Hermanos condecorados con grados altos, se la echan al hombro; la espada (si la hubiere), y  a falta de ella, un cuchillo en la mano izquierda, y se está al orden con la derecha.

(Si la mesa es de escaques, los Hermanos que se hallaren dentro de ellos, permanece sentados.)

El Venerable dice entonces:

«Hermanos primero y segundo Vigilantes, anunciad a todos nuestros Hermanos que el brindis que tengo la satisfacción de proponer, es el de nuestro sabio gobierno que gloriosamente nos rige, por cuya conservación nosotros no cesaremos de hacer votos, así como también por la prosperidad del estado y de su felicidad. Por brindis tan querido debemos tirar estos cañonazos de pólvora roja, con el fervor de una amistad respetuosa, haciendo fuego, buen fuego, y perfecto fuego».

El primer Vigilante repite, en su columna, el brindis propuesto por el Venerable.

El segundo Vigilante hace lo mismo en su columna, y luego que se ha terminado la doble repetición, el Venerable manda el orden del modo siguiente:

La mano derecha a las armas.

(Se lleva la mano al vaso.)

Presenten las armas. (Se levanta el vaso por delante a la altura del pecho. Apunten. (Se acerca el vaso a la boca. )

¡Fuego, gran fuego, y perfecto fuego!
 
(Entonces, se bebe de una vez o de tres, según el ejemplo que haya dado el Venerable. Sin embargo, los estatutos del orden exigen que sea de tres.)

Cuando todos los Hermanos hayan consumido su pólvora, el Venerable dice:

¡Armas adelante!
 
(Se ejecuta al segundo mando, e imitando siempre al Venerable, se lleva el vaso a la tetilla izquierda, después a la derecha; en seguida se vuelve a llevar el vaso al lugar del segundo mando, de modo que esto figura un triángulo. Después de ejecutado esto tres veces, se sienta el vaso en la mesa en tres tiempos, es decir, en el primero se pone el vaso algo horizontalmente a la izquierda, después se le lleva paralelamente a la derecha, y, en seguida, se le sienta con fuerza sobre la mesa; y se termina aplaudiendo y gritando por tres veces: ¡Vivat!)

Todo este ejercicio debe ejecutarse con bastante exactitud y habilidad, para que la asamblea haga simultáneamente el mismo movimiento, y los vasos no formen sino un solo golpe.


 

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