lunes, 25 de diciembre de 2017

MASONERÍA, LA BÚSQUEDA DE LA LUZ

 
" - ¿Sois masón?
- Mis hermanos me reconocen como tal."
 
Esta es la primera frase que se pronuncia en el ritual de apertura de los trabajos en una logia masónica y una de las que mas me han impactado a lo largo de mi trayectoria como masón. El hecho de que mis hermanos me reconozcan significa que las virtudes que he adquirido ya se han hecho visibles, han salido al exterior. He conseguido así pulir mi piedra bruta y modificar mi personalidad de manera que se perciba mi avance mas allá de mis fronteras personales.
 
Creo que este es uno de los mayores logros a los que puede aspirar un masón o cualquiera que se encuentre en el camino del conocimiento, cualquiera que este dispuesto a descifrar El camino de la Luz.
 
El germen de la masonería arranca en la noche de los tiempos, data del principio de nuestra era. La leyenda esotérica cuenta que los hijos de la viuda (nombre con el que se conoce a los masones) somos descendientes de Caín, que en el relato Bíblico (escrito en lenguaje simbólico) encabezaba la rama del conocimiento, la cual se asocia a la masonería y a las corrientes esotéricas y que en tiempos pasados se entendía como la rama del conocimiento reservada a algunos eruditos, a los que se apartan de la creencia oficial, a los que buscan vías distintas de evolución.
 
En cambio, Abel representaba la fe, la que se asocia a las iglesias exotéricas (lo que va al pueblo, a todo el mundo). Pero la poca preparación existente en aquellos tiempos para comprender la información dispensada por los descendientes de Caín y el que a menudo fueran perseguidos por su interpretación de las escrituras (aún hoy existen lugares en que la palabra «libertad» es delito) propicio la creación de grupos de iniciados que conservarían y transmitirían ese saber.
 
Una de las fraternidades que tuvo acceso a este conocimiento fue la masonería. Los masones descifraron la noticia explicatoria para conocer el funcionamiento de nuestro universo, las leyes básicas para conseguir un equilibrio y a través de ellas la felicidad. Utilizaron el lenguaje de grabar los símbolos en la piedra, que si bien resultaba complejo para sus coetáneos perduraría eternamente. Ellos fueron los constructores de catedrales en la Edad Media. Utilizaron el estilo gótico, también llamado «argotico» o «argot», el idioma de los iniciados. Marcaron sus construcciones con una serie de signos (los cuales todavía hoy podemos encontrar) que después serian descifrados por los iniciados.
 
Hoy la masonería ha dejado de ser operativa para ser simbólica, y esos signos y símbolos se transmiten a través de un ritual que se realiza en un espacio cerrado, al que se denomina «logia».
 
La masonería es pues,  un camino iniciatico que debe acercarnos a un mundo de valores nuevos, a través de los cuales seamos capaces de comprender un poco mas lo que sucede en nuestra vida y a nuestro alrededor. A diario vivimos inmersos en un mar de símbolos que aparecen en los sueños (cuando dormimos) o en las circunstancias anecdóticas que vivimos a diario (cuando estamos despiertos). La búsqueda, los signos, los códigos nos permitirán descifrar esas imágenes y comprender así cual es la actuación correcta para estar en consonancia con nuestra línea de evolución. La masonería marca, en cierto modo, la evolución personal de cada ser humano en su camino hacia la conciencia superior de su propia identidad.

Para convertirse en masón es necesario desear la luz, que se traduce como conocimiento y tendencia a desear aquello que nos falta, es, pues, necesario encontrarse en las tinieblas, vivir situaciones difíciles para experimentar el deseo de salir de ellas. La iniciación en los misterios de la masonería se dirige a los espíritus inquietos, a las almas que han sentido desasosiego o que se han despertado del letargo de la rutina.
 
El ritual masónico es uno de los códigos escritos mas antiguos que se conocen. Un ritual consiste en la repetici6n sistemática de movimientos, gestos y palabras recubiertos de un significado simbólico y que deben acercamos a la comprensión de una realidad para después poderla aplicar en nuestra vida cotidiana. Por ejemplo, una plegaria consiste en repetir unas palabras que tienen que elevar nuestro espíritu y cuyo objetivo es entrar en contacto con una entidad superior: los Ángeles, Dios. Esa conexión activa los resortes de nuestra espiritualidad y debe ayudarnos, día a día, a ser mejores personas.
 
Los ritos representan la forma física de aproximarse al Creador. Podemos acercarnos a El mediante el pensamiento y ello dará lugar al estudio y a la meditación, que nos llevara a la comprensión de las leyes divinas. Podemos acercarnos a El por el sentimiento, amándolo, venerándolo, dirigiéndole palabras de amor, plegarias, esa es la vía de la fe, de la iglesia. El rito es la única manera de llegar físicamente al creador, ya que implica trabajo corporal, en el curso del cual nos desplazamos, gesticulamos, movemos energía, objetos y herramientas con el propósito de construir en nosotros y en la sociedad el mundo espiritual.
 
La enseñanza ritual es inseparable de la simbólica puesto que se manejan objetos que tienen un significado oculto, de modo que esa enseñanza moviliza la inteligencia del neófito hacia la comprensión del símbolo que aparece de una manera tangible ante el. Cada persona tiene un ritmo de aprendizaje distinto, algunas necesitan que les digan las cosas cien veces para asimilarlas, a otras les bastará con diez. El ritual permite las repeticiones que sean necesarias para llegar a su completa comprensión. Es importante conocer las peripecias del iniciado para descifrar El código de la Luz, empezando por escarbar en las profundidades de su gruta, de su personalidad interna, para alcanzar la máxima altura del templo.
 
Cuando el ser humano se aproxima a su trascendencia, lo hace siempre a tientas, disparado por una sensación de descontento con la vida que esta llevando; movido por un Pepito Grillo interno que le hace preguntas, que le empuja a ir mas lejos; alentado por un impulso interior que le dice que mas allá de si mismo hallará otro mundo, otra dimensión, respuestas. Luego, cuando los primeros pasos han sido dados, cuando ha entrevisto la luz, puede contemplar ese soberbio paisaje que intuía.
 
El primer viaje, por ejemplo, que se realiza en el ritual de iniciación masónica (denominado «Prueba de Tierra») conduce a un cuarto llamado «Gabinete de Reflexión», que intenta representar ese antro oscuro construido a la imagen y semejanza de nuestro fuero interno. Allí nos encontramos con objetos simbólicos, inscripciones poco tranquilizadoras, exactamente igual que si pudiéramos sumergirnos en nuestro subconsciente. ¿Quién de nosotros puede presumir que, de poder hacerlo, hallaría allí la paz y la tranquilidad? Algo tenebroso duerme en nuestras almas y el que penetra en su recinto interno se enfrenta con esa realidad. Pero en ese fondo humano se encuentran igualmente los elementos que permiten encontrar el camino de la Ley y será reflexionando sobre ellos, penetrando en su significado, como encontraremos el hilo de Ariadna que nos conducirá a la luz.
 
Enfrentarse consigo mismo, con su propia realidad humana sin contemplaciones, es la primera tarea del aspirante a masón, mediante el cual espera descifrar su propio código de la luz. «Enfrentarse» quiere decir retar su realidad mundana, librar contra ella un singular combate que le conducirá a una muerte segura para que la personalidad sagrada pueda nacer.
 
La palabra «francmasón» deriva de los vocablos egipcios "Phree messen", «hijos de la luz». La masonería se basa en la creencia de que un ser superior ha elaborado los planos de nuestro universo. Ese Dios es conocido como el Gran Arquitecto del Universo. "Arche" es una palabra griega que significa «sustancia primordial» o «primaria». "Tekton" significa «constructor». Todo masón verdadero es un hijo de la luz, un constructor, que está esforzándose por construir el templo de su personalidad, con arreglo a las medidas, a los parámetros que marca el GADU (Gran Arquitecto del Universo).
 
El aspirante masón, el buscador de luz, se compara con la piedra en bruto, que tomara su forma definitiva bajo la acción del cincel y del martillo, del discernimiento y de la voluntad. Debe perfeccionarse hasta llegar a ser la piedra cúbica que representa al iniciado. Esta piedra cúbica apta para unirse a las otras que servirán para construir el edificio social le recuerda al masón que debe formar parte de la vida realizar una obra útil e incorporarse, con los demás masones, a la edificación y el desarrollo de una sociedad estable.
 
Los ritos masónicos son, de esta manera, ritos del sendero de prueba que intentan ser una preparación para la verdadera iniciación y una escuela para el entrenamiento de los seres humanos en la conquista de la senda del conocimiento. La representación del ritual en cada uno de los grados (la masonería simbólica tiene tres, Aprendiz, Compañero y Maestro) se propone ayudar a que se activen ciertas energías para que la persona a quien se le ha concedido el grado despierte dentro de si misma ese aspecto de conciencia que corresponde al simbolismo del grado, lo cual ayudará a su evolución y a la de sus compañeros de ruta.
 
Si volvemos la vista atrás, encontramos numerosos ejemplos de fraternidades que, como la masonería, buscaban un crecimiento equilibrado del ser humano. Las escuelas pitagóricas trabajaron en intima asociación con las enseñanzas de los misterios, pero sin las ceremonias, a través de una exposici6n filosófica de los simbolismos. En esas escuelas los alumnos eran divididos en tres grados que se correspondían con los de la masonería simbólica y los llamaron etapas de Purificación, Iluminación y Perfección, respectivamente. En el programa pitagórico el primer grado era el de los "akoustikoi" u oyentes, quienes casi nunca tomaban parte en las discusiones o conferencias durante el primer año, sino que guardaban silencio para escuchar y aprender (como los Aprendices). Al final de este lapso, si eran considerados satisfactorios, los estudiantes eran aptos para el segundo grado, el de los "mathematikoi".
 
Las matemáticas eran estimadas como una preparación para algo de mayor alcance, mas elevado y mas práctico. En este grado se coordinaba el estudio de la geometría, las matemáticas y la música. El tercer grado de los pitagóricos era el de los "Phisykoi", estudiantes de la verdadera vida interna. Para alcanzarlo se les exigía a los alumnos una gran pureza.
 
C. W. Leadwater, en su libro La vida oculta en la masonería, nos explica como trabajaban los masones egipcios. He recogido aquí un texto significativo:

"Había en Egipto tres grandes logias, cada una de las cuales estaba estrictamente limitada a cuarenta miembros, todos ellos como partes igualmente necesarias del mecanismo. Incluso los oficiales encargados del rezo del oficio y de la magnetización de la logia; cada miembro representaba una particular cualidad. A uno se le llamaba el Caballero del Amor; a otro, el Caballero de la Verdad; a otro, el de la Perseverancia, y así sucesivamente, de modo que a cada uno de ellos se le suponía capaz de ser en pensamiento, palabra y obra una perfecta expresión de la cualidad representada. La idea consistía en que cuarenta cualidades, así manifestadas en el conjunto de la logia, formaban el carácter del hombre perfecto, una especie de hombre celeste mediante el cual podría derramarse la energía divina por todo el país.
 
Como todos los participantes habían de contribuir a la construcción de la forma, eran absolutamente necesarias la exacta cooperación y la perfecta armonía. Solo a los capaces de olvidarse por completo de si mismos en la magna obra se los elegía de entre el cuadro de las logias para formar parte de una de las tres grandes logias, cuyo poder era tal que invadían con su influencia todo el país. La mas leve tacha en el carácter de uno de los cuarenta miembros hubiera debilitado considerablemente la obra. Tal vez una reminiscencia de esta suprema necesidad es la regla actual de que si dos hermanos están enemistados deberán esperar a ceñirse el mandil hasta que hayan zanjado amistosamente sus diferencias.
 
Como ejemplo transcribo una lista de las cualidades positivas o virtudes representadas en una gran logia, aunque a veces resulta difícil encontrar en nuestros modernos idiomas palabras que expresen exactamente las ideas de los antiguos egipcios:

1. Amor y sabiduría 2. Fortaleza 3. El poder de descubrir y apreciar la belleza 4. Discernimiento 5. Elocuencia 6. Veracidad y exactitud 7. Habilidad 8. Eficiencia 9. Sentimiento de unidad 10. Cortesía 11. Tacto 12. Decisión 13. Valor 14. Jovialidad 15. Confianza 16. Calma 17. Equilibrio 18. Perseverancia 19. Reverencia 20. Devoción 21. Previsión 22. Rectitud 23. Sentimiento de honor 24. Imparcialidad 25. Justicia 26. Indecisión 27. Dominio mental 28. Dominio emocional 29. Dominio físico 30. Prudencia 31. Dominio de la memoria 32. Meditación 33. Pureza 34. Paciencia y afabilidad 35. Persuasión 36. Adaptabilidad 37. Tolerancia 38. Humildad 39. Estudio 40. Perspicacia.

Cada hermano tenia el deber de manifestar en su conducta la cualidad que representaba. También en las logias ordinarias tomaban todos los miembros parte en la obra, y el trabajo de los que ocupaban las columnas, en ocasiones, se consideraba mas arduo que el de los oficiales, pues mientras estos tenían que efectuar con suma exactitud especiales acciones físicas, aquellos habían de valerse siempre del poder de su pensamiento y reunirse en ciertos puntos del ritual para emitir corrientes mentales de índole mas parecida a la de la fuerza de voluntad que a la de meditación, a fin de construir con el mancomunado esfuerzo por encima y alrededor de la logia una magnifica y radiante forma mental de perfectas proporciones, de manera que sirviese del modo mas efectivo de conducto transmisor a la energía espiritual atraída por su devoción. 
Resulta útil y esclarecedor ver como se trabajaba en el antiguo Egipto, porque aquellos masones practicaban las ceremonias con completo conocimiento de su significado, lo cual daba mayor fuerza al ritual. Consideraban su templo lo mismo que el mas fervoroso cristiano considera su iglesia parroquial, aunque su actitud derivaba del conocimiento científico más que del emotivo. Sabían que el templo estaba vigorosamente magnetizado y que era preciso estar bien concentrado para conservar el pleno vigor de ese magnetismo. Hablar en el templo de cosas profanas hubiera sido considerado sacrilegio, pues seguro que acarrearía perturbadoras consecuencias, ya que se perdería la concentración.
 
Trabajar como en el antiguo Egipto es un objetivo de la masonería actual. Tenemos en nuestras logias masónicas un hermoso ceremonial, revestido de un profundo significado simbólico, que cuando se comprende despierta el espíritu investigador y pone en marcha los procesos alquímicos internos. La alquimia masónica tiene por objeto principal la transformación del plomo de la personalidad en el oro del espíritu. Una de las actitudes que más llaman la atención en el mundo profano sobre los misterios de la masonería es su secretismo y lo enigmático de sus rituales, pero tiene una sencilla explicación. Toda empresa que se precie guardará el secreto sobre sus estrategias de marketing. Además, ante cualquier cambio en la vida, en el ámbito que sea, una persona debe mantener un cierto nivel de discreción.
 
La masonería preconiza la necesidad de un cambio interno que produzca a su vez una transformación en el exterior y que acabe por modificar la sociedad. Durante los años de dictadura en España (y lo mismo sucede en todos los países con un régimen totalitario, ya que la orden proclama la libertad como premisa fundamental) los masones eran perseguidos por su condición de hombres libres.
 
Lo desconocido suele generar miedo, incomprensión, porque basamos nuestra seguridad en aquello que dominamos. La masonería, por mucho que explique sus «secretos», siempre será una orden discreta, porque el crecimiento de sus miembros es personal e intransferible y, aunque traduzcamos el simbolismo, existirá el factor humano, el elemento de transformación alquímica que tendrá lugar en el interior de todos los que pasen por una iniciación. Nada extraño tiene pues que, ante la imposibilidad de explicar los procesos personales internos, un masón opte por el silencio.
 
Será de gran ayuda conocer el simbolismo de las pruebas iniciáticas de Tierra, Aire, Agua y Fuego, las cuales todo ser humano debe franquear en el camino de la ascensión hacia el conocimiento. La masonería es un camino de luz. Desde nuestra situación de aprendiz en la vida, debemos activar en nosotros el impulso que nos lleve a desvelar y caminar por el sendero de la Luz.

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