jueves, 7 de junio de 2018

LA PRIMAVERA EN LA MASONERÍA


La admirable estación de la primavera comenzaba a reanimar la naturaleza; los árboles volvían a engalanarse con sus vistosos y variadas hojas, nuestros prados estaban esmaltados de flores, y los ecos vecinos repetían los dulces y melodiosos conciertos de las aves.
 
Me paseaba yo por la orilla de un arroyuelo cuyas plateadas olas corrían serpenteando a hacer todos sus esfuerzos para vencer la resistencia, que les oponía un montón desigual de pedernales. En este lugar mis pensamientos se sucedían unos a otros rápidamente: sin embargo todos iban a reunirse al mismo centro, terminándose todos en el sentimiento de admiración de la bondad, de la sabiduría, del poder del Soberano Arquitecto del Universo.

Un desconocido se presenta repentinamente a mi vista. La serenidad estaba pintada sobre su rostro, y la regularidad de sus facciones anunciaba la tranquilidad de su corazón. Sus miradas dulces y penetrantes me atrajeron irresistiblemente hacia él.


Tú eres mi hermano; le dije yo, arrebatado de un primer movimiento, que no dio ni un instante de tiempo a la reflexión.

Lo era en efecto. Trabamos conversación fraternal, y le referí como me había separado de los profanos, para venir a este retiro a profundizar sóbrelos misterios de la Masonería; pero, añadí yo, queriendo evitar un inconveniente reconozco que ahora que he caído en otro. Este espectáculo encantador de la naturaleza renaciente me eleva sobre mí mismo, apoderándose de todas mis potencias. Llegado aquí para meditar sobre la esencia y propiedades de nuestro arte, me hallé obligado a ocuparme en otros objetos.
 
Ah! replicó él, con una viveza templada con la mas agradable dulzura, hay acaso un objeto mas análogo a la Masonería que el que fija aquí nuestra atención? La naturaleza despojada de sus gracias y adornos, seca y árida en el corazón del invierno, es el profano sumergido en las tinieblas, ignorante del camino de la virtud, sin fuerza, y sin vigor para el bien, que nada puede conocer sino imperfectamente.

Renace la primavera; el profano es admitido a la luz. Los impetuosos aguilones retienen su aliento: el Masón, recientemente iniciado contiene el ímpetu de sus pasiones.

El sol es victorioso de la nieve y del hielo: el Masón aprende a sujetar su voluntad.

La naturaleza vivificada de nuevo ostenta por todas partes el brillo de sus producciones; el alma ilustrada por la verdadera luz, siente crecer dentro de sí el germen de todas las virtudes. La savia reanimada en lo interior de los árboles arroja al exterior nuevos tallos; el nuevo ardor de que está animada el alma, se manifiesta por actos de beneficencia.

Todo está lleno de vida en la naturaleza, todo crece sensiblemente cada día; el Masón hace también diariamente nuevos progresos en la Masonería.
 
¿No es pues, este orden encantador que admiráis en esta variedad de objetos, una imagen de la Sabiduría del Masón?
 
¿Este vigor activo de todas las producciones naturales, el símbolo de su fortaleza; esta multitud de flores tan diversamente matizadas, el emblema de su hermosura?
 
¡Que vivacidad en la forma, en el talle, en el plumaje de esas aves recogidas bajo las alas del amor! La reunión de su canto forma el concierto mas seductor.

¡Que diferencia entre las profesiones, las costumbres, las inclinaciones de los Masones refugiados bajo las banderas de la amistad fraternal!
 
La armonía de sus corazones es el milagro de nuestro arte: y los hermosos días que la primavera vuelve a traernos, son una muy débil figura de las deliciosas horas que ellos pasan en el seno de la paz y en los brazos de la dulce concordia.

Así habló Philireno (Este era el nombre de mi hermano.):
 
"Vais, añadió él, a inaugurar un nuevo taller; haced que sea verdaderamente consagrado a la amistad; a aquella amistad celestial que en el hermano no ve mas que a su hermano; que pasa la llana de la caridad sobre sus defectos; que le tiende una mano socorredora si le ve en peligro de precipitarse; que en todo procura prevenir, adivinar y satisfacer completamente sus deseos, aun antes de que él mismo haya tenido tiempo de manifestarlos; a aquella unión perfecta que de muchos corazones sabe formar uno solo; que no nos propone otro objeto que el de animarnos mutuamente a la práctica de las virtudes, que algunas veces emplea la sal de la amonestación, pero templándola sabiamente con la miel de la amistad."

He procurado, hermanos míos, aprovechar los consejos de Philireno, y creo tener motivo de lisonjearme de no haber sembrado en un terreno ingrato.
 
Vuestros corazones me parecen formados para amarse. Dejad a los profanos la triste ventaja de atormentarse a sí mismos con el remedio inútil de algunos ligeros enredos, que débilmente pueden haberlos ofendido.
 
Vuestros Hermanos lo serán siempre vuestros. Si la juventud de algunos de ellos, los hubiere hecho presa de pasiones bastante imperiosas, las reflexiones Masónicas, el ejemplo de los demás hermanos, las sabias instrucciones del Venerable que habéis escogido, amortiguarán esta fogosa impetuosidad.
 
Vuestro celoso Fundador os afirmará en los verdaderos principios de la Masonería, el Real Arte se hará respetar en este oriente, y vuestra respetable Logia será propuesta por modelo a todas las logias regulares esparcidas sobre la superficie dé uno y otro hemisferio.


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