sábado, 16 de diciembre de 2017

LOS FRANCMASONES VIAJEROS DE LA EDAD MEDIA


El primero de estos puntos es la constitución de un cuerpo de arquitectos, que se diseminó ampliamente por Europa durante la Edad Media bajo el nombre de “Francmasones viajeros”. Esta asociación que se decía descendiente de los Francmasones del Templo, se remonta, a juzgar por los macizos monumentos debidos a su industria, al siglo noveno o décimo; si bien, según Hope, que ha estudiado minuciosamente el asunto, algunos historiadores han encontrado pruebas evidentes de su existencia en el siglo séptimo y han hallado el lenguaje característico de los masones en el reinado de Carlomagno de Francia y de Alfredo de Inglaterra.
 
El mundo debe a la extraordinaria habilidad arquitectónica y al bien organizado sistema en clases de trabajadores de los francmasones viajeros esos magníficos edificios erigidos en la Edad Media sobre principios invariables. “Siempre que llegaban”, dice Hope, “siguiendo a los misioneros, o llamados por los aborígenes o por propia voluntad en busca de empleo, aparecían dirigidos por un jefe superintendente que gobernaba toda la tropa, y designaba un hombre de cada diez, con el nombre de Vigilante, para que dirigiera a los otros nueve. Ellos construían chozas provisionales en torno del lugar en que se debía levantar la obra, organizaban regularmente sus diferentes departamentos, se ponían a trabajar, enviaban por nuevos hermanos cuando la cosa lo requería; y, cuando habían terminado, levantaban el campamento y se marchaban a trabajar a otra parte.
 
Esta sociedad continuó conservando la unión de la Francmasonería especulativa con la operativa, practicada en el templo de Salomón. La admisión en la comunidad no se limitaba a los artesanos profesionales sino que también contaba entre sus miembros hombres eminentes, particularmente eclesiásticos que ocupaban elevados cargos en la Iglesia. Dice Hope, que “deseosos éstos últimos de dirigir por sí mismos la reforma y construcción de sus iglesias y monasterios y de manejar el capital dedicado a las obras, se hicieron miembros de la institución, cuya misión era tan sagrada y sublime que estaba exenta por completo de toda jurisdicción local y civil, reconocía como único jefe directo al Papa y trabajaba solamente bajo su autoridad inmediata. De aquí que muchos prelados de elevado rango –abades y obispos- diesen mayor importancia y respetabilidad a la Orden de la Francmasonería cuando se hicieron miembros de ella, haciendo ellos mismos los planos y dirigiendo la construcción de sus iglesias, para la cual emplearon la labor manual de sus propios monjes”.

Así, por ejemplo, en Inglaterra, dícese que los Francmasones fueron protegidos en el siglo décimo por el rey Athelstan: en el undécimo, Eduardo el Confesor se proclamó su patrocinador, y en el duodécimo, Enrique I les concedió su protección. Los Francmasones entraron en Escocia a principios del siglo doce y edificaron la Abadía de Kilwinning, que después vino a ser la cuna de la Francmasonería escocesa, durante el reinado del rey Roberto Bruce. No creemos necesario dar minuciosos detalles de los magníficos edificios que construyeron a las órdenes de patronos laicos y eclesiásticos. Baste decir que en toda Europa se encuentran pruebas evidentes de la existencia de la Francmasonería, practicada por un cuerpo organizado de trabajadores, con quienes se asociaban hombres de estudio, es decir, que era una institución operativa y especulativa al mismo tiempo.

Puede verse cuál fue la naturaleza de esta ciencia especulativa en un documento que si no es auténtico, por lo menos es curioso, fechado en Colonia en el año, 1535 y llamado “Carta de Colonia” . En este documento, que se debe a los jefes de la Orden pertenecientes a diez y nueve diferentes e importantes ciudades europeas, y que está dirigido a sus hermanos en defensa contra las calumnias de sus enemigos, se anuncia que la Orden nació en una época “en que unos cuantos adeptos, célebres por su vida, doctrina moral y sagrada interpretación de las verdades arcánicas, se separaron de la multitud con objeto de conservar sin contaminación alguna los preceptos morales de la religión implantados en el alma humana”.

Tenemos, pues, a la vista un aspecto de la Francmasonería, tal como existió en la Edad Media, donde tenía el carácter doble de operativa y especulativa. El elemento operativo, infundido en la Orden por los Artífices Dionisíacos de Tiro durante la construcción del templo de Salomón, no se había separado todavía del puro y especulativo que prevaleció anteriormente a este período.
 
Autor:
ALBERT G. MACKEY
 
 


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